BIBLIOTECAS, SOCIEDAD Y ESTADO


  • Relação entre as bibliotecas, as ações dos profissionais que nelas atuam e o estado.

LA RESPONSABILIDAD CIUDADANA DEL PERSONAL BIBLIOTECARIO

Otro de los cometidos, conexo y derivado de las responsabilidades social, política y cívica del personal bibliotecario, es el que gira en torno al fenómeno ciudadano. La institución social de servicio bibliotecario, como espacio público en general, no se ha mantenido al margen de la perspectiva ciudadana. El atributo ciudadano en torno a este servicio infiere, en efecto, una responsabilidad frente a la sociedad (individuos, grupos y comunidades). La complejidad del cumplimiento de las obligaciones ciudadanas, en la esfera de la práctica bibliotecaria (biblioteconomía), es multidimensional porque tiene amplios horizontes de pensamiento y acción, de praxis.

Consecuentemente este personal, al desarrollar colecciones, gestionar servicios y administrar recursos, debe asumir elevadas cuotas de responsabilidad ciudadana en concordancia con los problemas sociales, políticos, cívicos, culturales e ideológicos que afronta, principalmente en contextos de crisis o en tiempos turbulentos. A estas alturas del siglo que transcurre no es posible que el personal que hace funcionar los diversos sistemas bibliotecarios viva de espaldas o ajeno a los diferentes momentos aciagos. El mundo requiere de personal bibliotecario comprometido con la realidad de su tiempo. Urge que tome conciencia de que es parte de la ciudadanía convocada a promover, como paliativos, la creación, el desarrollo y el uso de la información bibliográfica en circunstancias complicadas.

La relación entre bibliotecas y ciudadanía ha estado gravitando en la literatura iberoamericana en torno a conceptos que refieren «construcción de ciudadanía activa» (Meneses, 2008), «formación ciudadana» (Jaramillo, 2010) o, como corolario, «participación ciudadanía» (Ramos, 2016). La articulación entre biblioteca, educación y ciudadanía (Jaramillo, 2013) es otra interesante vertiente abierta. Toda esta visión en el marco de las bibliotecas públicas. El quehacer de la biblioteca escolar también ha sido contemplado con perspectiva ciudadana (López y Vellosillo, 2008). Pero esta literatura es, como podemos observar, apenas producto del presente siglo.

El concepto de participación ciudadana en la ciencia política y disciplinas afines es añejo. Cabe precisar que tampoco es una noción nueva en el discurso de la bibliotecología, pues autores de otras latitudes en la segunda mitad del siglo XX comenzaron a relacionarlo esencialmente con el funcionamiento de las bibliotecas públicas (Robbins, 1975; Dudeck, 1984). Esto ha sido así porque se advierte: “Uno de los principales objetivos de la biblioteconomía pública ha sido el desarrollo de una ciudadanía informada” (Durrance, 1984: 1). Condición necesaria para que se produzca la participación activa en la vida de la comunidad. Pero el ejercicio de la ciudadanía requiere no solamente la información indispensable para generar conciencia social, ya que también demanda aprendizaje, pues nadie nace ciudadano, se aprende a serlo desde las primeras etapas de la vida (niñez y adolescencia). Y este aprendizaje implica formación social con perspectiva cívico-ciudadana. Las escuelas y las bibliotecas son las instituciones que sobresalen, a lo largo de la vida, en el apoyo de esta educación. Leer y escribir son los requisitos intelectuales ciudadanos, esenciales por antonomasia, que se aprenden en la escuela. El ejercicio de la lectura y escritura, en sus diferentes niveles, se fomenta y perfecciona, a través de las diferentes etapas y espacios de la vida ciudadana, con el uso de las diversas instituciones bibliotecarias.

Pero tenemos que distinguir la responsabilidad ciudadana tanto del personal bibliotecario como de los grupos y las comunidades de usuarios y lectores reales y potenciales, pues ellos son un elemento importante de las instituciones bibliotecarias. Así, las actividades llevadas a cabo con espíritu ciudadano se han valorado para favorecer el mejoramiento del servicio de biblioteca por parte tanto de personal bibliotecario como de algunos miembros y grupos provenientes de la sociedad civil. La obra Citizen participation and public library policy, de Robbins (1975), ilustra este enfoque. Pero el compromiso con visión ciudadana ha sido apreciado más allá del funcionamiento eficaz del espacio bibliotecario. Esto sucede cuando se trata de analizar la influencia que tienen los servicios bibliotecarios en materia de formación ciudadana, para así alentar la participación de la ciudadanía con respecto a la diversidad de asuntos de carácter público que atañen a la sociedad, tendencia que explica Durrance (1984) en su libro Armed for action: library response to citizen information needs. Este último planteamiento es el que ha descollado en la literatura iberoamericana, cuya base ha sido la teoría inherente a la formación ciudadana, aunque estos estudios (Magendzo, 2004: 78; Conde, 2014: 31) no han apreciado, más allá de las esferas de la educación escolar, a las instituciones bibliotecarias como posibles y relevantes espacios de construcción de ciudadanía.

Asimismo, no obstante la importancia reconocida, tanto en la teoría como en la práctica, de contar con una «ciudadanía informada» en el entramado de una sociedad democrática, todavía el gremio bibliotecario de varios países latinoamericanos no la reconoce explícitamente; no tiene plena conciencia de la relevancia que tiene la responsabilidad ciudadana en el entorno de su quehacer profesional. La escasa literatura sobre el tema es una clara evidencia. Hace más de tres décadas, por ejemplo, se comprendió que

[…] las responsabilidades que los bibliotecarios deben asumir para asegurar "el libre flujo de información" a los ciudadanos no han sido claramente articuladas. La profesión de bibliotecario ha sido lenta en explicar cómo los ciudadanos podrían usar la biblioteca en el proceso de convertirse en ciudadanos informados, particularmente en asuntos de política pública (Durrance, 1984: 1).

Esta problemática todavía se observa en algunos contextos latinoamericanos, no obstante que la categoría de «ciudadanos bien informados» es invocada, a partir de 1994, en el Manifiesto de la UNESCO sobre la biblioteca pública; o bien «ciudadanía bien informada», idea expresada en 2005 en el Manifiesto de Alejandría sobre Bibliotecas: la Sociedad de la Información en Acción. Pero este problema es una cara de la moneda, pues subrayemos, no solamente atañe a la comunidad de usuarios de la biblioteca tener esta cualidad ciudadana, sino también incumbe al gremio bibliotecario en activo adquirir y avivar el atributo que permite intervenir en asuntos inherentes al quehacer bibliotecario en las complejas esferas de la política. Esto implica pensar en la necesidad de contar con personal bibliotecario apto, por ende informado, para reconocer la serie de derechos políticos, sociales, culturales, civiles e ideológicos relacionados con las diferentes funciones que deben desempeñar las instituciones dedicadas a fomentar, entre los diversos grupos de la sociedad, el uso de la información bibliográfica. Es decir, como se infiere desde puntos de vista de una «nueva biblioteconomía»: “Como bibliotecario, usted debe asumir un papel activo en la formación de su propia comunidad y en la preparación de esta y la próxima generación de bibliotecarios para involucrar a sus comunidades - y al mundo” (Lankes, 2016: 163).

El punto de vista de Lankes propone que quienes hacen funcionar el servicio de biblioteca tienen la posibilidad de adherirse a los recios movimientos de participación ciudadana, es decir, de comprometerse con los movimientos ciudadanos que actúan en defensa de los principios, los valores y las instituciones que son piedras angulares de la democracia, de la paz, de los derechos humanos, del cuidado del medio ambiente, de la transparencia y acceso a la información pública, y otros asuntos de gran envergadura. Movilizaciones en las que a veces puede estar en riesgo la creación, el desarrollo, la seguridad y la estabilidad de los servicios bibliotecarios y de información. Por esto, el proceder: “Las bibliotecas, en interés de la neutralidad, han evitado involucrarse en el sector político” (Durrance, 1984: 33), debe ser puesto en tela de juicio aún hoy en día, principalmente en aquellos países en donde el gremio bibliotecario conservador se resiste a participar abiertamente en asuntos de política; y en donde la educación en bibliotecología y biblioteconomía continúa limitándose a la enseñanza de paradigmas puramente técnico-administrativos.

Por lo tanto, la responsabilidad que nos ocupa implica: contribuir en el proceso de construcción de ciudadanía activa entre el personal bibliotecario y la comunidad. En este sentido los responsables del servicio de biblioteca deben trabajar arduamente dentro de sus instalaciones y, además, salir al encuentro de la comunidad. Una manera de ir más allá es a través de Internet y apoyándose en las redes sociales, así como hacerlo físicamente mediante servicios de extensión bibliotecaria, dirigidos especialmente a los grupos en condiciones de clara vulnerabilidad social. Mantener una acción ciudadana de esta naturaleza sugiere básicamente planificar y ejecutar proyectos y programas más puntuales que permitan, hasta dónde sea posible, reducir la «exclusión social» y, por ende, lograr mayores índices de «inclusión social» entre aquellos grupos en condiciones inclusive de vulnerabilidad ciudadana, generada a menudo por los desastres naturales u ocasionados por el ser humano (Simmons, 1993).

El trabajo bibliotecario, impregnado de responsabilidad ciudadana, infiere resistir dificultades y contingencias que exigen capacidad dinámica para afrontar problemas y necesidades futuras, es decir, demanda conducta de modo activo para transitar de una biblioteca excluyente hacia una biblioteca incluyente; de una biblioteca pasiva a una biblioteca activa; de un bibliotecario neutral a un bibliotecario participativo; de un personal de biblioteca indolente, a uno laborioso y activo. En este sentido Lankes nos convoca a comprometernos: “La biblioteconomía es un compromiso social de transformación proactiva. Los bibliotecarios mejoran las comunidades en asociación con los miembros de la comunidad. Al preparar a otros bibliotecarios para involucrarlos a sus comunidades, usted debe ser proactivo también”. (2016: 163). En el plano de todo movimiento ciudadano no hay cabida para el personal bibliotecario indiferente a los problemas sociales, desinteresado de los asuntos políticos, impasible ante los actos de injusticia, despreocupado de las severas crisis por las que atraviesan las instituciones bibliotecarias y sus comunidades de usuarios y lectores en momentos turbulentos.

Más aún, la responsabilidad ciudadana en el contexto del quehacer bibliotecario, entendida ésta como la participación bibliotecaria en diferentes movimientos de justicia social, ha ido más allá. Un claro ejemplo de estas movilizaciones ciudadanas son los escritos compilados por Melissa Morrone bajo el título Informed agitation: library and information skills in social justice movements and beyond (2014). Si la responsabilidad con perspectiva ciudadana se entiende como vida activa, entonces el trabajo que realiza el personal bibliotecario conlleva no solamente participación comprometida en el marco de la comunidad a la que asiste, sino también infiere «activismo» en determinados movimientos sociales, en eventualidades álgidas. Este fenómeno social y político se comenzó a ilustrar en nuestro campo con la obra Activism in American librarianship, 1962-1973 (Bundy y Stielow, 1987), primer libro escrito en nuestro continente y quizás en el mundo sobre la temática por varios bibliotecarios activistas de los Estados Unidos, como E.J. Josey, Kay Ann Cassell, Fay Blake, Major Owens, Mary Lee Bundy, John Axam y Roberto P. Haro. Profesionales de la biblioteca que sostuvieron un papel activo en candentes acontecimientos durante esas décadas del siglo XX para desafiar el status quo de la profesión y así lograr cambios sociales en tres esferas: en sus asociaciones, bibliotecas y escuelas de bibliotecología. El meollo de ese «library activism» Bundy y Stielow (1987: 5) lo sintetizan al escribir:

La profesión fue llamada a hacer valer su libertad intelectual y otros compromisos éticos, a reconocer y hacer algo por las desigualdades en sus servicios, a retener su apoyo de las asociaciones de bibliotecarios aún segregadas y a tomar una posición sobre los problemas sociales críticos ante la nación, en particular la guerra en Vietnam y la represión policial en el país.

Se trató entonces de una nueva generación de bibliotecarios que asumieron cargas de responsabilidad ciudadana que ha dejado una relevante huella en la historia social y política de la biblioteconomía estadounidense. Fue una época en que algunos bibliotecarios, como el británico Eric Moon, editor en esos tiempos del emblemático Library Journal, abandonaron la confortable neutralidad para asumir posturas tendientes a defender los derechos civiles y otras causas inherentes a injusticias sociales. El activismo social de esos años en el campo de la biblioteconomía es un claro ejemplo de responsabilidad ciudadana. 

Pero el activismo bibliotecario, como una de las cualidades de un eficaz cometido ciudadano, debe trascender hacia la comunidad de los usuarios, es decir: “Las bibliotecas pueden desempeñar un papel en la satisfacción de las necesidades de información de los ciudadanos activistas en sus comunidades” (Durrance, 1984:93). Por lo tanto, las relaciones biblioteca-comunidad y bibliotecario-usuario son importantes amalgamas en este orden de ideas. En el marco de la responsabilidad ciudadana que nos ocupa, la comunidad bibliotecaria proactiva tiene que fusionarse con la comunidad usuaria proactiva. En el presente siglo, la práctica bibliotecaria debe seguir afianzando su compromiso referente al goce de la libertad de acceso a la información, pues en torno a este valor central de la biblioteconomía gira el proceso socio-político de la participación ciudadana como componente importante de la democracia. Base esencial, por ende, de la «responsabilidad democrática» de quienes hacen funcionar el servicio de biblioteca alrededor del mundo.

Los problemas de raza, de salud, de migración, de educación, de empleo, de alimentación, de contaminación, de marginación, de racismo, entre otros, que enfrentan individuos, grupos, comunidades, pueblos y naciones hoy en día convocan con urgencia al personal bibliotecario a actuar con apego a una ejemplar responsabilidad ciudadana. Las bibliotecas a estas alturas del siglo XXI deben ser faros de compromiso social-político-cívico-ciudadano; tienen que ser áncoras para que sirvan de amparo en tiempos de peligro o infortunio, principalmente para aquellas personas y comunidades en condición de extrema vulnerabilidad. El servicio de biblioteca, basado en sus colecciones y recursos, debe servir de puente y no de muro entre las sociedades divididas. El personal bibliotecario tiene el derecho y el deber de prepararse para colaborar en la solución de esos problemas que aquejan al mundo. Ante el desafío de los peores escenarios posibles, es apremiante que este personal se involucre con un profundo sentido ciudadano de comunidad con la intención de apoyar causas y alentar cambios para construir así un mundo mejor.

 

Referencias

Bundy, Mary Lee; Stielow, Frederick J., Eds. (1987). Activism in American librarianship 1962-1973. New York: Greenwood.

Conde, S. L. (2014). Formación ciudadana en México. México: UNAM, Instituto de Investigaciones Jurídicas.

Dudeck, A. (1984). Branch library renovation and citizen participation. En J. Marshall, ed. Citizen participation in library decision making: the Toronto experience (pp.167-181)Metuchen, New Jersey: The Scarecrow Press.

Durrance, J. C. (1984). Armed for action: library response to citizen information needs. New York: Neal-Schuman.

Jaramillo, O. (2010). La biblioteca pública, un lugar para la formación ciudadana: referentes metodológicos del proceso de investigación. Revista Interamericana de Bibliotecología, 33(2), 287-313.

Jaramillo, O. (2013). Biblioteca pública, ciudadanía y educación social. Buenos Aires: Alfagrama Ediciones.

Lankes, R. D. (2016). The new librarianship field guide. Cambridge, Massachussets: The MIT Press.

López López, P., Vellosillo González, I. (2008). Educación para la ciudadanía y biblioteca escolar. Gijón, Asturias: Trea.

Magendzo, A. (2004). Formación ciudadana. Bogotá: Cooperativa Editorial Magisterio.

Meneses, F. (2008). Bibliotecas y democracia: el caso de la biblioteca pública en la construcción de una ciudadanía activa. Anales de Documentación11, 93-127

Morrone, M., Ed. (2014). Informed agitation: library and information skills in social justice movements and beyond. Sacramento, CA: Library Juice Press.

Ramos Chávez, H. A. (2016). Construyendo ciudadanía desde la biblioteca pública. El papel de la información para una mejor participación ciudadana en el gobierno abierto. México: UNAM, Instituto de Investigaciones Bibliotecológicas y de la Información.

Robbins, J. (1975). Citizen participation and public library policy. Metuchen, New Jersey: The Scarecrow Press.

Simmons, S. (Ed.) (1993). Civil disasters: The role of public libraries following a crisis in the community. London: Library Association Publishing.


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FELIPE MENESES TELLO

Cursó la Licenciatura en Bibliotecología y la Maestría en Bibliotecología en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Doctor en Bibliotecología y Estudios de la Información por la (UNAM). Actualmente es profesor definitivo de asignatura en el Colegio de Bibliotecología de la Facultad de Filosofía y Letras de UNAM. En la licenciatura imparte las cátedras «Fundamentos de Servicios de Información« y «Servicios Bibliotecarios y de Información» con una perspectiva social y política. Asimismo, imparte en el programa de la Maestría en Bibliotecología y Estudios de la Información de esa facultad el seminario «Servicios Bibliotecarios para Comunidades Multiculturales». Es coordinador de la Biblioteca del Instituto de Matemáticas de esa universidad y fundador del Círculo de Estudios sobre Bibliotecología Política y Social (2000-2008) y fue responsable del Correo BiblioPolítico que publicó en varias listas de discusión entre 2000-2010. Creó y administra la página «Ateneo de Bibliotecología Social y Política» en Facebook.