BIBLIOTECAS, SOCIEDAD Y ESTADO


  • Relação entre as bibliotecas, as ações dos profissionais que nelas atuam e o estado.

LA RESPONSABILIDAD CÍVICA DEL PERSONAL BIBLIOTECARIO

Si las bibliotecas son imprescindibles para la vida social y política, éstas también son indispensables para la vida cívica de niños, adolescentes, jóvenes, adultos y ancianos. Por ende, las instituciones bibliotecarias no pueden prescindir de un alto grado de responsabilidad cívica, de compromiso cívico, esto es, de personal bibliotecario que desarrolle colecciones y gestione servicios en concordancia con el interés común. La dimensión cívica del servicio de biblioteca entraña contar con bibliotecarios cívicos, es decir, con trabajadores de biblioteca que asuman sus labores con notable civismo. Personal bibliotecario con altos estándares de civilidad, esto es, que cumpla con sus deberes como componente sustancial de la ciudadanía por oficio y no solamente por estatus; conozca y respete las normas jurídicas; y manifieste particular deferencia por la legalidad. Para que contribuya así, mediante su labor profesional, al funcionamiento de la sociedad y al inexcusable bienestar de la comunidad.

 

El pensamiento de la responsabilidad cívica en la esfera del quehacer bibliotecario no es nuevo, pues es un aserto que comenzó a proyectar explícitamente a la biblioteca pública como una institución cívica a mediados del siglo XX. Una de las evidencias se debe a Ernestina Rose, reconocida profesora de importantes escuelas sobre nuestra disciplina (NYPL Library School, the Carnegie Library School in Pittsburgh, and Columbia’s School of Library Service) y pionera en la prestación de servicios de biblioteca sucursal en la ciudad de Nueva York para las comunidades negras. Rose en su eximia obra The public library in American life escribió:

 

Particularmente variada y compleja es la condición cívica de la biblioteca, su posición como institución pública, sus problemas fiscales, su relación con el gobierno y con otras agencias cívicas.

La concepción de la biblioteca pública como una institución con responsabilidades cívicas y sometidas al control público es moderna y sólo en años comparativamente recientes ha sido aceptada y entendida en general (Rose, 1954: 57-58).

 

Con base en las apreciaciones de Rose, los pasos que debieron dar las bibliotecas para concebirse como instituciones cívicas fueron: 1] abrir ampliamente sus puertas a la sociedad; y 2] moverse fuera de sus muros y participar activamente en materia de asuntos públicos (Rose, 1954: 23). Es decir, fue necesario luchar para que la biblioteca transitara de una institución cerrada para el uso de algunos grupos privilegiados a una institución abierta para la diversidad de grupos sociales, particularmente aquellos en desventaja (grupos étnicos marginados, trabajadores manuales, discapacitados físicos y mentales). La transición de una biblioteca pasiva a una biblioteca activa constituye la principal característica de la lucha cívico-social que el personal bibliotecario comenzó a entablar a partir de la segunda mitad del siglo XIX en diferentes partes del mundo, perfilando así, a lo largo del siglo XX, el trabajo cívico-público bibliotecario. Fenómeno que en el presente siglo se ha reanudado con nuevos bríos. 

 

La responsabilidad cívica concerniente a quienes hacen funcionar el servicio de biblioteca en general se deriva tanto de la responsabilidad social como de la responsabilidad política. Es decir, el cometido cívico procede del quehacer social y político que el personal bibliotecario lleva a cabo tanto en la promoción del bien público (materializado con las colecciones bibliográficas) como en el impulso del bien social (constituido mediante la gama de servicios) en las esferas de la sociedad y del Estado, de la comunidad y de la nación. Bienes de interés social que pueden ayudar a despertar y fomentar la responsabilidad cívica de quienes encarnan las instituciones bibliotecarias. Por un lado, los pilares teóricos del esquema social, en relación con este personal, es posible apuntalarlos en los siguientes postulados fundamentales, mismos que han permitido formular el discurso referente a la bibliotecología social:

 

1] Las bibliotecas son creadas y conservadas por la sociedad (Thompson, 1977: 204-205)

2] La biblioteca es una institución social (Martin, 1937: 546; Rath & Rath, 1993: 12; Cossette, 2009: 60)

3] El servicio de biblioteca para todas las personas es una necesidad social (Rath & Rath, 1993: 16)

4] Las bibliotecas son parte de la estructura de la sociedad (Stilwell, Bats & Lor, 2016: 93)

5] Las bibliotecas públicas son un producto de la ingeniería social (Feather, 2011: 68) 

6] La «biblioteconomía» es una actividad social (Kolitsch, 1945)

7] La «bibliotecología» es una ciencia social (Dick, 1995: 25).

 

Por otra parte, las columnas teóricas del perfil político con respecto al trabajo bibliotecario se pueden delinear en torno a las siguientes premisas que gravitan en la esfera de lo que quien esto escribe ha venido denominando en el mundo iberoamericano como bibliotecología política:

 

1] Las bibliotecas son un proyecto político (Vitzansky, 2009: 117)

2] Las bibliotecas son instituciones políticas dentro de diferentes contextos políticos (Merklen, 2016: 145)

3] Las bibliotecas tienen un papel muy importante que desempeñar en la conciencia política ((Rath & Rath, 1993: 16)

4] Las bibliotecas públicas forman parte del proceso político (García y Sutherland, 2001:13)

5] Las bibliotecas públicas son instituciones políticas y parte del sistema político (Shavit, 1986: 4)

6] La biblioteconomía pública es inherentemente política (Rubin, 2010: 175)

7] Toda la biblioteconomía es política (Jaeger y Sarin, 2016).

 

 

Desde esta perspectiva, el trabajo del personal bibliotecario tiene o puede tener un gran potencial social y político si se apoya en dinámicas tanto de responsabilidad cívico-social como de responsabilidad cívico-política. 

 

La noción de responsabilidad cívica, apuntalada en lo social y en lo político, infiere un complejo entramado de deberes cívicos que la ciudadanía, como elemento integrante de la sociedad y del Estado, debe realizar; también colige un complicado entrecruce de derechos cívicos. En este sentido, quienes practican la biblioteconomía y/o bibliotecología, en su condición de miembros de esa ciudadanía, tienen la obligación de cumplir con una serie de normas para hacer efectiva una positiva convivencia social dentro de la comunidad a la que pertenecen; asimismo, tienen la prerrogativa de defender una serie de derechos que posibiliten el desarrollo eficaz del servicio de biblioteca. Deberes y derechos tanto para el personal bibliotecario como para la comunidad de usuarios. En lo específico, el personal de biblioteca tiene el compromiso cívico de responder a la sociedad y al Estado, pero como parte de aquella ciudadanía que ejerce una profesión con profunda misión social. Este segundo punto de vista es el que principalmente nos compete y se puede observar desde dos aristas: 1] el sentido de responsabilidad cívica en el marco del trabajo profesional de biblioteca que realiza el personal, y 2] el modo de responsabilidad cívica de este personal con respecto a la comunidad de lectores y usuarios que atiende. La primera perspectiva alude a la esfera de los servicios técnicos; la segunda refiere a la categoría de los servicios al público. Tradicional división de los servicios bibliotecarios que ha sido trazada en la literatura de la especialidad.     

 

Pensar en torno a la responsabilidad cívica entraña reflexionar acerca de la palabra «civismo». El significado de este vocablo infiere connotaciones sociales y políticas en el sentido que se trata, por un lado, del “comportamiento ejemplar de los ciudadanos en el fiel cumplimiento de sus deberes” y, por el otro, de la “generosidad al servicio de los demás ciudadanos” (Serra, 1998: 194). También denota formación, virtud y razón del ciudadano; así como espíritu de patriotismo. En tiempos de paz el civismo es la expresión de solidaridad y participación; en tiempos de guerra éste cobra peculiar intensidad mediante actos de carácter patriótico. De tal suerte que el civismo con visión de patriotismo vivifica los valores, los símbolos patrios y los sentimientos nacionalistas, y celebra fechas conmemorativas; el civismo formativo-democrático aviva los valores civiles (la pluralidad, el diálogo, la tolerancia, la participación, la legalidad, el respeto y otros), enseña los principales valores democráticos (la libertad, la igualdad y la justicia) y fomenta los derechos humanos (civiles, políticos, económicos, sociales y culturales).

 

Tradicionalmente a la biblioteca en general se le ha atribuido la función de educación, por ende, los servicios que ofrece esta institución social pueden y deben desempeñar un papel civilizador mediante un trabajo bibliotecario de extensión que denote relevantes perfiles de educación cívica, la cual apunte hacia la formación de presentes y futuros “ciudadanos potencialmente participativos, informados y conocedores de lo que implica un régimen político democrático con capacidad para participar en la vida pública si así lo desean” (Tapia, 2003:71). En suma, el personal que labora en los diferentes tipos de bibliotecas tiene la responsabilidad de ayudar a formar una sociedad civilizada, la cual se caracterice por una acrisolada personalidad cívica. Es por esto que algunos ven al bibliotecario como servidor o funcionario cívico (Lankes, 2016: 91); como trabajador civilizado y civilizador, esto es, que ayuda, en su condición de sujeto civilizado, a civilizar a los individuos y a los grupos.       

 

Se necesita por lo tanto que las escuelas latinoamericanas de biblioteconomía y/o bibliotecología dejen de formar cuadros profesionales con carencia de educación cívica relacionada con nuestra disciplina. Esto es de suma importancia si consideramos que el civismo es tanto una virtud que manifiesta una inclinación constante por el interés público como una invocación de los derechos y los deberes cívicos. Los contornos del civismo aplicado al campo del quehacer bibliotecario variarán con respecto al tipo de biblioteca y a la comunidad que se atiende. Entonces el trabajo bibliotecario requiere realizarse con magnitud cívica, pero considerando que las bibliotecas son instituciones cívicas de utilidad pública que se hallan distribuidas en diferentes aparatos y sistemas de la sociedad y el Estado. Es común pensar que el personal que trabaja en bibliotecas públicas son quienes tienen la mayor responsabilidad cívica frente a la comunidad que atienden, pues, como se afirma para el contexto estadounidense: “En muchos municipios, la biblioteca pública es la única organización cívica encargada de prestar servicio directo a los ciudadanos de todas las edades, a todos los grupos socioeconómicos y de todas las vocaciones” (Lankes, 2016: 145). Pero en realidad el universo de lo cívico cubre toda la gama de centros bibliotecarios.

 

La cuestión del civismo bibliotecario, como elemento esencial de la responsabilidad cívica en el mundo de las bibliotecas, involucra asuntos funcionales y estructurales de los servicios que éstas ofrecen en las esferas de los poderes públicos fundamentales del Estado: el ejecutivo, el legislativo y el judicial, en donde se encuentran una gran diversidad de bibliotecas gubernamentales. Pero no únicamente pensemos en esta compleja estructura política, sino también en la estructura social en donde observamos todas aquellas instituciones bibliotecarias diseminadas dentro de la sociedad civil. Desde este ángulo, la labor bibliotecaria, en el entramado de ambas estructuras, está impregnada de actos cívicos concretos que no pueden ni deben estar al margen de la práctica profesional. El civismo bibliotecario no es una noción abstracta, pues alude al estrecho nexo que existe y perdura entre «derechos y deberes» en el espacio público en donde se producen complejas relaciones entre colecciones, bibliotecarios y usuarios. Consecuentemente, este civismo compromete con particular énfasis el derecho y el deber de lo comunitario, aunque partiendo a menudo del individuo como un ser social. Así, en el marco de la responsabilidad cívica del personal bibliotecario se implica necesariamente el nexo «individuo y sociedad», relacionándose con frecuencia los intereses personales y colectivos.

 

Sin duda que el concepto de civismo bibliotecario puede ayudarnos a profundizar y ampliar no solamente el análisis y el estudio, sino también el discernimiento y la interpretación de la «biblioteconomía cívica». Categoría a la que aluden algunos autores a partir del presente siglo, con particular acento en el contexto estadounidense (McCabe, 2001; Schull, 2004; Willingham, 2008). El significado de civic librarianship, acorde con esta literatura, se limita al reconocimiento de la biblioteca pública al contemplar la función de educación que desempeña esta institución en el marco de la sociedad democrática. A nuestro parecer el carácter cívico en la esfera del trabajo que realiza el personal bibliotecario latinoamericano no se puede restringir a esta naturaleza de servicio, así como tampoco únicamente con la mira de fortalecer una democracia de alta intensidad. Si bien la biblioteca pública es uno de los principales espacios de la comunidad (Lanke, 2016: 110), y por tanto en donde mejor se delinea el perfil cívico referente a sus colecciones, recursos y servicios, también se ha escrito en relación con la misión cívica de las bibliotecas escolares (Kranich, 2006) y sobre el compromiso cívico en el ámbito de las bibliotecas académicas (Kranich, Reid, Willingham, 2004). Ante esta circunstancia, las bibliotecas especializadas y nacionales pueden y deben asumir también prácticas con responsabilidad cívica, por ende, la práctica cívica del profesional bibliotecario no se reduce a aquellas bibliotecas que honran con especial énfasis la misión histórica de educación para fortalecer la vida en democracia. Recordemos que el ejercicio del civismo y la impartición de educación cívica adquieren diversos rasgos tanto en tiempos de paz como de guerra; las diferencias en este sentido también son notorias con respecto a los Estados capitalistas o socialistas. El civismo bibliotecario, como posible componente de una biblioteconomía cívica con perspectiva general, es una noción universal, pero sus particularidades y matices no logran alcanzar el nivel de universalidad, pues el mundo es por naturaleza diverso.      

 

 

Referencias

 

Cossette, A. (2009). Humanism and libraries: an essay on the philosophy of librarianship. Duluth, Minnesota: Library Juice Press.

 

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García, J., Sutherland, S. (2001). Directores de biblioteca pública en la arena política. Barcelona: Fundación Bertelsmann.

 

Jaeger, P. T.; Sarin, L. C. (2016). All librarianship is political: educate accordingly. The Political Librarian. 2(1), 17-27. 

 

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FELIPE MENESES TELLO

Cursó la Licenciatura en Bibliotecología y la Maestría en Bibliotecología en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Doctor en Bibliotecología y Estudios de la Información por la (UNAM). Actualmente es profesor definitivo de asignatura en el Colegio de Bibliotecología de la Facultad de Filosofía y Letras de UNAM. En la licenciatura imparte las cátedras «Fundamentos de Servicios de Información« y «Servicios Bibliotecarios y de Información» con una perspectiva social y política. Asimismo, imparte en el programa de la Maestría en Bibliotecología y Estudios de la Información de esa facultad el seminario «Servicios Bibliotecarios para Comunidades Multiculturales». Es coordinador de la Biblioteca del Instituto de Matemáticas de esa universidad y fundador del Círculo de Estudios sobre Bibliotecología Política y Social (2000-2008) y fue responsable del Correo BiblioPolítico que publicó en varias listas de discusión entre 2000-2010. Creó y administra la página «Ateneo de Bibliotecología Social y Política» en Facebook.