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VISLUMBRA CHARTIER BIBLIOTECA DEL FUTURO

La biblioteca del futuro se aproxima cada vez más al modelo de biblioteca universal que, desde el inicio de los tiempos, intentó alcanzar la de Alejandría y que, tras su destrucción por incendio, se creyó imposible de alcanzar.

La conversión digital del libro impreso promete la construcción de una biblioteca sin muros, donde el lector tendrá a la mano el acervo de todas las obras publicadas, observó Roger Chartier, director de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales, Francia, quien ofreció ayer la ponencia "La biblioteca en el futuro", en el seminario La Biblioteca Pública y la Formación de Lectores en la Sociedad de la Información.

"Pero esta mutación no debe impedir que las bibliotecas cumplan con su función de recoger, proteger y hacer accesible al lector los objetos impresos tal como fueron publicados y leídos", opinó el historiador francés durante su participación en el encuentro que concluye mañana, en la Torre Dos de Humanidades, en la UNAM.

En la actualidad, los archivos públicos deben ser depósitos que resguarden, protejan y conserven los libros impresos, al tiempo que propician su catalogación electrónica o su adaptación a soportes digitales, visuales o auditivos.

La "felicidad extravagante", citó Chartier al escritor Jorge Luis Borges, suscitada por la ilusión de una biblioteca virtual universal, se traduciría en amargura si su existencia condujera a la destrucción de los objetos que han alimentado los pensamientos de aquellos que los han leído.

"Si las obras se conservaran únicamente en su forma electrónica existiría el gran riesgo de que se perdiera la inteligibilidad de uma cultura textual y libresca identificada con los impresos que la han transmitido. Las operaciones de digitalización no pueden relegar los originales", advirtió el autor de El orden de los libros (1994).

Las diferencias entre la lectura de un libro impreso y uno electrónico justifica su coexistencia: la navegación en la red supone una recepción fragmentada del texto, muy común para las obras de naturaleza enciclopédica, pero para aquellas que requieren un ejercicio continuo de atención, la pantalla electrónica no es la mejor opción.

Hoy en día, afirmó, se multiplican los títulos y se reducen los tirajes, convirtiendo a la producción escrita en un exceso y um obstáculo para la apropiación del conocimiento entre los lectores.

"Para los nuevos lectores, la biblioteca puede ser una guía en este mundo numérico que puede desconcertar; desempeña un papel fundamental en el aprendizaje de las técnicas de la nueva oferta virtual", expresó.

La biblioteca del futuro debe ser una biblioteca electrónica, pero al mismo tiempo debe ser el lugar donde se fomente el conocimiento y la apropiación de la cultura escrita en sus formatos sucesivos.

El especialista atisbó la capacidad constructora de la biblioteca como un espacio que procure algunas formas de sociabilidad perdidas em torno al libro, debido a la transformación de la lectura en uma práctica silenciosa y solitaria.

A favor de la palabra viva, estos espacios son propicios para las tertulias, la conversación sobre los libros, la lectura en voz alta y el intercambio amistoso.

"Existen dos razones que fundamentan la pertinencia y permanencia de las bibliotecas públicas: porque la gente que lee no tiene, necesariamente, los recursos para comprar todos los libros que quiere leer y, por otro lado, hay libros que no se pueden encontrar en outro lado porque datan de siglos pasados", concluyó.

Libros muertos

El historiador francés Roger Chartier deploró el cierre de la Biblioteca Vasconcelos, desde marzo de 2007.

"Es una lástima cuando una colección de libros que fue constituída como una biblioteca y que encuentra un lugar donde puedan conservarse los libros y leerse por parte de los lectores está cerrada. Es como un libro que nadie lee, es un libro muerto", señaló.

Resaltó la singularidad y rareza en el nacimiento de una biblioteca sin una planeación previa.

"La primera decisión es definir la vocación de la biblioteca y después hacer las compras de los libros que constituyan el acervo", dijo.

Asimismo, estableció que la responsabilidad de una biblioteca que forma parte de una red nacional es la recepción en depósito legal de todos los libros impresos en el País

Así lo dijo

"Cada uno de nosotros recuerda las bibliotecas donde encontró libros que no buscaba y cuya existencia jamás imaginó; también a los bibliotecarios que fueron sus guías en la selva de los títulos convertida, gracias a su ayuda, en un jardín de flores".

Roger Chartier - Historiador

Parte de una ponencia de el seminario La Biblioteca Pública y la Formación de Lectores en la Sociedad de la Información.

(Publicado no Infohome em 19/06/2008)

Autor: Diana Gutiérrez
Fonte: REFORMA, 12 de junio

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Seção Mantida por OSWALDO FRANCISCO DE ALMEIDA JÚNIOR

Professor associado do Departamento de Ciência da Informação da Universidade Estadual de Londrina. Professor do Programa de Pós-Graduação em Ciência da Informação da UNESP/Marília. Doutor e Mestre em Ciência da Comunicação pela ECA/USP. Professor colaborador do Programa de Pós-Graduação da UFCA- Cariri - Mantenedor do Site.