BIBLIOTECAS, SOCIEDAD Y ESTADO


  • Relação entre as bibliotecas, as ações dos profissionais que nelas atuam e o estado.

EL PARADIGMA COMUNITARIO DE LA BIBLIOTECA PÚBLICA

Diferenciar, por ende, conceptuar con rigurosidad una biblioteca comunitaria respecto de una biblioteca pública parece que no es fácil cuando leemos:

 

En general me cuesta distinguir una biblioteca pública de una comunitaria. Pero sólo es por la acepción de los términos. ¿Qué significa pública: que está disponible para toda persona que desee acudir a ella o porque es subsidiada por el estado, gobierno o municipalidad? ¿Y comunitaria: que está circunscrita (como la Biblioteca Nacional, por ejemplo) a un lugar geográfico? En realidad me es difícil calificar y con ello excluir a una u otra biblioteca del concepto, dado que la primera es tan comunitaria, como la segunda es pública. (Campbell, 2007, p. 3).

 

¿A qué se debe esta dificultad de poder distinguir a esos dos tipos de bibliotecas? El autor tiene razón cuando piensa que la biblioteca pública “es tan comunitaria”, como la biblioteca comunitaria “es pública”. Pero la dificultad estriba, según se observa, en relación con la connotación política que tiene el adjetivo “pública”. El concepto de «biblioteca pública» está asociado a la esfera de los «servicios públicos» que brinda, con carácter obligatorio, el Estado. Todo servicio público (educación, escuela, salud, seguridad, etcétera) cumple una misión de interés público, general y colectivo; y lo asegura, reglamenta y controla el gobierno a través de la Administración Pública. Desde esta arista, el concepto de biblioteca pública supera el significado que los diccionarios en el campo de la bibliotecología nos ofrecen. Es pertinente por esto apoyarnos en la teoría de la ciencia política en tanto que es la disciplina que estudia con profundidad y amplitud la naturaleza de la máxima organización política de la humanidad: el Estado. También es conveniente acercarnos al saber del derecho administrativo, ya que éste es el encargado de explicar la teoría del servicio público en general.  

 

La biblioteca comunitaria, rural o urbana, es aquella que se desarrolla fuera de las esferas de los servicios públicos que genera el Estado; alejada de las oficinas que gestionan los órganos de la estructura estatal mediante la labor público-administrativa que ejecuta el gobierno a través de los diferentes poderes públicos (ejecutivo, legislativo y judicial), aún y cuando esa clase de centro preste servicio de biblioteca al público. Así, cuando nos referimos a bibliotecas comunitarias, estamos explicando que se trata de proyectos de provisión de servicio de biblioteca que se crea a partir de diversos grupos de la sociedad civil para asistir a determinada comunidad. En razón de esto: “Es importante que la biblioteca comunitaria, devenida en centro de información comunitario cuente con apoyo organizado, sistemático y responsable de la población para cumplir con su misión y funciones” (Campbell, 2007, p. 15).  

 

El fenómeno de la biblioteca comunitaria o comunal (como también se le denomina en Perú) se presenta debido, si bien no siempre, al déficit de bibliotecas públicas (y escolares-públicas) o a que éstas no satisfacen las necesidades de información de los grupos sociales que conforman la comunidad. Así, estas bibliotecas son puntos de lectura, espacios alternativos que apuntan, entre la ciudadanía, hacia la democratización de la información y la cultura; son focos libres de organización y participación ciudadana; son gestionadas por organizaciones comunales de base; son lugares de trabajo bibliotecario voluntario; son sitios de colecciones desarrolladas mediante donaciones. La cuestión esencial del espíritu comunitario en relación con el servicio de biblioteca es el desarrollo de la autogestión y autoorganización, del control colectivo en torno del desarrollo de las colecciones y de la administración de los servicios para hacer frente a las necesidades, inquietudes y curiosidades que implican consulta permanente de información. Así, en el contexto brasileño, por ejemplo, se percibe que la creación de bibliotecas comunitarias se debe a dos motivos: 1] la carencia de bibliotecas públicas y escolares debido a la incapacidad del Estado respecto a la formulación de políticas públicas en este tipo de servicios, y 2] la movilización de la sociedad para enfrentar las dificultades de acceso a la lectura, a la información y al libro (Machado, 2010, p. 248).       

 

Cabe precisar que en algunos países (como en Chile) el gobierno usa también el término biblioteca comunitaria para referirse a ciertas «bibliotecas públicas municipales». En Venezuela sucede algo semejante al referirse que la Red de Bibliotecas Públicas cuenta con cierto número de bibliotecas comunitarias en algunos estados. Mientras que en Costa Rica el Sistema Nacional de Bibliotecas cuenta con «bibliotecas oficiales» y «bibliotecas semioficiales». Las primeras son mantenidas con recursos públicos del Ministerio de Cultura y Juventud; las segundas se financian a través de fondos públicos de ese organismo gubernamental, de la municipalidad y de alguna organización formada por la sociedad civil. Todas estas bibliotecas, cabe enfatizar, no son comunitarias en tanto no son creadas ni administradas únicamente por la propia comunidad. El hecho que una biblioteca tenga el marbete de “comunitaria”, no significa que sea propiamente un espacio alternativo o complementario a la biblioteca pública que gestiona el gobierno. 

 

Ante esto, la sociedad civil ha tenido la necesidad a veces de ser más precisa para denominar sus propias centros bibliotecarios como «bibliotecas comunitarias independientes», “cuyo eje común es un servicio público ante la necesidad de la población en general y la demanda de la población estudiantil en particular” (Campbell, 2007, p. 4). Empero, estas bibliotecas no son tan independientes como parece pues comúnmente pertenecen a proyectos de mayor rango que está llevando a cabo una gran diversidad de organizaciones no gubernamentales. Y aunque prestan servicio público, son independientes al Estado y al gobierno. No obstante, en la práctica no siempre, por uno u otro motivo, se pueden mantener totalmente al margen de la autoridad gubernamental.  

 

Una biblioteca para mi pueblo, es un grupo formado por diversas entidades de la sociedad civil y personas interesadas en crear bibliotecas y ayudar al desarrollo de las que ya existen. Su objetivo es crear una biblioteca en cada pueblo del Perú, comenzando por construir una en un pueblo de cada provincia. Para tal efecto, el colectivo ha estado solicitando donaciones de libros, ordenando los que han recibido, buscando locales con estanterías y al bibliotecario auxiliar que se haga cargo del funcionamiento de la misma. La primera biblioteca ha sido creada en Qasanqay, distrito de Vinchos, provincia de Huamanga, departamento de Ayacucho. Se estima que la siguiente sea instalada en Tarmatambo (Tarma). Aunque no se menciona, estos espacios culturales, en virtud de cómo se están gestando, son bibliotecas comunitarias.

 

La alternatividad de la biblioteca comunitaria, tanto como la de la biblioteca popular, se genera en virtud de que su personal bibliotecario mira y trabaja con otra visión al buscar soluciones diferentes a determinados problemas. Ejerce una administración con espíritu propositivo, emancipatorio y solidario. Sus acervos y servicios irrumpen en respuesta de la necesidad de información y formación de la comunidad derivada de la deficiencia e insuficiencia de los acervos y servicios de la biblioteca pública tradicional. Es decir, retornando al caso de Brasil:

 

Es principalmente en regiones periféricas – donde las poblaciones tienen mayor dificultad de acceso a la información, a la cultural y a la educación de calidad y servicios en general -, que percibimos el surgimiento de nuevos espacios de lectura, comúnmente denominados como “biblioteca comunitaria”. Son espacios que se forman a partir de acciones locales, basadas en actitudes creativas, solidarias y lideradas por grupos que toman para sí el desafío de solucionar la carencia de lectura, en la lucha constante contra la creciente exclusión social. (Machado, 2010, p. 248).

 

Con base en lo anterior, podemos deducir que es indispensable teorizar con profundidad y amplitud la práctica comunitaria del servicio de biblioteca, vista como un modelo alternativo que emerge, desde diferentes latitudes de América Latina, para enriquecer la figura de los servicios bibliotecarios públicos. La biblioteca comunitaria, vista como un paradigma social y político más de este tipo de servicios, refleja una permanente lucha a favor de una sociedad incluyente, por ende, una lucha social empeñada en abatir las lacras que engendra una sociedad excluyente. A partir de esta perspectiva sociológica se sugiere encontrar las diferencias y las similitudes entre las bibliotecas comunitarias que crea la sociedad civil y las bibliotecas públicas que funda el Estado.  

 

 

Referencias

 

Campbell Jerez, James. (2007). El rol de las bibliotecas públicas comunitarias en el desarrollo socio-económico de Nicaragua. Biblios. (28): 1-23

 

Machado, Elisa Campos; Vergueiro, Waldomiro. (2010). A prática da gestão participativa em espaços de acesso à informação: o caso das bibliotecas públicas e das bibliotecas comunitárias. Revista Interamericana de Bibliotecología. 33 (1): 241-255


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FELIPE MENESES TELLO

Cursó la Licenciatura en Bibliotecología y la Maestría en Bibliotecología en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Doctor en Bibliotecología y Estudios de la Información por la (UNAM). Actualmente es profesor definitivo de asignatura en el Colegio de Bibliotecología de la Facultad de Filosofía y Letras de UNAM. En la licenciatura imparte las cátedras «Fundamentos de Servicios de Información« y «Servicios Bibliotecarios y de Información» con una perspectiva social y política. Asimismo, imparte en el programa de la Maestría en Bibliotecología y Estudios de la Información de esa facultad el seminario «Servicios Bibliotecarios para Comunidades Multiculturales». Es coordinador de la Biblioteca del Instituto de Matemáticas de esa universidad y fundador del Círculo de Estudios sobre Bibliotecología Política y Social (2000-2008) y fue responsable del Correo BiblioPolítico que publicó en varias listas de discusión entre 2000-2010. Creó y administra la página «Ateneo de Bibliotecología Social y Política» en Facebook.