BIBLIOTECAS, SOCIEDAD Y ESTADO


  • Relação entre as bibliotecas, as ações dos profissionais que nelas atuam e o estado.

EL CONCEPTO DE GOLPE DE ESTADO EN RELACIÓN CON EL MUNDO DOCUMENTAL E INFORMATIVO

El estudioso de la bibliotecología si desea ser objetivo en relación con los análisis que entrañan relaciones entre su disciplina que practica y cultiva y otras disciplinas inherentes a las ciencias sociales y humanidades, es pertinente que se adentre en el significado de aquellas categorías que son objeto de estudio, como en este caso, de la sociología política, la ciencia política y la historia política. Motivo por el que para avanzar en torno de la articulación «bibliotecas, información y golpe de Estado», se considera necesario entender explícitamente este último término que es propio, según la literatura consultada, de esas disciplinas. Es importante en la esfera de la bibliotecología social y política comprender el concepto de golpe de Estado porque, según nos muestra la historia de los objetos (libros), las instituciones (editoriales, librerías y bibliotecas) y los personajes (autores, libreros, bibliógrafos, bibliotecarios y bibliotecólogos) de la cultura impresa, durante estos periodos que reflejan crisis de baja y alta intensidad esos recursos y elementos son afectados directa o indirectamente, pues la estructura política (instituciones políticas + grupos políticos + relaciones políticas) ante el fenómeno político que nos interesa colapsa también la estructura social (instituciones sociales + grupos sociales + relaciones sociales). Y en ambas estructuras, no perdamos de vista, se hallan distribuidos importantes recursos, elementos y sujetos bibliográficos, bibliotecarios e informativos.     

 

El significado actual de la expresión «golpe de Estado» se ubica en el cuadrante de las intervenciones políticas ilegales, es decir, de las formas de conquista violenta del poder político, tales como la revolución, el cuartelazo, la conjura, la sedición, la asonada, el motín, la rebelión, la revuelta, esto es, los acontecimientos que afectan a la autoridad gubernamental legalmente constituida (Mendoza, 1980, pp. 129-131; Melotti, 1971, pp. 20-39). Los teóricos de la revolución han procurado establecer similitudes y diferencias para contrastar esta diversidad de actos que en ocasiones se confunden, traslapan o concatenan. Por esto es necesario distinguir las peculiaridades del término que nos ocupa para, de esta manera, precisar la naturaleza política de esta expresión y el influjo que tiene este suceso en el plano de los libros, las bibliotecas y la información impresa y electrónica. Es relevante mencionar que en el huracán de este acontecimiento brusco de cambio de gobierno, el universo de la cultura bibliográfica, bibliotecaria, documental e informativa, según nos muestran las amargas experiencias de las dictaduras autoritarias instauradas mediante golpes de Estado en América Latina, es violentado y socavado flagrantemente. Esto es así porque “no existen golpes de Estado pacíficos” (Melotti, 1971, p. 28), característica que se asocia con la idea de que esta toma del poder se encuadra, en efecto, en la serie de modalidades violentas que, de provocar focos de resistencia social, política o militar, puede producir una guerra civil.

 

Sin mayor preámbulo, este fenómeno político es definido por el Diccionario de la lengua española como la: “Actuación violenta y rápida, generalmente por fuerzas militares o rebeldes, por la que un grupo determinado se apodera o intenta apoderarse de los resortes del gobierno de un Estado, desplazando a las autoridades existentes.” En este orden de ideas, varios autores coinciden al señalar que: “El golpe de Estado consiste en el derrocamiento de un gobierno, generalmente por vía violenta, llevado a cabo por miembros del mismo gobierno para formar otro” (Arriola, 2003, p. 43). Es decir, según se afirma en un Diccionario de ciencia política: “Acto de fuerza por el que un grupo o sector gubernamental, civil, militar o combinado, sin participación directa del pueblo, substituye al gobierno establecido del Estado por otro. Se habla así de golpes de Estado Civiles o Militares” (Serra, 1998, p. 542). Este mismo autor en su obra Ciencia política distingue ciertas características generales del golpe de Estado: 1] como fenómeno transitorio y ocasional supone una acción de fuerza comúnmente llevada a cabo por sujetos que forman parte del gobierno, sin la intención de modificar la estructura orgánico-política de Estado, 2] se gesta dentro de los mecanismos de quienes gobiernan y tiende una minoría gobernante a sustituir por la fuerza a otra para imponerse en el poder,  y 3] supone un cambio repentino de gobierno por funcionarios que disponen tanto de la fuerza pública como del poder político, pero sin la participación del pueblo (Serra, 1999, pp. 706-707). Esta participación se presenta, posterior a la ejecución del golpe de Estado, ya sea a favor y en contra de este acto que denota atropello a las instituciones políticas y sociales, resultante de una enconada lucha de clases. Y en medio de estos cuadrantes de violencia y fuerza, según nos muestra el conocimiento histórico, las instituciones bibliográficas, bibliotecarias, documentales e informativas son los principales blancos al ser atacados por los golpistas. El objetivo de fondo es, desde el primer día de asestada la tropelía, desarticular el acceso a la información para debilitar sistemáticamente la resistencia organizada de la población civil adversa.

 

En este tono definitorio, el golpe de Estado es un suceso ilícito y espurio, pues es la “apropiación del poder político por medios ilegales [y porque] este acto de apoderamiento ilegítimo se ejecuta por minorías debidamente organizadas quienes mediante una estrategia sorpresiva y violenta deponen a las autoridades constituidas y toman bajo su absoluto control el poder general del Estado” (Mendoza, 1980, pp. 129). Consecuentemente, se está de acuerdo en definir el golpe de Estado “como la conquista ilegítima del poder por parte de fuerzas ya integradas sustancialmente en la estructura del poder existente”, es “tanto el cambio constitucional ilegalmente decretado en beneficio propio por algunos detentadores del poder estatal de un pequeño grupo, como la conquista del poder por un grupo de militares [...]” (Melotti, 1971, p. 22). El fenómeno en cuestión es por lo tanto sorpresivo, rápido, violento e ilegal, caracterizándose por la fuerza reaccionaria que emerge de la propia estructura política del Estado. Lo que equivale que esta forma de atropello se suscite contra la voluntad de pueblo, poniendo en riesgo tanto la convivencia pacífica como las libertades de expresión, de prensa y de acceso a la información en sus diversas variantes. Esfera de libertades públicas que están en consonancia con el funcionamiento de las instituciones encargadas de producir, compilar, organizar, comunicar y difundir información oral y escrita, impresa y electrónica.  

 

De tal modo que el golpe de Estado se suscita cuando fuerzas militares y grupos políticos derrocan, apoyándose en prácticas no democráticas y violentas, a un presidente constitucionalmente electo por el pueblo. El golpe militar es entonces un golpe de Estado, pero no todo golpe de Estado es un golpe militar, si bien el factor castrense es la forma más común de este conflicto político, pues el ejército es el instrumento represor del que se valen los golpistas. Cuando la fuerza castrense es el principal protagonista de la usurpación del poder político de la estructura estatal, “el golpe de Estado es una conquista del poder por parte de un grupo particular de militares del más alto rango” (Melotti, 1971, p. 21). En este plano, el golpe de Estado militar es una categoría del golpe de Estado gubernamental, pues el asalto al poder que nos ocupa es una acción común de gobierno; y cuando se combinan actores militares, paramilitares y civiles estamos frente a un golpe de Estado cívico-militar. En este sentido, se asevera: “Por la naturaleza de sus actores y por su desarrollo, el golpe se encuadra de forma más satisfactoria entre los procesos de transferencia anómala, ilegal y extrajurídica, por forzada y violenta, del poder de una élite a otra, ya sea una claque militar o una minoría civil que inspira o apoya la subversión castrense” (González, 2003, p.15).  Independientemente del tipo del golpe de Estado, la experiencia en materia de este fenómeno nos indica que las instituciones culturales encargadas de satisfacer las necesidades sociales y políticas de información documental, son severamente dañadas por la ola represiva que se desata durante y después de la sustitución de un gobierno por otro.  

 

Así, la reflexión referente a este hecho que cimbra la paz del Estado distingue cinco indicadores: 1] en la tradición histórica es un acto llevado a cabo por órganos del Estado, 2] las consecuencias más usuales consisten en el simple cambio de liderazgo político, 3] puede ser acompañado o seguido por movilizaciones políticas y sociales, 4] generalmente la potenciación del aparato burocrático y policial del Estado sigue a este acto y 5] una de las consecuencias más típicas del fenómeno opera sobre la formas de agregación de la demanda política (Barbé, 1997, p. 726). El golpe de Estado, como suceso político irregular, es una forma de inestabilidad política, pues es la toma del poder gubernamental a través de prácticas violentas que nada tienen que ver con el acuerdo de las fuerzas políticas y sociales populares. En esencia y basándonos en el libro Los golpes de Estado (González, 2003, pp.9-44), este fenómeno político es:

 

- un asalto fulminante y brutal a las instancias de gobierno, que se ejecuta desde dentro del entramado del poder, por ende, surge en el interior de la misma estructura estatal.

- el asalto al poder ejecutivo por altos mandos para, en opinión de los golpistas, enderezar el rumbo político.

- el acto usurpador razonado y metódico por excelencia, impulsado por una institución bastante homogénea (partido, gobierno, parlamento o ejército) de forma rápida e imprevista.

- cuando lo suelen perpetrar los propios agentes o representantes del poder constituido, y casi siempre cobra la fisonomía de un asalto repentino e inapelable a las máximas instancias del Estado.

- una acción interna, en la que una parte del Estado se moviliza para usurpar el poder en el resto del entramado administrativo.

- la intervención de las fuerzas armadas regulares para romper temporalmente la institucionalidad democrática.

- una irrupción castrense dado que es un acto de intervención militar en la política, aunque éstos no son los únicos protagonistas.

- cuando los militares, o parte de ellos, dirigen su poder coactivo contra las más altas instancias del gobierno.

- una acción que se decide en pocas horas, que implica a la autoridad establecida, que incide en un espacio muy restringido y que busca, pura y simplemente, la obtención del poder o la anulación de un adversario político.

- un acto no solamente violento que suprime algunas leyes e instituciones de Estado, sino también es radicalmente ilegal.

- la ilegalidad cometida por ambiciones políticas de un individuo o de un partido.

- un instrumento no pautado de resolución a una crisis política.

- una estrategia propia de minorías caracterizadas por su acceso preferente a las instancias más sensibles del poder político.

- una técnica que puede dar lugar comúnmente a dictaduras y a instaurar, por lo tanto, regímenes autoritarios.

- la táctica de usurpación del poder característica de sociedades sumidas en un proceso de democratización dificultoso o incompleto.

- un acto ejecutado contra el derecho, la ética, la representación nacional y las libertades públicas.

 

El amplio espectro en relación con la expresión en cuestión es muestra de la complejidad del tema, cuyo problema conceptual se puede resumir con las siguientes palabras: “Estrategia o estratagema, técnica o treta, argumento o argucia, el golpe de Estado ha sido, y será por mucho tiempo, un concepto lastrado por la ambigüedad y la controversia.” (González, 2003, p. 89); y como acto violento, es un hecho plagado de inestabilidad política, misma que altera, amplia y profundamente, las políticas públicas en materia de producción, compilación y organización bibliográfica; de creación y funcionamiento de bienes y servicios bibliotecarios; así como de información y comunicación.

 

De acuerdo con nuestro marco conceptual, el golpe de Estado proyecta un panorama negativo. En razón de esto, el acontecimiento genera actitudes de condena política y social; de rechazo moral y jurídico en los niveles local, nacional, regional e internacional. Es decir, este fenómeno se caracteriza por ser “un acto reprobable y punible”, pues es “ejecutado en contra de la voluntad del pueblo” (González, 2003, p. 86). Este mismo punto de vista lo comparte otro autor al aseverar que este acto asume “una connotación netamente desfavorable en cuanto se caracteriza por ser una obra de un pequeño grupo dominante para reforzar más su poder impidiendo la posibilidad de cambio”, de tal suerte que se percibe como una “actividad francamente reaccionaria” (Melotti, 1971, p. 20). Este sentido negativo es lo que impone al pueblo una obligación cívica de presentar resistencia organizada frente a este tipo de actos delictivos que apuntan contra la soberanía nacional. La característica negativa está en estrecha relación por la violencia que produce el golpe de Estado, pues rompe las estructuras de regímenes democráticos y, por ende, destruye las instituciones básicas para el desarrollo sano de la democracia representativa y participativa, tales como las editoriales y centros de venta de libros y periódicos, los centros bibliotecarios de diversa especie, las estaciones de radio y televisión, entre otras formas de disponibilidad de información fiable al servicio de una sociedad libre. En los siguientes rubros se profundizará el golpe de Estado en el universo de esas instituciones. 

 

 

Referencias

 

Arriola, Juan Federico (2003). Teoría general de la dictadura. México: Trillas.

 

Barbé, Carlos (1997). Golpe de Estado.  En: Diccionario de política. Bajo la dirección de Norberto  Bobbio, Incola Matteucci y Gianfranco Pasquino. México; Siglo XXI.  pp. 723-726

 

González Calleja, Eduardo (2003). Los golpes de Estado. Madrid: Arco Libros.

 

Melloti, Humberto (1971). Revolución y sociedad. México, Fondo de Cultura Económica.

 

Mendoza, Fernando (1980). Análisis de los procesos revolucionarios. México, Editorial Grijalbo.

 

Serra Rojas, Andrés (1999). Ciencia política: la proyección actual de la teoría general del Estado. México, Editorial Porrúa.

 

Serra Rojas, Andrés (1998). Diccionario de ciencia política. México: Facultad de Derecho/UNAM, Fondo de Cultura Económica.

 


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FELIPE MENESES TELLO

Cursó la Licenciatura en Bibliotecología y la Maestría en Bibliotecología en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Doctor en Bibliotecología y Estudios de la Información por la (UNAM). Actualmente es profesor definitivo de asignatura en el Colegio de Bibliotecología de la Facultad de Filosofía y Letras de UNAM. En la licenciatura imparte las cátedras «Fundamentos de Servicios de Información« y «Servicios Bibliotecarios y de Información» con una perspectiva social y política. Asimismo, imparte en el programa de la Maestría en Bibliotecología y Estudios de la Información de esa facultad el seminario «Servicios Bibliotecarios para Comunidades Multiculturales». Es coordinador de la Biblioteca del Instituto de Matemáticas de esa universidad y fundador del Círculo de Estudios sobre Bibliotecología Política y Social (2000-2008) y fue responsable del Correo BiblioPolítico que publicó en varias listas de discusión entre 2000-2010. Creó y administra la página «Ateneo de Bibliotecología Social y Política» en Facebook.