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LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN Y LOS CAMBIOS REVOLUCIONARIOS EN AMÉRICA LATINA

A la hora de caracterizar la situación de los grandes medios de comunicación, es necesario considerar dos grandes asuntos: a) la revolución tecnológico-científica de las últimas décadas, y b) la acelerada concentración del capital. Desde la óptica meramente económica podemos afirmar que la lógica de la acumulación capitalista se ha impuesto en todos los rubros y, por ende, también en lo concerniente a las empresas dedicadas a la comunicación e información.

 

Las empresas oligopólicas mundiales, vale decir el gran poder del capital concentrado, ha generado una madeja tal de intereses interconectados que difícilmente se pueda desentrañar la “actividad principal” de cada una de ellas. Por lo menos diez de estos grandes oligopolios son los que incluyen a los principales medios de comunicación del orbe y estos a su vez se ramifican en todo el planeta hasta llegar, por diferentes formatos, a nuestras propias casas. Entre estos oligopolios podemos mencionar a General Electric, AT&T, Disney, Time Warner, Sony, News Corp, Viacom, Seagram y Bertelsmann. Todas megas empresas que entre sus diferentes actividades encontraremos desde la fabricación de armas de guerra hasta la producción películas tan “inocentes” como “Bambi”. Los medios de comunicación actuales, incluyendo la llamada industria del entretenimiento, responden directamente a los intereses de esas grandes compañías y, por ende, a los países donde radican sus casas matrices, no casualmente, en la mayoría de los casos, en Estados Unidos.

 

De ahí para abajo la red se afinca en empresas “más especializadas” en la materia, incluyendo la televisión (aire, cable, satelital), la radio, la prensa escrita, la conexión on line producto del cruce de la informática con las telecomunicaciones, la producción audiovisual, la telefonía, la publicidad, la industria del cine y los videojuegos, etc. La lista incluye, entre otros, Dow Jones, Comcast, The New York Times, The Washington Post, Hearst, McGraw Hill, CBS, Times-Mirror, Reader´s Digest, Pearson, Kirch, Havas, Mediaset, Hachette, Canal +, Prisa, Reuters. Estamos hablando de un segundo nivel, donde la conexión con el primer nivel antes mencionado es directa, ya sea por asociación, inclusión, cooptación o participación.

 

Por supuesto que en cada uno de estos niveles la lucha interempresarial se agudiza en tanto el capital crece, la disputa por los mercados es mayor y las exigencias del control ideológico aumentan. Con justa razón el intelectual Ignacio Ramonet ha afirmado: “Grupos industriales están enzarzados en una guerra a muerte por el dominio de los recursos del multimedia y de las autopistas de información”. Pero también hay que tener en cuenta, como los ha dicho el uruguayo Eduardo Galeano “Še aunque los mastodontes de la comunicación simulan competir entre sí, y a veces hasta se golpean y se insultan para satisfacción de la platea, a la hora de la verdad el espectáculo cesa y, tranquilamente, se reparten el planeta”.

 

Es por debajo de esa verdadera “pirámide de poder”, más bien en la periferia, donde aparecen los grupos latinoamericanos, las grandes empresas de comunicación e información de Nuestra América, pero todas ellas enlazadas, de una u otra forma, a las que denominamos segundo y primer nivel ya que, “entre todas han tejido una telaraña universal”, al decir de Galeano, agregando: “a no es necesario que los fines justifiquen los medios. Ahora, los medios, los medios masivos de comunicación, justifican los fines de un sistema de poder que impone sus valores en escala planetaria. El Ministerio de Educación del gobierno mundial está en pocas manos. Nunca tantos habían sido incomunicados por tan poços”.

 

Hablar de medios de comunicación en el siglo XXI entonces, significa hablar de poderosas empresas oligopólicas, del imperialismo y del sistema capitalista, como asimismo, y en consecuencia, del poder, del poder económico, pero fundamentalmente, del poder político.

 

Los medios de comunicación en América Latina y el Caribe.

 

Desde el inicio mismo de la lucha por la independencia de Nuestra América, los medios de comunicación han jugado un importante papel. Por todos es conocido que las fuerzas patrióticas y revolucionarias de aquella época tuvieron que ingeniarse para contar con propios medios de prensa, a fin de divulgar sus ideales emancipatorios. “El Correo del Orinoco”, de Bolívar (Venezuela), “El Telégrafo” de Juan José Castelli (Alto Perú), “La Bagatela” de Antonio Nariño (Colombia), “El Monitor” de Antonio José de Sucre (Ecuador), “La Gaceta” de Mariano Moreno (Río de la Plata), “Despertador Americano” de Miguel Hidalgo (México), “La Aurora” de Camilo Henríquez (Chile), son muestras de lo que aquí afirmamos. Los medios gráficos en manos del colonialismo y la oligarquía les daban el tratamiento de “herejes”, “bandoleros” o insurgentes a los patriotas independentistas. No decían la verdad, y era lo lógico y coherente en función de sus intereses de clase, que eran los mismos que los intereses de la monarquía española.

 

A lo largo de toda la historia de la América Latina Caribeña, entonces, al igual que en los otros países, quienes manejan los medios (sus dueños), son quienes informan y comunican de acuerdo a sus intereses de clase. Nada más ingenuo que pensar en la “objetividad” de la información y mucho menos en la llamada “libertad de prensa” o “cuarto poder”. Ya lo decía el patriota Arturo Jauretche en su libro "Manual de Zonceras Argentinas": "El cuarto poder está constituido en la actualidad por las grandes empresas periodísticas que son, primero empresas, y después prensa. Se trata de un negocio como cualquier otro que para sostenerse debe ganar dineroŠ la llamada 'libertad de prensa', una manifestación de la libertad de empresa a que aquélla se subordina, porque la prensa es libre sólo en la medida que sirva a la empresa y no contraríe sus intereses".

 

Si bien mucho se podría escribir sobre los medios de comunicación en Nuestra América, por razones de espacio sólo haremos mención de las grandes empresas que controlan el paquete más rentable en la región. Nos referimos a los grupos Televisa, Cisneros, Globo y Clarín.

 

Televisa es la pionera en televisión en América Latina y tal vez la compañía de medios de comunicación más grande en el mundo de habla castellana. Su dueño, el mexicano Emilio Azcárraga pertenece a la elite de la lista “Fortune” y se encuentra posicionado entre los primeros diez nombres de los “ricos y famosos” latinoamericanos. Su empresa incluye cadenas de televisión abierta, TV satelital (Sky), TV por cable (Cablevisión), productora de discos (Melody), productora de programas televisivos y cinematográficos (Televicine), telefonía (PanAmSat), publicaciones gráficas y, asociada con Univisión, distribuye sus productos en el mundo de habla hispana de Estados Unidos.

 

El Grupo Cisneros del venezolano Gustavo Cisneros Rendiles, opera en 39 países, con 70 compañías de radiodifusión y televisión, tecnología y telecomunicaciones. Asimismo participa en DirecTV con el Grupo Clarín y Hughes Electronics, plataforma de televisión satelital en 27 países y en AOL (América Online Latinoamérica) en alianza con América Online. Entre otras estaciones de televisión que controla en América Latina citaremos, en Chile (Chilevisión) , Colombia (Caracol) y el Caribe (Caribean Communication Network) además en Venezuela (Venevisión).

 

El Grupo Clarín, de la argentina Ernestina Herrera de Noble controla diarios (entre otros “Clarín”, el de mayor circulación en la Argentina), radios (Radio Mitre, FM 100), televisión abierta, televisión por cable (Multicanal) , productoras y distribuidora de televisión (Proartel), empresas de eventos artísticos, encuestadoras, Internet (Ciudad Digital y Ciudad Internet), empresa telecomunicaciones (CTI), etc.

 

El grupo Globo de la familia brasileña Marinho incluye diarios (“O Globo”), televisoras (Rede Globo), empresas de telecomunicaciones (Telefonía Mobil), productoras de programas televisivos y cinematográficos (Globo Film), TV por cable, radios, compañías de comunicaciones satelitales, productora de discos (Som Livre), empresas de publicidad, impresión gráfica, etc.

 

Además de estas poderosas empresas, otras de similares características operan en la región. Por ejemplo: el Consorcio Periodístico de Chile, del chileno Alvaro Saieh Bendeck; TV Azteca, del mexicano Ricardo Salinas Pliego, entre otras.

 

Ahora bien, todas estas compañías, enriquecidas fundamentalmente a partir de las décadas de neoliberalismo que sufrió todo nuestro subcontinente, mantienen lazos económicos directos con los oligopolios antes mencionados. Las empresas de comunicación e información, más la industria del entretenimiento, las mal llamadas “industrias culturales” y las telecomunicaciones, aparecen hoy amalgamadas en un mismo bloque, donde el capital multinacional es el que impera y gobierna, respondiendo absolutamente a los intereses de la alta burguesía metropolitana.

 

Si bien desde los centros del poder mundial se manejó el discurso de que el desarrollo tecnológico significaba un progreso en la democratización del acceso a la información, la realidad se encargó de desmentir esto, ya que ese “adelanto” tecnológico impuso una mayor concentración de los medios y por lo tanto, la tiranía ideológica que reina actualmente. “La diversidad tecnológica dice ser diversidad democrática. La tecnología pone la imagen, la palabra y la música al alcance de todos, como nunca antes había ocurrido en la historia humana; pero esta maravilla puede convertirse en un engaña pichanga si el monopolio privado termina por imponer la dictadura de la imagen única, la palabra única y la música única”, dice Eduardo Galeano.

 

La lucha ideológica

 

Un sistema inhumano como lo es el sistema capitalista, necesita, como los otros sistemas de explotación, de la mentira, la manipulación, la alienación y el “lavado de cérebros” para reproducirse en el tiempo. La reproducción del capital debe hacerse de la manera menos traumática posible, dice la lógica del burgués. La lucha de clases, como en el caso de los países dependientes la lucha por la liberación nacional, son perturbaciones de primer orden en la realización del ciclo del capital. De segundo orden serían las propiamente intrínsecas del funcionamiento del sistema, contradicciones secundarias que podrían ser resueltas menos traumáticamente para los intereses del sistema, como por ejemplo las periódicas crisis del capitalismo que son trasladadas compulsivamente hacia los más pobres, fundamentalmente a los de la periferia.

 

“No hay que olvidarse que los imperialistas fincaban su dominio no solo en las armas de la economía, de la política, sino muy esencialmente también con las armas espirituales, con las armas del pensamiento, con las armas de la cultura”, nos decía Fidel Castro al analizar el poder de los medios de comunicación masiva y la cultura de las clases dominantes. Si durante muchos siglos, la Iglesia cumplió ese rol de facilitador de la reproducción del sistema imperante, hoy los medios de comunicación pasan a cubrir esa función. “Ante la crisis de otras máquinas 'coaccionadoras' - familia, escuela, Iglesia, ejército - y el fracaso de los Estados totalitarios que practican a gran escala el adoctrinamiento de masas se están instalando nuevos métodos de coacción más sutiles, más insidiosos y eficaces”, nos señala Ignacio Ramonet.

 

Pero nada es más cierto que entender que esta verdadera tiranía mediática que estamos sufriendo no es otra cosa que el discurso de la gran burguesía a fin de reproducir el capital. Y señalamos esto porque pedirle a las empresas oligopólicas que sean “objetivas” con la información, que no mientan, que sean equilibrados en sus mensajes, que no sean frívolas, que respeten los valores, que no manipulen o que no estupidicen a la población es lo mismo que pedirle a un león que se haga vegetariano.

 

La lucha ideológica por lo tanto, será de confrontación directa con los grandes medios de comunicación, no hay espacio para la transformación “desde adentro” del aparato ideológico de la gran burguesía, como tampoco hay espacio para la discusión democrática con ellos, porque es simple entender que para el capitalismo la democracia solo es respetada cuando no altera los mecanismos de reproducción del capital o de la dominación imperialista.

 

América Latina y los gobiernos revolucionarios.

 

Después de esta breve exposición es fácil entender porqué los medios de comunicación masiva atacan sin piedad a los gobiernos revolucionarios de la región. Nadie como Hugo Chávez, Evo Morales y Daniel Ortega fueron tan duramente atacados en los últimos años. Seguramente por acumulación, en Nuestra América, quien mantiene el primer lugar en esto es el comandante Fidel Castro. Pero esto es lógico y coherente con los intereses concretos que están por detrás de la “prensa libre y democrática”. Sería como pretender desafiar la ley de gravedad el creer que cualquiera de las grandes empresas del rubro pueden mantener una “visión objetiva” de los gobiernos revolucionarios o de las medidas que estos toman en favor de sus pueblos y países.

 

Cuando sabemos que el principal ingreso de las mega-empresas de comunicación e información radica en la publicidad, la asociación entre las altas burguesías (industrial, bancaria, comercial y de servicios) es un hecho insoslayable ¿Podría pautar Repsol en un medio que atacara sus intereses? ¿Pondría su propaganda Nike en un canal que denunciara la explotación de niños y niñas en sus plantas de Asia u otras partes del planeta? ¿Estarían dispuestos los grandes empresarios de los medios a suprimir esos suculentos dividendos a favor de la verdad y la razón? ¿Estaría dispuesta la empresa General Electric a pautar sus productos en un medio que atacara la guerra de Irak y Afganistán? La respuesta es obvia y, por lo tanto, todo lo que implique la lucha contra el capitalismo y el imperialismo será impugnado rotundamente. Los gobiernos que adopten una actitud en contra de los intereses hegemónicos del gran capital están condenados a recibir golpes y más golpes.

 

¿Cómo enfrentar el poder de los medios de comunicación del gran capital?

 

Como lo señalamos anteriormente los medios responden a los intereses de los dueños. Nada es más simple. De acuerdo a quién es el que controla esos medios será la información que se suministre, los mensajes que se generen y las acciones que se induzcan. Los Estados soberanos, independientes y revolucionarios deberán, necesariamente avanzar hacia la democratización de la propiedad de los medios de comunicación. La propiedad de una herramienta tan importante deberá estar en manos de la sociedad y el Estado. Las universidades, los movimientos populares organizados, las comunidades, los gobiernos locales y la ciudadanía toda tendrán que adueñarse, compulsivamente o paulatinamente de los medios de comunicación, simultáneamente con la erradicación del poder de las multinacionales y las oligarquías nativas.

 

Claro que esto no se dará de un día para otro, y sin duda está condicionado a una correlación de fuerzas que indique la viabilidad del emprendimiento. Pero no hay términos medios, ya que está demostrado que la “solidaridad” entre el capital es sólida y se unen inmediatamente cuando un gobierno popular intenta “poner en cajá” a los grandes medios a través de controles y reglamentos. El tema es entre la propiedad individual o la propiedad colectiva, entre la propiedad de los capitalistas o la propiedad social del pueblo.

 

En esa dirección los gobiernos revolucionarios de la región han dados pasos agigantados que tenemos que mencionar: Telesur, por ejemplo, es un emprendimiento que necesita ser fortalecido cada vez más. Otro golpe significativo en la “línea de flotación” de la tiranía mediática es la puesta en órbita del Satélite Simón Bolívar por parte del gobierno venezolano, como asimismo el proyecto de Radio del Sur. Los impulsos tanto de Venezuela como de Bolivia y Nicaragua a favor de los medios alternativos y comunitarios tienen también que destacarse.

 

Pero algo que hay que tener muy presente a fin de dar una batalla integral contra la mentira mediática es que la línea de confrontación está, fundamentalmente, en el vasto escenario de la guerra cultural. Entre la conciencia patriótica, revolucionaria y solidaria, que implica una praxis en todos los órdenes de la vida cotidiana, y la cultura de la muerte, la enajenación y el individualismo que ofrece el capitalismo dominante. En este sentido promovemos que se incluya, desde la escuela pública una nueva materia vinculada a los medios de comunicación. Es necesario enseñar al niño y a la niña a decodificar los mensajes mediáticos y por lo tanto a incrementar el pensamiento crítico.

 

A modo de conclusión

 

No olvidemos que nuestros actuales gobiernos revolucionarios ganaron las elecciones, derrotaron golpes de estado y superaron etapas críticas con éxito, pese a tener todos los medios en contra. Decimos esto porque en muchas oportunidades observamos cierta tendencia a describir los medios de comunicación y el poder ideológico del enemigo como algo invulnerable, como un factor omnipotente capaz de controlar la mente y los sentimientos de todos los habitantes del planeta. Y eso es un error, ya que como decía un viejo venezolano, “los pueblos son como un cuero seco, se lo pisa en un lado y se levanta por outro”.

 

Los medios de comunicación pueden estar al servicio del pueblo y la Nación, son una herramienta fundamental en la época en que vivimos. Más, depende de quien maneje el medio, servirán a los mezquinos intereses de las clases dominantes o trabajarán en beneficio de las grandes mayorías.

 

Con inteligencia, creatividad, conciencia y organización lograremos que los medios de comunicación e información estén en manos del pueblo, paso insoslayable en la lucha por una cultura de liberación al servicio del ser humano y no del capital.

 

En este artículo no hemos hablado de la mentira, sino hemos hablado del mentiroso y de por qué miente.

Autor: Fernando Ramón Bossi
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Seção Mantida por OSWALDO FRANCISCO DE ALMEIDA JÚNIOR

Professor associado do Departamento de Ciência da Informação da Universidade Estadual de Londrina. Professor do Programa de Pós-Graduação em Ciência da Informação da UNESP/Marília. Doutor e Mestre em Ciência da Comunicação pela ECA/USP. Professor colaborador do Programa de Pós-Graduação da UFCA- Cariri - Mantenedor do Site.