BIBLIOTECAS, SOCIEDAD Y ESTADO


  • Relação entre as bibliotecas, as ações dos profissionais que nelas atuam e o estado.

INFORMACIÓN Y GOLPE DE ESTADO

A menudo escuchamos el cliché «la información es poder». Esto se entiende así porque la información es vista como un “arma política”. En efecto, la historia de la política nos ilustra que la información vertida en la prensa ha sido, principalmente en momentos de crisis severas, un arma poderosa de combate político. Es evidente que la información periodística “se revela como una fuerza que puede servir tanto para la liberación del hombre como para su opresión.” (Taufic, 1977, p. 28).  Desde esta óptica, información, comunicación y política se superponen, son poder imbricado. Sabemos que en un Estado democrático los medios de producción de este recurso se hallan distribuidos en diferentes partes, tales como en los aparatos del Estado, en las empresas capitalistas, en los partidos políticos, en las organizaciones de movimientos populares, etcétera. En esta tesitura, estamos de acuerdo cuando se expresa:

 

La importancia de la información como arma política ha sido reconocida siempre. [...] La aparición de la prensa en el siglo último poseyó una gran influencia en el progreso de la democracia, lo cual asombró a todas las mentes. La prensa ha sido la primera que se ha calificado en principio como “cuarto poder” para marcar su importancia política. Pero hoy la prensa hablada (radiodifusión) y la prensa visual (televisión y semanarios ilustrados) tienen tanta influencia como la prensa escrita. Por consiguiente forman parte también del cuarto poder.” (Duverger, 1970, p. 227).   

 

La información, y el poder de la misma, ahora se han expandido considerablemente gracias a las nuevas tecnologías. De tal suerte que hoy en día la Internet se ha convertido en un medio de información que no reconoce fronteras. El reino de este recurso electrónico se inscribe en el papel de más accesibilidad a la información, incluida la de carácter alternativo. Pero esto no significa que los periódicos en formato diferente a los tradicionales estén al margen de los ataques de aquello grupos que están a favor de determinado golpe de Estado.   

 

A diferencia de la información en un contexto de democracia, en que los medios no están monopolizados por el Estado, este recurso durante y después de un golpe de Estado pasa comúnmente a ser férreamente controlado. Los instrumentos políticos para este efecto son el ejército y la policía. Instrumentos de represión al servicio de las clases privilegiadas y minoritarias que apoyan el golpe en torno de los medios de comunicación. Por esto los grupos golpistas sin fusiles, ametralladoras, tanques y bombas, así como sin el control de la información, no pueden sostener en sus manos el poder del Estado. No olvidemos que durante el enfrentamiento político en el marco de un golpe contra la máxima estructura política, los bandos beligerantes batallan por el poder ejecutivo. Mantener el dominio sobre los seguidores del gobierno depuesto, es uno de los objetivos de los usurpadores de ese poder; por ende, el sometimiento de las clases explotadas implica, para los grandes terratenientes y la gran burguesía, la necesidad de hacer uso no solamente de la violencia física, sino también de la fuerza de ésta para el control de la información en sus diferentes variantes. Así que el aniquilamiento de la prensa que expresa las opiniones y enfoques de los sectores populares que resisten al golpe de Estado es prácticamente un hecho, lo cual resta drásticamente la pluralidad de expresiones de las organizaciones sociales, limitando así el derecho a la comunicación. El circuito informativo oficial es el imperante.          

 

Cuando la censura de los medios aflora, cuando se ponen obstáculos al oficio periodístico objetivo, cuando los medios nacionales e internacionales (televisivos, radiofónicos, impresos y digitales privados) practican la desinformación y la mentira, cuando la información oficial domina para opacar y prohibir fuentes críticas e independientes, los comunicadores sociales y los medios informativos que no se pliegan a las medidas de censura, los que encarnan la libertad de información-comunicación peligran seriamente. Los trabajadores de prensa que intentan cubrir la represión de un gobierno de facto, sistemáticamente son detenidos, reprimidos, golpeados, encarcelados y hasta asesinados por sicarios, policías o militares. En este orden de violencia, el Estado de derecho se transforma en Estado de terror; el Estado democrático se vuelve en Estado totalitario. La fuerza de la violencia física se combina con el control de la fuerza de la información. Desde esta arista, la libertad de expresión sufre violaciones profundas y masivas. La ley mordaza contra algunos canales de televisión, estaciones de radio y rotativos críticos, llega a imperar por medio de un decreto o bando oficial. Así que la acción que parte generalmente de un poder de facto para contener, detener o castigar con violencia las actuaciones políticas o sociales informativas de los medios que tratan de comunicar con veracidad profesional lo que acontece en el contexto de un golpe de Estado, es un rasgo básico de los gobiernos usurpadores.

 

De tal suerte que a un golpe de Estado, sigue un golpe duro a los medios de información. Se asesta con particular intensidad el golpe mediático. La expulsión de comunicadores que no están a favor de los usurpadores del mando constitucional, la amenaza de encarcelamiento o muerte que reciben los periodistas independientes por parte de la cúpula militar ejecutora de la implantación del gobierno de facto, los cortes de señales de transmisión, el allanamiento de oficinas periodísticas, el ametrallamiento de emisoras, la clausura de rotativos y el cerco informativo en torno a Internet, son algunos indicadores de represión que la historia de este fenómeno político muestra explícitamente. Así es, la escasez de información sobre los acontecimientos que se suceden en el territorio en el que se lleva a cabo el golpe de Estado, es parte del panorama respecto al golpe a los medios. Una forma eficaz de producir este fenómeno es mediante cortes intermitentes de energía eléctrica. Cuando se reactiva el flujo de energía, la información transmitida a través de la radio y televisión, principalmente aquella referente al golpe de Estado, es drásticamente controlada. En consecuencia, esta situación anómala es por definición un Estado sin mediación en el cual se ejerce abiertamente la violencia de quienes monopolizan el poder.    

 

Los atentados contra la libertad de prensa así son permanentemente llevados a cabo durante y después de haberse perpetrado el golpe, por lo que el reclamo de las organizaciones de derechos humanos por el respeto a las libertades de prensa y expresión se convierte en una exigencia fundamental; a esto se agrega los manifiestos de las asociaciones nacionales e internacionales para que cesen las persecuciones contra los periodistas, corresponsales extranjeros y representantes de los medios de comunicación que cubren los acontecimientos que se propician tras un golpe de Estado. Como podemos observar, el recurso de la información y el acto de la comunicación no escapan de la dinámica déspota de un gobierno ilegítimo. El magno poder de los golpistas impone a su modo la organización de la transmisión de los mensajes noticiosos. Imponen ellos un concepto autoritario de comunicación que se extiende como sombra ominosa. Se trata de la verdad y veracidad que impone una clase: la gran burguesía criolla, quien engendra comúnmente los grupos que atentan contra la estructura política del Estado. Desde esta óptica clasista, en el contexto latinoamericano del golpe de Estado y, consecuentemente, de la dictadura que emerge de esa lamentable situación de Estado “el mensaje refleja la práctica social de la burguesía y jamás la práctica social del pueblo.” (Mattelart, 1974, p. 65). Esto es así porque:

 

La «libertad de prensa» en la sociedad burguesa es la libertad de los ricos de engañar, corromper y embaucar cada día, de manera sistemática y continua, con millones de ejemplares, a las masas explotadas y oprimidas del pueblo, a los pobres. (Lenin, 1979, p. 239).

 

La política inherente a la libertad de prensa de un gobierno de facto se asocia con la censura, el sesgo informativo o el envío de policías o militares contra los medios de comunicación que no comulgan con quienes se han apropiado ilegalmente de las riendas del poder ejecutivo. Esto se entiende porque “todo lo que la clase dominante no siente como idéntico a sí misma, incluso la idea de un cambio moderado, lo vierte en el área de lo subversivo, [...]” (Mattelart, 1974, p. 71).         

 

En contraste, los medios noticiosos que son de propiedad de grandes consorcios económicos tienden a funcionar invariablemente como voceros de los golpistas. Hoy en día los grupos de poder concentran gran parte de la prensa escrita, televisiva, radial y digital, y son esos grupos los que, salvo excepciones, dan respaldo propagandístico a los regímenes emanados de golpes de Estado. Al difundir solamente información que conviene a los intereses del régimen de facto, con las medidas que implican la imposición de estados de sitio y el establecimiento de dictaduras militares o cívico-militares, esos medios se vuelven complacientes. Se trata en estos casos de la prensa que produce o está en manos de la oligarquía. Es un trabajo informativo destructor de la inteligencia humana, pues mella la capacidad de raciocinio de las clases subalternas. De modo que los medios de comunicación en una situación de crisis social y política, como lo es el golpe de Estado, desempeñan “una función esencialmente desorganizadora y desmovilizadora de las clases dominadas. Neutraliza y desorganiza dichas clases en tanto clases y, en cambio, afianza la solidaridad en torno a la clase dominante y sus intereses.” (Mattelart, 1974, p. 46).     

 

Podemos concluir este rubro diciendo que el conjunto de circunstancias que rodean un golpe de Estado se caracteriza por la desinformación ocasionada mediante la coacción, la amenaza, el bloqueo de los medios de información masiva y la persecución y detención de los comunicadores sociales; y porque los escasos recursos mediáticos que permite el gobierno expoliador tampoco cumplen con la misión profesional informativa. En este plano, solo la prensa que opera es la que está al servicio del grupo golpista. Así, a menos información o información incompleta significa más desinformación. Quienes aplican esta política saben “que es más fácil de engañar una población poco informada que otra bien informada.” (Durandin, 1983, p.35). De modo que el flujo noticioso es atomizador, fragmentario y parcial. Estamos de acuerdo, en este orden de ideas, que en los regímenes golpistas: “los medios de información se encuentran monopolizados por el Estado. Sirven para difundir su propaganda, la cual es, junto con la policía y el ejército, el fundamento principal del poder.” (Duverger, 1970, p. 227-228). La clase dominante, comúnmente dueña de los medios materiales de producción y, por ende, a favor del golpe, es la que detenta el dominio de la dinámica de la información y, en un sentido general, de la cultura.

 

Referencias

 

Durandin, Guy. (1983). La mentira en la propaganda política y en la publicidad. Barcelona: Paidós.

 

Duverger, Maurice. (1970). Medios de información. En: Sociología política. 2nd. ed. Barcelona: Editorial Ariel. pp. 227-238

 

Lenin. (1974). Acerca de la prensa. Moscú: Editorial Progreso.

 

Matterlart, Armand. (1974). Comunicación y cultura de masas. En: Mattelart, Armand; Biedma, Patricio; Funes, Santiago. Comunicación masiva y revolución socialista. 2nd. ed. México: Editorial Diógenes. pp. 19-203

 

Taufic, Camilo. (1977). Periodismo y lucha de clases: la información como forma del poder político. México: Editorial Nueva Imagen.


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FELIPE MENESES TELLO

Cursó la Licenciatura en Bibliotecología y la Maestría en Bibliotecología en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Doctor en Bibliotecología y Estudios de la Información por la (UNAM). Actualmente es profesor definitivo de asignatura en el Colegio de Bibliotecología de la Facultad de Filosofía y Letras de UNAM. En la licenciatura imparte las cátedras «Fundamentos de Servicios de Información« y «Servicios Bibliotecarios y de Información» con una perspectiva social y política. Asimismo, imparte en el programa de la Maestría en Bibliotecología y Estudios de la Información de esa facultad el seminario «Servicios Bibliotecarios para Comunidades Multiculturales». Es coordinador de la Biblioteca del Instituto de Matemáticas de esa universidad y fundador del Círculo de Estudios sobre Bibliotecología Política y Social (2000-2008) y fue responsable del Correo BiblioPolítico que publicó en varias listas de discusión entre 2000-2010. Creó y administra la página «Ateneo de Bibliotecología Social y Política» en Facebook.