BIBLIOTECAS, SOCIEDAD Y ESTADO


  • Relação entre as bibliotecas, as ações dos profissionais que nelas atuam e o estado.

EL PARADIGMA POLÍTICO DE LA BIBLIOTECA PÚBLICA II

El factor gubernamental, como uno de los enfoques respecto a la estrecha relación que se percibe entre «bibliotecas públicas y política», se vincula y complementa con el factor ciudadano. Estas instituciones, como un servicio de bien común de primer orden (García y Sutherland, 2011, p. 14), pueden ayudar a potenciar el papel de las y los ciudadanos, sin los cuales resulta difícil hacer realidad la democracia en sus tres importantes dimensiones, esto es, como forma: 1] de Estado, 2] de gobierno y 3] de vida. Y sin el conjunto ciudadano democrático, asimismo, es imposible forjar y sustentar el carácter republicano en torno a esta forma política tridimensional que se entreteje cotidianamente. Por esto, en los escenarios políticos de la democracia y de la república se originan las bibliotecas públicas, tanto en la antigüedad y como en la modernidad.

 

Es en estos cuadrantes políticos, como observamos alrededor del mundo y en los diversos ejes de tiempo y espacio, en los que ellas amplían su radio de acción en materia de colecciones y servicios. En este sentido, el personal bibliotecario, profesional y auxiliar, de esas instituciones bibliotecarias está hoy en día convocado y comprometido social y políticamente a estimular la construcción de ciudadanía. Como afirma Berkerman: “La política que practican las bibliotecas públicas es una consecuencia tanto de lo que son como de lo que esperan lograr” (1996, p. 2). De lo que son como instituciones políticas en el entramado de la estructura política del Estado y de lo que esperan alcanzar como instituciones sociales en el marco del proceso político de los gobiernos democráticos y republicanos. 

 

Como se aprecia en la literatura especializada, el factor político/gubernamental de la biblioteca pública converge en el factor político/ciudadano de esta institución de servicio público. Estado y gobierno, democracia y república son los principales elementos que confluyen en la estructura política en que nacen, crecen y evolucionan las bibliotecas públicas para servir al conjunto de ciudadanos, sujetos con derechos políticos y deberes cívicos. Derechos y deberes que demandan educación, información y conocimiento.  Pero en otros trances de la historia, estos espacios bibliotecarios han tenido que convertirse en «bibliotecas políticas» no al servicio público de la ciudadanía sino al servicio gubernamental del Estado. Transfiguradas en bibliotecas públicas políticas en el sentido más amplio del concepto para sujetarse a demandas de adoctrinamiento con el objetivo de formar una población irreflexiva y chauvinista, tal como sucedió en tiempos de la Alemania Nazi (Stieg, 1992, p.21). Momentos históricos que nos permitirán reflexionar en otro rubro acerca del paradigma ideológico de esta institución bibliotecaria.

 

Se piensa que es inevitable la participación de la biblioteca en el plano político porque la ubicación de este centro bibliotecario, dentro de la estructura gubernamental, está ligado con el proceso político inherente, insistamos, a la asignación del presupuesto requerido que el gobierno debe asignar para el eficaz funcionamiento del servicio de biblioteca pública (Beckerman, 1996, p. 25). Pero la participación de esta institución cultural no se reduce a este acotado escenario gubernamental, por el contrario, la participación política de ella alcanza la estructura social en que se mueven las personas en su condición de ciudadanos. En razón de esto se asevera:

 

La biblioteca pública tiene un papel que desempeñar en el desarrollo de una democracia informada y educada. Los miembros de la profesión creen que el servicio de biblioteca pública sirve para extender la ciudadanía mediante el acceso a las ideas, a la información y a las obras de la imaginación que hacen posible la participación en la vida social y comunitaria. (Usherwood, 1996, p. 190).  

 

Es por esto que en el entrecruce de la democracia con la ciudadanía se estima que “... la biblioteca debería ser una prioridad en manos de un político o de un ayuntamiento que se dirija a sus ciudadanos” (Jornadas Biblioteca Pública y Políticas Culturales, 1997. p. 103). Si la democracia es una forma en donde cohabitan multiplicidad de valores culturales, cívicos, morales y otros; y si la república es una forma justa de gobierno porque está regida por políticas públicas sustentadas por la legislación creada en sus diferentes niveles orgánicos, estructurales y territoriales, entonces el espíritu político del Estado democrático-republicano se puede proyectar a través de la práctica que implica hacer realidad, entre el pueblo, el derecho a leer. Así, en el marco de una política bibliotecaria, con tendencia a ofrecer servicios de biblioteca pública que requiere las personas en su calidad de ciudadanos, se deben seguir contemplando apreciaciones como esta:

 

Todas las naciones cultas han promulgado a esta fecha su ley de Bibliotecas públicas, creando un impuesto especial para su sostenimiento, o bien obligando a los municipios a dedicarles una parte proporcional de sus ingresos. Los Gobiernos han coincidido en apreciar que la lectura pública reúne todos los caracteres jurídicos necesarios para considerarse en derecho como un servicio público primordial para la vida del Estado. (Lasso de la Vega, 1934, p. 9-10).

 

Palabras que corresponden al período político de la historia de España conocido como la Segunda República. Tiempo en que el servicio de biblioteca pública floreció en aquel país; etapa en la que el libro y la lectura figuraron como componentes importantes de la política cultural  de un gobierno que se preocupó y ocupó por acercar al pueblo acervos y servicios bibliotecarios de carácter público. Observamos así que este tipo de biblioteca se convirtió, en ese contexto, en una necesidad política tanto para el pueblo como para el gobierno, es decir, para la organización de un sistema republicano como forma de Estado. En la esfera de la política del libro durante aquella Segunda República se valora:

 

El nuevo Estado con la generalización de la lectura pública «republicana» pretendía asociar las bibliotecas con la democracia. Para que un ciudadano pudiera ejercer sus derechos y deberes libremente en un estado democrático debía tener a su disposición los medios necesarios para instruirse e informarse acerca del mundo que le rodeaba. La biblioteca fue un agente de socialización política del régimen en un intento de republicanizar a los ciudadanos del país, ya que puso a disposición de éstos numerosas publicaciones para elevar su formación intelectual y profesional, así como para facilitar el ejercicio de los nuevos derechos políticos adquiridos. Al mismo tiempo, mucho de estos libros contribuyeron a la difusión de los valores republicanos y democráticos (Martínez, 2003, p. 24-25).

 

El servicio de biblioteca pública en los movimientos revolucionarios cobra realidad política mediante la acción que aspira a construir espacios de libertad pública para leer. La cultura bibliográfica en general y la cultura bibliotecaria pública en particular han formado parte importante de la trama de importantes revoluciones, como las acontecidas en Francia, Rusia, México y Cuba. Estos movimientos progresistas así han estado vinculados con la libertad de leer, la que se configura durante la instauración de contextos republicanos como una libertad política para elevar el nivel de ilustración del pueblo, con la finalidad que éste logre participar en los asuntos comunes; para que pueda interesarse en los asuntos públicos. Estos espacios tienen el brío de construir el componente ciudadano pues se reconoce en términos generales que:

 

Las bibliotecas tienen el poder para producir (en palabras de S R Ranganathan) ‘la felicidad material, la alegría mental y el deleite espiritual’; son ‘instituciones sociales encargadas de la obligación de proporcionar los medios para la auto-educación perpetua de todos y cada uno’, y entonces contribuir a la circulación de ideas, al aprovechamiento del ocio, a las exigencias de la democracia, a la propagación de la alfabetización y al éxito de las empresas comerciales e industriales. Expresado de manera más radical, es cierto decir que las bibliotecas son instrumentos poderosos del cambio social y político. Expresado incluso más radicalmente, las bibliotecas existen para el bien de la libertad de pensamiento. (Thompson, 1974, p. 9-10).

 

En esta contextura política, las bibliotecas públicas son tema tanto de aspiración republicana como de espíritu revolucionario; son materia tanto de proyecto ciudadano como de propósito democrático. Con base en esta percepción se ha llegado a valorar en ocasiones que “la biblioteca pública ha sido y se utiliza como un instrumento político para el cambio político y social” (Usherwood, 1996, p. 191).  Aunque a veces también se ha usado como dispositivo político para el estancamiento o retroceso del Estado y de la sociedad, es decir, para favorecer el status quo de gobiernos nefandos. Las bibliotecas públicas en las dictaduras militares de América Latina durante el siglo XX es un ejemplo en este sentido. Razón por la que se infiere:

 

Las bibliotecas públicas son un producto de la historia. Al igual que otras instituciones públicas, las bibliotecas públicas funcionan en el contexto de diferentes sistemas políticos. Debido a esto, hay diferentes puntos de vista en cuanto a su propósito político. Las bibliotecas públicas en todo el mundo son financiadas por los gobiernos de alguna descripción. La existencia de estas bibliotecas se encuentra en un entorno político que podría no ser del todo favorable para ellas. (Smith and Usherwood, 2003, p. 76).

 

Hay periodos políticos que, en efecto, las bibliotecas están bajo ataque constante. Abundan los actos de censura que practican contra ellas los diversos aparatos del Estado y los grupos conservadores de la sociedad en ciertas atmósferas de represión e intolerancia. Esto es muestra que el poder de la biblioteca y el poder de la información documental se manifiestan paralelamente porque el binomio biblioteca-información es tanto un instrumento intelectual a disposición de la clase socialmente dominante como un recurso liberador disponible para la clase socialmente dominada. Es en este cuadrante dialéctico y antagónico que las bibliotecas públicas se distinguen en determinadas épocas también como “instrumentos de cambio social y político”, puesto que como “guardianes de la libertad de pensamiento, son bastiones de la libertad” (Thompson, 1974, p. 110); y son también baluartes de la igualdad y la justicia.

 

Dicho de otra manera, en los Estados capitalistas las bibliotecas públicas coadyuvan ordinariamente al control social, puesto que su objetivo político general, acordado desde las esferas de la política cultural del Estado, es controlar el acceso a la información y, por ende, los hábitos de lectura del pueblo para así asegurar que tenga éste las habilidades necesarias que apunten a perpetuar el sistema social capitalista. Desde esta óptica política, esas instituciones son herramientas culturales de información bibliográfica para reproducir la economía capitalista, es decir, para beneficiar el stablishment constituido por el grupo dominante que detenta el poder del Estado. Aunque cabe reconocer que esta tendencia preponderante ha logrado, en ciertas épocas prerrevolucionarias y revolucionarias, revertirse a favor de las clases subalternas. En este sentido, esta naturaleza de biblioteca es producto también  de la acción política del pueblo lector.

 

Referencias

 

Berkerman, Edwin. (1996). Politics and the American public library: creating political support for library goals. Landhm, Md.: The Scarecrow.

 

García, June; Sutherland, Sue. (2001). Directores de biblioteca pública en la arena política. Barcelona: Fundación Bertelsmann.

 

Jornadas Biblioteca Pública y Políticas Culturales (1997: Barcelona, España). La biblioteca pública: un compromiso político. Barcelona: Fundación Bertelsmann.

 

Lasso de la Vega, Javier (1934). Política bibliotecaria. Boletín de Bibliotecas y Bibliografía. I (2), pp. 10-15

 

Martínez Rus, Ana. (2003). La política del libro durante la Segunda República: la socialización de la lectura. España: Ediciones Trea.

 

Smith, Kerry; Usherwood, Bob. (2003). Public library politics: an internacional perspective. Australian Public Libraries and Informacition Services. 16 (2): 76-80

 

Stieg, Margaret F. (1992). Public libraries in Nazi Germany. Tuscaloosa: The University Alabama Press.

 

Thompson, James. (1974). Library power: a new philosophy of librarianship. London: Clive Bingley.

 

Usherwood, Bob. (1996). Public libraries and political purpose. En: Continuity and innovation in the public library : the development of a social institution. London : Library Association. pp. 189-209.


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FELIPE MENESES TELLO

Cursó la Licenciatura en Bibliotecología y la Maestría en Bibliotecología en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Doctor en Bibliotecología y Estudios de la Información por la (UNAM). Actualmente es profesor definitivo de asignatura en el Colegio de Bibliotecología de la Facultad de Filosofía y Letras de UNAM. En la licenciatura imparte las cátedras «Fundamentos de Servicios de Información« y «Servicios Bibliotecarios y de Información» con una perspectiva social y política. Asimismo, imparte en el programa de la Maestría en Bibliotecología y Estudios de la Información de esa facultad el seminario «Servicios Bibliotecarios para Comunidades Multiculturales». Es coordinador de la Biblioteca del Instituto de Matemáticas de esa universidad y fundador del Círculo de Estudios sobre Bibliotecología Política y Social (2000-2008) y fue responsable del Correo BiblioPolítico que publicó en varias listas de discusión entre 2000-2010. Creó y administra la página «Ateneo de Bibliotecología Social y Política» en Facebook.