BIBLIOTECAS, SOCIEDAD Y ESTADO


  • Relação entre as bibliotecas, as ações dos profissionais que nelas atuam e o estado.

EL PARADIGMA POLÍTICO DE LA BIBLIOTECA PÚBLICA - IV

El paradigma político de la biblioteca pública no se agota con el estudio y análisis de los tres factores anteriores, esto es, el gubernamental, el ciudadano y el electoral, valorados en ámbitos de paz. Existe otra dimensión dialéctica sobre esta temática que no hay que perder de vista. Se trata de la pesada carga que este centro bibliotecario sobrelleva en tiempos de conflictos militares. Uno de los teóricos de los fenómenos bélicos, Karl von Clausewitz, percibe una relación estrecha entre «guerra y política», al aseverar: 1] La guerra es una mera continuación de la política por otros medios; 2] todas las guerras tienen que ser consideradas como actos políticos; y 3] la guerra es un instrumento de la política (Clausewitz, 1999). Relación en la que se ven involucrados el gobierno, el ejército y el pueblo durante la contienda. Clausewitz consideró importante así «la información de la guerra» como fundamento de todos los planes y acciones en relación con el enemigo y su territorio (1999, p. 57). Sin embargo, este autor no percibió que parte importante de la «información segura» que necesitan los ejércitos - cerca del frente y en la retaguardia - a lo largo de un conflicto bélico se puede localizar en las bibliotecas y archivos. La historiografía sobre la guerra muestra que el recurso de la información en general y la información documental organizada en particular, concentrada en los centros bibliotecarios, es un elemento primordial que ha estado al servicio de la victoria militar.

 

La valoración de las bibliotecas en general y de las bibliotecas públicas en particular durante los conflictos armados tiene que ver con el peso cultural, social, educativo, ideológico y, por supuesto, informativo que ellas han venido representando como parte medular de la vida de los pueblos, tanto en tiempos de paz como de guerra. En este sentido, si consideramos el potencial táctico y estratégico que tiene la información que compilan, organizan y difunden esas entidades públicas durante una guerra, podemos entender mejor las funciones que ellas desempeñan en la adquisición de conocimiento por parte de los diferentes protagonistas durante esos periodos, y en donde la destrucción material de libros y bibliotecas se enseñorea. Así, la apreciación acerca del riesgo que corren estas instituciones en tiempos de guerra se evidencia cuando se considera que: 

 

La destrucción de los bienes culturales y de las bibliotecas en particular
es tan antigua como el concepto de cultura. El propósito de la destrucción de los bienes culturales es común en toda la historia: para borrar la memoria cultural, étnica, religiosa y por lo tanto para socavar o eliminar las identidades y la existencia de los grupos. Ya sea ejercida como una parte de las operaciones militares planeadas o realizadas por los beligerantes, la destrucción de los bienes culturales juega un papel importante en la aniquilación de un enemigo. Las bibliotecas y los archivos como depósitos de la memoria, del conocimiento y de los logros colectivos e individuales han sido blancos específicamente durante los conflictos armados. (Zgonjanin, 2005, p. 128).

 

Cabe aclarar que los libros y la lectura, consecuentemente también las bibliotecas, los bibliotecarios y los lectores, en general, se han visto comprometidos en diferentes tipos de guerras. Percibimos así dos grandes tipos de conflictos bélicos:

 

1] Guerras internacionales (guerras entre Estados, guerras mundiales), y

 

2] Guerras civiles (guerras internas, guerras nacionalistas).

 

El primer caso se puede ilustrar con libros como: An active instrument for propaganda: the American Public Library during World War I (Wiegand, 1989) y Books and libraries in American Society during World War II (Becker, 2005); el segundo caso es factible ilustrarlo con obras como: Books and libraries in camp and battle: the civil war experience (Kaser, 1984) y  Bibliotecas, archivos y guerra civil en Asturias (Borque, 1997).

 

Empero, el factor bélico en relación con el paradigma político de la biblioteca pública no se reduce al fenómeno dual de la destrucción-conservación de este tipo de bibliotecas, toda vez que la devastación y la preservación de esas instituciones generales de lectura pública y de otros tipos (escolares, académicas, especializadas, nacionales y privadas o personales), durante tiempos de conflictos armados, han sido los acontecimientos que forman el tema más reseñado en la literatura especializada (Rose, 2001; Knuth, 2003; Zgonjanin, 2005; Knuth, 2006). El componente inherente a la guerra en torno a esas bibliotecas también comprende, aunque con menos recurrencia por parte los estudiosos, la práctica de los servicios bibliotecarios y de información en medio de:

 

I] Las cargas que implica el trabajo cívico-militar.

II] La inseguridad de los ataques terrestres, marítimos y aéreos.

III] Las carencias de recursos que provocan en sí las hostilidades.

 

El movimiento de las bibliotecas públicas en periodos de lucha armada gira, tanto en guerras internacionales como civiles, en torno a los conceptos de «defensa» y «ofensiva». Respecto al caso de defensa se trata de reorganizar los servicios bibliotecarios públicos para ayudar a esperar y detener la carga del enemigo. Para tal efecto, se prepara el personal bibliotecario, profesional y auxiliar, que no ha sido llamado a integrarse a las filas de las fuerzas armadas, a tomar medidas para proteger los recursos materiales (edificios, colecciones, equipos) del fuego enemigo y reorganizar espacios, colecciones y servicios con base en las necesidades que impone las acciones bélicas. Así que se disponen también estas bibliotecas, junto con los de otros tipos (escolares, académicas, especializadas y nacionales) a gestionar servicios especiales para, como uno de los objetivos esenciales, mantener en alto la moral del pueblo. En Inglaterra el servicio de biblioteca pública, por ejemplo, giró en torno a la demanda de libros de ficción, pero hubo también una gran demanda de libros técnicos, libros sobre las actividades en tiempo de guerra como de primeros auxilios y jardinería, así como de libros que trataban temas religiosos y filosóficos (Kelly, 1977, p. 331).

 

La forma defensiva de guerra contrasta con la forma ofensiva de guerra. Durante la forma defensiva de guerra, las bibliotecas trabajan para preservar (acervos cuantiosos y valiosos o joyas bibliográficas) y servir a su pueblo, gobierno y ejército en resistencia que constituye el Estado agredido; mientras que en la forma ofensiva de guerra estos centros aportan recursos (colecciones de libros, revistas, periódicos) al pueblo en armas y al ejército que ataca con el objetivo de conquistar en concordancia con las políticas de guerra del gobierno que forma el Estado agresor. En ambas formas de combate, el servicio diario de información que pueden y deben prestar las bibliotecas públicas a sus respectivos elementos del Estado en guerra (pueblos, gobiernos y ejércitos) está en estrecha relación tanto con la victoria como con la derrota. De tal suerte que la idea en relación con el «servicio de información», como recurso general, Clausewitz lo consideró “de gran importancia para la conducción de la guerra” (1999, p. 323). La información se convierte así en un arma tanto para resistir y rechazar las acciones bélicas del enemigo como para avanzar, derrotar y conquistar el territorio del enemigo.

 

En algunas circunstancias, ambas formas de guerra, defensiva y ofensiva, se complementan pero no de manera idéntica. Las bibliotecas públicas estadounidenses en la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo, entrecruzaron ambos mecanismos de defensa a través de los servicios que ofrecieron, a lo largo de esa conflagración, tanto a la población civil como las fuerzas armadas de los Estados Unidos. Dada la dinámica del conflicto bélico, las bibliotecas públicas soviéticas primero pusieron en práctica la forma defensiva de guerra pero de manera directa contra el enemigo y, cuando organizó el Estado de los soviets la contraofensiva, se adoptó la forma ofensiva de guerra hasta expulsar a las huestes alemanas de su territorio y derrotarlas en Berlín. La diferencia en cuanto al funcionamiento de los servicios de biblioteca pública entre los Estados Unidos y la Unión Soviética estriba en que los primeros se ocuparon por la preparación y el transporte del ejército al teatro de la guerra; los segundos dedicaron sus servicios a hacer frente a la invasión y después a la expulsión del enemigo de su territorio.

 

Con base en lo expresado, resulta pertinente puntualizar dos momentos concretos en cuanto al  funcionamiento de las instituciones bibliotecarias en la catástrofe de la guerra:

 

A] Las bibliotecas que se hallan dentro de las coordenadas geopolíticas de la guerra, y

B] Las bibliotecas que están a distancia del desastre que entraña el conflicto bélico.

 

Se entiende así que no fueron las mismas acciones ni las mismas experiencias, tomando como molde la Segunda Guerra Mundial, las de las bibliotecas públicas de los países que tuvieron en su territorio los diversos frentes de batalla que aquéllas que nunca padecieron de cerca el enfrentamiento de los ejércitos. De tal modo que las prácticas no fueron las mismas entre las bibliotecas públicas inglesas, francesas, estadounidenses y canadienses, aún y cuando esos sistemas bibliotecarios formaron parte de los Estados Aliados. Las bibliotecas de Inglaterra y de Francia enfrentaron, junto con el gobierno, el ejército y el pueblo, la ofensiva directa del Estado nazi de Adolf Hitler; mientras que esas instituciones sociales de los Estados Unidos y Canadá jamás fueron alcanzadas por el fuego de las tropas alemanas, italianas o japonesas; nunca fueron botín de guerra como las bibliotecas de los países de la Europa oriental; jamás esas bibliotecas públicas de América del Norte se vieron precisadas a prestar servicios bajo el asedio de las tropas enemigas. Esto fue así por la simple razón que el principal teatro de las operaciones bélicas se ejecutó en Europa y en parte de Asia y África, siendo el frente oriental el más cruento.

 

Otros países en los que se vieron afectadas las bibliotecas públicas durante esa conflagración mundial fueron, en orden alfabético: Bélgica, Checoslovaquia, Dinamarca, Finlandia, Grecia, Holanda, Luxemburgo, Noruega, Polonia, Unión Soviética y Yugoslavia. Todos ellos padecieron la táctica militar Blitzkrieg, vocablo alemán que literalmente se traduce, dada la rapidez con que se concretaba la invasión, la conquista y el sometimiento del enemigo, como "Guerra relámpago". El libro Blitzkrieg and books: British and European libraries as casualties of World War II (Stubbings, 1993) analiza el panorama desolador que padecieron las bibliotecas de esos países bajo el fuego, la represión, el pillaje y la resistencia. La autora estudia también las bibliotecas alemanas en una sociedad orientada bajo la política de guerra total. (Stubbings, 1993, pp. 367-394).

 

En virtud del ataque estratégico de esa guerra relámpago, en la que los nazis combinaban y coordinaban fuerzas aéreas, aerotransportadas y blindadas para abrir paso a la infantería motorizada y posicionar el fuego de la artillería pesada, los daños eran catastróficos en todos los órdenes culturales, sociales, políticos y económicos puesto que se trataba de una guerra de penetración rápida y acciones decisivas, adentrándose más allá de las líneas enemigas para afectar no solamente las líneas del frente de batalla, sino también el trabajo organizado de la retaguardia militar y civil de los países agredidos. A la destrucción al por mayor de edificios, colecciones y equipo, resultado de la Blitzkrie, se sumaría la censura en torno a las bibliotecas que se extendería por toda la Europa ocupada a raíz de las conquistas nazis (Stubbings, 1993, p. xi) y a causa de los métodos de represión sistemática a que serían sometidos los pueblos invadidos por el ejército del Tercer Reich.

 

Continuaremos ampliando y profundizando el paradigma político de la biblioteca pública en torno del fenómeno la guerra.

 

Referencias

 

Borque López, Leonardo. (1997). Bibliotecas, archivos y guerra civil en Asturias. Gijón, España: Trea.

 

Bercker, Patti Clayton. (2005). Books and libraries in American Society during World War II. New York: Routledge.

 

Clausewitz, Carl von. (1999). De la guerra. México: Colofón. 

 

Kaser, David. (1984). Books and libraries in camp and battle: the civil war experience. Westport, Connecticut: Greenwood Press.

 

Kelly, Thomas. (1977). The second World War: the wartime scene. History of public libraries in Great Britain (1845-1975). London: Library Association.

 

Knuth, Rebecca. (2003). Libricide: the regime-sponsored destruction of books and libraries in the twentieth century. Westport, Connecticut: Praeger

 

---------------. (2006). Burning books and leveling libraries: extremist violence and cultural destruction. Westport, Connecticut: Praeger

 

Rose, Jonatham (Ed.). (2001). The holocaust and the book: destruction and preservation. Amherst: University  of Massachusetts Press.

 

Stubbings, Hila Urén. (1993). Blitzkrieg and books: British and European libraries as casualties of World War II. Bloomigton, Indiana: Rubena Press.

 

Wiegand, Wayne A. (1989). An active instrument for propaganda: the American Public Library during World War I. New York: Greenwood Press.

 

Zgonjanin, Sanja. (2005). The prosecution of war crimes for the destruction of libraries and archives during times of armed conflic . Libraries & Culture. 40 (2): 128-144.


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FELIPE MENESES TELLO

Cursó la Licenciatura en Bibliotecología y la Maestría en Bibliotecología en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Doctor en Bibliotecología y Estudios de la Información por la (UNAM). Actualmente es profesor definitivo de asignatura en el Colegio de Bibliotecología de la Facultad de Filosofía y Letras de UNAM. En la licenciatura imparte las cátedras «Fundamentos de Servicios de Información« y «Servicios Bibliotecarios y de Información» con una perspectiva social y política. Asimismo, imparte en el programa de la Maestría en Bibliotecología y Estudios de la Información de esa facultad el seminario «Servicios Bibliotecarios para Comunidades Multiculturales». Es coordinador de la Biblioteca del Instituto de Matemáticas de esa universidad y fundador del Círculo de Estudios sobre Bibliotecología Política y Social (2000-2008) y fue responsable del Correo BiblioPolítico que publicó en varias listas de discusión entre 2000-2010. Creó y administra la página «Ateneo de Bibliotecología Social y Política» en Facebook.