BIBLIOTECAS, SOCIEDAD Y ESTADO


  • Relação entre as bibliotecas, as ações dos profissionais que nelas atuam e o estado.

EL PARADIGMA POLÍTICO DE LA BIBLIOTECA PÚBLICA - VII

Abundemos cuando las bibliotecas públicas se localizan a distancia del teatro bélico. Pero ahora tomemos como muestra temporal algunos acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). En virtud del corpus histórico social y político que existe sobre el tema, como evidencia estatal continuamos analizando esta parte del paradigma en torno a los Estados Unidos y de manera superficial a Canadá.

 

Sabemos que la Segunda Guerra Mundial proyectó una gran movilización de ejércitos, pertrechos y recursos para el ataque y la defensa. El objetivo político de los Estados contendientes estuvo estrechamente vinculado con la acción militar, aunque hubo momentos en que la política quedó subordinada a la guerra, pues se trató de una «guerra total». Así, el objetivo político se vio mermado a veces en la medida en que aumentó la acción militar. Fue una guerra de todo o nada, esto es, fue una guerra de exterminio de sistemas sociales, políticos, culturales, ideológicos, étnicos y urbanos, en donde la población civil se le sometió a desplazamientos y mecanismos de terror a gran escala. La práctica de la guerra total, significó un enfrentamiento no sólo entre las fuerzas militares, sino contra todos los civiles independientemente de su edad, sexo, y contra todo el conjunto de elementos, recursos y servicios de los países beligerantes, incluidos los bibliográficos y bibliotecarios. Se transformó ese mecanismo en una terrible realidad en el que todos los Estados en situación de guerra debían procurar medidas extraordinarias de defensa civil, incluso en aquellos que estaban alejados de los frentes de batalla, como los situados en América del Norte. 

 

En la Segunda Guerra Mundial, el War Department de los Estados Unidos operó y organizó uno de los más importantes programas de biblioteca “pública”, cuya red de bibliotecas se conoció como Special Services Libraries. Servicios que estuvieron dirigidos no solamente a los soldados, sino también a sus dependientes y al personal civil que colaboraba con la comunidad militar (Crawford, 1957, p.674). Así, una vez más la ALA durante ese conflicto bélico apoyó a las fuerzas armadas de su país, patrocinando la recolección de material de lectura a través de la Victory Book Campaign (VBC). Con los millones de libros que esa asociación logró recoger, se formó el núcleo de las colecciones de las bibliotecas dirigidas a los soldados. (Crawford, 1957, p.676); acervos que debieron apoyar la movilización del Army Library Service en Europa (Harig, 1989, p. 18) y complementar el sistema de bibliotecas militares, como el de las bibliotecas técnicas de las Army Air Forces que contenían libros y revistas sobre aeronáutica,  ciencia militar, meteorología, navegación, fotografía y sobre muchas otras ramas técnicas y temas referentes a la administración, ciencia política y viajes (Welchner, 1942, p. 80).

 

La recolección de libros a través de la VBC, conocida originalmente como National Defense Book Campaign, se creó en 1941, siendo su primera directora Althea Hester Warren (1886-1958), bibliotecaria de los Angeles Public Library. Más tarde, en mayo de 1941, John M. Connor asumió el cargo de Assistant Director y autor de algunos artículos acerca de la VBC en el American Library Association Bulletin (Connor, 1942, 1942a, 1942b). Esa campaña de recolección de libros para las fuerzas armadas estadounidenses fue una forma mediante la cual las bibliotecas públicas de todo el país participaron en esa guerra, pues según afirmaría el segundo director de la VBC:

 

Hemos estado recolectando libros de nuestros compatriotas generosos, que hemos estado clasificando, embalando y enviando a los hombres de nuestras fuerzas de combate. Los funcionarios de nuestros Departamentos de Guerra y Marina, responsables del servicio de biblioteca nos han felicitado de todo corazón por nuestros esfuerzos en complementar sus actividades aportando alrededor de cinco millones de libros adecuados. Ahora quieren que lo hagamos de nuevo. Nuestro Ejército, la Armada y la Marina Mercante están creciendo a pasos agigantados y la necesidad de libros de interés y el disfrute sigue siendo demasiado evidente, ¡así que vamos! (Connor, 1942b, p. 829).

 

Cabe mencionar que la VBC, cuyo objetivo fue reunir y distribuir libros como complemento al servicio de biblioteca gestionado por el Ejército y la Marina en los diferentes lugares en que se hallaban emplazadas las tropas, estuvo patrocinada por la American Library Association, la American Red Cross y la United Service Organization for National Defense y en la que participaron miles de bibliotecas públicas estadounidenses (Becker, 2005, p. 125). Se sabe que cada uno de los diferentes estados de la Unión Americana tuvo su sede, dirección y organización propias en cuanto a esa campaña que se encargó de surtir una gran variedad de literatura recreativa destinada a las bibliotecas de bases militares, así como libros técnicos para las organizaciones dedicadas a la defensa civil. Libros, en fin, para: 1] mantener una guerra ideológica contra el fascismo, 2] contribuir a la moral pública,  3] educar al público sobre los objetivos de la guerra y 4] preparar a la sociedad para el tiempo de la posguerra (Spencer, 2008, pp. 125-126).

 

Eran tiempos de emergencia nacional en los que el servicio de biblioteca pública debía colaborar inmediatamente para hacer menos pesada la carga de lo que implicaba satisfacer las necesidades de una nación en guerra. Fueron tiempos en que las bibliotecas públicas de ese país debían reorganizar sus actividades y servicios para enfrentar posibles ataques, así como para contribuir a la victoria (Becker, 2005, p. 71). Aquellas bibliotecas públicas, aptas para satisfacer necesidades sociales en tiempo de paz, tuvieron que reestructurarse para responder a las necesidades políticas en tiempo de guerra (Thorpe and Rutzen, 1942). Esas bibliotecas públicas en servicio a la sociedad debieron también estar al servicio del Estado, de los funcionarios del gobierno, a tal grado de convertirse en virtuales War Information Centers (Danton, 1942; John, 1942).

 

A pesar que la sociedad estadounidense no vivió la Blitzkrieg en su territorio, ella se preparó para posibles ataques aéreos por parte de los países del Eje (Alemania, Japón e Italia). Al respecto se afirma:

 

Durante los primeros días de la Segunda Guerra Mundial, cuando Estados Unidos se enfrentaba a la posibilidad de un ataque aéreo, las bibliotecas participaron vigorosamente en la defensa civil en respuesta a esta amenaza, ofreciendo servicios y recursos para prepararse y reducir el poder destructivo de los desastres aéreos. (Spencer, 2008, p. 125).

 

En efecto, cuando en varios países de Europa las bibliotecas públicas y de otros tipos estaban sucumbiendo a consecuencia de los feroces bombardeos contra las principales ciudades y en las retaguardias continuaban brindando servicios en la medida de sus posibilidades, esas instituciones en Estados Unidos también hacían lo propio en materia de defensa civil. Así, aunque ningún ataque aéreo a gran escala ocurrió en los Estados Unidos, se aprobaron medidas de defensa civil. En este sentido, los esfuerzos de los bibliotecarios estadounidenses para salvaguardar sus colecciones y comunidades son un aspecto importante de la historia de trabajo bibliotecario durante la Segunda Guerra Mundial. Al respecto se sabe:

  

La historia de las bibliotecas en la Segunda Guerra Mundial muestra que las bibliotecas desempeñaron un papel importante en la defensa civil de los Estados Unidos. Los bibliotecarios demostraron gran capacidad de adaptación y minuciosidad para salvaguardar los recursos culturales de la nación durante el conflicto mundial de la década de los 1940s. Encontraron maneras innovadoras y eficaces para utilizar su colección, catalogación y habilidades de referencia y así apoyar la preparación de la defensa civil de la comunidad, formando alianzas con grupos de defensa civil, tanto a nivel local y nacional. De hecho en muchas comunidades los bibliotecarios se transformaron a sí mismos y se sumaron a la línea del frente del sistema de defensa civil.

En muchos sentidos, la movilización de la defensa civil ayudó a mejorar sus servicios de bibliotecas. Se convirtieron en centros comunitarios de información vital, recompilando materiales de lectura sobre la preparación de una amplia gama de información en tiempos de guerra para los civiles. De este modo, obtuvieron la atención y el flamante respeto y el apoyo de sus comunidades locales. (Spencer, 2008, p. 125).   

 

En enero de 1943, Charles R. Sanderson, jefe bibliotecario de la biblioteca pública de Toronto, Canadá, escribió la declaración «Canadian libraries and the war» para el Canadian Library Council y en nombre del National Selective Service. En ese documento Sanderson aseveró que las bibliotecas podían jugar un papel importante en la preparación del Estado canadiense para la aplicación de la política que debía organizar la mano de obra; afirmó que no obstante la inquietud creada por las condiciones de la guerra, la biblioteca tenía que continuar sirviendo a miles de personas que trabajaban en condiciones anormales dada la tensa atmósfera de guerra; y concluyó:  

 

La lectura es uno de los grandes privilegios de la democracia, y a través de sus bibliotecas públicas la literatura de la nación se difunde de una manera verdaderamente democrática. Las bibliotecas y los libros que las componen tienen un lugar real en nuestro esfuerzo de guerra de una manera que es peculiarmente propio. (Canadian libraries and the war, 1943, p. 3)

 

Con base en lo expresado hasta aquí, podemos observar que el paradigma político de la biblioteca pública en tiempos de guerra trata de conocer y reconocer principalmente el papel activo de las bibliotecas públicas en lo que durante el siglo XX se denominó como «guerra total». La Primera y Segunda Guerras Mundiales son los eventos bélicos que mejor ilustran este tipo de guerra que se caracteriza cuando los gobiernos de los países beligerantes movilizan y fuerzan hasta los extremos todos sus recursos disponibles, ya sean humanos, militares, industriales, agrícolas, naturales, tecnológicos, científicos, o de cualquier otro tipo, como los bibliotecarios y de información, para destruir totalmente la capacidad de otro país al declararle la guerra. Los servicios de este tipo de bibliotecas han estado, según nos explica la historia de estas instituciones, a disposición tanto de la población civil como del ejército.

 

Aunque la estructura bibliotecaria estadounidense desarrolló sus actividades, como se ha expresado, lejos de los frentes de batalla, hubo quien pensó y se preocupó en las bibliotecas que se hallaban bajo el fuego (Russell, 1941). Las noticias que se recibían en torno a la destrucción de bibliotecas públicas y otras, principalmente las referentes a Inglaterra, eran realmente desalentadoras y dramáticas  (Russell, 1941, pp. 277-281). Motivo por el que en 1940 se creó el Committee for Aid to Libraries in War Areas de la ALA. John Russell, entonces bibliotecario de la University of Rochester, fungió como presidente de ese Comité. El objetivo de aquel organismo era “estudiar más a fondo el alcance de la necesidad de ayuda y los medios a emplear en la rehabilitación de las bibliotecas en las zonas devastadas por la guerra” (Russell, 1942, p. 11). Había entonces que planear, con espíritu de cooperación internacional, el proceso referente a la  reconstrucción de bibliotecas en las zonas devastadas a consecuencias de la guerra. Había que pensar también en la planificación bibliotecaria pública de casa después de la guerra, para tal efecto el Postwar Planning Committee de la ALA preparó en junio de 1942 las Standards for public libraries,  entre otras actividades que llevó a cabo (Milan, 1943).

 

De tal modo que se aseveraría en aquellos tiempos de guerra: “Para esa fase la American Library Association ya está contribuyendo. Puede contribuir aún más, tanto en el presente como en el futuro, y los miembros de la Asociación se les insta a ayudar en todo lo posible en esta importante labor”. (Russell, 1942, p. 11). Así, mientras las fuerzas de la Alemania Nazi se empecinaban en aniquilar las bibliotecas públicas de Inglaterra, varias asociaciones de bibliotecarios de los Estados Unidos y Canadá se empeñaron en ayudar a la reconstrucción de las mismas a través del Joint Committee on Books for Devastated Libraries (Comins, 1945, p. 79).  

 

Conforme aumentaba las zonas de guerra en el mundo, el problema de aquel Comité para hacer frente a la destrucción de bibliotecas en general y bibliotecas públicas en particular, se agravó, por lo que se afirmó:

 

El comité no se hace ilusiones sobre la magnitud de la tarea futura de reconstrucción y admite que será tan abrumadoramente grande que sólo la cooperación más completa de las organizaciones estadounidenses interesadas y de los particulares es lo que permitirá su realización. (Hartwell, 1942, p. 253).

 

Según percibimos, el paradigma político-bélico de la biblioteca pública se configura como un paradigma político-histórico que para el estudioso de la bibliotecología política puede ser una veta cognitiva para emprender investigaciones apoyándose en el método de la bibliotecología comparada. Continuaremos. 

 

 

Referencias

 

Becker, Patti Clayton. (2005). Books and libraries in American Society during World War II. New York: Routledge.

 

Canadian libraries and the war. (1943). American Library Association Bulletin. 37 (1): 3

 

Comins, Dorothy J. (1945). The Joint Committee on Books for Devastated Libraries. Journal of Documentation. 1 (2): 79-80

 

Connor, John M. (1942). The Victory Book Campaign. American Library Association Bulletin. 36 (6): 377-378

 

---------------. (1942a). On to victory with The Victory Book Campaign. American Library Associaiton Bulletin. 36 (9): 552-554

 

---------------. (1942b). 1943 Victory Book Campaign. American Library Association Bulletin. 36 (14): 829-830

 

Crawford, Agnes D. (1957). The army “public” library program. American Library Association Bulletin. 51 (9): 674-677

 

Danton, Emily Miller. (1942). Public library war information centers. American Library Association Bulletin. 36 (8): 500-507

 

Harig, Katherine J. (1989). Library services to the armed forces, 1917-45. Libraries, the military, & civilian life. Hamden, Connecticut: The Shoe String Press. pp. 1-16

 

Hartwell, Wayne M. Aid to libraries in war areas. American Library Association Bulletin. 36 (4) (1942): 253-254

 

John, Francis R. St. (1942). War informations centers. American Library Association Bulletin. 36 (2): 73.

 

Milan, Carl. H. (1943). Libraries after the war. American Library Association Bulletin. 37 (6): 189-191

 

Russell, John. (1941). Libraries under fire. American Library Association Bulletin. 35 (5): 277-281

 

---------------. (1942). Libraries in war areas. American Library Association Bulletin. 36 (10): 11-12

 

Spencer, Brett. (2008). Preparing for an air attack: libraries and American air raid defense during World War II. Libraries & The Cultural Record. 43 (2): 125.147

 

Thorpe, Helene; Rutzen, Ruth. (1942). A public library responds to wartime needs. American Library Association. 36 (4): 230-242

 

Welchner, Carl E. (1942). Air corps libraries. American Library Association Bulletin. 36 (2): 78-81 


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FELIPE MENESES TELLO

Cursó la Licenciatura en Bibliotecología y la Maestría en Bibliotecología en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Doctor en Bibliotecología y Estudios de la Información por la (UNAM). Actualmente es profesor definitivo de asignatura en el Colegio de Bibliotecología de la Facultad de Filosofía y Letras de UNAM. En la licenciatura imparte las cátedras «Fundamentos de Servicios de Información« y «Servicios Bibliotecarios y de Información» con una perspectiva social y política. Asimismo, imparte en el programa de la Maestría en Bibliotecología y Estudios de la Información de esa facultad el seminario «Servicios Bibliotecarios para Comunidades Multiculturales». Es coordinador de la Biblioteca del Instituto de Matemáticas de esa universidad y fundador del Círculo de Estudios sobre Bibliotecología Política y Social (2000-2008) y fue responsable del Correo BiblioPolítico que publicó en varias listas de discusión entre 2000-2010. Creó y administra la página «Ateneo de Bibliotecología Social y Política» en Facebook.