BIBLIOTECAS, SOCIEDAD Y ESTADO


  • Relação entre as bibliotecas, as ações dos profissionais que nelas atuam e o estado.

EL PARADIGMA PÚBLICO DE LA BIBLIOTECA PÚBLICA - XL

En México la noción de «biblioteca pública» como «servicio público» durante el siglo XIX se fue configurando con dificultad en torno a la institucionalidad republicana, pues la herencia colonial en materia de funcionamiento de bibliotecas continuó siendo una pesada carga para transitar del servicio de biblioteca clerical hacia el servicio de biblioteca pública. De tal suerte que la transformación de las bibliotecas coloniales en bibliotecas de naturaleza pública fue una política pública importante en el maremágnum del movimiento de la Reforma. La política liberal referente a la separación entre la Iglesia y el Estado propició una recia lucha entre conservadores y liberales; una lucha que se prolongó más allá de la restauración de la República (1867-1876). Así, las bibliotecas, como la Biblioteca Palafoxiana, no estuvieron al margen de la discordia y oposición del ala conformada por los ideólogos conservadores e imperiales.

 

Bajo este tenor, abundemos con respecto a la personalidad de quien estatalizó la Biblioteca Palafoxiana y ordenó crear de manera definitiva la Biblioteca Nacional de México: Ignacio Ramírez, El Nigromante. La práctica de la lectura en diversas bibliotecas que él tuvo a su alcance, durante sus años de formación, es parte fundamental de los testimonios que se conocen en relación con los momentos que vivió él de intenso estudio. Su quehacer intelectual entre importantes colecciones bibliográficas infiere que este personaje supo valorar en su justa dimensión, como educando, lector y usuario, la necesidad de contar con un eficaz «servicio colegial de biblioteca» en particular y con la posibilidad de acceso a otras importantes bibliotecas en general. Al respecto se sabe que cuando estudió en el Colegio de San Gregorio:

 

[…] mientras los demás estudiantes y compañeros organizaban excursiones a Chapultepec... durante las tardes y fines de semana Ignacio Ramírez se alejaba del grupo para visitar las maravillosas bibliotecas. Juan Rodríguez Puebla [entonces rector de ese Colegio] le entregó una libreta en la que se anotaba la fecha y se estampaba el sello de la biblioteca que le correspondía visitar, libreta que Ignacio Manuel Altamirano atesoró toda su vida.

Con asombro llegó a oídos de Juan Rodríguez Puebla que Ignacio Ramírez había agotado su libreta de control tres meses después de haberla recibido. Así, visitó las bibliotecas y con orgullo verificó que el joven había leído diversos volúmenes de todas las ciencias y doctrinas. Reunió a los científicos y catedráticos para examinar a Ignacio Ramírez y comprobar si en efecto había estudiado las ramas del conocimiento que afirmaba dominar. El examen abarcó jurisprudencia, latín, sánscrito (que dominó como lengua extinta), francés, náhuatl, botánica, astronomía, economía, filosofía, literatura, liberalismo progresista, historia, álgebra, teología (fue un analista estricto de la materia) y temas sociales. (Arellano, 2009, pp. 41-42).

 

A partir de entonces a Ignacio Ramírez se le consideró, frente a sus examinadores y compañeros, como persona estudiosa, culta y erudita. Las constantes y prolongadas jornadas de estudio y análisis entre libros y bibliotecas lo habían forjado así como uno de los principales intelectuales del liberalismo social de México; como un liberal puro y probo que habría de pensar y actuar, en congruencia con sus ideales, para estatalizar la Biblioteca Palafoxiana y crear de modo decisivo la Biblioteca Nacional de México.

 

El contexto bibliotecario en la praxis de El Nigromante fue determinante, tanto para lograr un alto nivel de conocimientos como para aquilatar la relevancia de las bibliotecas en el entramado de los servicios públicos que requería el avance de la institucionalización y la institucionalidad republicanas. La Biblioteca que perteneció al Colegio de San Gregorio era una de las cinco principales de la ciudad de México. Las otras sobresalientes de la época eran las bibliotecas de la Pontificia Universidad, la del Colegio de San Ildefonso, la del Colegio de San Juan de Letrán y la de la Catedral, mejor conocida como la Biblioteca Turriana (Osorio y Berenson, 1995, pp. 328-329). La mejora de las colecciones del centro bibliotecario del Colegio de San Gregorio se debe a su autoridad rectora. Al respecto se sabe:

 

[…] Rodríguez promovió el incremento del acervo de la biblioteca, el cual constaba principalmente de textos religiosos escritos en distintas lenguas. De tal modo, a partir de 1829 el rector se dio a la tarea de inventariar e incrementar el acervo en el área científica y en la de las humanidades, entre ellas la de documentos americanos. Todo ello con donaciones de personajes como Agustín Torres Torrija, Pablo de la Llave y Mariano Otero, entre otros.

Después de la muerte de Rodríguez Puebla, los rectores que le sucedieron continuaron incrementando la colección de la biblioteca hasta convertirla en espacio público en 1850. (Flores, 2012, p. 416-417).

 

La mejora y pujanza de ese servicio colegial de biblioteca se suscitó en el periodo (1829-1848) de la rectoría de Rodríguez Puebla. De tal modo que Ignacio Ramírez fue testigo de un proyecto de servicio bibliotecario que ayudó a formar a un grupo sobresaliente de lectores durante los años de la Intervención francesa (1838-1839; 1862-1867), la Invasión estadounidense (1846-1848) y la Guerra de Reforma (1858-1861), la cual fue parte del Movimiento de Reforma (1833-1861). Así que el Colegio de San Gregorio con su biblioteca fue un vivero donde se cultivó uno de los congresistas de 1957 con fuertes valores democráticos y republicanos; uno de los liberales mexicanos que entre sus proyectos políticos de reforma incluyó a las bibliotecas religiosas con la mentalidad de poner a éstas y otras instituciones en manos de la Administración del Estado, pues se asevera que El Nigromante:

 

En el Estado de Puebla entregó el palacio episcopal al gobierno del Estado y dispuso que la iglesia de la Compañía de Jesús se transformara en biblioteca y en sus torres se fundaran observatorios astronómicos y metereológicos. En la Ciudad de México ordenó la creación de la Biblioteca Nacional con los libros de los antiguos conventos y la adquisición de nuevos (Gil, 2009, p. 8).

 

Proyectos bibliotecarios audaces. Así, cuando Ignacio Ramírez fue congresista en 1857 elaboró un plan ambicioso para terminar con la relación Iglesia-Estado. El documento mencionaba el siguiente precepto: “Los bienes eclesiásticos fueron y son construidos con el dinero del pueblo de México: Todo bien que se encuentre dentro y fuera de los templos religiosos, incluidas las obras de arte, serán destinados a museos o centros de cultura” (Arellano, 2009, p. 112). Este fue el espíritu, recordemos, de la Ley de nacionalización de los bienes eclesiásticos, expedida el 12 de julio de 1959. Esta determinación fue la que “sirvió para que Ignacio Ramírez fundara el museo de arte religioso en Tepozotlán, así como la segunda Biblioteca Nacional, y preservara la Biblioteca Palafoxiana, en la ciudad de Puebla” (Arellano, 2009, p. 112).

 

Ante la separación entre la Iglesia y el Estado, por la que pugnó Ramírez junto con otros liberales, la Biblioteca Palafoxiana, en virtud de su naturaleza clerical, no se mantuvo al margen de las Leyes de Reforma. Así que los bienes bibliográficos de esa institución y como los de todas las bibliotecas pertenecientes al clero secular y regular de esos tiempos debieron pasar al dominio directo de la nación, sin indemnización alguna. Los conceptos de «libros manuscritos», «libros impresos» y «bibliotecas», como bienes eclesiásticos, habrían de quedar asentados, como se sabe, en dicha ley. Configurándose a partir de entonces como bienes públicos administrados por el Estado laico mexicano.

 

 

 

Referencias

 

Arellano, Emilio. (2009). Ignacio Ramírez: El Nigromante: Memorias prohibidas. México: Editorial Planeta.

 

Flores Rodríguez, María Eugenia Xilonetl. (2012). Juan de Dios Rodríguez Puebla: en defensa de la instrucción para los indios. En Margarita Morenoa Bonett; Rosa María Álvarez de Lara, coordinadores. El Estado laico y los derechos humanos: 1810-2010. Tomo I. México: Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Jurídicas; Facultad de Filosofía y Letras. pp. 409-420.

 

Gil Elourduy. Julieta. (2009). Ignacio Ramírez, El Nigromante, un liberal puro. En: Emilio Arellano Ignacio Ramírez: El Nigromante, memorias prohibidas. México: Planeta.

 

Osorio Romero, Ignacio; Berenson Gorn, Boris. (1995). Biblioteca Nacional de México. En José G. Moreno de Alba y Elsa Ramírez Leyva, coords. Historia de las bibliotecas Nacionales de Iberoamérica: pasado y presente. México: Universidad Nacional Autónoma de México. pp. 325-363


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FELIPE MENESES TELLO

Cursó la Licenciatura en Bibliotecología y la Maestría en Bibliotecología en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Doctor en Bibliotecología y Estudios de la Información por la (UNAM). Actualmente es profesor definitivo de asignatura en el Colegio de Bibliotecología de la Facultad de Filosofía y Letras de UNAM. En la licenciatura imparte las cátedras «Fundamentos de Servicios de Información« y «Servicios Bibliotecarios y de Información» con una perspectiva social y política. Asimismo, imparte en el programa de la Maestría en Bibliotecología y Estudios de la Información de esa facultad el seminario «Servicios Bibliotecarios para Comunidades Multiculturales». Es coordinador de la Biblioteca del Instituto de Matemáticas de esa universidad y fundador del Círculo de Estudios sobre Bibliotecología Política y Social (2000-2008) y fue responsable del Correo BiblioPolítico que publicó en varias listas de discusión entre 2000-2010. Creó y administra la página «Ateneo de Bibliotecología Social y Política» en Facebook.