BIBLIOTECAS, SOCIEDAD Y ESTADO


  • Relação entre as bibliotecas, as ações dos profissionais que nelas atuam e o estado.

LENIN: LAS PRIMERAS DISPOSICIONES PARA CREAR EL SISTEMA BIBLIOTECARIO SOCIALISTA

Según la percepción de Vladimir Ilich Lenin, para participar en una revolución es necesario estudiar; es fundamental adquirir conocimientos teóricos para moldear la práctica revolucionaria. Por ende, para que la clase trabajadora fuese partícipe del derrocamiento definitivo de la autocracia imperial, o sea, de la monarquía zarista, el uso de las bibliotecas públicas era una necesidad social-revolucionaria esencial. Si bien el liderazgo del Partido Bolchevique, liderado por Lenin y armado con su ideología marxista, jugaba un papel relevante en la organización y dirección del movimiento revolucionario, era menester contar además con el eficaz funcionamiento de los servicios bibliotecarios públicos. La creación de un Estado socialista, fundado en la propiedad colectiva de los medios de producción material y el poder de la clase trabajadora, sugería entonces trabajar en torno a la reorganización del antiguo sistema bibliotecario para así transformarlo de acuerdo con el contexto de la agitación social, política, cultural e ideológica de la época. Una de las páginas más brillantes de la historia de la biblioteconomía socialista es, precisamente, la transformación radical del viejo sistema bibliotecario imperial con el fin de fomentar el uso de las bibliotecas entre las masas que sugirió y procuró Lenin, ya como revolucionario del proletariado, ya como jefe del primer Estado socialista. 

Cabe mencionar que las bibliotecas zaristas no se convirtieron propiamente en espacios de organización revolucionaria, empero sí ofrecieron la oportunidad para practicar la lectura y el debate de libros, revistas y periódicos que inspiraban e infundían el furor revolucionario. Asimismo, la literatura revolucionaria a menudo fue parte principalmente de las colecciones que se conformaron subrepticiamente en las bibliotecas clandestinas. Sin embargo, algunas grandes bibliotecas del antiguo régimen quizás contenían obras de Bakunin, Herzen, Kropotkin, Chernyshevski, Marx, Engels, Plejánov, Lenin y otros autores socialistas, aunque su acceso al público debió estar restringido o no fue abiertamente promovido por las autoridades zaristas. Como ejemplo, la célebre Biblioteca Rumyántsev en Moscú (renombrada en 1924 como Biblioteca Lenin) se convirtió en refugio de estudiantes y estudiosos revolucionarios que buscaban acceso a libros prohibidos o difíciles de conseguir.

Tras la Revolución de Octubre, Lenin dispuso que las bibliotecas se convirtieran en espacios idóneos para combatir el analfabetismo y colaborar en la instrucción pública de los de abajo, de la plebe, tal y como lo expresó en 1913 en su escrito «Que se puede hacer para la instrucción pública/Что можно сделать для народного образования». Así, a partir del triunfo de la Revolución de Octubre de 1917, el nuevo gobierno reconoció la importancia de las instituciones bibliotecarias para la construcción de la sociedad socialista informada, educada e ilustrada. De tal suerte que esos centros de lectura pública debieron asumir la responsabilidad social de apoyar tanto los programas de alfabetización y difusión de la cultura como la propagación de la ideología revolucionaria entre la población, entre las masas de obreros, campesinos y soldados. Elevar la instrucción general, potenciar la preparación profesional y promover la cultura entre la población, es lo que motivó a Lenin para convertir un antiguo sistema bibliotecario “organizado malísimamente”, como el de la Biblioteca Pública de Petrogrado en tiempos del zarismo, en un moderno sistema bibliotecario para servir al pueblo en general y a la clase trabajadora en particular. De esto dependía en gran medida, según su percepción, la transformación socialista para la emancipación de las masas. Como lo evidencia la historia, el arraigo relativo al interés por la lectura, los libros y las bibliotecas entre la población de Rusia (y después de la URSS) se debe en primera instancia a la vida y obra de Vladimir Ilich Uliánov, Lenin. En su visión marxista para transformar la sociedad, las bibliotecas no tenían que funcionar como instituciones neutrales, sino como organismos fundamentales para la edificación del socialismo.

Se sabe que durante e inmediatamente después de la Revolución de Octubre, es decir, desde el ascenso de los bolcheviques al poder, Lenin percibió que las bibliotecas podían gradualmente ser parte de los aparatos de instrucción, información y propaganda del nuevo Estado socialista. En este sentido, comenzarían a perfilarse esas instituciones sociales como instrumentos para propalar la ideología marxista, favorecer los proyectos del gobierno revolucionario, instruir a la población sobre los nuevos valores sociales y políticos, y ofrecer información sobre los avances en ciencia y tecnología. Esto exigió intensificar sistemáticamente la producción y distribución de libros, folletos, revistas y periódicos que trataran sobre los diversos asuntos del régimen revolucionario.  

Para el gobierno bolchevique, representado por Lenin, las bibliotecas se estimaron como centros emblemáticos de progreso cultural que debían estar a disposición del pueblo, en contraste con la práctica bibliotecaria de la pasada monarquía absoluta rusa, reservada para servir exclusivamente a las élites. La transformación revolucionaria se perfiló así en el cambio social y político de aquellas bibliotecas excluyentes en bibliotecas incluyentes; servicios bibliotecarios accesibles al pueblo. Recordemos que, entre los tipos de bibliotecas de acceso limitado en los tiempos de la Rusia zarista, destacarían las bibliotecas imperiales, con acceso restringido, de uso para la nobleza, funcionarios, eruditos y académicos; bibliotecas reales, esto es, bibliotecas personales de la familia zarista; bibliotecas académicas y universitarias para servir a comunidades privilegiadas que cursaban el nivel de educación superior; bibliotecas de sociedades científicas y literarias, enfocadas a servir únicamente a sus socios; bibliotecas privadas aristocráticas, pertenecientes a la nobleza y la intelectualidad burguesa rusa; y bibliotecas religiosas (monásticas, parroquiales, catedralicias y eclesiásticas) vinculadas a la Iglesia Ortodoxa principalmente. Algunas de ellas, con acervos de joyas bibliográficas (manuscritos antiguos, documentos históricos eslavos, bizantinos y orientales, mapas, grabados, obras de arte, libros incunables y raros), reflejaban esencialmente el estatus social y los intereses personales. Bibliotecas que permitían funcionar una estructura social jerárquica profundamente desigual; espacios de lectura destinados para perpetuar los privilegios de la autocracia rusa, conformada por la nobleza (la familia zarista, los terratenientes), el clero (Iglesia Ortodoxa rusa), la burguesía (banqueros, industriales y comerciantes) y la intelectualidad liberal (Intelligentsia: escritores, periodistas, científicos, profesores, médicos, abogados y funcionarios), estratos sociales comúnmente alejados de las necesidades e intereses del proletariado. En otras palabras, los servicios bibliotecarios en el contexto del imperio ruso existieron para asistir a la cúspide de la pirámide social, no para servir al pueblo llano.

En el marco de la clase trabajadora de Rusia, a lo largo del siglo XIX y comienzos del XX surgieron, en un recio contexto de represión y censura política, por ende, al margen de la vida imperial zarista, las bibliotecas obreras como elementos de organización y resistencia. El acceso a las ideas revolucionarias en ese país estuvo ligado a la lectura de libros prohibidos en esos espacios, comúnmente bajo la amenaza constante de la policía secreta zarista, especialista en allanar casas, imprentas y bibliotecas para confiscar textos vetados. Aunque marginales, precarias y a menudo clandestinas e impulsadas por círculos de obreros ilustrados, intelectuales revolucionarios (populistas, anarquistas, socialistas, marxistas y otros) y sociedades de ayuda mutua, esas bibliotecas desempeñaron un papel esencial en la formación ideológica de la clase trabajadora. Por ende, su función principal fue difundir la literatura vedada de los intelectuales revolucionarios. Literatura como la de carácter marxista. Esos espacios de lectura revolucionaria eran pequeñas colecciones escondidas en casas de trabajadores, imprentas o refugios convertidos en círculos de lectura colectiva para obreros y estudiantes que se reunían en secreto para leer y discutir literatura prohibida. Bibliotecas que además de difundir expresiones ideológicas, propulsaron a constituir una entidad política entre la población oprimida. Así, aquellas bibliotecas secretas con literatura revolucionaria constituyeron una estrategia de agitación y resistencia cultural frente al aparato de censura altamente represivo, impuesto por el absolutismo zarista. Al convertirse en formidables vehículos de formación política entre los sectores obreros y estudiantiles, esas bibliotecas subversivas desafiaron el monopolio cultural y educativo de la autocracia. La vida intelectual del proletariado y su vanguardia sería claramente influenciada por esos acervos; sería forjada en la lucha por el acceso al conocimiento, en oposición a la cultura bibliotecaria oficial.     

Sin duda, Lenin procuró concientizar sobre el mal funcionamiento de las bibliotecas zaristas. En este sentido su interés por la transformación del sistema bibliotecario zarista lo hizo patente desde 1913, al escribir su texto programático «Qué se puede hacer por la instrucción pública» (Что можно сделать для народного образования). Y una vez conquistado el poder de Estado a fines de 1917, su visión de cambiar el antiguo desempeño de las instituciones bibliotecarias quedó claramente expresado en su manuscrito «Sobre las tareas de la Biblioteca Pública de Petrogrado». Grigoriev (Григорьев, 1970, p. 90) y Radishauskaite (Радишаускайте, 2019, p. 158) coinciden en este sentido. Al respecto, el bibliotecario y teórico de la biblioteconomía (Библиотекарь и теоретиков библиотековедения) Yuri Vladimirovich Grigoriev (Юрий Владимирович Григорьев), afirmó, en torno al documento de 1913: “"Lenin esbozó un programa de reformas necesario para una reorganización radical del trabajo bibliotecario” (1970, p. 90); en relación con el documento de 1917, enfatizó que se “establece claramente un plan para la democratización socialista de las bibliotecas de masas y científicas” (1970, p. 91). Bibliotecas clave en la política cultural y educativa del nuevo régimen; bibliotecas esenciales para erradicar el analfabetismo; centros bibliotecarios para promover el conocimiento científico y técnico; espacios idóneos para propagar la ideología socialista. Si es que las bibliotecas a partir del Poder soviético (Советская власть) no solamente funcionaron como instituciones sociales, culturales y educativas, sino también como instituciones de agitación, propaganda y política.

Como se ha constatado históricamente, las bibliotecas fueron una prioridad política para Lenin a lo largo de su vida. Como intelectual revolucionario del proletariado, líder del Partido Bolchevique y jefe del Estado soviético, la historia de la «biblioteconomía soviética» lo identifica como el principal impulsor del sistema bibliotecario socialista. En la efervescencia de la Revolución de Octubre de 1917, el primer testimonio documental en este contexto revolucionario es su manuscrito «Sobre las tareas de la Biblioteca Pública de Petrogrado/О задачах Публичной библиотеки в Петрограде», elaborado en noviembre de 1917 y publicado por primera vez en 1933 en Recopilación Leninista XXI (Ленинском сборнике XXI). No se tiene certeza sobre el día exacto en que lo redactó, lo cierto es que fue durante el mes en que estalló la Revolución Bolchevique. En ese contexto, cabe tener en cuenta el desfase calendárico concerniente a eventos como la Revolución de Octubre (25 de octubre de 1917 en el calendario juliano que se usó en Rusia hasta 1918), mismos que ocurrieron el 7 de noviembre de 1917, según el calendario gregoriano. De tal suerte que en ese breve documento expresó sus primeras indicaciones sobre cómo deberían comenzar a funcionar las bibliotecas en el nuevo Estado. Directrices que emitió siendo ya presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo (Совет Народных Комиссаров), máximo órgano colegiado del poder ejecutivo de la Rusia soviética y, posteriormente, de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.A continuación, se presenta el documento aludido, según el manuscrito publicado en el tomo 35 de las Obras Completas (Moscú: Editorial Progreso, 1986, pp. 138-139):

SOBRE LAS TAREAS DE LA BIBLIOTECA PUBLICA DE PETROGRADO

Para participar en la revolución de una manera racional, con sensatez y éxito es necesario estudiar.

A consecuencia del menoscabo de la instrucción pública por el zarismo a lo largo de muchos años, el servicio de biblioteca en Petrogrado está organizado malísimamente.

Hay que efectuar sin demora y obligatoriamente las siguientes transformaciones fundamentales, partiendo de los principios que se aplican desde hace ya mucho en los Estados libres de Occidente, sobre todo en Suiza y en los Estados Unidos de América del Norte:

  1. La Biblioteca Pública (antigua Biblioteca Imperial) debe pasar inmediatamente al canje de libros, tanto con todas las bibliotecas públicas y del Estado en Petrogrado y en las provincias como con las bibliotecas extranjeras (de Finlandia, Suiza, etcétera).
  2. El envío de libros de una biblioteca a otra debe ser declarado gratuito por medio de una ley.
  3. La sala de lectura de la biblioteca debe estar abierta, como se hace en los países cultos en las bibliotecas y salas de lectura privadas para los ricos, diariamente, sin exceptuar los domingos y días festivos, desde las 8 de la mañana hasta las 11 de la noche.
  4. Debe trasladarse sin dilación a la Biblioteca Pública el número necesario de empleados de los departamentos del Ministerio de Instrucción Pública (ampliando el trabajo femenino en vista de la necesidad de hombres para la guerra), departamentos en los que el 90 por ciento del personal se dedica a un trabajo no sólo inútil, sino perjudicial.


En el marco de su visión revolucionaria para transformar la sociedad rusa, Lenin comenzó otorgándole una gran importancia a la tarea de estudiar entre el proletariado, proceso que debía ser apuntalado con los servicios de biblioteca. Por esto, el Estado soviético promovió la tarea de poner las bibliotecas al servicio del pueblo en general y de la clase trabajadora en particular. Para él, la adquisición de conocimientos no debía ser un lujo, sino un procedimiento revolucionario esencial. De tal modo que Lenin tuvo la convicción de que el estudio disciplinado era indispensable para la vida y el desarrollo de la vanguardia revolucionaria del proletariado; para la total organización social del trabajo. En este sentido, aquel revolucionario de la clase trabajadora aspiró a que los obreros y campesinos tuviesen la oportunidad de acceder a la información organizada en las bibliotecas para así forjar una fundamentada conciencia de clase, tan necesaria para cumplir con el objetivo de liberarse del yugo zarista; para derrotar la contrarrevolución interna y externa. De tal suerte que la tarea de estudiar para Lenin se convirtió en un proceso de emancipación; en un compromiso moral del revolucionario y una base fundamental en la edificación del socialismo.

Las bibliotecas, como instituciones extraescolares del sistema de instrucción pública, debían contribuir a la formación de un proletariado intelectual revolucionario con diáfano espíritu socialista, constituido por obreros avanzados y estudiantes revolucionarios socialdemócratas. Una vanguardia intelectual que reflejara, expresara y participara de modo más consciente y decidida en la enconada lucha de clases y, por ende, en el desarrollo de los intereses de la clase trabajadora. Una intelectualidad combativa para enfrentar, en la lucha de las ideas, a la intelectualidad aliada de la alta y pequeña burguesía de Rusia, contraria al progreso, el bienestar y la equidad del pueblo. Si es que la fuerza social y política de las instituciones bibliotecarias no debía medirse solamente por la cantidad y calidad de sus colecciones, sino también por la influencia de sus servicios entre las masas y los destacamentos avanzados del proletariado. A lo largo de su vida, Lenin tuvo la experiencia del uso de las bibliotecas en tres periodos esenciales, durante su: 1] formación personal; 2] organización revolucionaria y 3] política estatal. Supo, entonces, valorar estas instituciones como lector autodidacta; como estudioso durante su formación y trayectoria revolucionaria; y como dirigente político de Estado soviético. Desde esta perspectiva, estuvo consciente que el estudio, como proceso estratégico, podía influenciar profundamente en la formación intelectual, revolucionaria y política del proletariado. Por esto, le otorgó una gran importancia al estudio en general y al estudio autodidacta en particular. En su praxis, el estudio del marxismo, la historia, la economía y la teoría revolucionaria fue exigencia estratégica apremiante para la organización de los obreros, campesinos y soldados, y así lograr la consolidación del Poder soviético.   



¡Estudiar, estudiar y estudiar! V. I. Lenin  - Fuente: Панорама Катирическое издание


En efecto, para afianzar el socialismo, como forma de una nueva sociedad, Lenin pensó que se requería de una vanguardia organizada de trabajadores, pero pertrechados con conocimientos políticos, económicos y filosóficos; con conocimientos sistemáticos sobre teoría marxista, pues estuvo consciente que: "Sin teoría revolucionaria no puede haber movimiento revolucionario." (Lenin,1981, p. 26). En otras palabras, se necesitaban obreros de vanguardia, prestos a convertirse en expertos y hábiles dirigentes revolucionarios; dispuestos a transformarse en combatientes de avanzada por la causa obrera rusa y, por consiguiente, por la causa revolucionaria rusa. Desde su juventud, en 1899, Lenin pensó en la necesidad de contar con “intelectuales obreros” que a pesar de sus pesadas cargas de trabajo manual, debían encontrar la manera, con carácter y fuerza de voluntad suficiente, para “estudiar, estudiar y estudiar”. Expresión que a veces ha sido sacada del contexto revolucionario de la clase trabajadora. Consecuentemente, el estudio basado en la lectura de los acervos de las bibliotecas era imprescindible. Para satisfacer las inquietudes de la “intelectualidad obrera”, esos centros de estudio, lectura y consulta, tenían que desempeñarse como centros activos y masivos de educación, instrucción y formación ideológica al servicio del pueblo trabajador y de su vanguardia intelectual. Esta percepción Lenin la formuló con base en los aforismos que escribió en diferentes periodos de su vida revolucionaria. He aquí algunas de sus ideas (en español y ruso) en torno a la necesidad de estudiar:

  • “Estudiar, estudiar y estudiar” (Lenin, tomo 4, 1981, p. 285)
  • “Учиться, учиться и учиться” (Ленин, 1967, c. 269)
  • "Estudiad, pues, camaradas obreros, estudiad con atención las enseñanzas de los acontecimientos de Moscú." (Lenin, 1982, p. 401)
  • “учитесь же, товарищи рабочие, учитесь внимательнee урокam московских событий.” (Ленин, 1960, c. 384)
  • "Sin teoría revolucionaria no puede haber movimiento revolucionario." (Lenin,1981, p. 26)
  • "Без революционной теории не может быть революционного движения." (Ленин, 1963, c. 24)
  • "¡Sin conocimientos, los obreros están indefensos; con conocimientos, son una fuerza!" (Lenin, 1981, p. 82)
  • "Без знания, рабочие - беззащитны; со знанием, Они — сила!" (Ленин, 1967, c. 80)
  • Para renovar nuestro aparato estatal es preciso que nos pongamos a toda costa: primero, estudiar; segundo, estudiar y tercero, estudiar, y después, comprobar que este conocimiento no quede reducido a letra muerta o en una frase de moda.” (Lenin, 1978, pp. 524-225)
  • Нам надо во что бы то ни стало поставить себе задачей для обновления нашего госаппарата: во-первых — учиться, во-вторых — учиться и в-третьих — учиться и затем проверять то, чтобы наука у нас не оставалась мёртвой буквой или модной фразой.”  Ленин, 1970, c. 391).   


Biblioteca Pública Imperial de Petrogrado / Императорская Публичная библиотека Петрограда - Fuente: http://izi.travel


El escrito de Lenin, "Sobre las tareas de la Biblioteca Pública de Petrogrado" (a veces traducido como "Acerca de las tareas de la Biblioteca Pública de Petrogrado" o simplemente como “Tareas de la Biblioteca Pública de Petrogrado”), fue redactado en 1917. Es decir, ese documento lo elaboró en pleno proceso de construcción de un nuevo Estado socialista. Esto implicaba una transformación radical de todas las instituciones, entre ellas las bibliotecas. Lenin nos enseña, a través de esas “tareas”, que la mejora del servicio de biblioteca debía ser un proceso esencialmente revolucionario, y no superficialmente evolucionario. Si es que, para comprender plenamente el significado histórico-revolucionario, es crucial situar esas “tareas” en el contexto de la Revolución Rusa y durante los primeros días del gobierno bolchevique. Acorde con el título del documento, esas disposiciones se dirigieron a una de las principales bibliotecas zaristas: la Biblioteca Pública Imperial de Petrogrado. Pero cabe precisar, desde el 15 de marzo de 1917 la decisión de cambiar el nombre de la Biblioteca Pública Imperial se tomó en la 19.ª sesión del Gobierno Provisional, a sugerencia oral del entonces Ministro de Instrucción Pública, Alexander Apollonovich Manuilov (Алекса́ндр Аполло́нович Ману́йлов, 1861-1929), quien fuera el rector de la Universidad Imperial de Moscú entre 1905 y 1911. Entre las propuestas se encontraba la de llamarla "Nacional", pero finalmente se decidió denominarla "Biblioteca Pública Rusa". Lenin en este sentido se refirió a la “Biblioteca Pública de Petrogrado” como la “antigua Biblioteca Imperial”. Acorde con los cambios políticos y geográficos de Rusia, cabe precisar que ese gran centro bibliotecario ha cambiado de nombre varias veces:

  • Se fundó en 1795, por decreto de la emperatriz Catalina la Grande, como la Biblioteca Pública Imperial Rusa. Aunque la biblioteca abrió oficialmente sus puertas al público el 3 de enero de 1814, convirtiéndose así en la primera biblioteca pública de la Rusia zarista.
  • Después de la Revolución de Octubre (1917), se nacionalizó y se nombró como la Biblioteca Pública Rusa. A veces simplemente "Biblioteca Pública de Petrogrado", ya que la ciudad de San Petersburgo fue rebautizada como Petrogrado en 1914.
  • En 1924, la ciudad de Petrogrado fue renombrada Leningrado. Por lo tanto, la biblioteca se convirtió en la Biblioteca Pública de Leningrado.
  • En 1932 se le añadió el nombre del escritor Mijaíl SaltykovShchedrin, pasando a ser la Biblioteca Pública Estatal SaltykovShchedrin de Leningrado.
  •  En 1992, tras la disolución de la Unión Soviética y el retorno del nombre de la ciudad a San Petersburgo, la biblioteca adoptó su nombre actual: Biblioteca Nacional de Rusia.


De tal manera que esa afamada Biblioteca era, en tiempos de la Revolución de Octubre, una de las instituciones culturales más sobresalientes del país. El hecho de que Lenin se dirigiera primeramente a esa biblioteca subraya su relevancia y el deseo del gobierno soviético de utilizar sus recursos para los fines de la revolución en curso. Lenin veía en ella un potencial enorme para servir como un centro de conocimiento y propagación del conocimiento para las amplias masas de obreros, campesinos y soldados. Ciertamente, aquel movimiento revolucionario marcó un antes y un después para las bibliotecas en Rusia porque la vanguardia bolchevique, liderada por Lenin, comprendió rápidamente el inmenso potencial social, cultural, educativo e ideológico de esas instituciones para fundar la nueva formación de un Estado. De tal manera que Lenin percibió que el funcionamiento moderno de las bibliotecas era una condición imprescindible para: la labor social de los trabajadores; el mejoramiento del trabajo productivo; la preparación de teóricos y especialistas prácticos en ciencia y tecnología; y la participación consciente en la vida social, política, económica y cultural.

El escrito leniniano “Sobre las tareas de la Biblioteca Pública de Petrogrado” es una muestra del gran interés del líder del proletariado al esbozar las expectativas que tuvo su gobierno en materia de bibliotecas, pues refleja:

1] el acceso a la información y al conocimiento de los libros, revistas y periódicos de esa Biblioteca para el éxito de la revolución;

2] Sustituir el antiguo servicio de biblioteca, heredado del gobierno imperial, por un servicio moderno de biblioteca.

3] La aplicación, sin tardanza, de los principios biblioteconómicos del sistema suizo-estadounidense, entre otros países occidentales.

4] La coordinación de las principales actividades bibliotecarias a nivel nacional.

5] La intención de que los servicios bibliotecarios no sirvieran como norma únicamente a las élites, sino al conjunto del pueblo y, en consecuencia, a los objetivos de la revolución.

6] La organización y mejora de la Biblioteca de Petrogrado para facilitar el acceso.

7] El establecimiento del intercambio o canje de libros, tanto con bibliotecas rusas como extranjeras.  

8] La puesta en marcha del servicio interbibliotecario gratuito.

9] La amplitud del horario ininterrumpido de servicio de biblioteca a lo largo del año.

10] El traslado inmediato de personal femenino de los departamentos del Ministerio de Instrucción Pública a la Biblioteca.

Dmitry Fomich Kobeko / Дмитрий Фомич Кобеко - Wikipedia/ Википедия


Según algunos antecedentes que se conocen en torno a ese documento manuscrito, Lenin enfrentó problemas de sabotaje, orquestado por el director de entonces de esa magna Biblioteca Pública de la ciudad de Petrogrado, el historiador y bibliógrafo Dmitry Fomich Kobeko (1837-1918) y quien ocupara ese puesto de 1902 a 1918. En los primeros días de la Revolución de Octubre, la Biblioteca se mantuvo cerrada. La asamblea general de trabajadores decidió no reconocer al nuevo gobierno, por lo que la plantilla de bibliotecarios decidió unirse a la huelga de protestas organizada por las instituciones científicas y educativas de Petrogrado. Sin embargo, el sabotaje no duró mucho. Al igual que en otras organizaciones, en esa Biblioteca se designó un nuevo funcionario elegido por el nuevo gobierno. Así, Kobeko sería el último director zarista de esa institución bibliotecaria. En relación con “las tareas” se sabe que: “Inmediatamente después de la Revolución de Octubre, Lenin envió a la Biblioteca Pública de Petrogrado sus sugerencias sobre la forma de transmitirlas a la Biblioteca Pública”. (Lenin, 2003, nota 62, p. 193). Aunque: “No se aprobaron en 1917 debido a la actitud negativa de la administración de la Biblioteca Pública hacia el Poder soviético. En este contexto, Lenin firmó, el 11 de febrero de 1918, la decisión de destituir al director de la biblioteca, conocido por sus opiniones reaccionarias, y nombrar a uno nuevo” (Lenin, 1983, nota 1, p. 100). En otra nota explicativa sobre ese acontecimiento, se asevera:

El cumplimiento de las indicaciones de Lenin se vio frenado en 1917 por el sabotaje del personal de la Biblioteca Pública, cuya dirección era hostil al Poder soviético. A instancias de Lenin, en febrero de 1918 se nombró un comisario del Gobierno en la biblioteca; y el 29 de enero (11 de febrero), Lenin firmó una disposición del Consejo de Comisarios del Pueblo por la que se destituía a D. F. Kobeko, conocido por sus ideas reaccionarias, del cargo de director de la Biblioteca Pública. (Lenin, 1975, nota 24, p. 223)

De modo que Dmitri Fomich Kobeko sería, en efecto, el último director de la Biblioteca Pública Imperial de Petrogrado, cargo que ocupó casi hasta su muerte.   A pesar de los grandes méritos de ese bibliógrafo, Lenin decidió despedirlo, nombrando como nuevo director a Arkady Germanovich Press (Аркадий Германович Пресс) (1870-1952), una persona desconocida para el personal de la biblioteca. Nombramiento que provocó la protesta del sector científico del personal de la Biblioteca, el cual entonces eligió a su nuevo director. Pero esta situación fue más complicada.

Mediante el artículo de Nonna Alexandrovna Yakovleva ((Нонна Александровна Яковлева) (2025, p.26-27) es posible conocer otros detalles al respecto. En efecto, el 29 de enero de 1918 (según el calendario juliano, predominante en Rusia hasta después de la revolución de 1917) Vladimir Ilich Lenin y Anatoly Vasilyevich Lunacharsky (1875-1933), Primer Comisario del Pueblo para la Educación/Народный комиссариат просвещения (conocido comúnmente por el nombre contraído Narkomprós/Narkomprós/Наркомпрос) de la República Socialista Federativa Soviética de Rusia (RSFSR), firmaron la orden del Consejo de Comisarios del Pueblo (Sovnarkom) para destituir a Dmitri Fomich Kobeko del puesto de director de la Biblioteca Pública de Petrogrado. Ese día Lunacharsky declaró, en una reunión del Narkomprós, que la noticia del nombramiento de Arkady Germanovich Press como comisario de la Biblioteca Pública se publicó "por insistencia del camarada Lenin". Según Lunacharsky, el nombramiento fue apoyado por "empleados subalternos de la Biblioteca, así como por Lenin y Olga Vasilievna Polumordvinova, empleada de esa institución. Aunque no existe uniformidad en la designación del cargo de Press, pues en los documentos le denominarían "comisario del gobierno" y "director de la Biblioteca Pública". Esto sugiere que Press combinó estos cargos, ya que una orden posterior enviada a la Biblioteca informó que sería relevado de los cargos que ocupaba en ella por exceso de poder y malversación de libros.

Con base en la fuente: Empleados de la Biblioteca Nacional de Rusia son figuras de la ciencia y la cultura: diccionario bibliográfico, vol. 1-4, (versión electrónica). (Сотрудники РНБ деятели науки и культуры: Биографический словарь, t. 1-4 (электронная версия)), concretamente se sabe que una delegación encabezada por el académico V. M. Anderson y destacados bibliófilos y empleados de la Biblioteca Pública (V. I. Saitov, A. A. Shakhmatov, A. I. Braudo y otros), acudió al Narkomprós para presentar la postura del personal de la Biblioteca Pública, acusándolo de robos de libros y abuso de poder. Lunacharsky accedió a los deseos de los científicos y, tras ser despedido Press, nombró al bibliógrafo e historiador Vladimir Maximillianovich Anderson (1880-1931) como comisario gubernamental de esa Biblioteca desde el 24 de marzo de 1918. En tanto las funciones de director las desempeñó Radlov Ernest Lvovich (1854-1928), quien había trabajado en la Biblioteca Pública de Moscú. Lvovich, conocedor de las principales bibliotecas de Occidente, había sido subdirector de la Biblioteca Pública de Petrogrado, cargo que desde el verano de 1916 ocupó a petición de Kobeko. Y, desde el 1 septiembre de 1917, se había venido desempeñando como director interino de ese centro bibliotecario a causa del delicado estado de salud de Kobeko. De tal manera que Lvovich se convirtió en el primer director electo de la Biblioteca Pública de Petrogrado. Uno de sus méritos residió en poner el empeño necesario durante el periodo de transición que produjo una confrontación de corto plazo entre la autoridad bibliotecaria y el Poder soviético. La organización, cooperación y búsqueda conjunta de técnicas biblioteconómicas modernas para reorganizar el trabajo de biblioteca, en concordancia con las primeras disposiciones de Lenin para comenzar a crear el sistema bibliotecario socialista, debieron ser entonces esenciales puntos de partida.

Así, en el marco del programa leninista de la edificación del socialismo, la transición del «sistema bibliotecario imperial ruso» al «sistema bibliotecario soviético» fue parte del plan de la revolución cultural. Esto implicó: 1] la conversión de bibliotecas elitistas a bibliotecas de masas; 2] centralización de la gestión y administración bibliotecarias; 3] redefinición de las colecciones y censura ideológica; 4] profesionalización y formación ideológica del personal bibliotecario; 5] expansión y creación del sistema mediante la creación de bibliotecas rurales y ambulantes. En este sentido, las bibliotecas soviéticas no funcionaron como instituciones neutrales, sino como palancas de la revolución; es decir, para acrecentar la energía revolucionaria del pueblo trabajador. Como asevera la bibliotecaria Natalia Vitautovna Radishauskaite (Наталья Витаутовна Радишаускайте) en su artículo “Sobre la biblioteconomía en Rusia en los primeros años del Poder soviético (1917-1920)” (О библиотечном деле в россии в первые годы советской власти (1917-1920)). “Tras la Revolución de Octubre de 1917 y la llegada al poder de los bolcheviques, se inició en el país una reestructuración de todos los aspectos de la vida estatal y social, que afectó, entre otros aspectos, al trabajo bibliotecario” (2019, p. 159). En efecto, ese movimiento revolucionario transformó radicalmente las bibliotecas rusas, pasando de ser instituciones elitistas a convertirse en mecanismos fundamentales de información, educación y recreación en el nuevo Estado socialista. Con un fuerte énfasis administrativo para favorecer la educación de masas, la propagación ideológica y el control centralizado, el nuevo sistema bibliotecario socialista ayudó a fomentar el interés por el trabajo, la técnica, la ciencia, el arte, el deporte, etcétera. O sea, para impulsar la cultural proletaria (material y espiritual) en general, es decir, con el fin de promover una forma de vida basada en las experiencias y expresiones de la clase trabajadora, en contraposición a la cultura burguesa dominante. El carácter estatal de ese sistema de instituciones de lectura pública debía ayudar al pueblo, en el marco de la revolución cultural, a ampliar sus conocimientos y satisfacer sus inquietudes creadoras y necesidades sociales en el sentido más amplio. Para entender con detalle la guerra de clases en terreno de la cultura, se sugiere estudiar el libro The cultural front: power and culture in revolutionary Russia, de Sheila Fitzpatrick (1992), quien relata la feroz batalla en el "frente cultural" a partir de la Revolución de Octubre hasta la década de 1930. Fitzpatrick, es considerada como una de las principales historiadoras de la Unión Soviética.

El anhelo de Vladimir Ilich Lenin de convertir el Estado socialista que fundó, en un país de lectores y usuarios de bibliotecas se hizo realidad con el paso del tiempo. Para él los libros y las bibliotecas tenían que ser recursos indispensables en torno al desarrollo de la conciencia social y política de las masas, así como para elevar el nivel cultural y técnico de los obreros, campesinos y soldados. De modo que Lenin consideró a las bibliotecas como posibles centros masivos de propagación del conocimiento entre la clase trabajadora; y de educación en general y educación política en particular para el pueblo. Por esto, en relación con las instituciones de lectura pública abogó por el acceso amplio y gratuito. La finalidad era fortalecer el compromiso con la causa socialista. Esta firme convicción leniniana para transformar a la sociedad ruso-soviética, es lo que logró consolidar el proyecto socialista, mismo que se vinculó tanto con la práctica masiva de la lectura como con el uso constante e intensivo de las bibliotecas. De tal manera que más de medio siglo después de la muerte de aquel revolucionario del proletariado, se afirmaría: “El pueblo soviético lee más que cualquier otro pueblo. Según datos de la UNESCO, la Unión Soviética se ha granjeado el título de primera potencia del libro. Por el número de bibliotecas, la URSS ocupa también el primer lugar del mundo.” (Kuzin y Kondarov, 1977, p. 28)

Nota aclaratoria. En relación con el escrito “Sobre las tareas de la Biblioteca Pública de Petrogrado”, se proporcionan diferentes referencias bibliográficas en donde ha sido publicado en español, portugués, inglés y ruso.  Sobre los aforismos citados de Lenin, se brindan las referencias tanto en español como en ruso.

Asimismo, la organización de las referencias en español e inglés están en orden descendente con respecto al año de publicación. Cuando coinciden los años, el orden es en relación con la primera letra del artículo. En el caso de las referencias en ruso, se tomaron en cuenta los mismos criterios, pero considerando el orden de las letras del alfabeto cirílico. 




Referencias

Fitzpatrick, Sheila. The cultural front: power and culture in revolutionary Russia. Ithaca, N. Y.: Cornell University Press, 1992. 264 p.

Kuzin, N.; Kondaron. (1977). La instrucción pública en la URSS. Moscú: Editorial Progreso.

Lenin, V. I. (1975). “Sobre las tareas de la Biblioteca Pública de Petrogrado”. En La labor cultural y la organización de las bibliotecas para las masas (pp.46-47). Moscú. Editorial Progreso.

Lênin, V. I. Sobre as Tarefas da Biblioteca Pública de Petrogrado. Novembro de 1917. Arquivo Marxista Na Internet. https://www.marxists.org/portugues/lenin/1917/11/biblioteca.htm

Lenin, V. I. (1976). “Tareas de la Biblioteca Pública de Petrogrado”. Obras Completas (p. 440). Tomo XXVII. Madrid: Akal editor.

Lenin, V. I. (1978). “Mejor poco, pero mejor”. Obras completas. Tomo XXXVI. (pp. 523-537). Madrid: Akal Editor.

Lenin, V. I. (1981). “¿En qué piensan nuestros ministros?”. Obras Completas. Tomo 2. 1985-1897. (pp. 77-82). Moscú: Editorial Progreso.

Lenin, V. I. (1981). “¿Qué Hacer?”. Obras Completas. Tomo 6. Enero – agosto de 1902. (pp. 1-193). Moscú: Editorial Progreso.

Lenin, V. I. (1981). “Sobre las tareas de la Biblioteca Pública de Petrogrado”. En La instrucción pública (p. 69). Moscú. Editorial Progreso.

Lenin, V. I. (1981) “Una tendencia retrograda en la socialdemocracia rusa”. Obras Completas Tomo 4, 1898 – abril de 1901. (pp.256-290). Moscú: Editorial Progreso.

Lenin, V. I. (1982). “Enseñanzas de los acontecimientos de Moscú”. Obras Completas. Tomo 11. Julio – octubre de 1905. (pp. 392-402). Moscú: Editorial Progreso.

Lenin, V. I. (1983). “The tasks of the Public Library in Petrograd”. K. I. Abramov, comp. Lenin and library organization (pp.38-39). Moscow: Progress Publishers.

Lenin, V. I. (1984). “Que se puede hacer para la instrucción pública”. Obras completas (pp. 370-372). Tomo 23, Marzo-septiembre de 1913. Moscú: Editorial Progreso.

Lenin, V. I. (1986). “Sobre las tareas de la Biblioteca Pública de Petrogrado”. Obras Completas (pp. 138-139). Tomo 35. Octubre de 1917 – marzo de 1918. Moscú: Editorial Progreso.

Lenin, V. I. (1987). “Más vale poco y bueno”. Obras completas. Tomo 45. Marzo de 1922 – marzo de 1923. (pp. 405-422). Moscú: Editorial Progreso.

Lenin, V. I. (2003). “The tasks of the Public Library in Petrograd”. A. Z. Okorokov, comp. Lenin and books (pp. 118, 120). Honollulu, Hawaii. University Press of the Pacific.

Григорьев, Ю. В. (1970). “В. И. Ленин и библиотечное дело”. Книга. Исследования и материалы (c. 87-94). Москва Ленин, В. И. (1960). “Уроки московских событий”. Полное собрание сочинений. Тom 11. (c. 376-385). 5-е изд. Москва: Москва: Государственное издательство политической литературы, 1960.

Ленин, В.И. (1963).“Что делать?”. Полное собрание сочинений. Tom 6. Январь-август 1902. (c. 1-192). 5-е изд..Москва: Государственное издательство политической литературы.

Ленин, В.И. (1967). “О чем думают наши министры?”. Полное собрание сочинений. Tom 2. 1985-1897. (c. 75-80). 5-е изд.. Москва: Государственное издательство политической литературы.

Ленин, В. И. (1967). “Попятное направление в русской социал-демократии”. Полное собрание сочинений.Тom 4 (c. 240-273). 5-е изд.. Москва: Москва: Государственное издательство политической литературы. Ленин, В. И. (1970). “Лучше меньше, да лучше”. Полное собрание сочинений. Тom 45. (c. 389-406). 5-е изд.. Москва: Москва: Государственное издательство политической литературы.

Ленин, В. И. (1974). “О задачах Публичной библиотеки в Петрограде”. Полное собрание сочинений. Тom 35. Октябрь 1917 — март 1918. (c. 132-133). 5-е изд. Москва: Государственное издательство политической литературы, 1974.

Ленин, В. И. (1987). “О задачах публичной библиотеки в Петроградe”. В. И. Ленин и библиотечное дело (c. 65). Cоставитель: К. И. Абрамов Издание tретье, перераб. и доп. Москва: Издательство Книга Палата.

Ленин, В.И. (1987). “Что можно сделать для народного образования”. В.И. Ленин и библиотечное дело (c. 45-47). издание третье, переработанное и дополненное .Составитель К. И. Абрамов. Москва: Издательстбо книщная палата.

Радишаускайте, Наталья Витаутовна. (2019). О библиотечном деле в россии в первые годы советской власти (1917-1920). Вестник Дальневосточной Государственной Научной Библиотеки.2(83), c. 158-178. Сотрудники РНБ деятели науки и культуры: Биографический словарь, t. 1-4 (электронная версия. https://nlr.ru/nlr_history/persons/info.php?id=694

Яковлева Н.А. От коллежского секретаря до советского эмигранта: судьба писателя Аркадия Пресса и его роман «Граница». Литературный факт. 2025. № 1 (35). c. 8–50.

   188 Leituras


Saiba Mais





Próximo Ítem

author image
LENIN: LA ORGANIZACIÓN DE LA INFORMACIÓN PARA LA CAUSA REVOLUCIONARIA
Julho/2025

Ítem Anterior

author image
LENIN: BIBLIOTECAS E INSTRUCCIÓN PÚBLICA PARA LA CLASE TRABAJADORA
Maio/2025



author image
FELIPE MENESES TELLO

Cursó la Licenciatura en Bibliotecología y la Maestría en Bibliotecología en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Doctor en Bibliotecología y Estudios de la Información por la (UNAM). Actualmente es profesor definitivo de asignatura en el Colegio de Bibliotecología de la Facultad de Filosofía y Letras de UNAM. En la licenciatura imparte las cátedras «Fundamentos de Servicios de Información« y «Servicios Bibliotecarios y de Información» con una perspectiva social y política. Asimismo, imparte en el programa de la Maestría en Bibliotecología y Estudios de la Información de esa facultad el seminario «Servicios Bibliotecarios para Comunidades Multiculturales». Es coordinador de la Biblioteca del Instituto de Matemáticas de esa universidad y fundador del Círculo de Estudios sobre Bibliotecología Política y Social (2000-2008) y fue responsable del Correo BiblioPolítico que publicó en varias listas de discusión entre 2000-2010. Creó y administra la página «Ateneo de Bibliotecología Social y Política» en Facebook.