LENIN: LA ORGANIZACIÓN DE LA INFORMACIÓN PARA LA CAUSA REVOLUCIONARIA
Para Lenin la organización fue parte integral de su teoría revolucionaria. A lo largo de su trayectoria como intelectual revolucionario del proletariado, su pensamiento teórico de la organización hizo posible conducir la teoría revolucionaria como el motor del movimiento emancipatorio de la clase trabajadora. Tengamos presente su idea lapidaria que escribió en 1902 en su libro ¿Qué hacer?: “Sin teoría revolucionaria no puede haber movimiento revolucionario” (Lenin, 1981a, p. 26). Esta sentencia subraya que la acción transformadora no puede prescindir de la reflexión rigurosa y la planificación estratégica y táctica. Entonces, si la teoría necesita conocimiento y éste para generarse requiere información organizada, se puede argüir: “Sin información y sin conocimiento no puede haber revolución”. Más aún, si concordamos con la idea: “La revolución rusa se fraguó en las bibliotecas” (Penadés, 2017, p. 64), es posible glosar con justicia: «Sin libros y sin bibliotecas no puede haber movimiento revolucionario». En este sentido, las tareas de recolección, clasificación, análisis y difusión de la información —habitualmente asociadas al trabajo bibliotecario y documental— históricamente han venido desempeñando un papel decisivo en la preparación de las condiciones revolucionarias. En la compleja obra organizativa de la información, este proceso se ha reflejado como una de las principales tareas de las revoluciones modernas. Por lo que la organización socialista del trabajo social, cotidiano y masivo debía basarse en la disciplina del proletariado. Siguiendo a Engels, Lenin consideraría tres formas de lucha en el plano de la socialdemocracia: la lucha política, la económica y la teórica (Lenin, 1981a, p. 27), sin olvidar la lucha ideológica que atraviesa esta tríada. Formas metódicas relacionadas entre sí de lucha revolucionaria, de combate concéntrico en la lucha de clases, que para satisfacer las necesidades concretas de información registrada exigió contar con información organizada en diferentes soportes (libros, folletos, revistas, periódicos, octavillas o volantes) y en distintas instituciones (imprentas, librerías, bibliotecas y círculos marxistas).
La necesidad de información en Lenin parte de “la apremiante necesidad que la clase obrera tiene de conocimientos políticos y de educación política”. (Lenin, 1981a, p. 83). La necesidad de organizar la información en cierta manera se halla en la pregunta que planteó:"¿qué hacer para aportar a los obreros conocimientos políticos?" (Lenin, 1981a, p. 84). La respuesta la proyectó (antes, durante y después de la Revolución de Octubre) mediante la consigna ¡Todos a la biblioteca! (Все в библиотеку!). Esta idea, aunque no se trata de una cita textual única, condesa el compromiso leninista con el libre acceso a la información organizada, recurso fundamental que se vincula con la educación, la instrucción y la cultura como elementos esenciales para la emancipación del pueblo trabajador. Para la ilustración del pueblo, la lucha contra el analfabetismo y la formación del nuevo sujeto revolucionario (culto, disciplinado, participativo y comprometido), Lenin insistió sobre la organización para producir y circular libros, revistas y periódicos. Materiales que debían estar accesibles en las bibliotecas (diseminadas en fábricas, ciudades, aldeas y frentes de guerra) al servicio de todos los sectores populares. “¡Todos a la biblioteca!” revela la voluntad leninista de convertir el acceso a la información en un derecho popular y una condición relevante para construir la sociedad socialista. Por ende, sería una consigna profundamente política, misma que reflejó la visión de Lenin sobre la cultura como fuerza motriz de la revolución proletaria.
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Litografía a color
¡Todos a la biblioteca! ¡Todo jornalero, pobre, koljósiano debería convertirse en lector! — Moscú; Leningrado: GIZ, 1929. —
Como tarea inmediata entonces fue organizar la lucha de clase con el objetivo final de conquistar el poder político por el proletariado y así fuese partícipe consciente de la organización de la sociedad socialista. Organizar la lucha política de clase de los trabajadores se convirtió en su principal misión. Ante la falta de organización de los obreros, esa lucha requirió poner en orden los elementos revolucionarios fundamentales. Así que Lenin le dio, desde diferentes perspectivas, una importancia significativa a la organización de la información, componente estratégico del movimiento revolucionario. Lenin escribió en 1895: ¡Sin conocimientos, los obreros están indefensos; con conocimientos son una fuerza!
Dicho de otra manera: ¡Sin información, los obreros están desarmados, con información, libros y bibliotecas, son una vanguardia revolucionaria! Desde esta arista, tanto el proletariado fabril como el proletariado agrícola debían mantenerse informados para lograr sacudirse el yugo de la autocracia imperial zarista. Por lo tanto, era imprescindible “organizar, organizar y organizar” el trabajo de producción y distribución de publicaciones socialistas (libros, revistas, periódicos, folletos, entre otros tipos), así como crear y desarrollar bibliotecas obreras, comúnmente en contornos de trabajo clandestino. La historia de las revoluciones modernas constata en la realidad social el papel crucial que ha desempeñado, en lo general la información contenida en libros, revistas y periódicos; y en lo particular, la información organizada en diversos sistemas bibliotecarios alternativos.
“La consigna: “¡Organizaos!” – pensó Lenin – debía ser puesta en práctica sin más tardanza”. El papel de vanguardia exigía la creación de instituciones bien organizadas, aptas para generar y propagar información entre el pueblo, y ponerla a su entera disposición mediante mecanismos institucionales, abiertos y ocultos, los cuales a su vez debían practicar modelos disciplinados de organización. La vanguardia revolucionaria se convertiría así en un “organizador práctico”, en un elemento orgánico digno de representar al “proletariado socialista organizado”.
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Cartel
De la oscuridad a la luz desde la batalla del libro.
Del dolor a la felicidad.
Para Lenin, la organización en general y la organización de la información en particular no fueron simplemente procedimientos prácticos, sino una dimensión esencial de su teoría revolucionaria. Su concepción del partido, de la disciplina y de la estrategia política parte de una idea central: la revolución no es un proceso espontáneo, sino que debe ser organizado consistente y conscientemente. A lo largo de su trayectoria como intelectual orgánico del proletariado, Lenin elaboró una teoría de la organización capaz de transformar el pensamiento revolucionario en una fuerza material, es decir, en el aparato motriz del movimiento emancipador de la clase trabajadora. Así, el concepto leninista de organización encontró, en el marco del movimiento obrero ruso, expresión en la relevante organización del proletariado revolucionario. Si es que la visión de Lenin sobre la organización se orientó hacia un amplio análisis social, político, cultural e ideológico. De modo que puso su teoría de la organización en dos centros de gravedad: 1] en el terreno de los preparativos de la revolución política para conquistar el poder; y 2] en el dominio necesario con el fin de propiciar una profunda revolución cultural, antes, durante y después de la Revolución de Octubre de 1917. Observó, a edad temprana, que un punto débil del movimiento era precisamente la organización, concretamente la referente a la literatura socialdemócrata en general y la literatura marxista en particular. Por ende, para él era imprescindible mejorar todo lo concerniente a la organización revolucionaria, incluida en este proceso la organización de la información. Era menester entonces alcanzar el mayor nivel de perfeccionamiento con la finalidad de ampliar y hacer más profundos los procesos de propaganda y agitación socialdemócratas; y de educación política entre la clase trabajadora.
En la conclusión de su libro ¿Qué hacer? escribió: “La lucha obligaba a estudiar, a leer obras ilegales de todas las tendencias” (Lenin, 1981a, p. 191). Así resaltó la estrecha relación entre la lucha política, la educación popular clandestina y la búsqueda y obtención de información tendiente a socavar el orden establecido, pues dio a entender que la resistencia y la lucha contra el régimen opresor impulsaban a los revolucionarios y a los oprimidos a buscar conocimiento y comprensión a través de la lectura de obras prohibidas o consideradas ilegales. La información contenida en esas obras, que abarcaban diversas tendencias ideológicas, eran instrumentos esenciales para asimilar y generar ideas y teorías; estrategias y tácticas que fortalecieran la organización y la conciencia revolucionaria para el debate de ideas. Asimismo, la referencia a “obras ilegales” indica que la práctica sistemática de la censura y la represión del régimen zarista obligaban a los obreros de vanguardia a arriesgarse y a buscar en la clandestinidad el conocimiento necesario para desafiar el sistema autocrático. En otras palabras, Lenin comprendió que la lucha de clases no solo se expresaba a través de acciones directas, sino también mediante la formación ideológico-política y el aprendizaje permanente entre los diversos sectores del proletariado. La lectura de textos prohibidos era el acto de resistencia intelectual, permitiendo que los revolucionarios y sus seguidores se mantuvieran informados y preparados para la transformación social, política y moral. De modo que Lenin subrayó que el acto de mantenerse informado mediante la lectura de obras ilegales alimentaba la lucha ideológica y reforzaba la voluntad revolucionaria.
En el marco de la producción de la información, base de la organización de este recurso, Lenin resaltó la importancia de la imprenta como la tecnología necesaria que se tenía que operar con el debido profesionalismo. Al respecto apuntó: “Un buen mecanismo clandestino de imprenta exige una buena preparación profesional de los revolucionarios y la más consecuente división del trabajo, y estas dos condiciones son de todo punto irrealizables en una organización” (Lenin, 1981a, p. 153). Ciertamente, dado el contexto revolucionario era difícil y complejo establecer un mecanismo organizado de imprenta en la clandestinidad. Lenin advirtió que un sistema de impresión secreto para que funcionara eficazmente, era necesario contar con profesionales altamente capacitados, diestros en producir textos clandestinos sin dejar rastro. Además, enfatizaría que era fundamental una división del trabajo rigurosa, donde cada miembro de la organización tuviese funciones claras y especializadas para evitar errores y no comprometer la seguridad de la imprenta. Empero, aquel revolucionario del proletariado dedujo que esas condiciones en ese tiempo eran prácticamente inalcanzables en una organización revolucionaria, probablemente debido a lo que implicaba el riesgo de la clandestinidad, la persecución policial constante, la escasez de recursos y la carencia de personal con experiencia especializada. La dificultad radicó entonces en que mantener un nivel profesional alto en la operación de la imprenta clandestina requería de recursos, formación y coordinación que serían difíciles de conseguir en un entorno de clandestinidad total y en las condiciones restrictivas y peligrosas que originaba el régimen zarista. En síntesis, Lenin destacaría las limitaciones inherentes a la organización clandestina de imprimir documentos y admitió que la creación de un mecanismo de imprenta profesional y perfectamente coordinado era en la práctica muy difícil de lograr, lo que reflejaría las tensiones y retos a los que se enfrentaron los revolucionarios en su lucha por difundir sus ideas de manera segura y efectiva, es decir, de forma organizada.
La historia de las imprentas clandestinas en la Rusia imperial, es la narrativa de las imprentas secretas bolcheviques, las cuales desempeñaron un papel clave en la distribución de literatura revolucionaria y la organización del Partido Bolchevique. En un ámbito de continúo peligro, garantizaron la impresión y distribución de panfletos, folletos, periódicos y libros que servían para el trabajo de propaganda y agitación, de ilustración y formación entre los obreros y campesinos. Asimismo, fueron las que hicieron posible el desarrollo de las colecciones destinadas para las bibliotecas clandestinas que se creaban al interior de los círculos obreros con el fin de estudiar publicaciones socialdemócratas, legales e ilegales. Esas imprentas solían operar en estricto secreto, cambiando de ubicación, utilizando documentos falsificados y atrayendo a personal de confianza. El libro Большевистские тайные типографии в Москве и Московской области 1904-1910 (Imprentas secretas bolcheviques en Moscú y la región de Moscú, 1904-1910) de la revolucionaria Цецилия Самойловна Зеликсон-Бобровская (Cecilia Samóilovna Zelikson-Bobrovskaya) publicado en 1923, es un testimonio histórico de los revolucionarios clandestinos sobre su lucha para imprimir y distribuir literatura ilegal. A base de un hectógrafo primitivo a una imprenta mejor equipada, el trabajo de imprenta oculta siempre resultó peligroso, difícil y laborioso. Desde el abastecimiento de los materiales necesarios hasta el transporte y distribución de los impresos, fue trabajo de gran riesgo, pues se podía acabar en prisión, entre otros infortunios.
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Cubierta del libro Imprentas secretas bolcheviques
en Moscú y la región de Moscú, 1904-1910.
En el contexto adusto de represión zarista, los riesgos extremos a los que se enfrentaron las imprentas bolcheviques durante los años previos a la Revolución de Octubre (1917), se pueden sintetizar en seis aspectos: 1] vigilancia constante por la policía secreta (Ojrana - Охранное отделение), temido aparato represor del Estado zarista, cuyos mecanismos eran infiltrar grupos de “revolucionarios”, rastrear rutas de distribución de literatura prohibida, controlar el correo postal, intervenir paquetes de libros, observar comportamientos en bibliotecas, cafés, círculos de lectura e imprentas legales, así como ubicar imprentas clandestinas; 2] redadas, allanamientos e incautación de material y destrucción de equipos (máquinas, planchas, tintas, libros, revistas, periódicos, panfletos u octavillas), lo que obligaba a mudar a menudo las imprentas o camuflarlas en sótanos, casas particulares, entre otros lugares; 3] penas severas para los implicados (obreros tipógrafos, impresores autodidactas, distribuidores y otros), como condenas a trabajos forzados en Siberia, prisión sin juicio, deportación y, peor aún, ejecución extrajudicial; 4] condiciones materiales extremadamente difíciles, como falta de equipo moderno, papel, tinta, etcétera; 5] contingencias en la distribución y circulación de impresos en fábricas, ferrocarriles, barrios obreros y aldeas, ocultos en ropa, maletas de doble fondo, etcétera, y 6] arresto de todos los responsables o colaboradores, a quienes se les interrogaba bajo tortura, generándoles expedientes penales por propaganda ilegal subversiva, conspiración o traición, y muchas veces sin garantías procesales. Así, el trabajo de los impresos marxistas y afines se consideró durante el régimen autocrático como foco de sedición política, por lo que su persecución obstaculizó la organización de la información socialdemócrata, tanto dentro como fuera de Rusia. Eludir a la policía secreta del Estado y la censura oficial fueron motivos para planificar cada vez mejor los métodos de organización revolucionaria en general y los métodos y técnicas de organización de la información revolucionaria en particular.
La historia de las imprentas revolucionarias se puede sintetizar en los siguientes periodos: 1] antes de 1905 figuraron pequeñas imprentas caseras, que a menudo operaban dentro de los círculos de estudio; 2] 1905-1907, años en que aumentó el número de imprentas más grandes en Rusia y otros países, sobresaliendo las que imprimieron los periódicos Iskra y Vperiod; 3] después de 1907 si bien las imprentas clandestinas bolcheviques fueron más activas y continuaron imprimiendo y distribuyendo literatura, dado un mayor control policial, disminuyó la cantidad de impresos que antes de 1907; 4] 1917, tras la Revolución de Febrero, los bolcheviques pudieron imprimir legalmente, pero continuaron utilizando imprentas clandestinas con el fin de prepararse para la Revolución de Octubre. Una de las imprentas bolcheviques más famosas fue la imprenta de Pravda en San Petersburgo, donde trabajó, Lenin. Por lo tanto, las imprentas secretas bolcheviques fueron una herramienta importante en la lucha por el poder y la difusión de las ideas revolucionarias.
Asimismo, en la esfera de la organización de la información con fines revolucionarios, era indispensable contar con los medios intelectuales de información, con los que se pudiese fundar y organizar un órgano de prensa, es decir, un «periódico revolucionario»; un periódico del Partido. Sin este medio de información para la clase obrera sería imposible llevar a cabo una organización amplia de todo el movimiento obrero. En este sentido, Lenin señaló que ese periódico tenía que ser un modelo informativo de periodismo revolucionario; esto es, debía desempeñar el papel de “propagandista colectivo” (««коллективный пропагандист»»), “agitador colectivo” («(«коллективный агитатор»») y, sobre todo, “organizador colectivo” (««коллективный организатор»)») (Lenin, 1981, p. 11). Es decir, un medio de información diestro para instruir políticamente, educar ideológicamente y organizar unificadamente a las masas en torno a las estrategias y tácticas de la socialdemocracia revolucionaria. De tal modo que se adhirió a la consigna de Wilhelm Liebknecht: «Agitieren, organisieren, studieren!» (¡Agiten, organicen, estudien!), “figura dominante de la socialdemocracia alemana durante décadas” (Dowe, 2000, p. 3). En relación con el órgano de prensa, se refirió en concreto a la organización de un periódico que fungiese como el órgano de prensa del partido. A partir de la organización de lucha de clase de los trabajadores, emana la organización del partido político y la necesidad de organizar publicaciones socialdemócratas, entre ellas el órgano de prensa partidista, mismo que se produjese con los medios editoriales y literatos rusos y extranjeros, y que se lograra publicar y distribuir regularmente. Como “una cuestión esencial”, escribió en 1899: “Sin mejorar la organización es imposible todo progreso en nuestro movimiento obrero en general; es imposible, en particular, formar un partido activo y que disponga de un órgano de prensa eficiente. […] los actuales órganos del partido (al decir, órganos nos referimos tanto a las instituciones y grupos como a los periódicos) deben prestar más atención a los problemas de la organización.” (Lenin, 1979, pp. 23-24). La obra de organizar implicó para él planificar, sistematizar, poner en marcha, consolidar y desarrollar proyectos, programas, planes y actividades tendientes a poner en orden el trabajo concerniente a la información contenida en la prensa partidista de la clase obrera; era también mantenerse informado sobre lo que publicaba la prensa al servicio de la burguesía y del Estado absolutista.
¿Qué entendió Lenin por organización de la información revolucionaria? Para él fue un proceso político, técnico y clandestino. Requirió entonces llevar a cabo una organización política, técnica y clandestina con la finalidad de apoyar al movimiento socialista ruso, principalmente el encabezado por el Partido Obrero Socialdemócrata Ruso. Proceso para romper el cerco de censura y control ideológico impuesto por el régimen autocrático del zar, a través de sus propios sistemas alternativos de comunicación, educación, agitación y propaganda. Esta organización sería crucial para lograr construir conciencia revolucionaria de clase, articular grupos de militantes y desarrollar una cultura política proletaria con perspectiva marxista. De modo que el problema que entrañaba la difusión de ideas, exigió de estructuras, métodos y dispositivos colectivos para: 1] producir y circular libros, revistas, periódicos, folletos, panfletos u octavillas: 2] crear y desarrollar imprentas secretas, bibliotecas ocultas, círculos marxistas de estudio y archivos clandestinos; 3] formación política de militantes obreros, estudiantes e intelectuales para crear cuadros de revolucionarios; y 4] coordinación táctica de la vanguardia revolucionaria mediante canales seguros y confiables. Frente al monopolio de la información, la censura y propaganda oficial zarista, la tenaz organización en cuanto a información revolucionaria fue una forma orgánica de contrainformación obrera y marxista.
La obra de organizar la información durante el movimiento de liberación en Rusia se centró, entre otros proyectos no menos relevantes, en la organización de la prensa obrera. El conocimiento histórico y teórico de Lenin en torno a la prensa socialdemócrata de Rusia, legal e ilegal, se evidencia en varios de sus escritos, destacando el intitulado “Del pasado de la prensa obrera en Rusia” (Lenin, 1984, pp. 97-106). Para él, los obreros conscientes, militantes y avanzados eran quienes tenían que poner manos a la obra para organizar la lucha de clase del proletariado, con el objetivo superior de conquistar el poder político y así dar paso a la organización de la sociedad socialista. Ese sector poco numeroso es el que tenía que asumir la responsabilidad política de cumplir tal objetivo. Se trataba de la vanguardia obrera que leía periódicos, revistas y libros socialistas. Para que ocurriera esa transformación había necesidad de concentrar todos los esfuerzos en la creación de una genuina prensa obrera y desarrollar bibliotecas obreras. Recursos de información organizada que fungiesen como el motor central de las fuerzas revolucionarias. Al considerar Lenin la información como un factor decisivo de poder social, político, cultural e ideológico, insistió que debía ser controlada, dirigida y puesta al servicio de la causa obrera, de las masas trabajadoras. Si es que para él la información de “un verdadero periódico político popular” tenía que ser un medio esencial para la lucha organizada de clases. Al referirse de manera más general, expresó: “La clase obrera rusa, a diferencia de las demás clases y sectores de la sociedad rusa, revela un interés permanente por los conocimientos políticos, y su demanda de publicaciones clandestinas es siempre inmensa […] Ante semejante demanda masiva […] la organización de un periódico político está plenamente al alcance del proletariado” (Lenin, 1981, p. 11).
Pero cabe recordar, aquel revolucionario del proletariado tuvo también en mente, en el cosmos de la organización de la información socialdemócrata, a los obreros medios e inferiores. Sectores que tendrían ciertas limitaciones para entender algunos artículos de periódico o no podrían comprender algún problema teórico o práctico complejo; o de plano el periódico socialista sería en parte o totalmente inaccesible para ellos. Si se anhelaba formar obreros avanzados entre el sector de los obreros medios, la prensa obrera no debía descender al nivel medio de sus lectores, por el contrario, ese sector tenía el deber de elevar su nivel de comprensión de contenidos escritos con el apoyo del sector vanguardista. Asimismo, en el caso de los obreros inferiores, atrasados o rezagados en materia de comprensión de textos, era preciso poner en práctica otros medios de información, como folletos escritos en el lenguaje más popular posible, así como el uso de información oral, volantes informativos u octavillas, entre otras prácticas de agitación y propaganda. Así, Lenin escribió sobre necesidad de elaborar “publicaciones de divulgación para los obreros y de otras publicaciones todavía más fáciles de entender (pero, claro está, no vulgares) para los obreros muy atrasados” (Lenin, 1981a, p. 138)
En concordancia con uno de los teóricos marxistas más sobresalientes de la segunda mitad del siglo XX, el belga Ernest Mandel (1923-1995), la teoría leninista de la organización, desarrollada antes de la revolución, la estructuró en tres partes. Basándose en la estratificación de la clase obrera, percibida por Lenin, reconfiguremos el orden con base en el acceso a la información: 1] los trabajadores en sí, las masas de obreros y campesinos atrasados, pobres en educación, carentes de información y con débil estado de consciencia de clase; 2] los trabajadores, estudiantes e intelectuales que realizaban actividades revolucionarias por estar formados e informados sobre el marxismo, que habían tenido la posibilidad de acceder a la educación política y cultural; y 3] los trabajadores involucrados en un grado más alto de conciencia de clase, que habían logrado alcanzar el primer nivel de formación e información con peculiar tradición de organización y educación política y cultural que los respalda mediante diversos sistemas de información obrera, es decir, los elementos que conformaban la ilustrada vanguardia revolucionaria (Mandel, 1974, p.14).
En el plano de la organización de la información, Lenin no pasó inadvertido el tema del antimilitarismo. Para él fue un asunto táctico, estratégico, revolucionario y vinculado a la crítica dialéctica y materialista que formuló en relación con el imperialismo y el Estado capitalista. A diferencia de un pacifismo abstracto o humanitario, el antimilitarismo leninista se articuló como una táctica consciente de lucha de clases; como una estrategia orientada a deslegitimar el uso del aparato militar en defensa del capitalismo y a impulsar la revolución socialista. Por ende, su oposición al militarismo la planteó desde una agenda de información revolucionaria y de clase en el contexto del capitalismo depredador. Para tal efecto, impulsó la publicación de información antimilitarista a través de manifiestos, artículos de periódicos y folletos. Literatura dirigida tanto a los soldados del ejército zarista como a los obreros y campesinos. El objetivo era promover la desobediencia y el rechazo a la primera guerra imperialista mundial, conflicto global que involucró a múltiples potencias capitalistas y divididas en dos alianzas militares: la Triple Entente (Francia, Reino Unido, Rusia, Italia, Estados Unidos, Japón y otros) y las Potencias Centrales (Alemania, Austria, Hungría y Bulgaria). Sobre este asunto, Lenin se refirió a lo que implicaba la necesidad de generar «información antimilitarista». Recurso esencial para llevar a cabo tareas de agitación y propaganda antimilitar entre la clase obrera fabril y agrícola, pero principalmente entre los jóvenes soldados. Para llevar a cabo esas tareas, según él se debía hacer:
[…] mediante las publicaciones antimilitaristas que dichas organizaciones [juveniles] editan y difunden en gran cantidad, sobre todo en Francia y Bélgica, así como en Suiza, Suecia, etc. El contenido de estas publicaciones es de lo más diverso: postales con dibujos antimilitaristas, cancioneros soldadescos de carácter antimilitarista (muchas de estas canciones son muy populares entre los soldados), el "catecismo del soldado" (en Francia se han distribuido más de 100.000 ejemplares), folletos, proclamas y hojas de todo género; periódicos y revistas semanales; quincenales y mensuales para los soldados, algunos de ellos ilustrados. Han alcanzado gran difusión publicaciones como El Cuartel, El Recluta, El Joven Soldado, Pioupiou (apodo cariñoso del bisoño) y Adelante. En Bélgica, por ejemplo, los periódicos El Cuartel y El Recluta tienen una tirada de 60.000 ejemplares cada uno. Aparecen muchas revistas, sobre todo, durante las levas. Se envían a domicilio a todos los reclutas números especiales de los periódicos del soldado. Las publicaciones antimilitaristas les llegan a los soldados en los cuarteles, éstos las reciben en la calle, las encuentran en los -cafés, en las tabernas, en todos los lugares que frecuentan. (Lenin, 1983, p.121)
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Paz a las Naciones (мир Народам)
Cartel
Lenin destacaría así el relevante papel de la propaganda antimilitarista como herramienta de concientización política entre la juventud trabajadora y, con especial énfasis, entre los jóvenes reclutas del ejército. Lenin observó con atención el trabajo de las organizaciones socialistas juveniles de esos países europeos para socavar uno de los bastiones del poder burgués: el aparato militar. También subrayó la variedad estratégica de los medios de propaganda, es decir, el abanico de publicaciones como táctica de información adaptada a distintos niveles de comprensión y acceso. Más aún, aquel revolucionario orgánico del proletariado resaltó el influjo, el impacto y la amplitud de esa labor propagandística llevada a cabo a través de la distribución organizada de miles de ejemplares, con el fin de hacerlos llegar a los soldados en los diferentes lugares que frecuentaban. Se trataba de un trabajo de base sistemático, masivo y dirigido con precisión, con elevado espíritu antimilitarista. En definitiva, se trató de una auténtica ofensiva ideológica contra la guerra de expansión imperial, con la intención de trastocar la disciplina ciega y generar conciencia de clase entre los reclutas, cuyo objetivo revolucionario era socavar la autoridad de los Estados en guerra imperialista desde el interior de sus aparatos militares. Así, la información antimilitarista no reflejaba precisamente un postura ética o pacifista, sino una táctica revolucionaria informativa concreta para forjar en los soldados una lealtad diferente, identificada con la clase trabajadora y sus organizaciones. En síntesis, Lenin ponderó ese tipo de publicaciones como ejemplo de una propaganda socialista eficaz, profundamente enraizada en la realidad del pueblo, y capaz de intervenir incluso en uno de los espacios estatales más controlados ideológicamente: el ejército.
Atento al trabajo de los partidos políticos adversarios, Lenin puso atención a la organización de la Asociación Popular para la Alemania Católica, partido fundado en 1890, y cuyo objetivo era contrarrestar al Partido Socialdemócrata de ese país. En relación con el trabajo documental sistemático para las tareas de agitación y propaganda que realizaba aquel partido, detalló:
El trabajo de dirección de ese partido está organizado exactamente igual que en una fábrica. Veinte empleados ocupados especialmente en la «literatura»: uno se dedica a la teología; otro, al problema agrario; un tercero, al movimiento socialdemócrata; un cuarto, a los artesanos, etc. Hacer recortes y extractos de los periódicos y revistas y los clasifican. Se emplean taquígrafos. En una biblioteca especial se cuentan 40.000 volúmenes. Se redactan cartas dirigidas a la prensa –corresponsalías–, que se publican en decenas de periódicos católicos. Se mantiene una correspondencia especial «sociopolítica» y «apologética» (es decir, dedicada a defender la religión y el cristianismo). Se editan colecciones de folletos sobre todos los problemas. Cada año se remiten cerca de 5.000 resúmenes de conferencias diversas. Una sección especial se ocupa de la propaganda cinematográfica. Una oficina de información proporciona gratis toda clase de datos; en 1912 facilitó más de 18.000 (Lenin, 1975, p.35).
Según se puede colegir, Lenin expresó una crítica con respecto a la relevancia que tenía para ese partido político el trabajo organizado de la información documental. Asimismo, percibió el alto nivel de organización del aparato ideológico del catolicismo en Alemania, mismo que funcionaba con un notable profesionalismo para lograr el objetivo de propagar su doctrina y sostener su influencia política. Al comparar esas tareas de organización de la información con una fábrica moderna, observó la eficiencia, especialización y sistematización con que se realizaban. Forma orgánica que reflejaba una clara división de trabajo intelectual. Con base en su percepción referente a la recopilación, clasificación y difusión de la información, captó que el recurso de la información se puede convertir en una herramienta estratégica de lucha ideológica en el marco de la enconada lucha de clases. Al mencionar el diverso acervo de publicaciones, muestra cómo aquel partido influía en la batalla por la hegemonía cultural de las ideas; revela cómo abarcaba diferentes frentes para predominar en la opinión pública y así poder moldear la conciencia social. Al describir con cierto detalle esa forma de organización, se podría pensar que Lenin sugería que el partido revolucionario debía alcanzar el mismo nivel de organización documental, aunque fuese un modelo del enemigo ideológico. Pero no, pues al final del escrito, aseveró: “Los católicos alemanes archirreaccionarios no trabajan mal. Pero toda su actividad no es otra cosa que una pálida copia de la obra de la socialdemocracia alemana” (Lenin, 1975b, p. 201). De tal suerte que, para Lenin la lucha de clases no solamente requería ardor revolucionario, sino una estructura organizada de información aún más poderosa que la del adversario, en la cual el nexo «información y biblioteca» era patente.
Ya como jefe del Estado socialista, Lenin en 1922, al referirse a la “revista marxista” Под Знáмением Мархизма (Bajo la Bandera del Marxismo), trataría el asunto de la «literatura atea militante». A su juicio, esa revista debía ser “un órgano de prensa del ateísmo combativo”, es decir, debía convertirse en un “órgano de prensa del materialismo militante”. Por ende, era necesario “estar al tanto de todas las publicaciones que, sobre el particular, aparezcan en todos los idiomas, traduciéndolas o, por lo menos, resumiendo el contenido de cuanto aparezca de valor al respecto” (Lenin, 1986, p. 26). La visión ideológica de Lenin con respecto a la prensa para difundir el materialismo histórico-militante se ajusta a la lucha ideológica, radical y organizada, para argumentar y promover el ateísmo entre el pueblo. Para tal efecto, recomendaba mantenerse informado en torno a toda la literatura relevante publicada en diferentes idiomas en relación con la lucha ateísta. Su objetivo era ampliar y profundizar el influjo y alcance global de las ideas escépticas e irreligiosas. En este sentido, esa revista tenía que organizarse a tal punto de convertirse en una especie de servicio permanente de alerta sobre tal asunto, mediante traducciones o resúmenes de los documentos de mayor valía. En suma, Lenin subrayó la importancia relativa a la organización de la información ateísta, la cual debía ser coordinada como recurso fundamental en la estrategia ideológica que exigía el movimiento contra el “oscurantismo clerical dominante”, en razón a los postulados marxistas que orientaban en ese tiempo la lucha ideológica ateísta contra “las doctrinas filosóficas reaccionarias”. Al respecto, escribió:
La revista Под Знáмением Мархизма, que se propone ser el órgano de prensa del materialismo militante, debe dedicar mucho espacio a la propaganda atea, a la información sobre las publicaciones respectivas y subsanar las inmensas faltas de nuestra labor estatal en esta esfera. Es de singular importancia utilizar los libros y folletos que contienen numerosos datos concretos y comparaciones demostrativas de la relación existente entre los intereses de clase y las organizaciones de clase de la burguesía moderna, por un lado, y las organizaciones de las instituciones religiosas y de la propaganda religiosa, por otro. (Lenin, 1986, p. 29).
Así, se refleja el papel estratégico que Lenin atribuyó a la revista Под Знáмением Мархизма como órgano de propaganda del materialismo militante, es decir, del partidismo marxista de la filosofía. Indica que debe priorizar la difusión del ateísmo y la exposición de las ideas antirreligiosas, además de informar sobre las publicaciones relacionadas, para fortalecer la orientación ideológica del movimiento. Tuvo sustancial importancia para él la necesidad de mejorar y ampliar la labor estatal en la lucha contra la influencia de la religión, considerando esto fundamental para consolidar la percepción sobre el materialismo. Asimismo, resaltó la importancia de utilizar libros y folletos con información concreta para evidenciar la relación entre las clases sociales, las organizaciones burguesas y las instituciones religiosas, con el fin de demostrar cómo los intereses de clase de la burguesía están relacionados con la propaganda religiosa. De esta manera, Lenin destacó la influencia religiosa desde una perspectiva materialista y de clases.
Quisiera abrigar la esperanza de que una revista que se propone ser órgano de prensa del materialismo militante ofrecerá a nuestros lectores resúmenes de publicaciones ateas con referencias que indiquen para qué grupos de lectores y en qué sentido podrían servir tales o cuales obras y una relación de las aparecidas en nuestro país (deben considerarse aparecidas únicamente las traducidas en forma soportable, que no son tantas) y de las que aún debemos editar (Lenin, 1986, p. 29)
Es clara la aspiración de Lenin de que esa revista marxista, dedicada al materialismo militante, fuese una fuente útil y práctica de información bibliográfica organizada para sus lectores. Al sugerir que la publicación debía proporcionar resúmenes de obras ateas relevantes, acompañados de referencias que indicasen para qué grupos específicos de lectores podían ser útiles y en qué sentido, facilitando así la apropiación y difusión de sus contenidos, observamos el nivel que debía lograr la organización de la información irreligiosa. Más aún, al señalar la importancia de hacer un inventario de las publicaciones de carácter ateo que hasta entonces existían en Rusia, considerando solamente las traducidas con decoro, propuso elaborar una relación, que se puede entender como una bibliografía, para conocer así lo publicado y lo que aún estaba pendiente por editar. En conjunto, Lenin evidenció la necesidad de difundir información de manera organizada, con la finalidad de fortalecer el movimiento anti-religioso y promover el materialismo mediante una selección cuidadosa de obras de lectura, análisis y estudio que sirviesen a los diferentes segmentos de lectores.
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Fascículo donde se publicó el artículo de Lenin
“El significado del materialismo militante”, 1922.
Lenin reconoció el atraso que había, en los primeros años del poder soviético, en cuanto al control bibliográfico de las publicaciones ateístas. Motivo por el que apremió a esa revista poner manos a la obra para desarrollar un proyecto bibliográfico de gran envergadura. De modo que su dura crítica a la negligencia ideológica del movimiento socialista giró en torno a la escasa y desorganizada difusión del pensamiento ateo militante entre los sectores populares. En este sentido, recordaría el consejo de Engels quien había instado a traducir y divulgar profusamente las obras ateas combativas que fueron siendo publicadas en las postrimerías del siglo XVIII como herramientas extraordinarias de la lucha ideológica ateísta, y que Marx y Engels consideraron fundamentales para pugnar contra la alienación religiosa que limitaba el pensamiento crítico y la acción revolucionaria. Al hacer notar que la recomendación de Engels seguía sin cumplirse, Lenin consideró que la omisión de tal tarea marxista era un síntoma del estancamiento revolucionario tras la toma del poder político. En este orden de ideas, el líder bolchevique no estaba de acuerdo con las justificaciones dadas en relación con ese incumplimiento, como la supuesta obsolescencia o simpleza de aquellas publicaciones ilustradas. Por lo que tales objeciones las calificó de "sofismas presuntamente doctos" que ocultaban jactancia o un acentuado desconocimiento del marxismo. Siguiendo el pensamiento de Lenin, la utilidad revolucionaria de esos textos dieciochescos no residía en su madurez o superioridad científica, sino en su potencial propagandístico, agitador y educativo. De tal suerte que sugeriría incluso que se les podría complementar con notas y epílogos actualizados (síntesis, compendios, resúmenes o recapitulaciones), para hacerlos más útiles sin perder su espíritu combativo. En suma, Lenin exigió una política bibliográfica cultural activa, militante y decidida, donde la crítica a la religión —como forma de conciencia falsa— siguiese siendo un frente esencial en la lucha ideológica del proletariado. En relación con esta interpretación, expresó:
Hace ya mucho que Engels aconsejaba a los dirigentes del proletariado moderno que se tradujesen, para difundir en masa entre el pueblo, las publicaciones ateístas militantes de fines del siglo XVIII. Para vergüenza nuestra, seguimos sin hacerlo hasta la fecha (y ésta es una de las muchas pruebas de que en una época revolucionaria es mucho más fácil conquistar el poder que saber utilizarlo acertadamente) A veces se pretende justificar esta apatía, esta inactividad y esta incapacidad nuestras con toda clase de razonamientos "altisonantes": por ejemplo, diciendo que las viejas publicaciones ateístas del siglo XVIII están ya anticuadas, que no son científicas, que son ingenuas, etc. No hay nada peor que estos sofismas presuntamente doctos que encubren la pedantería o la completa incomprensión del marxismo. Claro está que en las obras ateas de los revolucionarios del siglo XVIII encontraremos no pocos elementos no científicos e ingenuos. Pero nadie impide a los editores de estas obras que las abrevien y provean de sucintos epílogos en los que se exponga el progreso alcanzado por la humanidad en la crítica científica de la religión desde fines del siglo XVIII, se enumeren las respectivas obras nuevas, etc. (Lenin, 1986, pp. 26-27).
Para combatir eficazmente la influencia de la religión entre los sectores populares, quienes históricamente habían sido marginados y mantenidos en la ignorancia por el sistema capitalista, no se debía limitar la tarea educativa del marxismo mediante una única vía rígida y doctrinaria. No era suficiente creer que las masas iban alejarse de sus creencias religiosas solo a través de la exposición directa y lineal de la teoría marxista. Lenin rechazó la visión reduccionista del trabajo ideológico, reconociendo que las condiciones materiales y culturales de las clases subalternas, formadas por mucho tiempo en un entorno de oscurantismo, prejuicio y carencia de educación crítica, requerían un enfoque profesional en cuanto a la organización y disposición de la información respectiva. Para tal efecto, propuso combinar varias técnicas y formatos de propaganda atea, como el uso de diferentes métodos de transmisión para despertar el interés y cuestionar la fe religiosa. Ante esta y otras tareas, aquel intelectual orgánico del proletariado fue claro al afirmar: “La experiencia revolucionaria y la habilidad de organización son cosas que se adquieren con el tiempo.” (Lenin, 1981a, p. 36). De modo que las principales categorías que consideró para organizar el trabajo editorial, fueron: 1)] la revista científica 2] el periódico político y 3) las recopilaciones y folletos de divulgación (Lenin, 1981a, p. 201).
En otras palabras, Lenin planteó que la emancipación ideológica del pueblo no podía reducirse a la ortodoxia marxista, sino que tenía ser creativa, dinámica y adaptada a la realidad concreta de las masas. Sólo así sería posible sacudir el letargo religioso del pueblo y abrir paso a una conciencia crítica. De modo que sus palabras revelan la necesidad de comprender profundamente el trabajo político-cultural requerido para organizar el acervo de “publicaciones ateas”, pues no bastaba con tener razón; había que saber cómo llegar a quienes aún no podían ver las cosas con claridad revolucionaria.
Sería un crasísimo error, uno de los errores más graves que pueda cometer un marxista, pensar que las multitudinarias masas populares (sobre todo, de campesinos y artesanos), condenadas por toda la sociedad contemporánea al oscurantismo, la ignorancia y los prejuicios, puedan salir de esa ignorancia únicamente por la línea recta de la ilustración puramente marxista. Es necesario dar a dichas masas las más variadas publicaciones de propaganda atea, darles a conocer los hechos de las más variadas esferas de la vida, abordarlas de una y otra manera a fin de interesarlas, de sacudirlas en todos los aspectos y sacarlas del letargo religioso, empleando para ello los procedimientos más distintos, etc. (Lenin, 1986, p. 27).
Así, los puntos de vista de Lenin no solamente son directrices sobre la propaganda atea a emprender mediante la organización de la información respectiva. Evidencian además una crítica interna al marxismo dogmático y una postura de pragmatismo dirigida a los revolucionarios de su tiempo. Fue claro para él que los postulados marxistas, en su forma pura y teórica, no eran suficientes en este caso para educar políticamente a las masas, mucho menos para movilizarlas en el marco de la lucha ideológica que entrañaba combatir los dogmas religiosos. Por ende, una ilustración puramente doctrinal estaba destinada al fracaso. Acorde con su descripción de las masas como “condenadas” por el sistema social capitalista “al oscurantismo, la ignorancia y los prejuicios" es cruda. Empero, entendamos, desde una perspectiva marxista, esta no es una crítica moral al pueblo, sino una percepción de sus condiciones materiales. La "ignorancia" y el "letargo religioso" no son fallos inherentes de los sectores populares, sino el resultado directo de un sistema social (el zarismo, el feudalismo tardío) que los mantuvo deliberadamente en ese estado para poder explotarlos y avasallarlos sistemáticamente. Con base en esta apreciación, la tarea de la vanguardia revolucionaria no era culpar a las masas por su condición de opresión física y mental, sino encontrar las formas más eficaces de liberarlas de ella. El método que Lenin propuso para organizar la información ateísta, según se puede observar, es radicalmente pragmático y diverso. No bastaba con leer las obras clásicas del marxismo, en este sentido él abogaría por una gama de publicaciones para hacer efectiva la propaganda atea con el fin de atacar frontalmente la religión, que él vislumbró como un fuerte pilar ideológico del viejo orden y un eficaz mecanismo de dominio social. La necesidad de transmitir a las masas hechos de la vida cotidiana, a través de una gran variedad de impresos, exigía demostrar las contradicciones del sistema capitalista y lo irracional de la religión. Por ejemplo, para explicar el fenómeno de la sequía debía interpretarse con argumentos basados en información meteorológica fiable en lugar de embustes divinos; o explicar la pobreza a través de la información pertinente sobre la explotación económica en lugar de infundadas adversidades del destino.
Ciertamente, el marxismo es un sistema complejo de análisis histórico, económico, político, social y filosófico. Por lo tanto, exponerlo con este nivel elevado al proletariado industrial y agrícola, cuya existencia estaba marcada por el extenuante trabajo físico, la tradición y, según Lenin, el “oscurantismo y los prejuicios”, eran como hablarles a esos trabajadores en un idioma incomprensible. Desde esta perspectiva, Lenin se dirige a los obreros avanzados que conformaban la vanguardia proletaria, advirtiéndoles que no proyectaran su propio nivel de conocimientos marxistas sobre las masas para generar conciencia de clase. Los trabajadores inferiores o retrasados en conocimientos tenían que aprender con base en sus necesidades inmediatas y con su forma de entender el mundo. La diversidad de contenidos y variedad de impresos era la clave para desarrollar la organización de una comunicación adaptativa mediante el uso de historias, imágenes, discursos simples, debates públicos, etcétera. El objetivo final de transmitir información atea era captar el interés y la atención de las masas para así "sacarlas del letargo religioso”, de la situación de pasividad y resignación que la religión les fomentaba. La necesidad de adaptar el mensaje de la información al receptor era un rechazo a la rigidez ideológica en favor de la eficacia política. Lenin nos dice que, para liderar un movimiento de masas, no basta con tener acceso a la teoría "correcta"; es imprescindible contar con informadores eficaces que entiendan la psicología, la cultura y las condiciones materiales del pueblo a la que se dirigen. La estrategia no era diluir el marxismo, sino construir un puente hacia él. Este puente no se podía construir con la información de la teoría pura, sino con publicaciones variadas sobre la vida cotidiana, la ciencia popular y la crítica directa a las viejas estructuras de pensamiento, con el fin último de provocar una ruptura, un despertar político-social en las masas.
Como se puede afirmar, el artículo “El significado del materialismo militante” de Lenin, publicado en la revista Под Знáмением Мархизма? (núm. 3, marzo de 1922), contiene elementos relacionados con la necesidad de recurrir a métodos y técnicas para organizar la información ateísta. Por esto, algunos fragmentos de ese escrito se hallan registrados en el libro La labor cultural y la organización de bibliotecas para las masas (Lenin, 1975b, pp. 156-162). Extracto de este documento también está incluido en el libro Lenin and books (Lenin, 2003, pp. 71-77). Es más, los párrafos alusivos al campo de la biblioteconomía de dicho artículo se encuentran en la principal compilación leninista sobre esta disciplina. La referencia en ruso y la respectiva traducción al español de este libro, es:
Ленин, В. И. (1987). “O cмысл воинствующего материализма”. В. И. Ленин и библиотечное дело (pp. 242-245). Издание Третье, переработанное и дополненное. Москва: Издательство «Книжная Палата».
Lenin, V.. I. (1987). “Sobre el significado del materialismo militante”. V. I. Lenin y la biblioteconomía. (pp. 242-245). Tercera edición, revisada y aumentada. Moscú: Editorial «Cámara del Libro».
Nota aclaratoria
En la presente investigación, las referencias bibliográficas están ordenadas en dos grupos: 1] las referentes a publicaciones en español, inglés y alemán. Se registran varias versiones de los artículos de Lenin, pues algunas expresiones difieren en relación con el idioma al que fueron traducidos. En el texto solamente se cita una versión, comúnmente se optó por las versiones incluidas en las Obras completas de Lenin y publicadas en español a lo largo de 55 volúmenes entre los años de 1981 a 1988; y 2] las correspondientes a las escritas en ruso, se trata principalmente de los escritos incluidos en las Полное собрание сочинений (Obras completas) de Lenin, editadas en 55 volúmenes entre los años 1967 y 1975. En ambos grupos, los documentos de Lenin están ordenados cronológicamente.
Con respecto al libro Imprentas secretas bolcheviques en Moscú y la región de Moscú, 1904-1910, de Cecilia Samóilovna Zelikson-Bobrovskaya (Цецилия Самойловна Зеликсон-Бобровская), se registra la referencia tanto en ruso como en español. Aunque cabe aclarar que esta obra no ha sido traducida al español.
Referencias
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