LENIN: IVÁN VASÍLIEVICH BÁBUSHKIN, UN OBRERO DE VANGUARDIA Y ORGANIZADOR DE BIBLIOTECAS (PRIMERA PARTE)
De acuerdo con la praxis de Lenin, un ejemplo de «obrero de vanguardia» y con temple socialista fue la vida y obra del connotado revolucionario Iván Vasílievich Bábushkin (Иван Васильевич Бабушкин, 1873-1906). Miembro desde 1894 del círculo obrero marxista, fundado y dirigido desde el otoño de 1893 por Lenin en Petersburgo. Con el paso del tiempo, Bábushkin se convirtió en un revolucionario profesional. Como «revolucionario organizador» y estudioso autodidacta, aquel obrero metalúrgico cumplió diversas tareas organizativas, pues creó nuevos círculos obreros y organizó bibliotecas (Lenin, 1983, p. 84; Лившицем и Штейнман, 1925, p. 17) con “fondos delictivos”, es decir, con publicaciones tipificadas como ilegales o vetadas. En esos círculos políticos obreros se estudiaban, comentaban y debatían las obras de Marx, Engels y Plejánov, entre otros autores prohibidos por el régimen zarista. Aquellos círculos clandestinos de estudio sirvieron para impartir las ideas revolucionarias del socialismo científico; desempeñar una relevante función para combatir eficazmente el sistema social capitalista; y fomentar el carácter organizado de la ilustración política obrera para apuntalar e impulsar la lucha de clases. Acerca de la participación de Bábushkin en el círculo de Lenin, se asevera:
Así, llevando a cabo la propaganda en los círculos, manteniendo continuamente la ligazón con las masas obreras, organizándolas, creando bibliotecas obreras ambulantes, redactando, imprimiendo y difundiendo proclamas en fábricas y talleres y elevando simultáneamente su propia ilustración, Bábushkin se convierte gradualmente en uno de los más destacados y activos miembros de la Unión de Lucha para la Emancipación de la Clase Obrera de Petersburgo, cuyo organizador principal fue Lenin. (Bobróvskaya, 2023, p. 16)
Sin duda, dado el desempeñó de Iván Vasílievich Bábushkin como obrero revolucionario activo, su práctica política entre folletos y libros (legales e ilegales) trascendió la simple militancia de base para convertirse en un agente presto en la organización política del proletariado ruso. Así, mediante su trabajo militante realizó diversas tareas fundamentales del movimiento socialdemócrata en sus primeras etapas. Tarea de: propaganda ideológica, vínculo directo con las masas, organización obrera, educación política y circulación clandestina de materiales revolucionarios de lectura. Como organizador de bibliotecas obreras es un antecedente significativo porque muestra cómo la lucha revolucionaria en esos tiempos no se limitaba a lo económico o inmediato, sino que implicaba una apuesta decidida por la elevación político-cultural del obrero. Bábushkin, en ese sentido, no solo fue un difusor de ideas, sino también un constructor de conciencia colectiva de clase. Su esfuerzo no se limitó por elevar su propia formación intelectual a través del estudio autodidacta, sino que al mismo tiempo ayudaba a educar a sus compañeros. Labor que ilustra una ética revolucionaria profundamente leninista: la del militante que se forma para convertirse en un revolucionario profesional, dispuesto para transformar la sociedad. De tal manera que su compromiso con la causa del proletariado lo llevó a convertirse en un miembro destacado de la Unión de Lucha para la Emancipación de la Clase Obrera de Petersburgo, el primer núcleo serio de organización marxista en Rusia, impulsado por Lenin. Así, todos los círculos marxistas de Petersburgo se agruparon para conformar una organización política única, origen del partido proletario de Rusia, raíz del Partido Bolchevique y líder de la Revolución de Octubre en 1917. En ese contexto, Bábushkin no aparece como una figura secundaria, sino como uno de los ejemplos más claros del obrero revolucionario que encarna el vínculo entre la teoría y la práctica, entre el pensamiento y la acción, nexos claves en la teoría leninista referente a la organización revolucionaria de la información.
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| Iván Vasílievich Bábushkin. Pasta del libro de Grigori Iósifóvich Mishkévich.(Leningrado: Lenizdat, 1983) |
En tiempos de intensa y sistemática censura, Bobróvskaya cita al respecto una comunicación de Bábushkin enviada desde la región de Chuy (distrito de Ivánovo-Voznesiensk) para al periódico la Iskra (Искра – La Chispa), leamos:
La policía procede sin tregua a registros y detenciones en nuestra ciudad. Arrestan de noche y actualmente el jefe de policía tiene entre manos un grueso expediente. Detienen cuando encuentran literatura, aunque haya pasado por la censura. Durante el interrogatorio, el jefe de policía pregunta: «¿Para qué tienes este libro?»; «Lo he comprado para leer», contesta el obrero. «¿Y por qué has comprado esto y no el Evangelio? ¿Por qué lees en vez de dormir?» […] Tales son los representantes de la autoridad policial y del capital, que intentan mantener a las masas en la ignorancia. El obrero no puede pasar por la ciudad con un libro bajo el brazo sin que algún gendarme se lo arranque para ver de qué libro se trata. Esto se puede ver muy frecuentemente cerca de la biblioteca (Bobróvskaya, 2023, p. 25)
Bábushkin al denunciar la opresión institucional y la práctica de la censura oficial, sitúa al sistema policial del régimen de aquel gobierno autocrático como enemigo de la libertad para mantenerse informado. El propósito era continuar favoreciendo el poder absoluto del zar mediante la supresión del pensamiento crítico y la restricción del acceso a los libros como objetos culturales de información, educación y recreación. La censura, aderezada por la vigilancia policial, muestra la represión y el control ejercido por las autoridades zaristas para restringir tanto el acceso a la información como la libertad de leer, especialmente entre las clases trabajadoras. De tal manera que la policía actuaba con dureza e irracionalidad, registrando y deteniendo a las personas simplemente por poseer ciertos folletos y libros, incluso si estos habían pasado previamente el filtro de la censura, evidenciando previamente una censura informal y la persecución de ideas consideradas peligrosas por el poder absolutista. Asimismo, el diálogo entre el policía y el obrero revela la descontextualización y la injusticia del sistema: el obrero compra un libro con la intención de leer y aprender, actividades que debían ser libres para acceder a la información y al conocimiento, pero que en realidad eran sujetas a la estricta vigilancia y al sistemático rechazo por parte del sistema hegemónico, sostenido por la nobleza, el clero, el ejército y la burocracia. La referencia a que en lugar de libros “inocentes” o “religiosos”, como el Evangelio, se perseguía cualquier lectura que pudiese abrir la mente o cuestionar el status quo, muestra cómo la autoridad buscaba entonces mantener a las masas en la ignorancia, obstaculizando su acceso a la información y, como resultado, limitando su conocimiento y controlando sus pensamientos.
Responsable sobre la importancia que tenía la información marxista, Bábushkin participó activamente en el desarrollo y la circulación de literatura socialista, esto es, en la propagación de publicaciones consideradas ilegales o clandestinas al interior de varias fábricas. Su trabajo como corresponsal del periódico obrero la Iskra (La Chispa), fue esencial para al acceso a esas obras monográficas y periódicas en apoyo al movimiento social proletario. Arrestado en varias ocasiones, pasó años en prisión y en el exilio en Siberia. En 1906, mientras transportaba armas y literatura revolucionaria a través de esa región, fue capturado por la policía zarista y fusilado en el acto. Lenin lo recordaría años después, en diciembre de 1910, mediante una nota necrológica, en la que apuntó:
El nombre de Iván Vasílievich es entrañable y querido para más de un socialdemócrata. Cuantos tuvieron ocasión de conocerle, le querían y respetaban por su energía, por su aversión a las frases hueras, por su profundo y firme espíritu revolucionario y por su ferviente fidelidad a la causa. En 1895, este obrero petersburgués, con un grupo de camaradas conscientes, llevó a cabo una enérgica labor más allá de la puerta del Neva entre los obreros de las fábricas Semiánnikov, Alexándrovski y de Vidrio [Glass], formó círculos, organizó bibliotecas y él mismo estudió sin cesar y con pasión. (Lenin, 1983, p. 84)
Livshits (Лившицем) y Steinman (Штейнман) (1925, p. 15 y 17) en su Breve información biográfica sobre Iván Vasílievich Bábushkin convalidan lo escrito por Lenin: “En 1895, Bábushkin trabajó con ahínco más allá de la Nevskaya Zastava [vencindario en Petersburgo] entre los trabajadores de las fábricas Semyannikovsky, Aleksandrovsky y Glass, formando círculos y organizando bibliotecas.” (1925, p. 17). Y en agosto de 1899, bajo los apodos "Tram" y "Nikolai Nikolaevich", Bábushkin en Yekaterinoslav, división administrativa del Imperio Ruso, organizó un círculo obrero, al cual lo dotó con literatura ilegal y en el que organizó una biblioteca (1925, p. 17). Dada su dedicación y esmero pormantenerse informado para desarrollar acervos sobre bibliografía marxista, Bábushkin procuró el cargo de bibliotecario (Бабушкин, 1925, p. 118), quien estaba obligado a organizar y prestar folletos y libros a los miembros del círculo para su estudio y análisis. Antecedentes que muestran sus vínculos con la organización de la información para promover la lectura colectiva, la formación política de los obreros y la acción directa en el ámbito fabril.
El interés de Iván Vasílievich Bábushkin sobre las instituciones bibliotecarias es explícito. Una muestra es la crítica que sobre el uso ideológico de las bibliotecas bajo el régimen zarista publicó en 1901 en el número 9 del periódico Iskra. Se trata de una denuncia sobre el control del saber impuesto a la clase obrera. Lejos de presentar las bibliotecas como espacios neutros de acceso al conocimiento, Bábushkin las percibe como elementos del aparato de Estado y de la ideología dominante para mantener adormecido al pueblo trabajador. Leamos:
Tenemos bibliotecas. Y, por supuesto, a menudo surge el deseo de leer algo más interesante. Alguien va a buscar un libro, y no se puede decir que esté contento por ello. Ni siquiera existe Dostoievski, y olvídate de Shelgunov y Písarev. Un obrero preguntó una vez por Darwin, pero su pregunta fue recibida con la boca abierta. Generalmente, dan libros que diligentemente atontan la mente de los trabadores, que ya están oprimidos, y los jóvenes no leen libros de contenido religioso y moral, como si percibieran su dirección aburrida y dañina. Todavía no existen bibliotecas secretas y, por lo tanto, no hay forma de satisfacer el creciente deseo de conocimiento. (Бабушкин, 1925, p. 163)
Así, Bábushkin observaría con temprana lucidez que, aunque existían bibliotecas creadas por el oficialismo, sus acervos estaban cuidadosamente seleccionados para desalentar o contener el pensamiento crítico. La ausencia de autores como Fiódor Mijáilovich Dostoievski, Nikolai Vasilievich Shelgunov y Dmitri Ivánovich Písarev no era casual, pues son figuras que, desde diferentes aristas, sus obras tratan temas subversivos, filosóficos, científicos o emancipatorios. El hecho de que un obrero preguntara por Darwin —símbolo del pensamiento científico y del cuestionamiento del dogma— y no obtuviese como respuesta una mueca de desconcierto, indica la desvinculación que entonces existía entre las bibliotecas oficiales y el verdadero interés intelectual del proletariado. Cuando escribe que comúnmente son distribuidos “libros que adormecen diligentemente la mente del obrero”, acusa cómo la cultura institucional del Estado autocrático se había convertido en una forma de dominación ideológica, ofreciendo materiales inofensivos, moralistas o religiosos, cuyo objetivo no era formar ni elevar, sino reproducir el sometimiento característico del status quo. El rechazo de los jóvenes obreros de leer libros “de contenido religioso y moral”, aquel trabajador de vanguardia lo interpretaría como un síntoma del despertar de una conciencia obrera crítica, que buscaba otros autores, temas, saberes; otros relatos, otros puntos de vista. El lamento por la ausencia de “bibliotecas secretas”, ilegales u ocultas muestra también su afán urgente de crear espacios culturales alternativos y clandestinos para poder practicar lecturas de autores socialdemócratas. Espacios que sirviesen para satisfacer las necesidades de información emancipadora. Los libros y las bibliotecas, en torno a su visión, no serían recursos percibidos como un lujo o adorno, sino como herramientas eficaces de liberación.
De esta manera, Lenin destacó la figura de ese «revolucionario profesional» como un modelo inspirador de compromiso y entrega a la causa revolucionaria; y como paradigma del «obrero revolucionario de vanguardia», tal y como él concibió esta categoría. Asimismo, revela la alta estima que el líder bolchevique atribuía a quienes, desde las filas obreras, asumían con plena convicción las tareas de la revolución. Resaltando su carácter entrañable y estimado por sus pares, valoró sus cualidades en relación con su inquebrantable espíritu revolucionario. En un contexto de la organización de la información para favorecer la movilización obrera, enfatizó la importancia del ejemplo individual de ese obrero en la lucha por la transformación social. Más aún, Lenin en esa nota enfatiza la labor concreta de Bábushkin referente a la organización y la educación de los obreros en plena ciudad de Petersburgo, en un periodo en que la conciencia de clase y la acción política estaban en pleno auge. Al resaltar cuatro cualidades esenciales en Bábushkin (su energía, su rechazo a la retórica vacía, su firmeza revolucionaria y su fidelidad a la causa), lo distingue no como simple activista, sino que lo coloca en un cuadro orgánico de liderazgo de la clase trabajadora, capaz de articular pensamiento y acción, agitación y propaganda. Así pues, no se trataba de un militante improvisado, sino de alguien que entendía que la revolución requería de organización, es decir, de disciplina, compromiso teórico y contacto permanente con las masas.
La formación de círculos y la creación de bibliotecas en el ámbito obrero, así como el estudio autodidacta, constante y dedicado, reflejan que el proceso de la revolución durante aquel periodo no solo requirió preparación y lucha político-económica eficaz, sino también organización intelectual y cultural de los militantes. Si es que el nexo «información y bibliotecas» fue relevante en la obra de organizar los medios intelectuales de acceso y producción de información y conocimiento. Como se puede observar, Lenin ponderaría la actividad organizativa de Bábushkin, llevada a cabo aún antes de la creación del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (Российская социал-демократическая рабочая партия). Es decir, cuando todavía no existía un partido unificado. En suma, el testimonio de Lenin reivindica un legado de uno de los constructores tenaces de la revolución socialista en Rusia. En efecto, Iván Vasílievich Bábushkin, en su calidad de obrero bolchevique de vanguardia, en esos años ya desarrollaba, recalquemos, una intensa labor revolucionaria en varias fábricas, formaba círculos de estudio, organizaba bibliotecas obreras, distribuía folletos y libros prohibidos entre los miembros de los círculos marxistas y fomentaba el autoaprendizaje. Trabajo coherente con la estrategia leninista de crear una vanguardia ilustrada del proletariado. En ese contexto, aquel obrero de Petersburgo figura como un precursor del leninismo práctico; como un obrero que, a través del estudio y la organización, se empeñaría en transformar la experiencia de explotación en conciencia política de clase.
Aquí cabe aclarar la función de los folletos y los libros, respectivamente. El folleto en la Rusia revolucionaria era un instrumento para la acción; el libro era una herramienta para la fundamentación teórica. Las obras cruciales de Lenin, como ¿Qué hacer? o El Estado y la Revolución, aunque hoy se editan como libros, fueron concebidas y circularon originalmente como “folletos” para influir de manera inmediata en el debate político; El desarrollo del capitalismo en Rusia, un extenso tratado económico de Lenin, es inequívocamente un "libro". En efecto, los folletos fueron el arma principal para la agitación y la propaganda, por lo que su distribución era masiva, rápida, estratégica, táctica y económica. Su objetivo era explicar de forma concisa y accesible las ideas revolucionarias, analizar eventos actuales desde una perspectiva marxista y movilizar a las masas. Los libros se reservaban para trabajos teóricos más extensos, análisis económicos profundos y estudios científicos. Estas obras estaban destinadas a sentar las bases ideológicas del movimiento, educar a los cuadros del Partido y polemizar con otras corrientes de pensamiento a un nivel más erudito. En torno a los folletos y libros, principalmente ilegales, fue la materia intelectual que ayudó a Bábushkin a desarrollar su conciencia de clase, su organización partidista y su iniciativa revolucionaria. La función de un folleto, desde la una perspectiva concreta de Lenin en torno a la figura de aquel obrero de vanguardia, se aprecia cuando escribió en la nota necrológica mencionada:
Ha pasado el quinto aniversario de la insurrección de diciembre de 1905. Conmemoremos este aniversario recordando a los obreros de vanguardia que cayeron en la lucha contra el enemigo. Rogamos a los camaradas obreros que reúnan y nos envíen recuerdos sobre la lucha de entonces e informaciones complementarias acerca de Bábushkin Y de otros obreros socialdemócratas caídos durante la insurrección de 1905. Nos proponemos publicar un folleto describiendo la vida de dichos obreros. Ese folleto será la mejor réplica a todos los faltos de fe y a los que empequeñecen el papel del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia. Ese folleto será la mejor lectura para los jóvenes obreros, que aprenderán en él cómo debe vivir y actuar todo obrero consciente. (Lenin, 1983, p. 88)
Este fragmento ilustra la capacidad de Lenin de concebir la historia reciente no como pasado estático, sino como recurso vivo para fortalecer la conciencia de clase, contrarrestar las dudas internas y preparar a las nuevas generaciones para la lucha futura. En el marco de esa efeméride, el líder bolchevique no solo intentó reivindicar a los obreros caídos como mártires de la causa revolucionaria, sino que también propuso sistematizar las experiencias de los camaradas obreros en un folleto. Con ello buscaba transformar la memoria sobre las pérdidas de obreros socialdemócratas en un instrumento de lucha y de formación política. Cabe agregar que sus palabras ponen de relieve dos dimensiones centrales: 1] la memoria colectiva como arma política, pues recordar a Bábushkin y a otros obreros socialdemócratas abatidos por el enemigo de clase no era un simple ejercicio de honra y reconocimiento, sino una estrategia para reafirmar la continuidad del movimiento obrero frente a la represión y el escepticismo; y 2] la función pedagógica de la memoria convirtiendo la historia de los caídos en una lectura política para los jóvenes obreros. Desde esta perspectiva Lenin pretendió transmitir modelos de vida y acción revolucionaria, consolidando así una clara identidad política de clase. La memoria, en este caso, la convirtió en una herramienta de organización, disciplina y formación ideológica del proletariado. Al solicitar a los obreros la compilación de recuerdos e informaciones sobre los camaradas caídos —como Bábushkin y otros militantes socialdemócratas— Lenin buscó crear un relato colectivo que sirviese de arma contra el escepticismo y la apatía. De tal suerte que deseo convertir ese recuerdo en un llamado directo a la acción política y a la reafirmación ideológica del proletariado. Podemos inferir que presentar, a través de un folleto, las vidas de los obreros de vanguardia ultimados como ejemplos heroicos que legitimaban el papel dirigente del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, fue un proyecto que apuntaba hacia con un claro propósito político-propagandístico; hacia una disciplinada movilización revolucionaria. Ese folleto no sería solo un registro histórico, sino una “lectura modelo” destinada a formar la conciencia de los jóvenes trabajadores, inculcándoles un ideal de conducta revolucionaria y fidelidad al Partido. De este modo, la conmemoración de la insurrección de diciembre de 1905 la concretó en propaganda activa, ya que rememorar ese acontecimiento era también preparar a las nuevas generaciones de trabajadores para las luchas que se avecinaban. Lenin resignificó así la memoria de los mártires como prueba de la justeza de la causa y como herramienta para mantener viva la moral revolucionaria dentro del movimiento obrero. Desde esta perspectiva, el folleto lo consideraría como un recurso formativo para transmitir a la juventud proletaria relevantes ejemplos de vida y acción, con el fin de fortalecer la conciencia de clase y asegurar la continuidad de la lucha revolucionaria. Esta es una muestra que en la Rusia zarista de finales del siglo XIX y principios del XX, los folletos como recurso bibliográfico adquirieron una relevancia estratégica; serían colecciones núcleo dentro de las bibliotecas secretas, pues fueron el medio ideal para la difusión de acontecimientos revolucionarios.
Varios puntos de vista críticos de Iván Vasílievich Bábushkin en torno a las bibliotecas de la Rusia imperial los encontramos en su escrito “В защиту Иваново-Вознесенских рабочих” [En defensa de los trabajadores de Ivánovo-Voznesensk], publicado póstumamente en 1925 en el libro ?Воспоминания И. В.. Бабушкина (1893-1900 г.г.) [Memorias de I. V. Bábushkin (1893-1900)]. Sus juicios críticos los basaría para objetar el artículo que V. Dadonov (В. Дадонов) publicó en diciembre de 1900 en Русское Богатство [Riqueza Rusa], revista sociopolítica, literaria y científica mensual, publicada en Petersburgo entre 1876-1918. El título del artículo de Dadonov fue “El manchester ruso” (Русский Манчестер). Lo que aparentemente parecía un ensayo sociológico común y corriente, en realidad el autor acusaba a los trabajadores de ese emporio industrial textil de embriaguez, indiferencia hacia el conocimiento, entre otros denuestos. Cuando Lenin leyó el artículo de Dadonov mostró una gran indignación, por lo que él y su esposa, Nadezhda Konstantínovna Krúpskaya (Крупская Надежда Константиновна – 1869-1939), pidieron que uno de sus camaradas obreros escribiera un artículo refutando cada insulto para ser publicado en el periódico revolucionario Iskra o en la revista marxista Zariá (Kunétskaya y Mashtakova, 1979, p. 142). Así que en 1901 se publicó la bien fundamentada réplica en el número 9 del periódico Iskra (órgano central del POSDR) escrita por aquel obrero metalúrgico, quien entonces residía en la ciudad de Pokrov.
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| Libro póstumo en el que se inserta el escrito - “En defensa de los trabajadores de Ivánovo-Voznesensk” |
Según Dadonov, el proletariado de ese centro fabril no se distinguía ni por su cultura ni por su conciencia de clase, tampoco por practicar la lectura y usar los libros de las bibliotecas. Ivánovo-Voznesensky (hoy en día Ivánovo / Иваново), la capital textil de Rusia, es recordada como el modelo embrionario de poder popular basado en los trabajadores organizados, por ende, la ciudad es muy conocida por su papel central en el movimiento obrero durante fines del siglo XIX y principios del XX. Bábushkin al detenerse en la cuestión del desarrollo cultural de los obreros de ese lugar, rechazó categóricamente las negativas apreciaciones que al respecto expresó Dadovov. Sobre la lectura de libros y el acceso frustrado a ciertos libros en las bibliotecas entre la clase trabajadora fue claro:
Resulta que los obreros, es cierto, leen libros muy malos, pero no por gusto, sino por falta de buenos libros. […] El Sr. Dadonov, que reprocha a los obreros su indiferencia al conocimiento, ¿qué ha hecho para evitar tal indiferencia entre ellos? ¡Nada! ¿Quién reprocha a los obreros confundir el zemstvo [órgano de administración regional] con la policía? ¿De qué ha servido escribir sobre el zemstvo? ¡Nada! Cuando un obrero recibió educación en una escuela rural parroquial, ¿de qué le sirvió aprender allí sobre el zemstvo? ¡Nada! Si se escribe un folleto popular sobre el zemstvo y sus actividades, ¿se permitirá que ese folleto entre en la biblioteca de una sociedad de templanza [organización dedicada a promover la abstinencia de alcohol] o de una fábrica? ¡No! ¿Pero podrá el obrero obtenerlo de ahí? ¡No! Buenos libros escritos por autores populares, de los cuales la intelectualidad extrae conocimiento, ¿puede el trabajador obtener tales libros en las bibliotecas sobre lo que escriben? ¡No! ¿Los libros que el trabajador obtiene de las bibliotecas le brindan conocimiento real? ¡No! ¿Pueden los libros obtenidos de las cinco bibliotecas interesar a un trabajador más o menos desarrollado? ¡No! ¿La mejor biblioteca (pública) que describe es accesible a los trabajadores? ¡No! Y así interminablemente: no, no, no, nada, nada, nada, y por lo tanto sacar una conclusión de no y nada es lo mismo que contar de diez hacia abajo y no obtener nada., […] ¿No se ha hecho todo lo posible para disuadir a los trabajadores de ir a la biblioteca, donde viene el maestro, el empleado y algunas otras personas? (Бабушкин, 1925a, p. 171)
La réplica de Bábushkin evidencia una acusación frontal contra la hipocresía del sistema zarista, que Dadonov pasó inadvertido, consciente o inconscientemente. El reproche de que los obreros no tenían interés por el conocimiento era endeble porque ese señor no reconocía que fuese precisamente el sistema el que negaba sistemáticamente el acceso real a la cultura y al saber crítico. De tal suerte que, Bábushkin desmantela la idea —frecuente entre burgueses, reformistas y burócratas— de que la clase obrera es culpable de su ignorancia o indiferencia hacia temas sociales y políticos, cuando en realidad en esos tiempos era víctima de un sistema bibliotecario excluyente, intelectual y culturalmente deliberado. A través de una serie de preguntas contundentes, aquel obrero bolchevique cuestionó cómo cada intento de los trabajadores por acceder al conocimiento había un muro de negaciones: no se contaban con libros adecuados, no se permitía la selección de folletos educativos, no existían bibliotecas accesibles o incluyentes; y las cinco que entonces existían en esa ciudad industrial eran severamente controladas por instituciones como las sociedades influenciadas por ideas afines al régimen autocrático, que filtraban los contenidos según determinados criterios moralistas o ideológicos conservadores.
Como se puede entrever, el personaje aludido, el Sr. Dadonov, representaba a esos ilustrados liberales que, desde posiciones cómodas, criticaban al proletariado por su desconocimiento de instituciones como el zemstvo (órgano local de administración pública), pero jamás hacían nada efectivo para educarlo o empoderarlo políticamente. La crítica refleja así el crucial rechazo de Bábushkin a las soluciones cosméticas, por lo que dio a entender que el problema del acceso al conocimiento entre los trabajadores era estructuralmente sistémico, no individual. La institución bibliotecaria servil la describió como relevante símbolo de control del poder; un servicio que, lejos de que fuese neutro, estaba asociado y protegido por profundos y preconcebidos intereses de clase.
Iván Vasílievich Bábushkin, al denunciar que las bibliotecas públicas o de fábrica estaban diseñadas para disuadir al obrero, no para atraerlo, no para satisfacer sus necesidades sociales de información, manifestó que las colecciones se componían de libros inútiles o moralizantes; centros de lectura que eran frecuentados por lectores y usuarios privilegiados como maestros o burócratas que con su presencia condicionaban el uso del espacio. La idea de que “todo está hecho para que el trabajador no entre” plantearía una crítica radical en relación con las instituciones culturales dedicadas a la lectura pública bajo el zarismo. Situación que Lenin señaló en varios de sus escritos. La reiteración enfática del “no” y el “nada” proyecta un recurso retórico de acumulación y acusación, que dramatiza el grado de exclusión sistemática al que estaba sometido el obrero ruso en esos años. Al comparar la serie de negaciones con “contar de diez hacia abajo y no obtener nada”, Bábushkin argumentó que, a pesar de múltiples intentos, el resultado era siempre el mismo, lo que generaba no solo frustración, sino un alejamiento forzado de la clase obrera con respecto a frecuentar y usar los espacios bibliotecarios. Dada la realidad cultural narrada, se observa que prevalecía la necesidad apremiante de construir espacios y recursos alternativos de cultura proletaria, como las bibliotecas clandestinas, los círculos marxistas de estudio y la prensa obrera revolucionaria, bienes para que el trabajador, acorde con sus intereses, pudiese acceder a la información organizada. Medios que se convirtiesen en espacios y herramientas para forjar una recia conciencia de clase activa. Desde esta arista, la crítica de Bábushkin es movilizadora al desenmascarar la exclusión, porque es una especie de llamado a transformar la materialidad de la lectura de libros con trabajo de organización. Y en el marco de su defensa del proletariado de Ivánovo-Voznesensky, Bábushkin continuó desmontando el mito liberal según el cual la ignorancia del pueblo era resultado de su indiferencia. Así, escribió:
¿Acaso las bibliotecas de nuestras fábricas no sirven rara vez como lugar de vigilancia secreta de la seguridad de los trabajadores? Y en cuanto a la biblioteca pública, hay razones para afirmar que ciertamente en este aspecto no puede llamarse oveja inocente. ¿Acaso no se ha hecho todo lo posible en las bibliotecas para que la gente pervierta la naturaleza humana, de una más decente a una vil? […] Pero la principal razón por la que los trabajadores se resisten a ir a las bibliotecas es en parte por la escasa selección, en parte por la terrible escasez de libros en estas últimas y, por lo tanto, la dificultad de conseguir el libro deseado incluso entre una selección tan pobre; y si los lectores a menudo olvidan, la culpa la tiene muchas veces la propia biblioteca […] Y es por eso que quienes quieren leer tienen que conformarse con todo tipo de basura […] el Sr. Dadonov no quiere considerar lectores a quienes vienen a la biblioteca por un tiempo y se van porque no pueden conseguir un libro. […] Además, la afirmación del Sr. Dadonov de que no hay ni un solo libro en casa en todo el distrito de 20.000 habitantes es una mentira descarada y desmesurada, por no decir otra cosa. Los trabajadores siempre tienen sus propias bibliotecas secretas, donde hay pocos libros, pero todos son seleccionados y leídos constantemente. Y este verdadero lector rara vez acude a las bibliotecas mencionadas, primero, por el riesgo de ser identificado, y segundo, por no tener ninguna esperanza de encontrar allí algo bueno. (Бабушкин, 1925a, p. 172)
Bábushkin revela que una de las funciones ocultas de las bibliotecas fabriles era la de vigilancia política de los trabajadores. En efecto, en el contexto zarista cualquier reunión, lectura o comentario podía ser interpretado como subversivo. Las bibliotecas instaladas en fábricas o instituciones oficiales se convertían así en reductos de monitoreo disfrazados de servicio de estudio, lectura y consulta, por ende, eran dispositivos de acecho, supervisión y guardia para generar represión contra los obreros revolucionarios. La referencia a la “oveja inocente” que no es tal sugiere que la neutralidad de la biblioteca es un mito, pues esas bibliotecas fungían, en el contexto de la clase trabajadora, como extensiones del aparato policial. Más aún, ese obrero de vanguardia afirmaría que las bibliotecas contribuían a la “perversión de la naturaleza humana”, no en un sentido moral, sino político, social, ideológico y espiritual al ofrecer lecturas al margen de los verdaderos intereses de los trabajadores. Por lo que, al prohibir el acceso a libros formativos, filosóficos o científicos, esas bibliotecas terminaban suprimiendo los deseos genuinos de conocer y saber; de aprender y pensar; de discernir e interpretar el mundo del trabajo proletario. Para él, se trataba de una estrategia intencional: “adormecer al obrero”, degradar su capacidad crítica, ofrecerle “basura” en vez de conocimiento. Así, las bibliotecas oficiales pasaban de ser un lugar de ilustración, de acceso a la información organizada, a un mecanismo de embrutecimiento controlado por la censura gubernamental, civil o religiosa.
Este discurso continuará en una segunda parte.
Referencias
Bobróvskaya, Tsetsilia. (2023). Iván Bábushkin: breve biografía de un mártir bolchevique. España: Ediciones Mnemosyne.
Kunétskaya, L.; Mashtakova, C. (1979). Krúpskaya. Moscú: Editorial Progreso.
Lenin, V. I. (1983). Iván Vasilevich Bábushkin (Necrología). Tomo 20. Noviembre de 1910-noviembre de 1911 (pp. 84-88). Moscú: Editorial Progreso.
Лившицем, C.; Штейнман, Е. Е. (1925). “Иван Васильевич Бабушкин. Краткие биографические сведения”. [Iván Vasílyevich Bábushkin. Breve información biográfica]. В Bоспоминания И. В. Бабушкина: (1893-1900) [En Las memorias de I. V. Bábushkin (1893-1900] (ctp. 11-22). Ленинград: Рабочее Издательство, Прибой».
Бабушкин, И. В. (1925). “Приложения. Корреспонденции И. В. Бабушкина в « Рабочее дело» и в « Искру». Из Нижнеднепровска (Екатеринославской губ.)”. [Apéndices. Correspondencia de I. V. Bábushkin con "Rabócheye Delo" y con "Iskra". De Nizhnedneprovsk (provincia de Ekaterinoslav). B Bоспоминания И. В. Бабушкина: (1893-1900) [En Las memorias de I. V. Bábushkin (1893-1900] (ctp. 145-163). Ленинград: Рабочее Издательство „ Прибой».
Бабушкин, И. В. (1925a). “В защиту Иваново-Вознесенских рабочих”. [En defensa de los trabajadores de Ivánovo-Voznesensky]. B Bоспоминания И. В. Бабушкина: (1893-1900) [En Las memorias de I. V. Bábushkin (1893-1900)] (ctp. 164-181). Ленинград: Рабочее Издательство, Прибой».

