BIBLIOTECAS, SOCIEDAD Y ESTADO


  • Relação entre as bibliotecas, as ações dos profissionais que nelas atuam e o estado.

EL PARADIGMA PÚBLICO DE LA BIBLIOTECA PÚBLICA - XVIII

En el siglo XVIII resurge el interés por la Biblioteca Palafoxiana, poniéndose en marcha un nuevo proyecto para modificarla, pero no para convertirla en una moderna biblioteca pública. La práctica de la segregación racial, espacial y jurídica, característica del régimen colonial en México, impide esta transformación. La autoridad religiosa en turno más bien la consolidó, eso sí, como “una de las mejores bibliotecas de Nueva España.” (Osorio, 1986, p. 184). Es decir, para seguir siendo en esencia una gran biblioteca eclesiástica ya que su objetivo esencial era apoyar la formación integral (humana, espiritual, intelectual y pastoral) de quienes estudiaban en el Seminario Tridentino de Puebla.

 

Observamos así que el trasfondo social del aquel organismo bibliotecario colonial siguió desarrollándose en el marco de la estructura religiosa dominante y en el contexto de un atroz régimen colonial de explotación. Hubo que continuar, quizás con mayor ahínco, cultivando la ideología en torno al concepto de la fe cristiana, con la finalidad de alcanzar con plenitud los propósitos no solamente de la dominación ecuménica, sino también los inherentes a consolidar la estructura colonial de dominación, esto es, para favorecer el estilo opulento de vida de los opresores (conquistadores, encomenderos, hacendados, esclavistas) cuya mira era perpetuar el sistema basado en una sociedad señorial y episcopal.

 

Libros y bibliotecas, instrumentos esenciales de los conquistadores espirituales, fueron elementos culturales de una misma ecuación en los tiempos del virreinato, caracterizada esta organización política para sostener una sociedad dividida en castas, en la cual los españoles ocupaban la posición de la casta superior y los indígenas la casta inferior (Aguirre, 1983,p. 48-49). Así, continuamos advirtiendo que la Biblioteca Palafoxiana fue un venero de inspiración religiosa para documentar al magisterio eclesial en relación con los dogmas proclamados por la Iglesia católica, y no una fuente de espíritu público para ayudar a construir una comunidad informada y crítica. Este punto de vista permite pensar que el contexto colonial en México fundó y generó la estrecha relación «religión y biblioteca» para contribuir a la lectura de diversos temas diferenciados: liturgia, apóstoles, padres, teólogos, sacramentos, etcétera. Se trató de un servicio de biblioteca para constituir un clero letrado, cuya finalidad sería ayudar a edificar un «pueblo fiel»; no fue una institución bibliotecaria destinada a apoyar la formación de un «pueblo informado». De modo que los principales pilares de la propagación de la fe cristiana como ideología dominante, durante tiempos de la colonia, fueron los fondos de las bibliotecas como la Palafoxiana.

 

Ese centro bibliotecario estuvo comprometido con la tarea de dar más y mejor lustre al quehacer formativo de la Ecclesia Catholica, aparato preponderante de la sociedad novohispana. Recordemos que en la época del obispo Pantaleón Álvarez Abreu (1743-1763), el Seminario tenía cuatro colegios, a saber: El Colegio de San Pedro, el Colegio de San Juan, el Colegio de San Pantaleón y el Colegio clerical de San Pablo. Conjunto académico conocido con el nombre de «Colegios Palafoxianos», el cual llegó a su máximo esplendor a mediados del siglo XIX. La política segregacionista, habitual en la estructura colonial, también se practicaría en ese entramado colegial hasta tal punto de reflejarse, como analizaremos, en el funcionamiento del servicio de biblioteca.

 

La cualidad de crecimiento se hizo realidad en los primeros cien años de existencia de la Biblioteca Palafoxiana, pues durante el paso del siglo XVII al XVIII continuó siendo enriquecido su patrimonio bibliográfico. Esto “gracias a la generosidad de otros obispos sucesores de Palafox en la silla episcopal poblana” (Trabulse, 2002, p.536). En efecto, después de la donación que hizo Palafox de su acervo para la conformación de aquella biblioteca, Manuel Fernández de Sahagún y Santa Cruz (1676-1699) fue otro de los obispos que “amplió el local y la estantería, compró constantemente las novedades bibliográficas que llegaban de Europa y, por último, también incorporó, mediante donación, su biblioteca personal a la del seminario.” (Osorio, 1986, p. 183), datos que otros autores han consignado anterior o posteriormente (Iguíniz, 1913, p. 293; Cortés, Amado Manuel, 2012).

 

De tal manera que la Biblioteca Palafoxiana continuó desarrollando sus acervos para satisfacer las necesidades de los estudiantes que cursaban las cátedras de teología, historia eclesiástica, moral, concilios, disciplina eclesiástica, cánones, latinidad y helenística. Academia religiosa con servicio de biblioteca para la indispensable e ilustrada  formación de sacerdotes. El desarrollo intelectual de la iglesia novohispana en la ciudad de Puebla revela el menester de contar con firmes puntales, entre ellos aquel servicio de biblioteca.  

 

Más tarde, el  obispo Francisco Fabián y Fuero (1765-1773) pasó a ser otro relevante personaje en la historia de ese espacio bibliotecario durante la segunda mitad del siglo XVIII. A él se debe una serie de mejoras en esa biblioteca que Trabulse sintetiza de la siguiente manera:

 

Fabián y Fuero la dotó de un magnífico edificio, que desde entonces ocupa, e incrementó su riqueza bibliográfica con la donación de su propia biblioteca y con una parte de las de los colegios jesuitas poblanos. Además, ordenó construir en cedro blanco los primeros pisos de la estantería, de tal forma que en 1773 fue reinaugurada oficialmente con toda solemnidad. (2002, p. 536).

 

La mejora material del servicio de aquella biblioteca permitió seguir elevando el nivel de conocimientos de los miembros del clero, agrupados los catedráticos y alumnos en los colegios tridentinos de la diócesis de Puebla. Así, esa institución bibliográfica habilitó a la autoridad clerical para continuar con el desenvolvimiento intelectual y cultural  de la iglesia novohispana. Esto en el entendido que de esos colegios surgieron “numerosos dirigentes que influyeron en la vida social e intelectual no sólo de Puebla, sino también de Oaxaca, Chiapas, Yucatán, Guatemala y otras regiones” (Torre, 1993, p. 6). Con base en el reconocimiento que se conoce en torno a los dos prelados clave en relación con ese proyecto bibliotecario-educativo, se fundamenta con mayor énfasis que se trató del establecimiento de una biblioteca académico-eclesiástica, afianzada dentro de un seminario diocesano y bajo la estricta autoridad obispal. Por tanto una biblioteca creada, desarrollada y consolidada entonces para persistir en la formación de canonistas, teólogos y letrados que requería la clerecía de aquellos tiempos. Al respecto se asevera:   

 

Para que pudiesen ser centros de sólida formación, creó [Palafox] serio grupo de maestros y les dotó de su biblioteca personal, rica y selecta, la cual ennoblecería con notable estantería y enriquecería con un legado mayor, otro príncipe de la iglesia, el obispo Fabián y Fuero,  en el siglo XVIII. De toda suerte el origen de la biblioteca palafoxiana, organizada y amueblada posteriormente tomando como modelo a la biblioteca de la Universidad de Salamanca, se debe a la amplia visión cultural y política de Juan de Palafox y Mendoza. (Torre, 1993, p. 6-7).

 

Los esfuerzos del prelado por contar con un clero ilustrado y ejemplar, que llenara las aspiraciones ilustradas de la época, que significara elemento renovador de la iglesia y el Estado, se advierte desde su arribo a Puebla. […]. El énfasis que Fabián y Fuero puso para fortalecer no sólo la formación teológica de su clero, sino humanística en general, manifiesta el espíritu modernista, ilustrado, que poseía. (Torre, 2006, p. 239-240).

 

Para analizar la Biblioteca Palafoxiana como sistema de información documental al servicio de la comunidad principalmente clerical, es importante tener en cuenta el crecimiento material de sus colecciones, la exquisitez de su mobiliario y el solar de su edificio. Sin embargo, para seguir observando su evolución en materia de servicio al público durante la administración diocesana de Francisco Fabián y Fuero, es menester estudiar la mira regulatoria de su funcionamiento que prosiguió a la de Palafox. Asunto que abundaremos en la siguiente parte.

 

Referencias

 

Aguirre Beltrán, Gonzalo. (1983). Lenguas vernáculas: sus uso y desuso en la enseñanza: la experiencia de México. México, D. F.: centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social.

 

Cortés, Amado Manuel. (2012) La Biblioteca Palafoxiana: entre el orden y lo sublime. En Garone Gravier, Marina (Ed.). Miradas a la cultura del libro en Puebla: bibliotecas, tipógrafos, grabadores. Libreros y ediciones en la época colonial. México: Gobierno del Estado de Puebla; Educación y Cultura; Instituto de Investigaciones Bibliográficas, UNAM. pp. 72-93   

 

Iguíniz, Juan B. (1913). La Biblioteca Palafoxiana de Puebla. Anales del Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnología. No. 5, pp. 289-300.

 

Osorio Romero, Ignacio. (1988). Historia de las bibliotecas en Puebla. México: SEP, Dirección General de Bibliotecas.

 

----------. (1986). Historia de las bibliotecas novohispanas. México: SEP, Dirección General de Bibliotecas.

 

Torre Villar, Ernesto de la. (1993). Raíz y frutos de la cultura en Puebla. Revista Universidad de México. Número extraordinario. pp. 3-8

 

----------. (2006). Seminario palafoxiano de Puebla: nóminas de maestros y alumnos (1651 y 1770).  Anuario de Historia de la Iglesia. 15: 237-258

 

Trabulse, Elías. (2002). Armario de Letras. La Biblioteca Palafoxiana en los siglos XVII y XVIII. En Buxó, José Pascual (Ed.). Juan de Palafox y Mendoza: imagen y discurso de la cultura novohispana.  México: Universidad Nacional Autónoma de México. pp. 535-541


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FELIPE MENESES TELLO

Cursó la Licenciatura en Bibliotecología y la Maestría en Bibliotecología en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Doctor en Bibliotecología y Estudios de la Información por la (UNAM). Actualmente es profesor definitivo de asignatura en el Colegio de Bibliotecología de la Facultad de Filosofía y Letras de UNAM. En la licenciatura imparte las cátedras «Fundamentos de Servicios de Información« y «Servicios Bibliotecarios y de Información» con una perspectiva social y política. Asimismo, imparte en el programa de la Maestría en Bibliotecología y Estudios de la Información de esa facultad el seminario «Servicios Bibliotecarios para Comunidades Multiculturales». Es coordinador de la Biblioteca del Instituto de Matemáticas de esa universidad y fundador del Círculo de Estudios sobre Bibliotecología Política y Social (2000-2008) y fue responsable del Correo BiblioPolítico que publicó en varias listas de discusión entre 2000-2010. Creó y administra la página «Ateneo de Bibliotecología Social y Política» en Facebook.