NADEZHDA KONSTANTINOVNA KRÚPSKAYA, PIONERA DE LA BIBLIOTECONOMÍA SOCIALISTA SOVIÉTICA
"Precisamos de nuestros bibliotecarios propios y
eruditos, no uno ni dos, sino miles.”
Nadezhda K. Krúpskaya, 1932.
Evocando el centésimo quincuagésimo séptimo (157o) aniversario de su nacimiento.
Nadezhda Konstantinovna Krúpskaya (Наде́жда Константи́новна Кру́пская), esposa de Lenin, fue quien colaboró para edificar el sistema bibliotecario soviético. Su visión pedagógica ayudó a transformar políticamente las bibliotecas en centros dinámicos de educación popular, así como de agitación y propaganda. De modo que esas instituciones de lectura, estudio y consulta, ella las consideró medios idóneos de información y comunicación para influir en el pueblo y movilizar a las masas hacia objetivos específicos. Demostró que las bibliotecas podían ser históricamente cruciales en movimientos revolucionarios al transformarse en relevantes motores de la revolución cultural y la consolidación social, política, económica e ideológica del Estado socialista.
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| Nadezhda Konstantinovna Krúpskaya (1869-1939) |
Antes de la Revolución de 1917, Krúpskaya era ya una pedagoga experimentada. Durante su exilio en Europa (especialmente en Suiza y Francia), conoció y utilizó algunos sistemas bibliotecarios occidentales. Quedó impresionada, al igual que su esposo, por la eficiencia de las bibliotecas públicas de esos países europeos, que permitían el libre acceso a los estantes, algo impensable en la Rusia zarista. Para ella, las bibliotecas no eran un lujo académico, sino una herramienta esencial para la liquidación del analfabetismo y el avance y la consolidación de la revolución socialista; eran la base de operaciones para erradicar el analfabetismo. Krúpskaya sostenía que un ciudadano que no sabía leer no podía participar en la política. Por ende, el personal bibliotecario no debía limitarse a prestar libros; debían leer en voz alta a los obreros y campesinos analfabetos. Para ella, el bibliotecario no debía ser solamente un técnico administrativo, sino un educador político que conociese el perfil de la comunidad lectora con el fin de guiarla hacia lecturas que elevaran la conciencia colectiva de clase. El proceso de alfabetización tenía que realizarse utilizando textos con alto contenido político para que el aprendizaje de la lectura y escritura fuera inseparable del aprendizaje del sistema de ideas marxistas. Por esto, su nombre es muy importante en la historia social socialista de las bibliotecas, así como del libro y la lectura en el contexto soviético. La historia de la formación y el desarrollo de la biblioteconomía en la URSS está, sin duda, inextricablemente ligada a su legado como intelectual revolucionaria del proletariado.
Más allá de su conocida vinculación política con Vladimir Ilich Uliánov (Lenin), su labor intelectual y administrativa en materia de la lectura, el libro y las bibliotecas constituye una contribución sustantiva a la teoría y práctica de los servicios bibliotecarios modernos en contextos de transformación social. Tras el triunfo bolchevique, asumió roles críticos en el Народный комиссариат просвещения, Наркомпрос (Comisariado del Pueblo para la Instrucción Pública), fundado el 18 de junio de 1918 y conocido con el nombre contraído de Narkomprós. Desde esa institución soviética, Krúpskaya impulsó la estatalización de todas las bibliotecas (privadas, religiosas y públicas) para crear una red nacional unificada y centralizada. Bajo su influencia, Lenin firmó decretos que declaraban las bibliotecas como propiedad del Estado, asegurando el financiamiento y la protección para las colecciones durante la Guerra Civil Rusa, conflicto armado que tuvo lugar entre 1917 y 1923 en el territorio del disuelto Imperio ruso.
Krúpskaya concebía la lectura como una práctica social vinculada al proceso de concienciación política y cultural de la clase trabajadora. En el marco de la construcción del nuevo Estado soviético, la alfabetización no era solo una meta educativo-política, sino un medio para integrar a obreros y campesinos en la vida pública. Defendía la necesidad de fomentar hábitos lectores críticos y sistemáticos, promoviendo materiales que facilitaran la comprensión de la realidad social y económica desde perspectivas marxistas. En este sentido, participó activamente en las campañas de ликвидация неграмотности (erradicación del analfabetismo), impulsando redes de lectura colectiva, círculos obreros y bibliotecas populares. Su pensamiento no se limitó a la instrumentación política del libro, sino que elaboró una concepción sistemática de la lectura como práctica social formativa. Krúpskaya desarrolló una teoría de la lectura que la entendía como un proceso activo de apropiación cultural. La lectura no debía concebirse como consumo pasivo de textos, sino como herramienta para lograr la formación de la conciencia crítica, la adquisición de conocimientos científicos y técnicos y la integración del individuo en la vida social y productiva. Subrayó la importancia de adecuar los materiales a la edad, nivel educativo y contexto social del público lector, anticipando preocupaciones posteriores de la psicología de la lectura y la sociología cultural. Entre sus contribuciones más influyentes fue la formulación de la idea de orientación de la lectura. Según este principio, el bibliotecario debía desempeñar un papel activo como mediador cultural; la selección bibliográfica debía responder a objetivos educativos definidos; y guiar progresivamente al lector hacia niveles superiores de comprensión. Este enfoque en torno a la lectura consolidó una visión pedagógica de la biblioteconomía, ya que el profesional no tenía que ser un mero custodio de colecciones, sino un sujeto formador de comunidades lectoras.
Ella pensó en la psicología del lector y la diferenciación sociológica de comunidades lectoras. Así, otra aportación relevante fue su interés por el estudio del lector concreto. Sostenía que las necesidades lectoras varían según la clase social, la edad y la ocupación; que era indispensable producir literatura accesible para los obreros y campesinos recién alfabetizados; y que la biblioteca debía conocer a su comunidad para cumplir su función educativa. Este énfasis en el análisis del usuario anticipó desarrollos posteriores en estudios de usuarios y servicios bibliotecarios orientados a la comunidad. No pasó por alto la dimensión ideológica de la cultura escrita, pues su teoría reconocía explícitamente la perspectiva ideológica del libro. Para Krúpskaya: la selección de libros en una biblioteca no podía ser neutral; la biblioteca al participar en la formación de valores, la cultura escrita tendía a convertirse en un instrumento de transformación social. Este planteamiento introdujo una reflexión crítica sobre la función política de los espacios bibliotecarios, aunque también implicó mecanismos de control cultural propios del Estado soviético en tiempos de una férrea lucha de clases.
Durante 22 años (1917-1939), Krúpskaya estuvo a la vanguardia de la biblioteconomía soviética. La dirigió primero como Comisaria del Gobierno para la Educación Extracurricular, luego como Presidenta del Comité Principal Político y Educativo del Comisariado del Pueblo de Educación (Glavpolitprosvet) y, a partir de 1929, como Comisaria del Pueblo Adjunta para la Educación. En 1924, Nadezhda Konstantinovna inició el concurso nacional para crear y mejorar numerosas cabañas de lectura, anunciado a través del periódico Pravda. Organizó campañas bibliotecarias y escribió en la prensa y habló en reuniones, llamando la atención sobre el desarrollo y funcionamiento de las bibliotecas. Se abrieron nuevos espacios de lectura, se recolectaron libros y dinero, se repusieron fondos, se organizaron unidades de garantía de libros, se desarrollaron y multiplicaron grupos móviles de lectura y se intensificó la propaganda en materia de libros y bibliotecas. Así, sostuvo que la biblioteca debía dejar de ser una institución pasiva o elitista para convertirse en un centro activo de educación permanente. Entre sus principales postulados destacan: 1] La creación de una red nacional coordinada de bibliotecas públicas; 2] La formación profesional de bibliotecarios con conciencia pedagógica y social; 3] La orientación bibliotecaria sistemática de la lectura (руководство чтением/guía de lectura), es decir, la mediación activa entre el lector y el libro; y 4] La organización racional de catálogos y colecciones en función de las necesidades de la comunidad.
En otras palabras, Krúpskaya introdujo ideas orientadoras que definieron la biblioteconomía socialista soviética por décadas, tales como: 1] Bibliografía recomendada, listas de libros seleccionados para guiar al lector "por el camino correcto" del pensamiento socialista; 2] Trabajo con el lector, idea de que el bibliotecario debe ser un educador activo, no un simple técnico; 3] Red de bibliotecas rurales, mediante la creación de las "Cabañas de Lectura" (Izbá-chitàlnya) en aldeas remotas para integrar al campesinado y ofrecerle recursos bibliográficos; y 4] Educación bibliotecaria, con miras a promover la formación profesional de personal bibliotecario. De tal suerte que consideró que el personal bibliotecario debía desempeñar un papel educativo, guiando a los lectores hacia textos formativos y socialmente útiles. Acerca de la profesionalización bibliotecaria, Krúpskaya defendió la formación técnica y pedagógica del personal bibliotecario. Teóricamente, propuso que el bibliotecario debía combinar conocimiento bibliográfico, capacidades organizativas, conciencia social y compromiso educativo. Esta concepción contribuyó a la institucionalización de la biblioteconomía en el contexto soviético. En relación con las Izbá-chitàlnya, en la década de 1920 desempeñaron un papel clave en la erradicación del analfabetismo, la difusión de conocimientos agrícolas y la agitación política. Los campesinos acudían a esos espacios a leer periódicos, a participar en grupos de estudios, ver películas y escuchar programas de radio, entre otras actividades culturales. El jefe de la cabaña de lectura se le llamaba "izbach" (adjetivo posesivo "izbachesky"). En este sentido, al funcionar como aulas principales en la campaña Likbez (Liquidación del Analfabetismo), Nadezhda Krúpskaya valoró esos lugares como piedras angulares de la transformación socialista en el campo.
Krúpskaya promovió la apertura de servicios bibliotecarios en fábricas, sindicatos, clubes obreros y zonas rurales. Su modelo respondía a la idea de que el acceso al libro era un derecho colectivo y un componente esencial de la cultura socialista. En contraste con las bibliotecas zaristas del siglo XIX y comienzos del XX —frecuentemente restringidas a élites letradas—, el proyecto soviético aspiraba a una democratización radical con respecto a la selección, la distribución y el acceso a la información. Su propuesta biblioteconómica también implicó una dimensión ideológica clara, pues la elección y orientación de lecturas debían contribuir a la formación del “nuevo hombre soviético”. Esto supuso tensiones entre la pluralidad intelectual y el control político del contenido bibliográfico. Desde su trabajo en el Narkomprós, Krúpskaya sostuvo que la biblioteca era una institución integral del sistema educativo. Teóricamente planteó que la educación no se limita a la escuela, pues las bibliotecas son espacios que garantizan la educación para toda la vida; que estos organismos de acervos bibliográficos debían articularse con escuelas, sindicatos y diversas organizaciones comunitarias; y que el acceso al libro debía constituir un derecho cultural básico de la clase trabajadora. Esta perspectiva abrió camino al concepto moderno de biblioteca como institución social de servicio público, garantizado por el Estado. De tal manera que Krúpskaya pugnó por la necesidad de construir una red nacional coordinada de bibliotecas. En el plano teórico, esto implicó: 1] la planificación centralizada de colecciones; 2] la normalización de catálogos y sistemas de clasificación: y 3] el desarrollo de estadísticas de uso para evaluar el impacto social. Introdujo así una visión sistémica de la organización bibliotecaria, vinculada a políticas culturales estatales.
Sus aportes a la Biblioteconomía socialista soviética fueron inmensos. Fue impulsora de la fundación del Instituto de Cultura de Leningrado (especializado en bibliotecología) y escribió más de 300 artículos sobre el tema, compilados en la obra Acerca de la biblioteconomía. Obra en 6 tomos, publicada en ruso: (Крупская Н. К, О библиотечном деле. В 6-ти т. Т. 6. О библиотечном деле – 1987. Su enfoque en la biblioteca como centro comunitario influyó incluso en modelos fuera del bloque soviético. De modo que Krúpskaya escribió numerosos ensayos sobre educación y cultura en general y sobre lectura, lectores y bibliotecas en particular. En ellos abordó cuestiones como: la función social del libro; la psicología del lector; la necesidad de estadísticas y estudios de uso de las bibliotecas; y la planificación cultural bibliotecaria estatal. Una muestra son estos libros que recopilan sus escritos:
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| Krupskaya N.K., Acerca de la biblioteconomía. Obra en 6 tomos. Volumen 6. Sobre la biblioteconomía 1987 (Крупская Н.К, О библиотечном деле. В 6-ти т. Т. 6. О библиотечном деле - 1987 |
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| Крупская, Надежда. Библиотечное дело. Избы-читальни. Клубные учреждении. Музеи [Biblioteconomía. Cabañas de lectura. Instituciones de clubes. Museos]. Москва: Директ-Медиа, 2014. 632 c. ISBN: 978-5-4475-1762-5 |
Cuando ella escribió (en 1932) su texto Capacitar cuadros para todos los sectores de la construcción socialista, aseveró: "Precisamos de nuestros bibliotecarios propios y eruditos, no uno ni dos, sino miles. Las masas ya están alfabetizadas y les hace falta la más amplia red de bibliotecas". En relación con este pensamiento, refleja una visión donde la alfabetización es solo el primer paso, no la meta final. Ella pensó esto tras las intensas campañas de alfabetización masiva en la URSS. Así, argumentaría que saber leer y escribir (la técnica) no sirve de mucho si el pueblo no tiene acceso constante al conocimiento, a la cultura del libro. Las bibliotecas entonces debían ser el puente entre las masas que había aprendido a leer y la formación de una ciudadanía socialista con criterio. Lo más revolucionario es la idea sobre la necesidad de contar con "miles" de bibliotecarios cultos. El bibliotecario debía dejar de ser el guardián de élite para la minoría educada; debía ser un guía intelectual para las masas. Krúpskaya no quiso solo administradores de libros, sino mediadores que ayudaran a la clase trabajadora a navegar el conocimiento. Para aquella intelectual revolucionaria del proletariado, una biblioteca no tenía que ser un edificio silencioso y polvoriento, sino una institución social de transformación social. Al pedir una "amplia red", propuso que la cultura debía estar tan disponible como el agua o la electricidad: en cada fábrica, en cada aldea y en cada barrio. En sí, Krúpskaya sostuvo que el poder no reside solo en las armas o las fábricas, sino en la institucionalización del conocimiento. Para ella, una población que sabe leer y no tiene a su alcance bibliotecas, es una población con el potencial despierto, pero sin los recursos culturales necesarios para actuar.
Con base en lo expresado, su pensamiento influyó en la bibliotecología soviética durante décadas y dejó una impronta en modelos de bibliotecas vinculadas a proyectos de transformación social. En sí, Nadezhda Krúpskaya puede ser considerada una de las principales pioneras del sistema bibliotecario soviético y una teórica relevante en la concepción socialista de la biblioteca como institución pedagógica y agente de cambio social. Su legado se sitúa en la intersección entre educación popular, política cultural y organización bibliotecaria, con una influencia que trascendió el contexto ruso y forma parte de la historia internacional de las bibliotecas públicas al servicio de la clase trabajadora. Es decir, en la historia internacional de estas instituciones, su figura representa uno de los intentos más sistemáticos de articular la lectura con la alfabetización y el proyecto de remodelación de la sociedad dentro de una teoría social coherente en relación con la función cultural del libro y las bibliotecas. Las aportaciones teóricas de Krúpskaya se sitúan en la intersección entre pedagogía, política cultural y biblioteconomía. Su pensamiento marxista consolidó así la idea de la biblioteca como institución activa de educación para las familias de obreros y campesinos, definió el papel mediador del bibliotecario como sujeto político y promovió una organización racional y planificada del sistema bibliotecario socialista soviético.
Por su relevante obra, fue condecorada con la Orden de Lenin y la Orden de la Bandera Roja del Trabajo. Nadezhda Konstantinovna Krúpskaya murió el 27 de febrero de 1939. Fue sepultada en la Plaza Roja, cerca de la Muralla del Kremlin. En la actualidad varias instituciones bibliotecarias y escolares llevan su nombre.
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