LA AMENAZA DE ESTADOS UNIDOS E ISRAEL SOBRE EL ECOSISTEMA BIBLIOTECARIO IRANÍ
Introducción
El «ecosistema bibliotecario iraní» se entiende como la red interconectada de recursos, servicios, tecnología y personas diseñada para gestionar, acceder y difundir conocimiento. Supera la función de depósito físico, convirtiéndose en espacios activos de aprendizaje, cultura, inclusión social y apoyo al emprendimiento, integrando servicios digitales, redes de bibliotecas y participación comunitaria.
La historia de las bibliotecas en tiempos de guerra evidencia que en un conflicto bélico rara vez se destruye solo la infraestructura militar; también daña y destruye la memoria cultural compartida de la humanidad. En los conflictos armados contemporáneos, la atención mediática y política suele centrarse en las pérdidas humanas y en la destrucción de infraestructura estratégica. Sin embargo, existe una dimensión menos visible pero igualmente crítica: la afectación del patrimonio documental. En el contexto de los bombardeos recientes en Irán, las bibliotecas —entendidas como espacios de resguardo de la memoria escrita— emergen como víctimas invisibles de la guerra, cuya destrucción o deterioro no siempre es documentado de manera inmediata. El riesgo del sistema bibliotecario iraní ha dado un giro drástico tras el inicio de una ofensiva militar a gran escala, iniciada el 28 de febrero de 2026 por los Estados Unidos e Israel, denominada "Operación Furia Épica".
Sabemos que la República Islámica de Irán, como uno de los epicentros del patrimonio bibliográfico, alberga una de las mayores concentraciones de sitios documentales del mundo, que representan civilizaciones que abarcan desde los elamitas y los persas aqueménidas (el nombre dado al primer y más extenso de los imperios de los persas) hasta las dinastías islámicas y el Irán moderno y contemporáneo. Esta riqueza no es casualidad; responde a milenios de tradición intelectual y al papel de Persia como puente cultural entre Oriente y Occidente. Esos sitios no pertenecen solo a una nación, sino que es patrimonio de la civilización humana. Sin embargo, las crecientes tensiones geopolíticas, las presiones ambientales y la insuficiencia de recursos para la conservación amenazan esta herencia cultural, a tal grado que podrían ser borradas partes de ese legado de factura artística.
En efecto, la situación del patrimonio cultural y las instituciones bibliotecarias en Irán es crítica tras la reciente escalada bélica. Aunque el Ministerio de Patrimonio Cultural de esa República Islámica y organismos internacionales como la UNESCO se han centrado en monumentos históricos y museos, las bibliotecas —muchas de ellas dentro en esos mismos complejos o en universidades— han sufrido daños o afectaciones colaterales importantes. Diversos reportes de la prensa internacional han confirmado daños a múltiples sitios culturales en ese país, incluidos complejos históricos. Ejemplos como el Palacio de Golestán o el Chehel Sotoun evidencian cómo el patrimonio arquitectónico ha sido alcanzado directa o indirectamente por acciones bélicas. Cabe tener en cuenta que estos espacios no solo poseen valor artístico o simbólico, sino que con frecuencia albergan acervos bibliográficos, manuscritos e impresos. En consecuencia, el daño estructural implica también una afectación potencial del acervo documental.
Si bien hasta el momento no existen reportes confirmados y específicos sobre bibliotecas iraníes destruidas en los bombardeos recientes de Estados Unidos e Israel, la información disponible sí permite establecer un panorama preocupante en el que las bibliotecas están potencialmente en riesgo. El gobierno iraní ha denunciado que al menos 56–59 sitios culturales, museos y monumentos históricos han sufrido daños por los bombardeos. Entre los sitios afectados se encuentran palacios, mezquitas, madrasas y complejos históricos, algunos con reconocimiento de la UNESCO. Esto es relevante porque bibliotecas, archivos y colecciones con joyas bibliográficas suelen estar integradas en estos complejos culturales (palacios, museos, mezquitas, centros históricos), por lo que el riesgo indirecto es alto. En decir, no hay bibliotecas identificadas por nombre como destruidas, pero sí hay indicios mucho más concretos de riesgo real y probable afectación indirecta.
Aunque las noticias no mencionan bibliotecas por nombre, hay atisbos claros de peligro porque algunos sitios afectados incluyen complejos con museos y espacios documentales, como el castillo Falak-ol-Aflak, donde un museo fue destrozado. La destrucción o daño de estos espacios implica pérdida potencial de archivos, documentos manuscritos o colecciones bibliográficas con libros antiguos y raros. Así, organismos como la UNESCO han advertido sobre la necesidad de cuidar la infraestructura cultural en general, lo que incluye bibliotecas como categoría protegida por el derecho internacional. La evidencia permite afirmar con bastante solidez que: 1] sí existe daño indirecto a acervos documentales, 2] es altamente probable la pérdida de materiales bibliográficos y 3] los casos específicos aún no han sido documentados e informados públicamente.
Se sabe que algunos edificios históricos han sido completamente destruidos, como el complejo Rashk-e Jenan en Isfahán. Cuando ocurre destrucción total, es altamente probable que cualquier acervo documental adjunto también se pierda, aunque no se haya reportado el daño o la destrucción explícitamente. En conflictos recientes de la región (en Gaza por ejemplo), sí se ha documentado la destrucción directa de bibliotecas con grandes cantidades de documentos. Esto refuerza la preocupación de que la ausencia de reportes no significa ausencia de daño, sino posible falta de información verificable en tiempo real. Los problemas de información comprobable se deben a la cobertura limitada y fragmentaria, en parte por restricciones informativas (censura) y apagones de comunicación en Irán; y porque las noticias se concentran en objetivos militares y figuras políticas, dejando el patrimonio cultural —y especialmente las bibliotecas— como un asunto indocumentado o mal informado. En términos de historia cultural, esto encaja con un patrón conocido en contextos bélicos: las bibliotecas suelen ser “daños colaterales invisibles”, cuya destrucción se informa con retraso. Desde una perspectiva histórico-bibliológica, el daño o la devastación de instituciones bibliotecarias en tiempos de guerra rara vez se reportan de inmediato. La información detallada suele difundirse meses después en informes técnicos o patrimoniales; y se documenta mucho después en artículos y capítulos de libros en la literatura especializada. Tal como ha sucedido durante algunos hechos históricos de libricidio (destrucción deliberada de libros y bibliotecas) ocasionados en Sarajevo (1992), Bagdad (2003), Mosul (2015), Ucrania (2022), Sudán (2023), Siria (2011-2024) y Gaza (2023-2024). Así, a diferencia de museos o monumentos, las bibliotecas rara vez aparecen como objetivos explícitos en la cobertura mediática. Esta invisibilidad responde a varios factores, como la dificultad de evaluar daños internos en edificios parcialmente afectados; la subordinación de las bibliotecas a complejos mayores (religiosos, palaciegos, museísticos o educativos); y la priorización informativa de objetivos militares y políticos.
Cabe precisar, en el caso iraní muchas bibliotecas no existen como edificios independientes, sino como partes de mezquitas, palacios o madrasas (instituciones educativas del mundo islámico, tradicionalmente enfocadas en la enseñanza superior de la teología, derecho islámico (sharia) y el Corán.). Por ejemplo, la Mezquita Jame de Isfahán ha estado históricamente vinculada a bibliotecas religiosas (waqf - fundación benéfica islámica), mientras que diversos complejos urbanos contienen archivos históricos de gran valor. La destrucción parcial de estos espacios, ya sea por impacto directo o por ondas expansivas, conlleva riesgos como el deterioro de manuscritos por polvo y humedad, la pérdida de materiales por incendios o colapsos estructurales, así como la dispersión o saqueo de colecciones. Aunque no se han documentado hasta el momento bibliotecas iraníes dañadas o destruidas con nombre propio, la evidencia indirecta —como la afectación de complejos culturales y educativos— permite inferir que existe un alto riesgo de pérdida documental.
Los museos y archivos son zonas grises de pérdida bibliográfica porque la destrucción de espacios museísticos en regiones como Lorestán o Luristán (en persa: ??????) refuerza la idea de que la pérdida documental no se limita a bibliotecas formales. Los museos suelen resguardar catálogos, archivos arqueológicos y colecciones especializadas que cumplen funciones equivalentes a las de una biblioteca. En este sentido, la distinción institucional se diluye frente a la realidad material de la pérdida: la desaparición de fuentes primarias de conocimiento.
El impacto en sitios con acervos bibliográficos y documentales
Se tiene noticia que muchos de los edificios dañados no son solo monumentos, sino que albergan importantes bibliotecas especializadas y archivos históricos. A continuación, se mencionan algunos casos que han sido informados en diversos medios nacionales e internacionales.
Palacio de Golestán (Teherán). Este sitio, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, sufrió daños en su estructura y ventanales debido a la onda expansiva de ataques ocasionados el 3 de marzo. El complejo alberga una de las bibliotecas de manuscritos más importantes de Irán; aunque los objetos muebles fueron resguardados preventivamente, la integridad del edificio histórico está comprometida. Ese Palacio, joya de la era Qajar y testimonio del refinamiento estético de Teherán, se ha convertido en un símbolo de la vulnerabilidad del patrimonio ante el reciente conflicto bélico. Tras los ataques ocurridos el 3 de marzo, la onda expansiva no solo hizo añicos los icónicos ventanales de vitrales policromados —característicos del Salón de los Espejos—, sino que ha puesto en vilo la estabilidad estructural de un conjunto arquitectónico que ha sobrevivido por más de dos siglos. Afortunadamente, el protocolo de emergencia de la Biblioteca Real de Manuscritos del Palacio de Golestán se activó antes del impacto. Esta biblioteca (antes Biblioteca Imperial de Gulistán), una de las más prestigiosas de la República Islámica, custodia piezas fundamentales como el Muraqqa-e Gulshan (un álbum de arte mogol y persa sin igual en el mundo). Gracias a la labor del personal responsable, los objetos muebles y códices iluminados fueron trasladados a bóvedas subterráneas de alta seguridad, diseñadas para resistir vibraciones extremas y cambios térmicos. Sin embargo, la preocupación de la comunidad internacional de la UNESCO radica en que, aunque el contenido está a salvo, el "contenedor" histórico —el edificio en sí— presenta grietas estructurales que comprometen su integridad a largo plazo.
Daños causados ??por los ataques estadounidenses e israelíes contra Irán en el Palacio de Golestán. 3 de marzo de 2026 (ISNA vía AP)
Plaza de Naqsh-e Jahan (Isfahán). En estos sitios se han reportado daños por metralla y vibraciones en el Palacio de Ali Qapu y la Mezquita del Imán. Espacios donde se suelen custodiar colecciones de textos religiosos y crónicas de la era Safávida (1501-1736), periodo fundamental en la historia de la República Islámica de Irán, marcado por el establecimiento de una dinastía nativa que unificó el país y consolidó el chiismo como religión oficial. Por ende, pilar sobre el cual se asienta la estructura religiosa actual de Irán. Ese lugar, corazón simbólico de la identidad iraní, tiene una gran importancia arquitectónica y un relevante valor documental de los acervos mencionados. El peligro no se limita a la piedra y el azulejo, pues esos espacios custodian colecciones de manuscritos iluminados y decretos reales que registran la transición de Irán hacia el chiismo duodecimano (rama mayoritaria del islam chií, caracterizada por la creencia en doce imanes infalibles, descendientes de Mahoma, como líderes espirituales y políticos legítimos). La preocupación por la salvaguardia de esos fondos documentales consiste en que son vulnerables no solo a la destrucción física directa, sino también a los cambios microclimáticos causados por daños en la envolvente de los edificios (ventanas rotas o grietas en los muros). Perder esos textos significaría borrar la evidencia primaria del periodo en que la dinastía Safávida transformó un conjunto de provincias fragmentadas en un estado centralizado y moderno.
Mansión Asef (Sanandaj). Reportada como dañada, esta sede es clave para el patrimonio documental del Kurdistán iraní. Sitio que nos adentra en la vida y tradiciones kurdas. La casa es una de las atracciones turísticas de la capital administrativa del Kurdistán iraní. Conocida popularmente como la Casa Kurda (Khaneh-ye Kord), además de ser un monumento arquitectónico, es el repositorio más importante de la memoria colectiva del Kurdistán iraní. Su reporte como sitio dañado supone un golpe directo a la preservación de una identidad cultural que ha resistido el paso de los siglos. Ubicada en el corazón de Sanandaj (capital de la provincia iraní de Kurdistán, situada en el oeste de Irán en la frontera con Irak), esta residencia señorial fue construida originalmente en la era Safávida, aunque sus renovaciones más icónicas pertenecen a los periodos monárquicos y autoritarios respectivamente de Qajar (1789-1925) y Pahlavi (1925-1979). Su arquitectura es una síntesis perfecta entre la estética persa y la funcionalidad adaptada al clima de las montañas del Kurdistán. Como una sede clave para el patrimonio documental, custodia colecciones de documentos que detallan la organización social de las tribus kurdas, genealogías de familias influyentes y registros comerciales históricos que explican la economía de la región. Al ser el museo etnológico más grande del país dedicado a una sola etnia, cualquier daño a su estructura pone en peligro manuscritos, fotografías antiguas y registros de la lengua kurda que no existen en ninguna otra parte del mundo. Funciona como un punto de encuentro para investigadores de la historia de la cordillera de los Zagros (un punto clave en el desarrollo de la agricultura y la ganadería hace unos 10.000 años), lo que la convierte en una "biblioteca viva" de la cultura kurda. La pérdida o el deterioro de la Mansión Asef no se mide solo en edificaciones caídas; se mide en el silenciamiento de una narrativa regional. Al ser la capital administrativa del Kurdistán iraní, Sanandaj proyecta su identidad a través de este edificio. Un daño permanente ahí afectaría gravemente al turismo cultural, que es el motor de desarrollo de la zona.
Centros Educativos. La UNESCO ha denunciado ataques que han alcanzado escuelas y universidades. La agencia iraní de noticias IRNA informó el 30 de marzo que cerca de 600 centros educativos en todo el país han sido blanco de ataques ilegales perpetrados por fuerzas estadounidenses e israelíes. Asimismo, el Ministerio de Ciencia ha declarado que al menos 21 universidades han resultado dañadas en ataques desde el inicio de la guerra, y que los propios académicos han sido blanco de ataques, en lo que Teherán afirma que es un intento de debilitar los cimientos científicos y culturales del país. Históricamente, las bibliotecas universitarias o de otros tipos en Teherán, Isfahán, Qom, Shiraz, Urmia y otras ciudades (Ahvaz , Kermán, Mashhad, Sanandaj, Tabriz, Yazd) son los núcleos de la investigación académica y algunas de ellas se encuentran en zonas de alta densidad que han sido blanco de bombardeos. Distingamos la riqueza de esta infraestructura bibliotecaria y bibliográfica que está en grave riesgo. La denuncia de este organismo internacional pone de relieve una tragedia que trasciende lo material: el potencial daño de la columna vertebral intelectual de Irán. La infraestructura bibliotecaria en las ciudades mencionadas no es solo un conjunto de edificios, sino un ecosistema de conocimiento que ha servido como puente entre el pensamiento antiguo y la ciencia contemporánea. La densidad urbana de esas ciudades, donde las instituciones educativas se entrelazan con sedes administrativas y militares, convierte a las bibliotecas en víctimas colaterales de una vulnerabilidad extrema. Un ataque en el corazón administrativo de Teherán amenaza no solo el papel, sino los servidores que albergan el mayor proyecto de digitalización de fuentes primarias en lengua persa, esencial para la investigación global. El uso de explosivos en una ciudad, como Isfahán, con un subsuelo lleno de infraestructuras históricas provoca vibraciones que pueden colapsar bóvedas de almacenamiento que no fueron diseñadas para la guerra con armamento moderno. Qom, siendo una ciudad de alta densidad y relevancia política, un bombardeo cerca de sus centros de documentación borraría siglos de exégesis y filosofía que son irreemplazables. En Shiraz, la rotura de cristales y la pérdida de sistemas de seguridad en zonas de bombardeo facilita el expolio o la degradación por exposición a elementos externos en un clima que puede ser extremadamente árido. En cuanto a Urmia, ciudad donde confluye una gran cultura lingüística, el riesgo consiste en su cercanía a zonas fronterizas y centros logísticos, lo que aumenta la probabilidad de daños estructurales directos en sus facultades y centros de documentación. A continuación, se detalla el caso de esas cinco ciudades.
Daños en la Sala de los Espejos del Palacio de Golestán. Foto: Vietnam.VN
Ciudades en riesgo con importante patrimonio documental
La Universidad de Teherán (??????? ?????, en persa), también conocida como UT, es la universidad más grande y antigua de Irán. Su biblioteca es la mayor del país y considerada como «la universidad matriz de Irán». Mientras las bibliotecas de las distintas facultades se especializan en sus respectivos campos, la central ofrece un espacio particular a los estudios de islamología, iranología y orientalismo, y cuenta con alrededor de 50 000 usuarios registrados. Según información expuesta en Wikipedia, esta biblioteca universitaria cuenta con una colección de más de 200 000 volúmenes, de los que en torno a la mitad están en idiomas occidentales (inglés, francés, alemán, ruso, italiano, etc.). La biblioteca suscribe unas 1 600 revistas y 3 000 periódicos persas, a los que se suman unas 3 600 revistas y 15 periódicos en otros idiomas, en su mayoría inglés. La biblioteca conserva unos 300 000 ejemplares de publicaciones encuadernadas en persa y árabe y 150 000 en idiomas extranjeros. Posee además una colección de 17 000 volúmenes manuscritos en persa, árabe y turco, muchos de ellos de gran valor, antiguos u originales. El número de documentos históricos (firmanes, edictos, correspondencia, tratados, etc.) asciende a unos 60 000. Se preservan también 8 500 microfilmes, así como 22 000 fotografías de personalidades, paisajes y edificios iraníes de épocas qayar y pahlaví (tiempos que representan la transición de Irán hacia la modernidad), y 9 000 volúmenes litografiados en persa, árabe, turco y urdu.
Ubicación geográfica de las principales ciudades iraníes. Fuente:Dreamstime
Las bibliotecas en Isfahán, Irán, son centros fundamentales de preservación cultural y académica, destacando la Red de Bibliotecas de la Universidad Islámica Azad y la Biblioteca del museo de la Catedral de Vank, que alberga manuscritos históricos. Estas instituciones conservan importantes colecciones de literatura persa, árabe y occidental, además de antiguos documentos y libros raros. Las bibliotecas universitarias, tanto la Universidad Islámica Azad como la Universidad Tecnológica de Isfahán poseen extensas bibliotecas para la comunidad académica y de investigación. La Biblioteca de la Escuela Superior de Shahid Motahhari destaca por albergar manuscritos raros y copias de incalculable valor. Y la Biblioteca de la Catedral de Vank (Jolfa) cuenta con una valiosa colección que incluye libros antiguos de la comunidad armenia. Estas bibliotecas reflejan la rica herencia cultural de Isfahán, conocida por su arquitectura perso-islámica.
Qom (ciudad sagrada del chiismo islámico), al ser el corazón teológico de Irán y albergar algunas de las bibliotecas de manuscritos más importantes del mundo islámico, se encuentra en una zona de altísimo riesgo debido a la proximidad de infraestructuras estratégicas y centros de poder político. Qom no es solo un centro religioso, sino un nodo crítico de información académica y bibliográfica. Las bibliotecas que hoy enfrentan mayor vulnerabilidad son: 1] Biblioteca del Gran Ayatolá Mar'ashi Najafi, la tercera biblioteca de manuscritos islámicos más grande del mundo islámico (custodia más de 37,000 manuscritos y 67,000 libros raros), cuya pérdida sería irreparable para la historia de la ciencia, la filosofía y la teología oriental; 2] Biblioteca de la Universidad de Qom, como centro de investigación, sus repositorios digitales y físicos están expuestos a los cortes de energía y bombardeos dirigidos a centros de mando cercanos; y 3] Biblioteca Astan Quds Razavi (sucursales): Aunque su sede principal está en Mashhad, sus bibliotecas filiales en Qom guardan documentos históricos de las dinastías Safávida (1501-1736) y Qajar (1785-1925) que carecen de duplicados digitales completos.
Biblioteca Central Astan Quds Razavi, en Mashhad (Bibliopos)
Al igual que en Qom, la situación en Shiraz —conocida históricamente como la capital cultural, de las rosas y la poesía de Irán— es de extrema vulnerabilidad tras la escalada bélica iniciada a finales de febrero de 2026. Shiraz no solo es un centro turístico, sino un nodo vital de la memoria documental del sur del país. En esa ciudad se albergan algunas de las colecciones más valiosas del país, cuya infraestructura física corre peligro directo por los bombardeos en la región de Fars, considerada la cuna de la civilización persa y del antiguo Imperio Aqueménida. Entre las instituciones bibliotecarias iraníes que ahí se encuentran, cabe mencionar las siguientes:1] Biblioteca Regional de Ciencia y Tecnología (RICeST), uno de los centros de información más avanzados del mundo islámico. Actúa como un hub de bases de datos científicas y repositorios digitales para toda la región. Un impacto en sus servidores o infraestructura física supondría un apagón informativo para miles de investigadores y académicos; 2] Biblioteca Central de la Universidad de Shiraz, la cual posee una vasta colección de tesis, estudios científicos y manuscritos únicos. Al estar vinculada a una institución educativa de alto perfil, su cercanía a posibles objetivos estratégicos la sitúa en la línea de fuego; 3] Biblioteca de la Facultad de Literatura y Humanidades, espacio que custodia archivos especializados en literatura persa clásica (Hafez, Saadi) y estudios sobre la antigua Persépolis, muchos de los cuales son ejemplares únicos de difícil evacuación; y 4] Biblioteca Central de Shiraz (Biblioteca Pública Shahid Dastgheib), una de las bibliotecas públicas más antiguas y grandes de la ciudad, su vulnerabilidad es extrema debido a la naturaleza de la ofensiva aérea actual.
Más aún, a diferencia de los centros modernos, muchos espacios bibliotecarios en Shiraz están integrados en complejos históricos o cerca de ellos, tales como las bibliotecas de mezquitas y santuarios. Por ejemplo, la Biblioteca del Santuario de Shah Cheragh es un referente internacional al contar con un acervo de alrededor 100,000 volúmenes, por lo que contiene una de las colecciones de manuscritos del Corán más valiosas del mundo, algunos datados en los primeros siglos del Islam. Funciona como una biblioteca de investigación avanzada y cuenta con un museo anexo que resguarda documentos históricos de las eras Safávida y Qajar. Existen decenas de santuarios menores (tumbas de descendientes de imanes) repartidos por la ciudad que albergan bibliotecas comunitarias. Por ejemplo, el Santuario de Ali Ibn Hamzeh, cuenta con una biblioteca frecuentada por estudiantes de teología; el Santuario de Sayyid Ala ad-Din Husayn es otro nodo importante con servicios bibliotecarios para peregrinos y residentes locales. En cuanto las Bibliotecas de Mezquitas cabe destacar la Mezquita Nasir ol-Molk (Mezquita Rosa), misma que posee una biblioteca con acervos importantes de textos religiosos; la Mezquita Jameh Atiq, siendo la más antigua de Shiraz (siglo IX), ha sido históricamente un centro de enseñanza con su propio repositorio de textos teológicos, aunque muchos de sus tesoros se han centralizado en museos por seguridad; la Mezquita Vakil, dado que es principalmente un monumento arquitectónico, mantiene registros y textos relacionados con la jurisprudencia islámica del periodo Zand.
Los ataques reportados en zonas urbanas densas aumentan el riesgo de vibraciones estructurales e incendios que podrían consumir siglos de caligrafía y textos religiosos. La cercanía a Persépolis, aunque el sitio arqueológico está a unos 60 km, los ataques a infraestructuras de transporte y comunicaciones en la provincia de Fars podrían estar afectando la logística necesaria para el traslado y resguardo de colecciones preciosas hacia refugios subterráneos. En materia de protocolos de ocultación se estima que en Shiraz existen al menos 15 bibliotecas de mezquitas de relevancia histórica que han tenido que activar planes de evacuación de emergencia para sus manuscritos más raros hacia bóvedas subterráneas. Así, la vulnerabilidad estructural es real, pues al estar ubicadas en edificios históricos (muchos de adobe y ladrillo con cúpulas de azulejos), son extremadamente sensibles a las vibraciones de bombardeos cercanos. El quehacer bibliotecario ha sido afectado, pues ha habido suspensión de acceso, es decir, algunas bibliotecas han tenido que cerrar sus puertas al público para concentrar sus recursos en la protección física de los libros.
La ciudad de Urmia, debido a su ubicación estratégica en el noroeste de Irán, ha sido históricamente vulnerable a las consecuencias de conflictos armados. Aunque los informes más detallados suelen enfocarse en grandes centros como Teherán, las bibliotecas en ese ámbito urbano se mantienen bajo protocolos de emergencia por el riesgo de ondas expansivas y vibraciones de explosiones cercanas. Cabe decir que Urmia posee una rica herencia documental vinculada a la diversidad religiosa de la zona. Por lo tanto, la protección de esos fondos es una prioridad para la comunidad académica, ya que muchos manuscritos en arameo, armenio y persa son ejemplares únicos que, una vez dañados por el fuego o el agua, serían prácticamente irrecuperables. Así, la preservación de esas colecciones bibliográficas es un asunto delicado porque la pérdida se consideraría una tragedia académica, ya que representan testimonios irreemplazables de la diversidad cultural de la región.
De acuerdo con los reportes más recientes del 28 de marzo de 2026, podemos sintetizar la situación en tres aspectos. a] Ataques a infraestructura. Al respecto se han registrado oleadas de bombardeos en ciudades clave como Teherán, Isfahán, Shiraz y Qom. Esta última situada estratégicamente entre Teherán e Isfahán, sufre el riesgo de "daños colaterales" en sus distritos históricos; b] Denuncias internacionales presentadas al Consejo Internacional de Museos (ICOM) y la UNESCO han recibido alertas de Irán sobre daños en más de 114 sitios culturales e históricos en todo el país. En este sentido el gobierno iraní ha denunciado que la ofensiva no distingue entre objetivos militares y patrimonio histórico; c] Crisis logística, pues la migración forzada de más de 3.2 millones de personas y el colapso de los servicios básicos dificultan las tareas de evacuación y protección de los fondos bibliográficos (uso de bóvedas ignífugas, traslado de cajas, etc.); y d] Suspensión de servicios bibliotecarios presenciales debido al riesgo de los bombardeos, pues desde la primera semana de marzo del año en curso la autoridad bibliotecaria iraní decretó el cierre de más de 3,500 centros. Esta última medida se decidió llevar a cabo porque al ser espacios de lectura, estudio, información y consulta de alta concurrencia, han sido desalojados para evitar tragedias como la ocurrida en una escuela de niñas en Minab.
En virtud de esta situación de alto riesgo, la UNESCO ha manifestado su preocupación, pues la ofensiva militar de Estados Unidos e Israel ha estado ignorando la Convención para la Protección de los Bienes Culturales en caso de Conflicto Armado (La Haya, 14 de mayo de 1954), así como la Convención para la Protección del Patrimonio Cultural y Natural (París, 23 de noviembre de 1972). De tal modo que este organismo internacional ha compartido las coordenadas geográficas de los sitios protegidos con todas las partes en conflicto para intentar mitigar daños futuros, aunque la proximidad de objetivos militares (como oficinas gubernamentales e instalaciones de la Guardia Revolucionaria Islámica) a centros culturales ha hecho que la distinción sea casi inexistente en la práctica. Pero como se informó en enero de 2020 en National Geography, Donald Trump ha amenazado con atacar los sitios culturales de Irán, cuestionando la validez de esa Convención. Aunque hasta hoy no ha confirmado ningún plan de ataque especifico a estos sitios culturales iraníes
La pérdida de las bibliotecas iraníes conllevaría tres niveles de desastre: el científico, pues se detendría la investigación de vanguardia en medicina, ingeniería y física, ya que los laboratorios suelen depender de las colecciones digitales y físicas de estas bibliotecas; el patrimonial, ya que el papel ácido y los pergaminos son extremadamente sensibles a los químicos liberados en bombardeos (como el polvo de cemento y el humo), que acidifican el ambiente de forma irreversible; y el social, en virtud que las bibliotecas en esas ciudades funcionan como los únicos espacios seguros de reunión para la juventud y la comunidad académica. Su destrucción sería la destrucción de la esfera pública intelectual de Irán.
Hasta el momento, el balance oficial presentado por las autoridades iraníes y verificado parcialmente por agencias internacionales muestra la magnitud del daño a la infraestructura civil y cultural iraní.
Estado de la Biblioteca Nacional y otras bibliotecas
Biblioteca Nacional y Archivo Nacional de Irán (NLAI). La Biblioteca Nacional de Irán se fundó en 1937. Tiempo después, se fusionó con el Centro de Procesamiento de Libros de Teherán (TEBROC) y la Organización de Documentación Cultural de la Revolución Islámica (IRCDO) para formar la Organización Nacional de Biblioteca y Documentación. A comienzos del presente siglo (en 2002), esta última se unió al Archivo Nacional Iraní para conformar la Biblioteca y Archivo Nacional de Irán (NLAI). Actualmente, la organización funciona en dos edificios independientes: el nuevo edificio de la Biblioteca Nacional de Irán (NLI) y el edificio del Archivo Nacional de Irán (NAI). Ubicado el edificio de la Biblioteca Nacional en la zona norte de Teherán, la institución activó protocolos de emergencia desde febrero, trasladando gran parte de su acervo digital y microfilmes a servidores espejo y bóvedas de seguridad. Sin embargo, se reporta que las operaciones de catalogación y acceso público están suspendidas indefinidamente a causa de la guerra iniciada por los Estados Unidos e Israel.
Universidad de Teherán (Biblioteca Central). Se han reportado daños estructurales significativos en los niveles superiores de varios edificios debido a ondas expansivas de ataques dirigidos a complejos gubernamentales cercanos. Aunque los depósitos subterráneos de libros raros se mantienen seguros, las salas de lectura y las áreas de servicios digitales han quedado inoperativas por la pérdida de suministro eléctrico y la rotura de cristales. Se sabe que las ondas expansivas han destruido los ventanales de gran formato característicos de la arquitectura moderna iraní de mediados del siglo XX. Esto no solo es un problema estético; la pérdida de la envolvente térmica expone los interiores a la contaminación urbana y a cambios bruscos de temperatura que afectan la estabilidad de los materiales de oficina y mobiliario académico. Asimismo, la destrucción de las áreas de servicios digitales corta el acceso a los catálogos en línea y a las bases de datos de investigación. En una era donde la ciencia es global, la desconexión de la Universidad de Teherán paraliza proyectos de colaboración internacional y el avance de tesis doctorales en curso.
Esta Universidad, inaugurada en 1934, no es solo la institución académica más antigua y prestigiosa de Irán; es el núcleo del pensamiento intelectual, científico y político del país. Los daños estructurales reportados en sus espacios documentales representan un riesgo crítico en la infraestructura del conocimiento del Medio Oriente. La ubicación de la universidad, situada en el corazón de Teherán y rodeada de ministerios y sedes administrativas, la coloca en una zona de alta vulnerabilidad ante incidentes en complejos gubernamentales cercanos. Afortunadamente, el diseño de la Biblioteca Central previó la protección de sus tesoros más valiosos. Pues en efecto, en los niveles inferiores se custodian joyas de la literatura persa, mapas antiguos y documentos únicos de la historia de la ciencia islámica. Estos depósitos están diseñados para resistir vibraciones y mantener condiciones de humedad y temperatura controladas de forma pasiva por un tiempo limitado. Aunque los libros están físicamente a salvo de las explosiones, la pérdida prolongada de suministro eléctrico podría desactivar los sistemas de deshumidificación y filtración de aire, lo que a largo plazo podría favorecer la proliferación de hongos en el papel antiguo.
Red de Bibliotecas de Isfahán. El campus de la Universidad de Isfahán ha sufrido daños colaterales. La biblioteca de la Facultad de Letras y Humanidades, que custodia importantes colecciones de historia regional, ha registrado daños en sus estanterías compactas y sistemas de climatización, lo que pone en riesgo la conservación de materiales de papel ácido y pergaminos. Desde una perspectiva técnico-bibliotecológica, esta situación sugiere una crisis de preservación documental de primer orden. No estamos ante una simple pérdida de infraestructura mobiliaria, sino ante la ruptura de las condiciones controladas que permiten la supervivencia de la memoria histórica. El daño en las estanterías compactas es un problema mecánico con consecuencias bibliográficas graves pues, ante las ondas expansivas, los estantes pueden quedar "sellados", impidiendo el acceso al fondo documental para su evacuación o evaluación de daños. La presión lateral excesiva causada por el movimiento brusco de los estantes compactos puede comprimir los lomos de los libros y legajos, provocando la rotura de costuras y el desprendimiento de tapas en ejemplares antiguos. La mención del papel ácido es importante considerarla porque gran parte de la producción bibliográfica de los siglos XIX y XX contiene lignina y otros compuestos que generan ácidos internos. En cuanto al deterioro de los sistemas de climatización, cabe mencionar que el aumento de la temperatura actúa como un catalizador químico. Según los científicos de materiales (químicos orgánicos, bioquímicos), por cada 10°C que sube la temperatura, la velocidad de las reacciones de hidrólisis ácida se duplica aproximadamente. Por lo que el riesgo de que el papel se vuelve amarillento y quebradizo hasta pulverizarse al tacto, es latente. Sin duda, la situación en la Universidad de Isfahán representa una emergencia de patrimonio documental. La pérdida de esos acervos no solo afecta a la academia actual, sino que eliminaría las fuentes primarias necesarias para que las futuras generaciones comprendan la evolución social y cultural de la región.
Conclusión
A diferencia de la destrucción física visible, la pérdida bibliográfica suele manifestarse de manera diferida. La desaparición de manuscritos, documentos y colecciones no siempre se sabe de inmediato, sino que emerge con el tiempo, hasta cuando se intenta reconstruir la memoria histórica del conflicto desde diferentes perspectivas y dimensiones culturales. En el caso de Irán, la ausencia de reportes específicos sobre bibliotecas dañadas no debe interpretarse como evidencia de su preservación. Por el contrario, el contexto de destrucción cultural generalizada sugiere que las bibliotecas —especialmente aquellas integradas en complejos históricos y educativos— están expuestas a un riesgo significativo. Reconocerlas como víctimas invisibles de la guerra permite ampliar la comprensión del impacto de los conflictos armados, incorporando la dimensión documental y simbólica de la pérdida. En última instancia, la destrucción de estos espacios de lectura, estudio, información y consulta no solo afecta al presente de una sociedad, sino que compromete su capacidad de recordar, interpretar y reconstruir su pasado. En este sentido, las bibliotecas representan una forma de patrimonio cuya destrucción implica no solo una pérdida material, sino también una erosión del conocimiento acumulado. Así, la situación de las bibliotecas y los archivos en Irán es motivo de alarma internacional, ya que estos centros no solo resguardan objetos físicos, sino la memoria histórica y los derechos de acceso a la información de la población.
A partir de la evidencia, no hay confirmación nominal de espacios destruidos dedicados a la lectura, el estudio y la consulta. Pero sí es posible afirmar que existen bibliotecas concretas en zonas bombardeadas o altamente vulnerables. Cruzando la geografía bibliotecaria con algunas de las áreas urbanas afectadas, es posible identificar determinadas bibliotecas en Teherán (la Biblioteca Nacional de Irán, la Biblioteca y Museo Malek); en Qom, núcleo religioso-bibliográfico (la Biblioteca Ayatollah Mar’ashi Najafi, tercera biblioteca especializada más grande de Irán en el campo de textos y manuscritos islámicos, conserva más de 250.000 libros impresos y alrededor de 40.000 manuscritos); en Isfahán (la Biblioteca Central y otras); en Shiraz (Biblioteca Regional de Ciencia y Tecnología, Biblioteca Central de la Universidad, Biblioteca Pública Shahid Dastgheib y otras), ciudad vital de la memoria documental del país; y en Urmia, con su rico legado de libros manuscritos en arameo, armenio y persa que se hallan en estado de vulnerabilidad a causa de la guerra. En términos historiográficos, estas ciudades constituyen “zonas críticas de la memoria”, donde el riesgo no sería solo material, sino epistemológico, pues la posible pérdida de joyas bibliográficas, como libros manuscritos e impresos antiguos, implicaría la destrucción de colecciones irreemplazables.
Los profesionales de la información bibliográfica han implementado protocolos de emergencia para trasladar manuscritos iluminados y archivos únicos a depósitos subterráneos reforzados. No se trata solo de la salvaguardia material de libros, sino de la identidad cultural persa frente a la posibilidad de daños colaterales o de factibles ataques deliberados contra las bibliotecas (libricide/libricidio). Ante la fragilidad física, se han intensificado los servidores espejo fuera de las zonas de conflicto. De modo que el personal bibliotecario trabaja en red para asegurar que los metadatos y copias digitales de la Biblioteca Nacional de Irán sean accesibles incluso si el edificio sufriera daños. Y se han reactivado los inventarios con el emblema del Escudo Azul, coordinándose los responsables con algunos organismos internacionales para señalizar bibliotecas, archivos, museos y monumentos como sitios protegidos por la mencionada Convención de La Haya, intentando así disuadir ataques a estos espacios que se encuentran en áreas urbanas densas. Pero esta medida no ha garantizado del todo la el respeto y la seguridad de esos lugares.
Concordamos con la idea de que las bibliotecas de la República Islámica de Irán no son meros depósitos de libros, sino símbolos de identidad cultural, civilización científica y vínculo histórico de la nación iraní con el conocimiento, la información y la cultura. Desde la Biblioteca Nacional de Irán, guardiana de la memoria nacional, hasta la Biblioteca Central de Astan Quds Razavi, con sus mil años de historia (fundada antes de 1457), cada una es un tesoro de pensamiento, ciencia y fe. Son instituciones bibliotecarias con numerosos manuscritos y obras raras de la antigua historia islámica que merecen ser cuidadas y conservadas.
La protección de esas instituciones es una obligación bajo la Convención de La Haya. Los ataques que alcanzan el ecosistema bibliotecario iraní no solo violan el derecho internacional, sino que podrían interpretarse como una ejecución adyacente o deliberada para dañar la memoria documental de la humanidad.
Fuentes consultadas
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