BIBLIOTECAS, SOCIEDAD Y ESTADO


  • Relação entre as bibliotecas, as ações dos profissionais que nelas atuam e o estado.

OLVIDO, OMISIÓN, MARGINACIÓN Y DISPERSIÓN DE LA DOCUMENTACIÓN INDÍGENA MESOAMERICANA I

A pocos profesionales de las instituciones bibliotecarias parece interesarles la mirada del vencido en relación con el significado hegemónico que proyectan las bibliotecas y los libros coloniales; a unos cuantos profesionales de la bibliotecología parece llamarles la atención que el etnocidio cometido en Mesoamérica no fue un proceso de desindianización sino de exterminio y explotación, y cuyos indicios documentales de esos procesos perversos muchas veces acrecentaron las colecciones de bibliotecas y archivos coloniales. Una muestra de ese desinterés se evidencia a través de los cursos de historia del libro y de las bibliotecas, así como de aquellas asignaturas referentes a la historia de la bibliografía, pues comúnmente en las escuelas latinoamericanas de bibliotecología o biblioteconomía inician, con particular énfasis de admiración, a partir de la época colonial, esto es, a partir de los acontecimientos que se produjeron con la llegada de los libros del conquistador y el comienzo subsecuente del establecimiento de lo que se conoce como «bibliotecas novohispanas». Arte, ciencia, escritura, libros y bibliotecas de la Mesoamérica simplemente no existen en el proceso de enseñanza-aprendizaje que reciben esos profesionales en su etapa de formación; la cultura prehispánica en este plano educativo se mantiene en el olvido, en la marginación. Se omite así el estudio y análisis crítico del trabajo intelectual equivalente que llevaron a cabo las culturas indígenas antes de la invasión perpetrada por los europeos. Esto quizá se deba a que varios historiadores del libro y de las bibliotecas, de diferentes latitudes, en sus obras no han dedicado un capítulo para explicar el universo bibliográfico-documental que crearon los pueblos originarios antes del arribo violento de aquellos colonizadores.

 

En efecto, para algunos autores que han publicado estudios y análisis eruditos sobre historia de los libros y las bibliotecas, como Agustín Millares Carlo, Svend Dahl, Lucien Febvre, Henri-Jean Martin, Albert Labarre, Kart Schottenloher, Fred Lerner, Michael H. Harris, Mario Infelise, entre otros, el origen de esos instrumentos y sistemas de información documental se reduce al mundo antiguo de los babilonios, asirios, sumerios, chinos, egipcios, griegos, romanos y otras civilizaciones lejanas de la América prehispánica. Los aztecas, mayas e incas no existieron para esos autores, no obstante que de esas tres relevantes culturas se sabe que “tenían almanaques y calendarios sagrados en forma de libros. Tenían también libros de historia y documentos interesantísimos llamados actualmente códices y de los cuáles sólo una pequeña parte ha llegado hasta nosotros.” (Brito Sansores, William; 1981, p. 8); que asimismo “el tlacuilo, el amoxtli y el amoxcalli, surgieron como una necesidad social para el registro, organización y transmisión del conocimiento en la sociedad azteca”. (Vázquez Martínez; 1995, p.10). Recordemos que tlacuilo era el escribano; el amoxtli, el libro antiguo; y el amoxcalli, el recinto o la biblioteca en el cuadrante de la civilización antigua azteca. Así, en relación con el contexto mesoamericano, se sabe:

 

Las culturas de esta que se ha llamado Mesoamérica pueden ofrecer especial interés para la historia porque aquí, desde el primer milenio antes de Cristo, existieron formas de escritura y, por tanto, medios para preservar sistemáticamente el recuerdo del pasado. (León-Portilla; 1980., p. 40).

 

Si la aparición de las bibliotecas en México, tal como hoy se conciben, ocurre cuando llegan los españoles, en la época prehispánica también existieron recintos para guardar los testimonios de su cultura. Las civilizaciones mesoamericanas desarrollaron las inscripciones o pinturas que se encuentran en los códices y la necesidad de conservar esos manuscritos obligó a destinarles lugares para conservarlos, conocidos como amoxcalli o bibliotecas prehispánicas, y las más afamadas se encontraban en Texcoco y Tlatelolco. (Fernández; 1997, p. 51).

 

De tal modo que se está ante el estudio de una de las más importantes civilizaciones milenarias, cuya raíz se remonta a las culturas olmeca y tolteca, las cuales tienen particular significación por la construcción de información y conocimientos desarrollados, pues ellas crearon formas de escritura jeroglífica y de registro histórico con el fin de preservar los orígenes de sus respectivas sociedades urbanas. La astronomía, arquitectura, arte de estas antiguas culturas influyeron tanto en los mayas como en los aztecas.

 

El fenómeno del éxodo o dispersión de manuscritos precolombinos para algunos, del saqueo documental indígena prehispánico para otros, se entremezcla con el reconocimiento intelectual y la percepción de aniquilamiento al que fueron sometidas esas obras pictográficas: 

 

Esparcidos en algunas bibliotecas y museos del mundo, los códices precolombinos representan uno de los testimonios – tal vez el más vibrante y enigmático – del México antiguo. Constituyen los primeros libros mexicanos que expresan el más elevado pensamiento histórico, social y científico.

La mayor parte de ellos desaparecieron entre las llamas que encendían los salvadores de almas. Los que se conservan llegaron a Europa en el siglo XVI como curiosidades, como regalos a los príncipes. Las ediciones que se han hecho han sido tan cortas que se consideran sus ejemplares como joyas bibliográficas. (Moctezuma; 1958, p. 31).  

 

Pero la salida de esos documentos continuó en los siglos XVIII y XIX,  pues se sabe que creció la demanda de los libros manuscritos elaborados por los indígenas mesoamericanos.  Como si fuesen simples objetos de curiosidad y lujo reservado a unos pocos, se produjo con particular interés la diáspora de esa documentación hacia diversos países europeos como España, Italia, Austria, Inglaterra, Francia y Alemania. En el siglo XX, por vías de dispersión y venta de bibliotecas y colecciones en el extranjero, los aficionados y curiosos de Estados Unidos de Norteamérica adquirieron varios códices para así formar acervos de manuscritos que actualmente se hallan en algunas instituciones académicas y oficiales de Chicago, Austin, Nueva York, entre otras, así como en ciertas colecciones privadas. Este fenómeno se debe a que coleccionistas europeos fomentaron e incrementaron la búsqueda de las "pinturas" y "libros de caracteres" indígenas para adquirirlos por cualquier vía. Así  el sentido de colectividad que tuvieron esos documentos durante los tiempos prehispánicos, se sustituyó por el de beneficio económico individual. El espíritu de bien comunal de ese material bibliográfico indígena sería desplazado por el criterio de lucro individual.

 

Bibliografía

 

Brito Sansores, William. (1981). La escritura de las mayas. México: Manuel Porrúa S. A.

 

Fernández de Zamora, Rosa María. La historia de las bibliotecas en México 1980-1996: una revisión de la literatura. En: Investigación Bibliotecológica. 11 (22) (enero-junio 1997): 51-58

 

León-Portilla, Miguel. (1980). Toltecáyotl: aspectos de la cultura náhuatl. México: Fondo de Cultura Económica.

 

Moctezuma, Julio Rodolfo. (1958). “Los códices precolombinos”. En: Sinopsis bibliográfica mexicana. México: Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

 

Vázquez Martínez, Juan Ángel. (1995). La función social del tlacuilo, los amoxtlis y los amoxcallis. México: Secretaría de Educación Pública.


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FELIPE MENESES TELLO

Cursó la Licenciatura en Bibliotecología y la Maestría en Bibliotecología en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Doctor en Bibliotecología y Estudios de la Información por la (UNAM). Actualmente es profesor definitivo de asignatura en el Colegio de Bibliotecología de la Facultad de Filosofía y Letras de UNAM. En la licenciatura imparte las cátedras «Fundamentos de Servicios de Información« y «Servicios Bibliotecarios y de Información» con una perspectiva social y política. Asimismo, imparte en el programa de la Maestría en Bibliotecología y Estudios de la Información de esa facultad el seminario «Servicios Bibliotecarios para Comunidades Multiculturales». Es coordinador de la Biblioteca del Instituto de Matemáticas de esa universidad y fundador del Círculo de Estudios sobre Bibliotecología Política y Social (2000-2008) y fue responsable del Correo BiblioPolítico que publicó en varias listas de discusión entre 2000-2010. Creó y administra la página «Ateneo de Bibliotecología Social y Política» en Facebook.