BIBLIOTECAS, SOCIEDAD Y ESTADO


  • Relação entre as bibliotecas, as ações dos profissionais que nelas atuam e o estado.

OLVIDO, OMISIÓN, MARGINACIÓN Y DISPERSIÓN DE LA DOCUMENTACIÓN INDÍGENA MESOAMERICANA - II

En este orden de ideas, el análisis crítico respecto a la diáspora documental indígena es un acontecimiento que también ha sido omitido e ignorado por aquellos eruditos de la historia del libro, a pesar que esta dispersión es seguramente del dominio de todo estudioso del libro. Así, se sabe que una gran variedad de libros autóctonos se hallan en diversas instituciones bibliotecarias y museológicas de países que cuentan con un largo historial de política colonialista e imperialista, por ende, de saqueo y destrucción cultural permanente. Centros bibliotecarios tales como: Biblioteca estatal de Sajonia, Biblioteca Nacional de París, Biblioteca Nacional de Viena, Biblioteca Bodleyana de la Universidad de Oxford, Biblioteca Apostólica Vaticana, Biblioteca Universitaria de Bolonia, Biblioteca de la Asamblea Nacional de Francia, Biblioteca de la Universidad de Tulane; y sitios museológicos como los siguientes: Museo Británico, Museo de Etnología de Viena, Museo de Liverpool, etcétera, son la evidencia institucional a donde han ido a parar varios de los testimonios documentales indígenas de Mesoamérica (León–Portilla; 1992, pp. 83-190).

 

Acorde con este horizonte histórico referente a la alta cultura indígena desarrollada entre los pueblos congregados en el marco de la civilización mesoamericana, se asevera:

 

Herederos de más de dos milenios de creación cultural, su pensamiento y su literatura escapan al olvido y pueden estudiarse en los códices y en los textos que se conservan en bibliotecas de América y Europa. Entre ellos hay anales históricos, ordenamientos rituales y tradiciones religiosas, pláticas de los ancianos, enseñanzas en los centros de educación y, como la mejor muestra de su refinamiento espiritual, una rica poesía, en la que se hizo presente cuanto puede preocupar al hombre en la tierra. (León-Portilla; 1980., p. 47).

 

De tal suerte que no todos los autores interesados en la historia de los libros y las bibliotecas han olvidado, omitido o marginado el panorama documental indígena mesoamericano. Las obras El Libro: epítome de bibliología (1946), de Juan B. Iguíniz; La evolución del libro: breviario histórico (1986), de Gabino Fernández Serna y Omar Vite Bonilla; Breve historia del libro en México (1987), de Ernesto de la Torre Villar; El mundo del libro en México (1992), de Fernando Rodríguez Díaz; Historia universal de la destrucción de los libros: de las tablillas sumerias a la guerra de Irak (2004), de Fernando Báez, son algunos ejemplos que nos dan luz en este sentido.

 

Iguíniz en su obra expone, respecto a los libros indígenas, temas como los jeroglíficos, las materias empleadas en la escritura indígena, las tintas y los tlacuilos, escribas o pintores que elaboraban esos manuscritos, asimismo refiere sobre las bibliotecas prehispánicas; Fernández y Vite ocupan varias páginas para reflexionar en torno de los códices en el antiguo México; de la Torre trata sobre el pensamiento y los libros en los pueblos precolombinos; Rodríguez dedica un capítulo a los códices prehispánicos; sobre este mismo tenor, Báez intitula el capítulo seis «Los códices quemados en México». Pero, como se muestra a lo largo de este escrito,  es Miguel León-Portilla el autor que mayor empeño ha puesto en relación con el binomio libros-bibliotecas en tiempos anteriores a la invasión de los europeos. Esta bibliografía sugiere que no hay impedimento para dar el crédito debido a la cultura documental indígena precolombina en los espacios dedicados a la enseñanza e investigación, esto es, en las esferas de la formación académica del bibliotecario y producción de conocimiento bibliotecológico. No hacerlo implicaría seguir practicando en esos planos intelectuales el desprecio y la negación como recursos de dominación ideológica; significaría seguir difundiendo y construyendo deliberadamente conocimiento prejuiciado.

 

Asimismo, Hipólito Escolar hace figurar «el libro prehispánico» de manera relevante en su Historia Universal del libro, en el que reconoce uno de los elementos fundamentales de la existencia de los libros autóctonos: “Sólo en Centroamérica y en Méjico (sic) los indios habían descubierto la escritura antes de la llegada de los españoles” (Escolar; 1993, p. 428). Sin embargo, en el Manual de historia del libro (Madrid: Gredos, 2000) Escolar omite la cultura del libro producido en el contexto de los pueblos mesoamericanos. Esta laguna es significativa en un libro con un título tan elocuente, pues la historia de libro prehispánico no puede quedar en el olvido o en el plano de la indiferencia cuando se tiene la presunción precisamente de escribir una historia general del libro. Mientras tanto Lucien X. Polastron en su obra Libros en llamas refiere, con particular énfasis, diversos antecedentes inherentes a la estructura física y contenido de los códices prehispánicos, y percibe al libro precolombino como “una construcción tan original y sofisticada que podía inspirar la repulsión de los nuevos ricos de lo impreso”. (Polastron; 2007, p. 115).

 

Igualmente, cuando se trata del tema bibliografía mexicana, los repertorios de libros indígenas o catálogos de códices mesoamericanos comúnmente en las escuelas de bibliotecología o biblioteconomía pasan desapercibidos. No obstante el conocimiento que nos transmiten las obras que en torno de esa cultura bibliográfica existen, las cuales comenzaran a ser publicadas a lo largo del siglo XX, tales como: Les peintures mixteco-zapoteques et quelques documents apparentés (1905) de Walter Lehmann; Notes sur le classement des manuscrits anciens du Mexique (1928) de Harry Hirtzel; Bibliografía de los códices precolombinos y documentos indígenas posteriores a la Conquista (1933) de Eduardo Noriega; Fuentes indígenas de México. Ensayo de sistematización bibliográfica  (1956) de José Alcina Franch; Catálogo de los códices indígenas del México antiguo (1957) de Miguel León Portilla y Salvador Mateos Higuera; y el Catálogo de códices de la colección del Museo Nacional de Antropología de México (1964) de John B. Glass; Bibliografía de códices, mapas y lienzos del México prehispánico y colonial (1979) de Virginia Guzmán Monroy.

 

En esta tesitura, se reconoce: “Conforme la edición y el estudio de códices y otros documentos del México antiguo se ha ido intensificando, el número de las publicaciones dedicadas a hacer censos, catálogos o guías bibliográficas sobre el tema, se ha ido incrementando.” (Alcina Franch; 1992, pp. 19-20). Obra bibliográfica que incluye escritos anteriores a los impresos novohispanos, esto es, libros de la época colonial que dieron forma a los repertorios que proyectan el quehacer bibliográfico que predominó en los círculos de la intelectualidad durante la época de los virreyes (véase: Rivas Mata; 2000, 192 p.). Lo que se quiere decir es que los futuros seminarios integrales de investigación que se impartan sobre bibliografía mexicana deberán tomar en cuenta la cultura bibliográfica indígena mesoamericana. Esta preocupación consiste en reconocer plenamente tanto esa cultura milenaria como el quehacer bibliográfico que respecto a los códices prehispánicos han hecho varios estudiosos. Reunir la descripción bibliográfica – para facilitar la búsqueda, recopilación, registro, automatización, digitalización y estudio – que se ha publicado en relación con ese tipo de documentos elaborados por las civilizaciones mesoamericanas, es otra vía posible de compilar el conocimiento que hasta la fecha se ha escrito en ese terreno histórico-antropológico. Si se desea captar y explorar el pasado de la bibliografía mexicana desde sus raíces más profundas, es necesario partir con el estudio de lo que implica la categoría bibliografía prehispánica.

 

Pero no obstante las importantes aportaciones hechas por estudiosos de la historia y antropología, el olvido social en torno de la cultura bibliográfico-documental mesoamericana ha sido una práctica recurrente entre la comunidad de bibliotecólogos. Podríamos afirmar que se trata en cierto sentido de un olvido institucional respecto a la memoria colectiva documental de los pueblos originarios de esta región, puesto que este fenómeno ha sido fomentado desde los grupos que dominan las instituciones académicas en donde se forman los cuadros profesionales en bibliotecología o biblioteconomía, y en las que se ubican algunos autores de la historia universal del libro y de las bibliotecas. Este olvido ha delineado no sólo el silencio sino también la ausencia de conocimiento sobre los libros autóctonos y las bibliotecas mesoamericanas; este alejamiento ha colaborado a desdibujar la historia de estas culturas nativas en la esfera del conocimiento bibliotecológico. La idea es: si algo se quiere mantener en el olvido,  de ese tema no hay que hablar ni escribir, no hay que estudiar ni investigar sobre de eso. Empero la flama del saber que se produjo en el marco social precolombino no se apaga.   

 

Bibliografía

 

Alcina Franch, José. (1992). Códices mexicanos. Madrid: MAPFRE.

 

Escolar, Hipólito. (1993). Historia universal del libro. Madrid: Fundación Germán Sánchez Ruipérez. 

 

León-Portilla, Miguel. (1992). Literaturas indígenas de México. México: Fondo de Cultura Económica, MAPFRE.

 

---------------. (1980). Toltecáyotl: aspectos de la cultura náhuatl. México: Fondo de Cultura Económica.

 

Polastron, Lucien X. (2007). Libros en llamas: historia de la interminable destrucción de bibliotecas. México: Fondo de Cultura Económica.

 

Rivas Mata, Emma. (2000). Bibliografías novohispanas o historia de varones eruditos. México: Instituto Nacional de Antropología e Historia.


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FELIPE MENESES TELLO

Cursó la Licenciatura en Bibliotecología y la Maestría en Bibliotecología en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Doctor en Bibliotecología y Estudios de la Información por la (UNAM). Actualmente es profesor definitivo de asignatura en el Colegio de Bibliotecología de la Facultad de Filosofía y Letras de UNAM. En la licenciatura imparte las cátedras «Fundamentos de Servicios de Información« y «Servicios Bibliotecarios y de Información» con una perspectiva social y política. Asimismo, imparte en el programa de la Maestría en Bibliotecología y Estudios de la Información de esa facultad el seminario «Servicios Bibliotecarios para Comunidades Multiculturales». Es coordinador de la Biblioteca del Instituto de Matemáticas de esa universidad y fundador del Círculo de Estudios sobre Bibliotecología Política y Social (2000-2008) y fue responsable del Correo BiblioPolítico que publicó en varias listas de discusión entre 2000-2010. Creó y administra la página «Ateneo de Bibliotecología Social y Política» en Facebook.