BIBLIOTECAS, SOCIEDAD Y ESTADO


  • Relação entre as bibliotecas, as ações dos profissionais que nelas atuam e o estado.

EL PARADIGMA EDUCATIVO DE LA BIBLIOTECA PÚBLICA

A través de la práctica bibliotecaria y del discurso bibliotecológico se observan varios indicios del paradigma educativo de la biblioteca pública, mismo que sostiene la clásica relación entre «bibliotecas y educación». Una clara visión en este sentido es, según el punto de vista de varios autores (Ditzion, 1947, p. 77; Shera, 1972, p 136; Harrison y Beenham, 1985, p. 2; Shuman, 1992, p. 26), la función de educación que desempeña esta institución bibliotecaria en el entramado de la sociedad. Función considerada como uno de los fundamentos de la bibliotecología, en general, y de la biblioteconomía pública, en particular. De tal manera que el fenómeno de la educación en los cuadrantes activos de la biblioteca pública está ceñido al objetivo social de este espacio de información y lectura, el cual “es contribuir a la calidad de vida, para promover el concepto de sociedad democrática y para agregar a la suma total la felicidad del hombre y la conciencia de sí mismo, de los demás y su entorno” (Harrison y Beenham, 1985, p. 2). Se ha configurado así la razón educativa del centro bibliotecario público:  “promover y proporcionar los medios para el desarrollo del individuo/grupo en todos los niveles de la capacidad educativa” (Harrison y Beenham, 1985, p. 2). Se trata de una de las razones de la biblioteca pública reconocida aún hoy en día (Civallero, 2010, p. 95-96).  

 

Se aprecia que la función de educación, en el esfera de la biblioteca que nos ocupa, es la fuente de donde brota una serie de fenómenos pedagógico-sociales o socio-pedagógicos que a lo largo de los años ha venido evidenciando, desde diferentes dimensiones cognitivas, el paradigma educativo en cuestión. Entre los conceptos que destacan respecto a esos fenómenos cabe mencionar tales como: educación de adultos, educación popular y educación rural. Categorías de educación que, para el caso de América Latina, han sido “consideradas como factores esenciales en el proceso de «movilización social» puesto que la demanda de esta gama de educación “proviene de sectores socialmente oprimidos” (Torres, 1995, pp. 34 y 36). A este marco conceptual es pertinente agregar, según observamos, las siguientes expresiones no menos elocuentes: educación no formal, educación extraescolar, educación especial, educación permanente o educación continua. Palabras clave que se entrelazan en las diversas coordenadas de tiempo-espacio y de teoría-práctica para reconocer lo que se ha llegado a denominar, en la esfera de la educación de personas jóvenes y adultas, como educación alternativa (Aguirre, Lizarazo y Badilla, 2009, p. 8).

 

En esta perspectiva se afirma que las bibliotecas públicas, desde su origen moderno (siglo XIX) y hasta la actualidad, tienen como función primordial la educación en tanto que las actividades que llevan a cabo esas instituciones “son entendidas como complemento, soporte y apoyo a la educación formal” (Almeida, 1997, pp. 26-27). Empero, también se piensa que las bibliotecas públicas han venido desempeñando esta función debido a la carencia, deficiencia o inexistencia de bibliotecas en las escuelas inherentes al sector de la educación básica. No obstante se distingue que este tipo de bibliotecas, en la práctica bibliotecaria, no se limitan a la esfera formativa efectuada en el aula ya que ellas cubren otras modalidades que van más allá de los centros escolares, tales como las diferentes categorías inherentes a la educación alternativa.

 

Con este telón de fondo, Almeida asevera: “La biblioteca pública debería dirigir su función educativa para la educación informal, para la educación continua. Pero, por estar obligada a hacer las veces de biblioteca escolar, no sobra tiempo e interés para acciones en el ámbito de la educación continua” (2003, pp. 70.72). Ante esta afirmación, es sugerente que la biblioteca pública cumpla con particular énfasis la función de educación no formal o extraescolar, misma que apunte hacia la autoformación, el autoaprendizaje de por vida. Se incorpora en este modelo, según se percibe, la función de educación de la biblioteca pública en un plano dedicado al «aprendizaje permanente». Concepto que comprende un enfoque añejo del derecho de toda persona a tener la oportunidad de aprender a lo largo de sus diferentes etapas de vida (Johnson, 1938, p. 71; McColvin, 1950, p. 7;  Maurois, 1961, p. 12; Castrejón y Ángeles, 1974, p. 15).     

 

La biblioteca pública figura como un relevante servicio en la esfera de la educación no formal de mujeres y hombres, especialmente en los diferentes niveles o aspectos de educación de adultos: alfabetización, educación básica, capacitación para el trabajo técnico-industrial y capacitación para el trabajo en materia agrícola (Torres, 1995, p. 96). En efecto, procurar la adquisición de nuevos conocimientos acerca de la salud, el hogar, la economía doméstica y el trabajo son asuntos de particular repercusión en la vida cotidiana de todos; de comunidades e individuos que radican en  zonas urbanas y rurales. La biblioteca pública así ha estado ayudando, en varias partes del mundo y en la medida de sus posibilidades, a promover en las comunidades la educación que propicia el mejoramiento en relación con los niveles de calidad de vida y estimulando la generación de proyectos que implican construcción comunal (Batten, 1992, pp. 78 y 153).  Por esto se razona que:

 

Entre las agencias de educación de adultos, las bibliotecas son, quizás, las más flexibles en la prestación de servicios educativos para adultos. La prestación de estos servicios se basa en los siguientes supuestos: Para llevar una vida plena y significativa, los adultos necesitan aprender continuamente. Los libros son el medio principal de continuar con la auto-educación. Los adultos son capaces de continuar con la auto-educación, es decir, que tienen la capacidad de obtener ideas y la información independientemente de los libros y otros materiales de biblioteca. El desarrollo histórico y la implementación de educación de adultos de la biblioteca reflejan esas creencias fundamentales. (Lee, 1968, p. 90).

 

Con base en estos supuestos, la relación entre «biblioteca pública y educación de adultos» adquiere particular fama en la esfera de la bibliotecología pública. Por ejemplo, a mediados del siglo pasado se aseveró:

 

[...] el libro es y debe ser la base de toda educación de adultos, la biblioteca tiene un puesto central en esta tarea; sólo así puede llegar a ser una institución social, y no simplemente un centro de esparcimiento y pasatiempo para el pueblo. Si se quiere lograr completo éxito para establecer relaciones sólidas y duraderas entre las diferentes instituciones educativas y la biblioteca pública, los bibliotecarios tienen que tomar la iniciativa. (Thomsen, Sydney y Tompkins, 1950, pp. 22-23).

 

Naturalmente que desde entonces los profesionales de la biblioteca pública han estado pendientes respecto al desarrollo y uso de las colecciones de otros materiales impresos (revistas y periódicos) para permitir a las personas el desarrollo intelectual a través de la lectura, sustancia fundamental de la educación de niños, jóvenes y adultos. De tal modo que el servicio de biblioteca provisto de salas de lectura ha formado parte importante, por ejemplo, de las bibliotecas públicas rurales. Recursos importantes con que han contado los centros de educación para adultos, como ha sido en el caso de México (Torres, 1995, pp. 97 y 106). Asimismo, la práctica profesional respecto a servicios bibliotecarios de información también ha puesto atención a la prestación de acervos audiovisuales (películas, videos, discos fonográficos, compactos), lo que ha permitido abatir las barreras intelectuales que se interponen entre los fondos bibliográficos impresos y los analfabetos. Los audiovisuales que ofrecen las bibliotecas públicas han fungido como la antesala para aquellas personas que desean o necesitan entrar al mundo de la escritura y la lectura. 

 

El célebre Manifiesto de la UNESCO sobre la biblioteca pública es la matriz declarativa internacional del presente paradigma, pues en sus tres versiones proclama que esta institución tiene una especial potencia para favorecer la educación. En efecto, en 1949 señaló a esta biblioteca como la “fuerza viva al servicio de la educación popular”, principio que la contemplaba como: 1]el instrumento idóneo para la educación universal durante toda la vida; 2] el complemento de la obra de las escuelas y otras instituciones educacionales; 3] el medio para satisfacer las necesidades de los adultos en todos los órdenes de la educación; y 4] la universidad del pueblo indispensable para ofrecer educación integral a niños, jóvenes y adultos. En 1972 ese manifiesto continuó considerándola como «la fuerza viva al servicio de la educación», esto es, como “una muestra de la fe de la democracia en la educación para todos y en todas las edades”, particularmente para que los ciudadanos contaran con los recursos requeridos para completar los medios de enseñanza formal. En 1994, se reitera el postulado «la biblioteca pública como una fuerza viva para la educación», de tal suerte que entre sus misiones se declara que este centro bibliotecario debe “prestar apoyo a la educación, tanto individual como autodidacta, así como a la educación formal en todos los niveles”. En este orden de ideas, no solamente el libro y la lectura tienen implicaciones en el derecho a la educación como derecho público (Werthein, 2006, p. 153), sino también en el derecho social de la población a tener acceso libre y gratuito a  la biblioteca pública. 

 

Las Directrices IFLA/UNESCO para el desarrollo del servicio de bibliotecas públicas es otro referente importante que reafirma el paradigma educativo de estas instituciones al expresar que uno de “los principales propósitos de la biblioteca pública es proporcionar los recursos y servicios en una variedad de medios para satisfacer las necesidades de los individuos y grupos en materia de educación [...]” (IFLA/UNESCO, 2001, p. 2). En síntesis, esas directrices señalan que el motivo de la fundación y el mantenimiento de las bibliotecas públicas, alrededor del mundo, ha sido el apoyar a la educación formal e informal (escolar y extraescolar) y sigue siendo un objetivo primordial. Se reconoce así tanto la importancia del aprendizaje escolarizado como el de carácter duradero de la gente en las diferentes etapas de la vida. El problema de la dicotomía analfabetos-alfabetizados también es considerada en ese documento cuando se sugiere que:

 

La biblioteca pública también debe apoyar activamente las campañas de alfabetización, pues la alfabetización es la clave para la educación, el conocimiento y el uso de bibliotecas y servicios de información. Las personas recién alfabetizadas necesitan un acceso fácil a materiales de lectura adecuados para mantener y desarrollar sus habilidades. (IFLA/UNESCO, 2001, p. 2).
 

Si reconocemos que la educación es también una función del Estado, a las bibliotecas públicas, como parte de los servicios públicos que crea y desarrolla el poder público para el logro de tal función, les corresponde cumplir con determinada responsabilidad social-educativa, asistiendo a la comunidad con eficacia mediante acervos, recursos y servicios. En esta contextura, el nexo entre «bibliotecas y educación» se ha reforzado desde hace tiempo con la premisa de que la biblioteca es una institución de servicio, esto es:

 

Si la educación tiene la función significativa en el proceso económico y social, la biblioteca [pública], como factor coadyuvante de aquélla, debe ser considerada como una institución de servicio cuya actividad está dirigida a toda la comunidad a través de las distintas formas orgánicas que en la práctica adquiere. (Casa, 1974, p. 9).

 

Esta percepción nos permite sugerir que la educación no solamente está vinculada con la escuela como medio para formar a la comunidad, pues hasta ahora la realidad ha demostrado que las instituciones escolares no han sido lo suficientemente eficaces para tal efecto. Conforme a esta situación, la conexión escuela-comunidad requiere, en la teoría y en la práctica, de la unión biblioteca-comunidad para que uno y otro binomio se apoyen y complementen a través del pensamiento-acción, es decir, de la praxis. La escuela y el maestro; la biblioteca y el bibliotecario son, por ende, elementos esenciales en el desenvolvimiento social, político, económico y cultural de los diversos individuos que constituyen grupos sociales que apuntan a crear una gran variedad de comunidades, mismas que encarnan la dinámica de la sociedad.

 

El potencial educativo informal o extraescolar de la biblioteca pública, como otro indicio en relación con el paradigma que nos ocupa, se puede sintetizar con la idea de que «la biblioteca pública es la universidad del pueblo». Esta idea se remonta al libro de Alvin Johnson: The public library: a people's university (1938). A partir de esa obra otros autores (Rose, 1954, p. 177; Logsdon, 1963, p. 39; Litton, 1973, p. 10) han hecho alusión acerca de esta metáfora que, como es posible intuir, contiene en sí un gran peso socio-pedagógico. Idea que por cierto se internacionalizaría mediante la primera versión del Manifiesto de la Unesco sobre la Biblioteca Pública (1949). Las siguientes versiones de ese manifiesto universal (1972 y 1994) la reinterpretarían con otras palabras, por lo que el espíritu de tal alegoría sigue vigente en la teoría para continuar orientándonos e inspirándonos en la práctica.

 

La percepción de Johnson infiere que la biblioteca pública es una de las tres posibilidades para el desarrollo de un sistema efectivo de educación de adultos, es decir:

 

La primera es el trabajo de extensión de las escuelas públicas, los colegios y las universidades en este campo. La segunda es el desarrollo en un sistema de evaluación educativa de los distintos planes tentativos, privados o cooperativos en funcionamiento.. La tercera es el desarrollo de la biblioteca pública en un centro permanente de educación de adultos, informalmente, una universidad popular. (Johnson, 1938, p. 71)

 

Se aprecia de este modo que la institución bibliotecaria en cuestión ha sido convocada a ser un efectivo centro de educación informal o extraescolar para los adultos, es decir, a manera de que funcione como una universidad del, para y por el pueblo (Tyckoson, 2000, p. 40), fórmula que nos recuerda el aforismo lincolniano. Desde este ángulo, el arquetipo educativo se yuxtapone al paradigma democrático de la biblioteca pública, pues ésta se dispone con la finalidad de apoyar la educación de niñas y niños, de mujeres y hombres para la vida democrática. Necesariamente el modelo ciudadano de este tipo de biblioteca también entra en juego en esta estructura paradigmática social y política.   

 

Como hemos analizado, el enfoque del paradigma educativo de la biblioteca pública recomienda que esta institución social se incorpore activamente para apoyar a otras organizaciones de enseñanza, pero sin menos cabo de la función de educación que le corresponde desempeñar a la biblioteca escolar. Asimismo, la evolución del servicio de la biblioteca pública está relacionada con el concepto de educación permanente, es decir, vinculada a tres corrientes explícitamente reconocidas: 1] formas especiales de educación de adultos, en las que se incluyen los procesos de alfabetización y capacitación para el trabajo; 2] educación como proceso de aprendizaje durante toda la vida de la persona; y 3] apoyo y complemento educativo a estudiantes de escuelas, principalmente aquellos que cursan el nivel de educación básica. En los dos primeros casos, el aprendizaje está dirigido a jóvenes adultos y adultos mayores a lo largo de la vida.  

 

El derecho a la educación con énfasis en la alfabetización y educación básica de personas jóvenes y adultas, marginadas por el sistema social capitalista, se articula con el derecho que tienen mujeres y hombres de tener acceso expedito a los acervos y servicios de las redes nacionales, estaduales y locales de bibliotecas públicas. Sistemas bibliotecarios públicos implementados mediante políticas públicas, programas de gobierno y proyectos basados en las necesidades de educación, información y recreación de la sociedad civil.

 

 

Referencias

 

Aguirre Ledesma, Noel; Lizarazo, Nelsy; Badilla, Patricia. (2009). Reporte sobre el estado actual de la educación de personas jóvenes y adultas en Bolivia, Costa Rica y Ecuador. Revista Interamericana de Educación de Adultos. 31 (2): 8-46

 

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Batten, T. R. (1992). Las comunidades y su desarrollo. México, Fondo de Cultura Económica.

 

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Castrejón Díez, Jaime;  Ángeles Gutiérrez, Ofelia. (1974). Educación permanente. México, Fondo de Cultura Económica.

 

Civallero, Edgardo. (2010). Competencias básicas, aprendizaje continuo y bibliotecas públicas. Experiencias en América Latina. En: Javier Castillo Fernández; José Antonio Gómez Hernández; Pedro Quílez Simón (Editores). La biblioteca pública frente a la recesión: acción social y educativa. Murcia, España, ANABAD, Ediciones Tres Fronteras.

 

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Johnson, Alvin. (1938). The public library-a people’s university.  New York, American Association for Adult Education.

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Logsdon, Richard H.; Logsdon, Logsdon. (1963). Public libraries. En: Library careers. New York, Henry Z Walck. pp. 39-52

 

McColvin, Lionel R. (1950). El servicio de extensión bibliotecaria en la biblioteca pública. París: UNESCO.

 

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Rose, Ernestine. (1954). The public library in American life. New York, Columbia University Press.

 

Shera, Jesse H. (1972). The foundations of education for librarianship. New York : Becker and Hayes.

 

Shuman, Bruce A. (1992). Foundations and issues in library and information science. Englewood, Colorado : Libraries Unlimited.

 

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FELIPE MENESES TELLO

Cursó la Licenciatura en Bibliotecología y la Maestría en Bibliotecología en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Doctor en Bibliotecología y Estudios de la Información por la (UNAM). Actualmente es profesor definitivo de asignatura en el Colegio de Bibliotecología de la Facultad de Filosofía y Letras de UNAM. En la licenciatura imparte las cátedras «Fundamentos de Servicios de Información« y «Servicios Bibliotecarios y de Información» con una perspectiva social y política. Asimismo, imparte en el programa de la Maestría en Bibliotecología y Estudios de la Información de esa facultad el seminario «Servicios Bibliotecarios para Comunidades Multiculturales». Es coordinador de la Biblioteca del Instituto de Matemáticas de esa universidad y fundador del Círculo de Estudios sobre Bibliotecología Política y Social (2000-2008) y fue responsable del Correo BiblioPolítico que publicó en varias listas de discusión entre 2000-2010. Creó y administra la página «Ateneo de Bibliotecología Social y Política» en Facebook.