BIBLIOTECAS, SOCIEDAD Y ESTADO


  • Relação entre as bibliotecas, as ações dos profissionais que nelas atuam e o estado.

EL PARADIGMA PÚBLICO DE LA BIBLIOTECA PÚBLICA XV

La historia acerca de la Biblioteca Palafoxiana, conocimiento cultivado esencialmente en el universo de la academia, se ha reducido principalmente a transcribir y describir trozos (Fernández, 2001, p. 16-17; Fernández, 2011, p. 145-146; Cortés, 2012, p. 161; Cortés, 2012a, p. 71-72), así como a reproducir in extenso (Torre, 1960, pp. 42-46; Osorio 1988, p. 35-38) pero no a estudiar e interpretar concienzudamente el documento notarial en el que Palafox hizo constar la donación de su acervo a las entidades religiosas correspondientes (los colegios San Pedro, San Juan y San Pablo), con la finalidad de fundar una “librería” más bien de carácter eclesiástico. Por tanto, lo que hace falta es un análisis pormenorizado, esto es, un estudio más reflexivo en relación con esa escritura notarial, en virtud que a partir de ese documento se anticipa el concepto de «biblioteca pública».  

 

En efecto, los historiadores de las bibliotecas mexicanas se han obstinado en afirmar que la “primera biblioteca pública” en el México virreinal, e incluso en el continente americano, fue la Palafoxiana. Pero esta afirmación no está basada en rigurosos puntos de vista teóricos ni tampoco en serios análisis de historia social en torno a este tipo de institución bibliotecaria; menos aún en estudios referentes al marco histórico del virreinato en donde se instituyó esa biblioteca para aquellos colegios dedicados a formar personal eclesiástico. De manera que se han limitado a reiterar textualmente lo que Juan de Palafox y Mendoza comenzó a considerar desde el acta de donación que él hizo de su acervo ante el fedatario público Nicolás Valdivia y de las Rodelas a fines de la primera mitad del siglo XVII:

 

[…] resolvimos a honra y gloria de Dios Ntro. Sr. ser muy útil y conveniente hubiese en esta ciudad y Reyno una biblioteca pública de diversas facultades y ciencias, donde todo género de personas y en particular los eclesiásticos seculares y regulares y otros profesores de las letras, cursantes y pasantes, pueden estudiar como les convenga por la gran falta que suele haber de libros en estas partes, por traerse de otras tan remotas […] (Torre, 1960, p. 42. Las cursivas son mías).

 

De tal suerte que es recurrente hallar afirmaciones como esta: “[…] las primeras dos bibliotecas con carácter de públicas fueron obviamente la Palafoxiana y la Biblioteca Turriana… En este sentido, la Palafoxiana, [es] la primera biblioteca pública de América […]”  (León Ham; León Ham; Romero Cora, 2009, p. 23, 29-30). Pero estas opiniones han comenzado a ponerse en tela de juicio al aseverarse que el consenso que hay entre los investigadores de la Palafoxiana de considerarla como la primera biblioteca “pública” se debe a que este adjetivo ha sido interpretado literalmente (Cortés, 2012, p. 168; Cortés, 2012a, p. 76). Se nota así que la valoración hecha al pie de la letra por algunos autores (Torre, 1960, p. 38; Fernández, 2011, p. 145) ha sido a partir de la lectura basada en la escritura pública que hizo frente a notario el donante Palafox y Mendoza, quien, como observamos en el extracto citado, aludió al término de «biblioteca pública» para referirse en realidad a la creación y desarrollo de una biblioteca eclesiástica. El acta de donación da entender claramente la fundación de un centro bibliotecario para el funcionamiento del aparato religioso novohispano.

 

En efecto, dado el contexto cultural en el que se comenzó a formar esa ¨librería” y en virtud de las peculiaridades intrínsecas de la misma, se ha llegado a reconocer: “Entre los acervos más importantes creados durante la época colonial en México se encuentra la Biblioteca Palafoxiana, la cual en sus orígenes fue y tuvo vida como acervo bibliográfico eclesiástico” (Carreño y Garibay, 2007,  p. 20), esto es, para asistir esencialmente a una comunidad colegial-religiosa. En este sentido, una cosa fue el espíritu de Palafox de crear una “librería pública y común” (Torre, 1960, p. 46) y otra cosa fue en realidad lo que sucedió al comenzar a configurarse aquella como un servicio bibliotecario eclesiástico.

 

También es preponderante examinar la palabra “seculares” que refiere esa escritura notarial, pues comúnmente se ha interpretado como sinónimo de civiles, laicos o seglares, esto es, como personas al margen del mundo eclesiástico. Por ejemplo, Osorio escribe: “Los libros deberían estar siempre dispuestos a la consulta pública tanto de eclesiásticos como de seglares […].” (1988, p. 34). En realidad cuando se esperaba que en esa biblioteca pudiesen estudiar “en particular eclesiásticos seculares y regulares”, Palafox aludió a las dos principales estructuras de la Iglesia católica: 1] el clero secular (compuesto por la cofradía de sacerdotes que no dependían de ninguna orden y que estaban sujetos a la potestad de los obispos) y 2] el clero regular (formado por las órdenes religiosas de hombres y mujeres, condicionados a las reglas de su orden). La comunidad lectora a la que se destinó esencialmente la “dicha libraría” fue la conformada entonces por los diferentes grupos clericales de Puebla. Esto se enfatiza en esa escritura al expresar:

 

[…] donde cómodamente puede estar la dicha librería a uso de sus Colegiales, agregada y adjudicada a los propios Colegios de San Pedro, San Pablo y San Juan donde puedan estudiar para ejercitarse después en actos literarios, así los dichos colegiales como todas las demás personas eclesiásticas y seculares de esta Ciudad y Obispado que se quieran aprovechar de la dicha librería, para que esta obra tan santa y pía sea perpetua por lo que resulta al mayor servicio de Dios Nuestro Señor y por el amor y voluntad que tenemos a este nuestro Obispado y sus patrimoniales y a los dichos tres colegios y fundación estamos de acuerdo con donarles la dicha librería […]. (Torre, 1960, p. 43).

 

Observamos así que la propiedad de los acervos palafoxianos con los que se creara ese organismo bibliotecario novohispano pasó a manos de la regencia clerical. Por tanto, el servicio al público estaría dirigido en esencia a la comunidad lectora adherida al universo predominante de la clerecía. En razón de esto, el concepto de «biblioteca pública» que se registra en el acta de donación; y el término de «librería pública» que se asienta en la ordenanza número 299 que Palafox dictó para la administración obispal de lo que llegara a ser la gran Biblioteca Palafoxiana, no es posible considerarlos al pie de la letra. Aceptamos solamente que se tratan de prematuras expresiones en torno a la concepción de servicio de biblioteca al público, pues éste en los hechos no funcionó más allá de las restricciones formuladas respecto por quien las tuvo en cuenta: Juan de Palafox y Mendoza. Asunto que se tratará en las siguientes entregas.

 

 

Referencias

 

Carreño, Elvia; Garibay, Jorge. (2007). Las palabras de dios y los textos del hombre. En Biblioteca Palafoxiana: de lo sagrado a lo profano. Puebla: Gobierno del Estado de Puebla, Secretaría de Cultura. pp. 17-27

 

Cortés, Amado Manuel. (2012). Del manuscrito a la imprenta, el nacimiento de la librería moderna en la Nueva España. La Biblioteca Palafoxiana. México: Ediciones y Gráficos Eón; Puebla: Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.

 

---------------. (2012a) La Biblioteca Palafoxiana: entre el orden y lo sublime. En Garone Gravier, Marina (Ed.). Miradas a la cultura del libro en Puebla: bibliotecas, tipógrafos, grabadores. Libreros y ediciones en la época colonial. México: Gobierno del Estado de Puebla; Educación y Cultura; Instituto de Investigaciones Bibliográficas, UNAM. pp. 72-93   

 

Fernández de Zamora, Rosa María. (2001). Las bibliotecas públicas en México: historia, concepto y realidad. En Memoria del Primer encuentro internacional sobre bibliotecas públicas. Perspectivas en México para el siglo XXI. Ciudad de México, del 24 al 28 de septiembre de 2001. México: CONACULTA, Dirección General de Bibliotecas. pp. 13-33

 

--------------. (2011). Don Juan de Palafox y Mendoza, promotor del libre acceso a la información en el siglo XVII novohispano. Investigación Bibliotecológica. 25 (54): 141-157

 

León Ham, Adriana de; León Ham, Verónica de; Romero Cora, Miguel Ángel. (2009).  Carreño Velázquez,  Elvia. (Coord.). Juan de Palafox y Mendoza y su legado bibliográfico: catálogo comentado de impresos novohispanos de la Biblioteca Palafoxiana. México: Apoyo al Desarrollo de Archivos y Bibliotecas de México.

 

Osorio Romero, Ignacio. (1988). Historia de las bibliotecas en Puebla. México: SEP, Dirección General de Bibliotecas.

 

Torre Villar, Ernesto de la. (1960). Nuevas aportaciones acerca de la Biblioteca Palafoxiana. Boletín de la Biblioteca Nacional. 2ª época, 11 (1): 35-66.


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FELIPE MENESES TELLO

Cursó la Licenciatura en Bibliotecología y la Maestría en Bibliotecología en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Doctor en Bibliotecología y Estudios de la Información por la (UNAM). Actualmente es profesor definitivo de asignatura en el Colegio de Bibliotecología de la Facultad de Filosofía y Letras de UNAM. En la licenciatura imparte las cátedras «Fundamentos de Servicios de Información« y «Servicios Bibliotecarios y de Información» con una perspectiva social y política. Asimismo, imparte en el programa de la Maestría en Bibliotecología y Estudios de la Información de esa facultad el seminario «Servicios Bibliotecarios para Comunidades Multiculturales». Es coordinador de la Biblioteca del Instituto de Matemáticas de esa universidad y fundador del Círculo de Estudios sobre Bibliotecología Política y Social (2000-2008) y fue responsable del Correo BiblioPolítico que publicó en varias listas de discusión entre 2000-2010. Creó y administra la página «Ateneo de Bibliotecología Social y Política» en Facebook.