BIBLIOTECAS, SOCIEDAD Y ESTADO


  • Relação entre as bibliotecas, as ações dos profissionais que nelas atuam e o estado.

EL PARADIGMA PÚBLICO DE LA BIBLIOTECA PÚBLICA - XX

La suntuosa Biblioteca del Real Seminario Palafoxiano de la ciudad de Puebla, dedicada a sostener y consolidar esa estructura educativa eclesiástica de nivel superior, es decir, designada para asistir los estudios que se impartían en aquellos colegios tridentinos, requirió de una serie de disposiciones que permitiera a sus dos ilustrados bibliotecarios (Francisco Vallejo y Eugenio García) realizar el diligente trabajo de dirigir con eficacia el servicio de esa biblioteca académica. Con las estrategias puestas en práctica, mediante la administración reglada del servicio bibliotecario palafoxiano, se coadyuvó a la riqueza intelectual de los miembros de la iglesia, apuntalando la privilegiada posición social de este aparato religioso en el mundo colonial. Servicio para fortalecer la formación teológica del clero, colaborando así en la composición de una parte de la élite dominante.

 

En efecto, las nuevas Reglas y ordenanzas debían, a juicio del obispo Francisco Fabián y Fuero, beneficiar principalmente a esos seminarios, mismos “que desde su fundación han sido con mucha gloria de esta nuestra Diócesis el precioso archivo de las letras, y el taller donde se han cultivado y formado tantos y tan dignos Ministros del Altar” (Torre, 1960, p. 58). Algunos de esos mandatos, como es posible advertir, proyectan políticas con claro espíritu segregacionista, muy propio de la estructura colonial para favorecer la entonces sociedad teocrática; para, como también se podría inferir de manera inocua, educar un clero ilustrado y ejemplar que ayudará a elevar el nivel intelectual y cultural del México colonial.

 

Mientras que la circulación de la colección, reflejo del suministro de libros a la comunidad de lectores, el clérigo Francisco Fabián y Fuero determinó, en sus primeras ordenanzas de 1770, el cuidado con el que debía proceder el personal bibliotecario para tal efecto:

 

Estos dos catedráticos estarán obligados a buscar y facilitar en dicha librería el libro o libros que deseen ver cualquier persona de respeto que vaya de fuera, pero el colegial o estudiante que quiera ver o leer alguno, lo hará por sí mismo; mandamos que lo vuelva a colocar en el mismo sitio o lugar de donde lo sacó, sin esconderlo en otro estante, sólo que cuidarán y celarán mucho dichos dos bibliotecarios, y cuando experimenten alguna falta o repugnancia en ejercitar esto, avisarán a nuestro Rector, quien castigará severamente a los delincuentes, pues es notorio que de haberse observado este método, se ha seguido notable perjuicio a la biblioteca. (Torre, 2006, p. 256)

 

El mandato de esta ordenanza parece claro: para los lectores externos de respeto, el servicio de biblioteca debía adoptar el férreo funcionamiento de «estantería cerrada»; mientras que para los lectores internos se dispondría la accesible modalidad de «estantería abierta», con el riesgo de que algunos de ellos procedieran indebidamente en prejuicio de tal servicio y, por ende, de la comunidad lectora. Aunque brota la duda respecto al acceso directo y libre a los fondos bibliográficos de la parte de abajo por parte de los colegiales, pues se sabe a través de la descripción que se hizo de la Biblioteca Palafoxiana de esos tiempos (1773) que: “Los estantes de abajo están con sus puertas todas tejidas de alambra de cobre… Cada hoja de aquellas tiene cerradura y su escudo de latón, todo bien trabajado con cuatro llaves que sirven para todas las puertas […].” (Torre, 1960, p.  55). El funcionamiento de la estantería abierta para los colegiales y estudiantes debió, en la práctica, entrar en contradicción o frustrarse ante la cláusula XI:

 

 Para que todos los libros estén siempre en sus correspondientes lugares, lo han de celar también mucho los bibliotecarios, tendrán éstos la llave en su poder sin dejarlas por ningún acontecimiento en las puertas de los estantes ni entregarlas a persona alguna; los índices estarán prontos en sus respectivas mesas, y luego que se pida algún libro será de su cargo el acercarse al estante en que estuviese puesto el hacer que lo alcance uno de los mozos, y ponerlo el propio bibliotecario para que disponga se coloque en su debido sitio. (Torre, 1960, p. 62-63)   

 

Recordemos que los estantes con rejería de alambre fue una medida de protección que Juan de Palafox y Mendoza describió en su escritura de donación del acervo que originó esa biblioteca novohispana. Medida que hizo más efectivo el papel de bibliotecario custodio de los libros y vigía del espacio bibliotecario. Abrir y cerrar las puertas con tejido de alambre que protegían las colecciones fue tarea, por supuesto, de los bibliotecarios. Y sobre de ellos pendió la responsabilidad de localizar, prestar y colocar debidamente los libros que los lectores solicitaban. El control del préstamo de libros al interior de la biblioteca debía ser con el severo apoyo de la autoridad rectora del Real Seminario Palafoxiano.   

 

Las diferencias étnicas, económicas y académicas configuraron la diferencia de casta en tiempos de la colonia. El estricto orden social estratificado debió influir para pensar y decidir, por parte de la autoridad obispal, que solamente las personas “de respeto”, provenientes del exterior y ajenas a dicho Seminario, podían usar los libros de aquella Biblioteca. Esto sugiere que pudo haberse tratado de una política administrativa con traza de discriminación y prejuicio social-racial implementada por Fabián y Fuero. El orden colonial, basado en la desigualdad étnica, pudo controlar seguramente la práctica de la lectura durante el virreinato y, por ende, también el acceso a las colecciones de ese tipo de instituciones novohispanas. La minoría potentada, conformada por la aristocracia colonial, constituida por peninsulares y criollos, fue la esfera social que debía ser tratada con particular deferencia en aquellos espacios bibliotecarios, como el Palafoxiano.  

 

La cláusula XV de las ordenanzas de 1773, Fabián y Fuero expresó el comportamiento que debían guardar los lectores en un contexto intelectual impregnado de religiosidad y desigualdad social, reflejando así una posición de casta supeditada a diferencias de civilidad, entendimiento y educación entre inferiores y superiores:

 

Ninguno podrá estar con bonete puesto en la librería si fuere colegial, ni con el sombrero otra alguna persona de cualquier estado que sea, por la reverencia debida a las sagradas imágenes colocadas en ella, y así mismo por el respeto, y buena correspondencia, que debe guardarse entre inferiores, y personas de dignidad, y aun entre los individuos de una misma esfera. (Torre, 1960, p. 64)

 

La desigualdad social parece que no dejó margen para elaborar normas verdaderamente incluyentes en torno al funcionamiento de ese recinto bibliográfico colonial, cuyas autoridades eclesiásticas se ufanaron, a partir de su creación en el siglo XVII, de ser de carácter público. Como continuaremos analizando, en virtud de que se practicaron inflexibles estatutos de segregación en torno a ese servicio de biblioteca, el renombre de biblioteca pública, mismo que declarara el ilustrado clérigo Francisco Fabián y Fuero, no queda más que continuar poniéndolo en tela de juicio.

 

Referencias

 

Torre Villar, Ernesto de la. (1960). Nuevas aportaciones acerca de la Biblioteca Palafoxiana. Boletín de la Biblioteca Nacional. 2ª época, 11 (1): 35-66

 

----------. (2006). Seminario palafoxiano de Puebla: nóminas de maestros y alumnos (1651 y 1770).  Anuario de Historia de la Iglesia. 15: 237-258

 


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FELIPE MENESES TELLO

Cursó la Licenciatura en Bibliotecología y la Maestría en Bibliotecología en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Doctor en Bibliotecología y Estudios de la Información por la (UNAM). Actualmente es profesor definitivo de asignatura en el Colegio de Bibliotecología de la Facultad de Filosofía y Letras de UNAM. En la licenciatura imparte las cátedras «Fundamentos de Servicios de Información« y «Servicios Bibliotecarios y de Información» con una perspectiva social y política. Asimismo, imparte en el programa de la Maestría en Bibliotecología y Estudios de la Información de esa facultad el seminario «Servicios Bibliotecarios para Comunidades Multiculturales». Es coordinador de la Biblioteca del Instituto de Matemáticas de esa universidad y fundador del Círculo de Estudios sobre Bibliotecología Política y Social (2000-2008) y fue responsable del Correo BiblioPolítico que publicó en varias listas de discusión entre 2000-2010. Creó y administra la página «Ateneo de Bibliotecología Social y Política» en Facebook.