BIBLIOTECAS, SOCIEDAD Y ESTADO


  • Relação entre as bibliotecas, as ações dos profissionais que nelas atuam e o estado.

PRELUDIO DE LA BIBLIOTECONOMÍA NEGRA EN LOS ESTADOS UNIDOS

La historia del servicio de biblioteca para afroestadounidenses registra una rica y compleja evolución social, económica e intelectual (Wheeler, Johnson-Houston y Walker, 2004, p. 42), entretejida con un claro proceso político. Historia que está ligada al fenómeno dual de la población negra alfabetizada/analfabeta de los Estados Unidos, por ende, está vinculada estrechamente a la historia social y política de los libros y la lectura de ese país. En el siglo XIX la práctica de la lectura, excepto la lectura de la Biblia, se consideraba un peligro para la gente negra, pues la población blanca dominante temía que la comunidad sometida a la esclavitud y explotación asimilara ideas inadecuadas en concordancia a su posición de subordinación (Richards, 1998, p. 92). Por ley, basada en prejuicios raciales, la población negra en los Estados Unidos no se le permitió acceder a las bibliotecas, pues estaban solamente a disposición de los blancos. Así, por ejemplo, se sabe que sería a hasta comienzos de la década de 1950 que “la ciudad de Houston abrió su biblioteca pública central a los afroamericanos después de cincuenta años de negarles el acceso” (Knott, 2015, p. 1). 

Ciertamente, se sabe que en las postrimerías del siglo XIX hubo algunos acontecimientos en torno a la prestación de servicios bibliotecarios para la población negra estadounidense. Destaca por ejemplo la decisión judicial de 1896 para crear, desde entonces, «bibliotecas segregadas». De modo que en un periodo de “58 años, la práctica de «separados pero iguales» gobernó el establecimiento y funcionamiento de espacios públicos, incluidas las bibliotecas” (Wheeler, Johnson-Houston y Walker, 2004, p. 42). Sin embargo, se afirma: “Antes de la Guerra Civil, los negros del Sur no disponían de ningún servicio de biblioteca pública, y el último cuarto del siglo XIX tampoco produjo una variación notable” (Gleason, 1945, p. 339). Si es que el servicio de biblioteca en los Estados Unidos para personas de raíz africana fue la excepción durante la centuria decimonónica.

Así, será hasta el siglo XX que en ese país comienza paulatinamente a impulsarse el movimiento bibliotecario negro, reflejado principalmente en artículos de revistas especializadas. El mejor indicio de la historia y teoría de la biblioteca destinada a comunidades afroestadounidenses, son los documentos que fueron publicados en diferentes fuentes a lo largo de las primeras cinco décadas de la antepasada centuria. Así, percibimos que los albores de la literatura sobre «Black librarianship» (Biblioteconomía negra) en los Estados Unidos se remontan a la primera mitad del siglo XX. Los artículos publicados en las revistas College & Research Libraries (Baker, 1943), Journal of Negro Education (Baker, 1943; Curtis, 1935; Dunlap, 1935; Hulbert, 1943; Leylls, 1945; Miller, 1941; Rising, 1935; Robinson & Allen, 1943; Shores, 1932; Smith, 1940; Spingarn, 1938), Library Journal (Rose, 1921; Cunningham, 1936; Jackson, 1939), Library Quarterly (Bontemps, 1944; Gleason, 1945; Jackson, 1940), Louisiana Library Association Bulletin (Stewart, 1939) y North Carolina Libraries (Huston, 1944), son una muestra del discurso histórico-teórico que se publicó desde en ese entonces en torno a esta temática.

 

Nella Larsen (1891-1964). Foto: Wikipedia

En tiempos que seguía siendo la segregación racial la norma en el sistema de bibliotecas públicas de los Estados Unidos, cabe recordar a la bibliotecaria blanca Ernestine Rose (1880-1961), quien es considerada pionera en la gestión de servicios bibliotecarios urbanos para comunidades negras (Jenkins, 1990, p. 218). La profesión la estudió en la New York State Library School, ubicada en la ciudad capital de Albany. Su artículo “Serving New York’s Black city”, publicado en 1921 en el Library Journal, es un elocuente testimonio de su práctica bibliotecaria en la New York Public Library (NYPL). Concretamente en la Harlem Branch Public Library (135th Street). Ahí, entre 1920 a 1942, ella logró estimular la conciencia racial, convirtiendo ese centro bibliotecario en un modelo de servicio de estudio, consulta y lectura para la minoría negra desatendida. Entre sus aciertos, destaca el apoyo que ofreció a Nella Larsen Imes para que fuese la primera afroestadounidense en ser aceptada en la “library school” de la NYPL, escuela abierta en octubre de 1911 y cerrada en 1926 por falta de apoyo económico. De modo que Larsen, alentada por Rose, fue la primera mujer negra en graduarse como bibliotecaria profesional en esa escuela, convirtiéndose así en una de las primeras bibliotecarias negras en ser empleadas por la NYPL. Al respecto se afirma que Rose en 1921 había contratado a tres asistentes de biblioteca “de color” y que:

En enero de 1922 contrató a una cuarta, Nella Larsen Imes […]. Con la ayuda y el aliento de Rose, Larsen fue la primera solicitante afroamericana aceptada en la escuela de bibliotecarios de la Biblioteca Pública de Nueva York y la primera bibliotecaria negra empleada por la ciudad de Nueva York. (Hochman, 2014, p. 93).

La concepción social de la biblioteca pública estadounidense dirigida para personas negras, Rose la centraría en torno a la diversidad cultural de la comunidad. Visión que se percibe en su libro The public library in America life. En las ciudades con grandes concentraciones de población negra, este tipo de centro bibliotecario debía, a su juicio, desarrollarse con acervos, servicios y personal adecuados y necesarios, esto es, acorde con la naturaleza étnica de las comunidades. Es decir, en la práctica “una biblioteca pública en una comunidad negra se especializa en libros escritos por y sobre negros y, en algunos casos, emplea a negros como miembros de su personal” (Rose, 1954, p. 41). Punto de vista que a pesar de haber sido escrito hace muchos años, sigue orientando el contemporáneo quehacer bibliotecario para afrodescendientes estadounidenses.

Larsen comparte cierta similitud con Catherine Allen Latimer (1896-1948), la primera bibliotecaria afroestadounidense de la NYPL. Así, en torno a aquellas bibliotecarias, se afirma: “En 1920, la primera bibliotecaria negra, Catherine Latimer, fue contratada en la sucursal de la calle 135 de la Biblioteca Pública de Nueva York, también fue contratada por [Ernestine] Rose, y Nella Larsen, una de las autoras más célebres del Renacimiento de Harlem, sirvió [en esa sucursal] como bibliotecaria infantil de 1923 a 1926” (Evans, 2022, p. 11). Se sabe que Latimer laboró en esa biblioteca sucursal hasta que se jubiló en 1946; en tanto Larsen abandonó su empleo de bibliotecaria en 1926 para convertirse en una prometedora y reconocida escritora de novelas del Harlem Renaissance, movimiento cultural afroestadounidense llevado a cabo en Harlem, Manhattan, Nueva York entre las décadas de 1920 y 1930.

Cabe recordar que Latimer estudió Librarianship en la Universidad de Howard, graduándose en 1918. Logró ser una autoridad notable en materia de bibliografía sobre la vida afroamericana. De tal suerte que en 1925 creó la Division of Negro History, Literature and Prints, lo que le permitió organizar en The 135th Street Branch un importante acervo sobre la diáspora africana con la finalidad de hacerlo más accesible. Con la mira de conservar partes de la historia negra para las futuras generaciones, compiló recortes con el plan de formar álbumes. Y lo logró porque esa Division se convirtió en el Schomburg Center for Research in Black Culture, hoy una de las bibliotecas de investigación de la NYPL de renombre mundial. Institución cultural líder dedicada a la investigación, preservación y exhibición de materiales centrados en los asuntos de la comunidad afrodescendiente. La consulta internacional de esas colecciones especiales sobre la población negra, Latimer la comentó apenas unos años después de haber sido creada esa Division. En su artículo “Where can I get material on the Negro” escribió:

El uso de la Negro Division ha aumentado enormemente desde su creación en 1925. Casi mil personas la visitan mensualmente. Ha habido visitantes de distintas partes del mundo: bibliotecarios de Alemania, Bélgica, Dinamarca y Sudáfrica, profesores de Holanda y Francia, autores de Sudáfrica y Noruega, funcionarios gubernamentales de China, Japón y algunas de las islas de las Indias Occidentales, el presidente de Haití, y estudiantes de África y de muchos países europeos (Latimer, 1934, p. 165).

 

Catherine Allen Latimer en la Biblioteca Pública de Nueva York. Foto: LiBlog of the University of Cincinnati Libraries.

En vida aquella bibliotecaria negra pudo comprobar que el objetivo planteado se estaba logrando de manera satisfactoria. Conservar, proteger y difundir ese caudal documental para el estudio y análisis de la comunidad de estirpe africana estaba permitiendo avivar el entendimiento y el pundonor con perspectiva racial. De modo que aseveró:

“El propósito para el cual se creó esta División se está cumpliendo gradualmente. La conciencia racial y el orgullo racial se despiertan e inspiran mediante la preservación de estos registros históricos. Hay en esta riqueza de material un campo virgen en lo que respecta a líneas de investigación y se espera que en el futuro estos tesoros puedan ser más utilizados y apreciados por todas las razas” (Latimer, 1934, p. 165).

Así, durante 28 años Catherine Latimer trabajó con ahínco esa colección sobre la historia de la comunidad negra. Labor que es reconocida en el marco de la rica herencia que muestra la historiografía de la Biblioteconomía negra de los Estados Unidos. 

Cabe mencionar que el 7 de agosto de 1920 el semanario afroestadounidense New York Age, fundado en 1887, publicó en primera plana la nota: “Four colored girls chosen by New York Public Library” (Cuatro mujeres jóvenes de color elegidas por la Biblioteca Pública de Nueva York). Además de Catherine Allen Letimer, de Brooklyn, serían seleccionadas Ruth A. Moseley, Cora P. Muldrow y Fannie Tarkington, oriundas de la ciudad de New York.

 

Dra. Eliza Atkis Gleason - Foto: University of Chicago, 1940.

En el marco de los albores de la Black Librarianship en los Estados Unidos, cabe recordar a Eliza Valeria Atkis Gleason (1909-2009), bibliotecaria, decana y profesora de Bibliotecología (Library Science). Acorde con algunos autores (Jones, 2002, p. 94; Jones, Kompanik y Onkst, 2009; Hunt, 2013; Knott, 2015, 2019), Gleason estudió la disciplina en tres instituciones universitarias de peculiar prestigio. A saber, ella obtuvo en 1931 la Licenciatura en Bibliotecología (Bachelor of Library Science) en la University of Illinois. En 1935 logró el grado de Maestría en Bibliotecología (Master of Library Science) por la University of California. Más tarde, en 1940, sería la primera mujer afroestadounidense en concluir el doctorado en esta misma disciplina en la University of Chicago. El grado de doctora lo obtuvo con la tesis The government and administration of public library service to Negroes in the South (El gobierno y la administración del servicio de biblioteca pública para los negros en el Sur). Documento recepcional publicado como libro bajo el título The Southern Negro and the public library: a study of the government and administration of public library service to Negroes in the South (Gleason, 1941). Más aún, en 1942 la doctora Gleason fue la decana de la School of Library Science en Atlanta University (Jones, 2002, p.11), que hasta 1986 había formado alrededor del 90% de la comunidad bibliotecaria negra de los Estados Unidos. De tal suerte que Gleason es personaje central de la historia social de la Black Librarianship de los Estados Unidos al considerársele pionera e innovadora sobre esta temática (Graham, 2002, p.165; Jones, 2002, p. 94-95; Hunt, 2013, p. 16).

The Southern Negro and the public library contiene ocho capítulos, a saber: 1 - Historical background; 2 - The legal basis of free public library service to Negroes in the South; 3 - Governmental organization; 4 - Geography of Negro library service; 5 - Financial support and administration; 6 - Internal organization and administration; 7 - Independent Negro libraries; 8 - Public library service of Negro private secondary schools and Negro colleges and universities. Esta obra es una investigación sobre el servicio de biblioteca pública para negros en los trece estados que conforman el Sur de los Estados Unidos. El análisis se basa en una inspección personal de cada biblioteca pública del Sur que entonces atendía a negros. Contiene valiosos datos estadísticos relacionados con el tema.

 

Forro del libro «The Southern Negro and the Public Library» by Eliza Atkins Gleason 
Foto: The New York Public Library Digital Collections

El libro de Gleason se publicaría en una época en la que aún predominaba la «segregación bibliotecaria». El espíritu de imaginar bibliotecas públicas como recintos consagrados al acceso libre, igualitario y equitativo a la información para todos, fue en los Estados Unidos una quimera. Es decir, aún durante varias décadas del siglo XX a la comunidad de estadounidenses negros se le negó tajantemente o limitó el acceso a las colecciones y servicios de las bibliotecas formalmente para todos, pues solo se le concedía el permiso a entrar a bibliotecas con acervos separados y reducidos o insignificantes. Este sistema de segregación racial fue el apartheid estadounidense para conservar el poder de estudio, investigación, lectura y consulta de libros, revistas y periódicos entre la población blanca. Así, con base en la posición hegemónica de la blanquitud, como fenómeno de una cultura racial-cultural, en los Estados Unidos se prohibió o restringió a la población de estirpe africana el disfrute de los servicios bibliotecarios con identidad civilizatoria de modernidad capitalista. Gleason en su artículo «Facing the dilema of public library for Negroes» al referirse a la segregación racial en el escenario de la práctica bibliotecaria en el Sur de los Estados Unidos, escribió:

En la década de 1900 a 1910, varias bibliotecas públicas del Sur ampliaron sus servicios a los negros. Este servicio se puso a disposición otorgando privilegios restringidos en la biblioteca principal, estableciendo sucursales separadas para los negros, haciendo un acuerdo contractual con una escuela secundaria negra o estableciendo una biblioteca negra independiente con su propio consejo administrativo. Estas bibliotecas negras independientes eran unidades gubernamentales separadas y no tenían conexión oficial con ningún otro sistema de bibliotecas públicas del municipio (Gleason, 1945, p. 339).

En ese mismo escrito, Gleason refiere la escasa cobertura de servicios bibliotecarios para los afroestadounidenses que vivían en varios estados del Sur, como Alabama, Arkansas, Florida, Georgia, Kentucky, Luisiana, Mississippi, Carolina del Norte, Oklahoma, Carolina del Sur, Tennessee, Texas y Virginia. Al hacer referencia a un estudio especial sobre el funcionamiento de bibliotecas públicas para los negros del Sur, aseveró que en 1938 de 744 unidades de servicios bibliotecarios en el Sur sólo 99 daban servicios a negros. En otras palabras, 645 bibliotecas públicas que estaban abiertas al servicio ninguna daba servicio a los negros.” (Gleason, 1945, p. 341). Por lo que al factor cuantitativo en este sentido era realmente desalentador tanto en las zonas rurales como urbanas, pues “de los 9,261,792 negros que según el censo de 1940 viven en el Sur, sólo 250 de cada mil cuentan con servicios de biblioteca pública. En las zonas rurales, sólo 80 de cada mil negros reciben servicios, mientras que se mantienen instalaciones para 590 de cada mil habitantes urbanos.” Así, “más de 6.000.000 negros en el Sur se encuentra sin servicio de biblioteca pública; 2.000.000 de ellos viven en zonas donde se proporcionan instalaciones de biblioteca pública para la población blanca.” (Gleason, 1945, p. 341). La tendencia de restringir el acceso a los libros al lector negro varió. La más extrema fue la falta absoluta de instalaciones bibliotecarias para la comunidad negra. La gestión de servicios bibliotecarios segregados sería la otra manera de limitar el acto de la lectura entre la población afroestadounidense. Situaciones que se presentaron principalmente en el Sur (Shores, 1932, p. 376). Para más antecedentes sobre la desatendida vida cultural pública bibliotecaria en el Sur, se sugiere leer el artículo de Pamela Spence Richards (1998, p. 93).   

Puede decirse que el panorama bibliotecario de los estados sureños estadounidenses, partidarios de la esclavitud hasta antes de su abolición en 1866, se gestó bajo un férreo e inhumano sistema segregacionista que permitió fomentar un excesivo racismo étnico y una funesta conducta de discriminación por raza/color. Así, se produjo durante décadas la segregación racial en el campo de las bibliotecas, basada en las leyes decimonónicas de Jim Crow (Knott, 2015). Leyes que por mandado de derecho apuntaban hacia el lema «separados pero iguales». Leyes que serían declaradas inconstitucionales y por ende anuladas entre 1954 y 1964. De tal suerte que el discurso académico de Gleason se adelantó a su tiempo al evidenciar la ineficiencia e ineficacia de los servicios bibliotecarios municipales, segregados racialmente. Aportación que llamó a la acción para ampliar el alcance geográfico y demográfico de las bibliotecas entre la población negra sureña de los Estados Unidos. De tal forma, en la década de 1940 algunas bibliotecas públicas estadounidenses comenzaron su larga lucha para abolir el nefasto sistema de segregación bibliotecaria. Pugna que se sumó, años más tarde, a la movilización por los derechos civiles de la comunidad negra de ese país.

 

Dra. Virginia Lacy Jones.
Foto: Monroe County Indiana

Antes de finalizar este acercamiento a la Biblioteconomía negra estadounidense, merece recordar a la bibliotecaria profesional Virginia Lacy Jones (1912-1984). Ella obtuvo el grado de Bachelor of Library Science en 1933 en la Hampton Institute Library School. Su primer nombramiento profesional fue el de bibliotecaria asistente de Louisville Municipal College y bibliotecaria principal de esa sucursal negra de la University of Louisville. También impartió clases de biblioteconomía para formar bibliotecarios negros. Cuatro años después, en 1937, con la ayuda de una beca completó la maestría en Bibliotecología en la University of Chicago, obteniendo el grado en 1938. Más tarde, en 1945 logró ser la segunda afroestadounidense en recibir un doctorado también por la University of Chicago Graduate Library School. Su tesis doctoral, basada en un estudio de campo, versó sobre «The problems of Negro public high school libraries in selected Southern cities» (Los problemas de las bibliotecas de las escuelas secundarias públicas negras en ciudades seleccionadas del Sur). Como docente, formó parte del personal académico de la Atlanta University School of Library Service hasta que fue nombrada Decana en 1945. Fue la segunda persona en ocupar este puesto, después de Eliza Atkins Gleason, la primera afroamericana en recibir un doctorado en Library Science. Su mandato durante 36 años como decana de la School of Library Service comprendió hasta 1981. Cabe agregar que la Atlanta Library School durante más de cuatro décadas graduó a más bibliotecarios negros que cualquier otra institución de ese tipo del país (Jones, 2002, p. 99). Más aún, la revista American Libraries (Vol. 30, no. 11, 1999, p. 43) la reconoció dentro del grupo de los 100 líderes bibliotecarios más importantes que los Estados Unidos tuvo en el siglo XX. Para más información sobre la doctora Jones, véase el escrito de LeRoy Casper Jordan, “The Multifaceted Career of Virginia Lacy Jones” (La carrera multifacética de Virginia Lacy Jones) (1994, pp. 75-83).

En concordancia con lo expuesto, cobra relevancia el punto de vista Cheryl Knott: “La historia de las bibliotecas segregadas racialmente tiene el potencial de cambiar nuestras teorías sobre la cultura impresa, nuestra evaluación de la historia de las bibliotecas y las políticas de información, y nuestra historia del movimiento por los derechos civiles.” (2015, p. 3). Historia social y política de las bibliotecas que marcan y limitan las teorías de las bibliotecas públicas estadounidenses. Entramado de ideas que las conceptúan y fundamentan como “arsenales de la cultura democrática” (Ditzion, 1947); o “piedras angulares de la democracia” (Kranich, 2001, p. 83). Ciertamente, las bibliotecas públicas en los Estados Unidos tradicionalmente han sido apreciadas, tanto en la teoría como en la práctica, como un bien común democrático. Sin embargo, el hecho que la población negra tuviese que recurrir, durante más de medio siglo, a: 1] bibliotecas sucursales segregadas, 2] salas de lectura segregadas para negros dentro de bibliotecas disponibles para blancos, 3] horario limitado a un solo día por semana en el que las personas negras podían visitar la biblioteca local mientras estaba cerrada a los usuarios blancos, 4] pocas bibliotecas independientes para negros, o 5] servicio mínimo a través de bibliobuses, el valor democrático luce, a la luz de la historia, menguado y claramente puesto en duda. La situación más deplorable fue que el servicio de biblioteca para los afroestadounidenses no existió en muchas áreas durante las primeras décadas del siglo XX, pues aún en 1946, en el Sur de los Estados Unidos, alrededor del 70% de esa población marginada carecía de servicio bibliotecario.

La senda para democratizar los servicios bibliotecarios de ese país de América del Norte ha sido tortuosa, pues aún en el siglo que transcurre se continúan narrando acontecimientos de comunidades de usuarios y de personal bibliotecario que enfrentan discriminación por circunstancias de raza, clase, identidad sexual o discapacidad. Aún en el presente siglo siguen arraigados valores colonialistas. Asimismo, la ominosa supremacía blanca continúa obstaculizando la trasformación de las bibliotecas en verdaderos espacios de libertad, justicia, igualdad y equidad, tétrada de valores fundamentales que siguen reflexionando y debatiendo los teóricos de que vinculan las bibliotecas con la democracia.    

Referencias

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FELIPE MENESES TELLO

Cursó la Licenciatura en Bibliotecología y la Maestría en Bibliotecología en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Doctor en Bibliotecología y Estudios de la Información por la (UNAM). Actualmente es profesor definitivo de asignatura en el Colegio de Bibliotecología de la Facultad de Filosofía y Letras de UNAM. En la licenciatura imparte las cátedras «Fundamentos de Servicios de Información« y «Servicios Bibliotecarios y de Información» con una perspectiva social y política. Asimismo, imparte en el programa de la Maestría en Bibliotecología y Estudios de la Información de esa facultad el seminario «Servicios Bibliotecarios para Comunidades Multiculturales». Es coordinador de la Biblioteca del Instituto de Matemáticas de esa universidad y fundador del Círculo de Estudios sobre Bibliotecología Política y Social (2000-2008) y fue responsable del Correo BiblioPolítico que publicó en varias listas de discusión entre 2000-2010. Creó y administra la página «Ateneo de Bibliotecología Social y Política» en Facebook.