BIBLIOTECAS, SOCIEDAD Y ESTADO


  • Relação entre as bibliotecas, as ações dos profissionais que nelas atuam e o estado.

EL PARADIGMA RURAL DE LA BIBLIOTECA PÚBLICA

Como sabemos, la biblioteca pública nace, desde la antigüedad, en el espacio urbano, oposición del medio rural. Así, la biblioteca pública urbana contrasta, a partir del siglo XIX, con la biblioteca pública rural que pretende servir a una población no solamente de menor tamaño que la que radica en una ciudad, sino también a sectores de menores recursos en general. Los principales problemas que aquejan a las instituciones encargadas de administrar servicios de biblioteca para comunidades distribuidas en la campiña son la distancia y la dispersión. A esto se puede agregar el mal estado de los caminos y el clima poco favorable para llegar a esas poblaciones distantes y esparcidas por páramos y serranías. Esto último a veces ha hecho imposible poder ofrecer servicios de biblioteca ambulante, en consecuencia, los servicios fijos de biblioteca han sido la norma en algunos países. El reto para quienes gestionan este tipo de servicio bibliotecario es que la lejanía y el aislamiento no sean obstáculos que afecten la calidad del servicio prestado.

 

El servicio bibliotecario rural está dedicado a proporcionar servicio de biblioteca pública a los pueblos que habitan zonas agrestes, por ende, se halla alejado de la vida urbana y disperso por llanuras y montañas. Este servicio está designado tanto para poblados densos como para poblados esparcidos. En los primeros se destinan, si el número de habitantes está dentro de cierta política de cultura, recursos bibliotecarios fijos (bibliotecas sucursales); en los segundos, se dedican recursos bibliotecarios viajeros (bibliotecas ambulantes). Y ambos pueden ser tipificados como servicios rurales de extensión bibliotecaria.  

 

Todos los servicios de biblioteca rural son gratuitos para el público usuario, de la misma manera que deben ser los de la ciudad. Al bibliotecario rural, tanto como al maestro rural, le incumben los problemas concernientes a la educación, la higiene, la salud, el deporte, la agricultura, la alimentación y el mejoramiento del hogar. Asuntos que ambos deben considerar en torno de la relación colecciones-servicios. La expansión, la heterogeneidad y el objetivo de este tipo de servicio de biblioteca  se entiende si consideramos que:

 

Las bibliotecas rurales, denominadas a menudo bibliotecas de aldea o “de la comunidad,” se construyen para satisfacer las necesidades de poblaciones rurales que están fuera del alcance de los servicios informativos estándar, y se pueden hallar esparcidas a través de África en países tales como Uganda, Tanzania, Malí, Nigeria, Kenia, Ghana, Burkina Faso, Suráfrica y muchos otras. Pueden también ser encontradas en otras partes del mundo como en la India, China y países de Suramérica y el Caribe. Son establecidas por una variedad de medios, de proyectos informales con colaboradores extranjeros a esfuerzos más formales [...]. Otras funcionan más bien como pequeñas bibliotecas públicas independientes, como parte de un sistema bibliotecario rural más grande. Cueste lo que cueste, estas bibliotecas comparten un objetivo común, proporcionar el material de lectura básico a las comunidades donde tales recursos sea de otra manera difícil de hacerlos llegar. (Goodman, 2008, p. 513).

 

Sin duda que el fenómeno de la biblioteca pública rural se ha expandido, aunque no en la medida de lo necesario, en aquellos países en donde el contexto rural predomina respecto del urbano, como es el caso de los pueblos africanos, asiáticos, latinoamericanos y caribeños. Pero también en los países desarrollados este tipo de institución bibliotecaria se ha creado y desplegado de manera importante. En los Estados Unidos, por ejemplo, existen The Rural Library Iniciative (California) y The Rural Library Project (Atlanta). En relación con este último se dice:

 

El Proyecto de Biblioteca Rural es una organización sin ánimo de lucro confiada al establecimiento de nuevas pequeñas bibliotecas en zonas rurales. Colaboramos con los ciudadanos, los sistemas bibliotecarios públicos y los gobiernos en estas áreas para recaudar los fondos para construir bibliotecas en sus pueblos. Vemos estas bibliotecas públicas locales como centros de aprendizaje, construcción de comunidad y de orgullo cívico. (The Rural Library Project, 1999). 

 

El interés por el trabajo y la reflexión acerca de la biblioteca rural en los Estados Unidos se percibe a través de la revista Rural Libraries que comenzó a publicar, desde 1980, el Center for the Study of Rural Librarianship de la Clarion University of Pennsylvania, creado en 1978. En 1995 la revista Library Trends dedicó el Vol. 44, no. 1, a este tópico. Conjunto de artículos que muestran la tecnologización que ha alcanzado el servicio rural de biblioteca en ese país.   

 

En término generales se sugiere que la biblioteca rural debe desempeñar tres funciones:  proporcionar la información a los individuos responsables de programas inherentes al desarrollo rural; apoyar programas educativos rurales en el ámbito de las escuelas rurales; y servir como centros para la comunidad, la educación y la cultura. (Kagan, 1982). En suma, se pretende  que esta biblioteca realice eficazmente, en los diversos escenarios agronómicos, la «función informativa», la «función educativa» y la «función cultural», de las que se pueden derivar o desgranar otras funciones. Como la biblioteca pública urbana, la de carácter rural contribuye así a que: 1] los líderes comunales accedan más fácilmente a la información que requieren para sus proyectos; 2] las mujeres y los hombres tengan a su alcance los instrumentos de lectura para apoyar su educación formal e informal y 3] las colecciones bibliográficas y los servicios bibliotecarios se articulen con los patrones culturales de la población. De tal suerte que se presentan muchas posibilidades para utilizar la biblioteca pública de aldea como centro social de información, educación y recreación. 

 

Aunque el problema de la alfabetización no es exclusivo de la población rural, es una realidad que continua obstaculizando el desarrollo de las personas que viven en el campo. Pensar en la amalgama «escuela, biblioteca y comunidad» en el medio rural, significa estar de acuerdo en “que no es realista que la escuela sea capaz de asumir todo el peso del desarrollo de la comunidad”. (Batten, 1992, p. 109). En concordancia con esta idea, las bibliotecas al servicio de los poblados rurales están convocadas a participar, en coordinación con las escuelas de aldea, en los programas de alfabetización, pues como sabemos: “Los analfabetos tienen bloqueada la entrada al conocimiento contenido en los libros” (Batten, 1992, p. 109) de texto y en los que conforman las colecciones de la biblioteca. El vínculo «biblioteca y alfabetización» en zonas rurales no solamente apunta a la enseñanza-aprendizaje de leer y escribir, sino también a conformar círculos para que los recién alfabetizados adquieran el hábito de la lectura. Consecuentemente, la «función de lectura» también es relevante en este entorno. 

 

La importancia en torno del nexo «biblioteca pública y comunidad rural» se puede entender cuando se piensa que el servicio de biblioteca, “en cuanto servicio público de calidad que presta a personas de manera individualizada, puede cobrar una relevancia especial en el proceso de desarrollo y diversificación socio-económica de las comarcas rurales”. (Llano, 1997 p. 13). Desde esta perspectiva, el servicio bibliotecario rural, como servicio público de extensión, trata de influir en relación con la construcción de ideas, la formulación de actitudes y la configuración de la conducta de la gente. La biblioteca rural, al proporcionar un ambiente de información, conocimiento y saber,  está ceñida a lo que conlleva la organización de la vida de desarrollo rural en un contexto de pequeñas poblaciones.

 

El tópico de la ruralidad en relación con la práctica y el estudio de la biblioteca pública está asociado, sin duda, con la sociología rural, pues esta disciplina es la que tiene como objeto de estudio precisamente la sociedad rural. Las relaciones entre la bibliotecología y la sociología en esta perspectiva pueden derivar en la formulación importante de una bibliotecología sociológica rural. Los grandes contrastes, tanto en lo que se refiere a su geografía como a la situación cultural, social, económica, etcétera, en torno de la población que vive fuera de las ciudades es una línea de investigación necesaria de cultivar para crear y desarrollar servicios bibliotecarios rurales, fijos o ambulantes. La praxis moldeada bajo la idea «modo de vida rural», puede ser uno de los principales pilares inherentes a los estudios que versan sobre las comunidades rurales.       

 

 

Referencias

 

Batten, T. R. (1992). Las comunidades y su desarrollo. México: Fondo de Cultura Económica.

 

Goodman, Valeda F. Dent. (2008). Rural libraries: historial development and modern-day examples from West Africa. New Library World. 109 (11/129): 512-532

 

Llano, Xilberto. (1997). La biblioteca en el medio rural: reflexiones. España: Trea.

 

The Rural Library Project. (1999). The Rural Library Project. Disponible en: http://www.rurallibraryproject.org/ [Consulta: 10 de mayo de 2010]

 

Kagan, A. (1982). Literacy, libraries, and underdevelopment – with special attention to Tanzania.  Africana Journal. 13 (1/4): 1-23.


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FELIPE MENESES TELLO

Cursó la Licenciatura en Bibliotecología y la Maestría en Bibliotecología en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Doctor en Bibliotecología y Estudios de la Información por la (UNAM). Actualmente es profesor definitivo de asignatura en el Colegio de Bibliotecología de la Facultad de Filosofía y Letras de UNAM. En la licenciatura imparte las cátedras «Fundamentos de Servicios de Información« y «Servicios Bibliotecarios y de Información» con una perspectiva social y política. Asimismo, imparte en el programa de la Maestría en Bibliotecología y Estudios de la Información de esa facultad el seminario «Servicios Bibliotecarios para Comunidades Multiculturales». Es coordinador de la Biblioteca del Instituto de Matemáticas de esa universidad y fundador del Círculo de Estudios sobre Bibliotecología Política y Social (2000-2008) y fue responsable del Correo BiblioPolítico que publicó en varias listas de discusión entre 2000-2010. Creó y administra la página «Ateneo de Bibliotecología Social y Política» en Facebook.