BIBLIOTECAS, SOCIEDAD Y ESTADO


  • Relação entre as bibliotecas, as ações dos profissionais que nelas atuam e o estado.

EL PARADIGMA PÚBLICO DE LA BIBLIOTECA PÚBLICA - II

En torno a los orígenes de las bibliotecas públicas modernas, sabemos que existieron varios proyectos que contribuyeron a la evolución de la biblioteca particular a la biblioteca pública. Parada al recordar los antecedentes de las instituciones relacionadas con la lectura pública menciona los gabinetes de lectura, las sociedades literarias, las bibliotecas circulantes, las cámaras de lectura, etc., cuyo objetivo de todas ellas fue procurar la circulación de libro para la práctica de la lectura entre los grupos sociales cada vez más amplios (Parada, 2002, p.106). En concordancia con la historiografía de la biblioteca pública, observamos que fue una transformación diversa y gradual antes que esta institución lograra el estatus público que alcanzaría hasta la segunda mitad del siglo XIX, llegando a consolidarse como tal en el siglo XX. Es decir, antes existieron diversas formas precursoras que fueron allanando el camino para conseguir las peculiaridades que definen la biblioteca pública de hoy en día:  


- Es de propiedad pública y se financia con el apoyo de los impuestos del pueblo

- Está abierta a cualquier grupo e individuo que desee usarla

- Contiene una amplia diversidad de colecciones y servicios para la comunidad

- Los servicios que ofrece son gratuitos para todas las personas

- Ofrece un amplio horario de apertura

- El acceso a sus estanterías es abierto y libre.

 

Abundemos en torno a ciertos acontecimientos precursores que se remontan antes del siglo XVIII. Las bibliotecas predecesoras de la biblioteca pública en lo que hoy son los Estados Unidos fueron aquellas creadas, entre 1695 y 1704, por el reverendo Thomas Bray, clérigo anglicano, quien estableció más de sesenta bibliotecas, divididas en tres categorías: 1] cinco bibliotecas provinciales, 2] treinta y nueve bibliotecas parroquiales y 3] treinta y cinco bibliotecas laicas o seglares. Las provinciales, las más grandes, fueron instaladas en las principales ciudades de cada provincia (Maryland, New York, Pennsylvania, North Carolina, y South Carolina); las parroquiales eran pequeñas colecciones dentro las parroquias anglicanas; y las laicas conformadas por colecciones de libros que se distribuían entre los ministros o pastores para prestarlos o entregarlos a los residentes del área (Harris, 1999, pp. 182-183).  La obra bibliotecaria de Bray cobró fuerza en Inglaterra cuando fue nombrado, en abril de 1696, representante oficial del obispo de Londres para las colonias americanas.

 

Se sabe que la mayor cantidad de bibliotecas fundadas por Bray estaba en Maryland, pero había varias en Virginia, Carolina del Norte, Boston, Rhode Island, Nueva York, Albany, New Jersey, Pennsylvania, Filadelfia y Charleston. La de Annapolis, Maryland, era la más grande colección de libros en las plantaciones en aquel tiempo y fue la primera biblioteca que comenzó a prestar libros a la comunidad en las colonias británicas. Harris al respecto afirma:

 

Al menos una de las colecciones de Bray (Annapolis) fue concebida como una biblioteca pública en general y contenía unos 1,100 volúmenes. Fue mantenida por el gobierno provincial en la Casa de Gobierno desde 1697 hasta 1704, cuando se quemó. Algunos libros fueron salvados y enviados a una escuela local, sobreviviendo en el siglo 20 como una preciada colección de la Biblioteca del St. John's Collage. (1999, p. 183).

 

Dado el principal objetivo de Bray, fomentar la doctrina de la iglesia anglicana en las colonias de la Gran Bretaña, las colecciones de las bibliotecas parroquiales se conformaban principalmente con obras teológicas (McCulloch, 1945, p. 341). Aunque también se incluían libros en torno a temas de historia, geografía, medicina, filosofía, poesía, y viajes. No obstante esas temáticas, varios de ellos versaban sobre asuntos relacionados con la religión (Houlette, 1934, pp. 593-594). Los catálogos relativos a las colecciones de las bibliotecas provinciales, por ejemplo, evidencian la elevada cantidad de obras religiosas o teológicas que contenían (Laugher, 1973, p. 35).  Más aún, las colecciones referentes a las bibliotecas laicas o seglares era material de lectura religiosa. Recordemos que el esquema de Bray en torno a esos acervos estaba dividido en dos partes: una colección de préstamo y otra para ser distribuida gratuitamente entre la población. Las colecciones destinadas a préstamo contenían libros para la enseñanza religiosa y para atraer a los pecadores; entre los libros que se debían obsequiar destacaban los libros de oraciones y las biblias (Laugher, 1973, p. 53).  En razón de esto, se asevera que uno de los asuntos importantes a los que Bray se dedicó con peculiar esmero fue el de suministrar, desde Londres, bibliotecas teológicas para los misionarios calificados que viajaban a las colonias de la Norteamérica británica (McCulloch, 1945, p. 334). 

 

Las colecciones más importantes, correspondientes a las bibliotecas provinciales, se establecieron en dos ciudades: Annapolis, Maryland; y Charleston, South Carolina. Fueron las asambleas legislativas de esas dos jurisdicciones coloniales que aprobaron las primeras leyes bibliotecarias para asegurar y mantener el funcionamiento cuasi-público de esas bibliotecas creadas por Bray (Harris, 1999, p. 183). Así, las bibliotecas provinciales de Annapolis y Chasleston fueron consideradas desde el inicio las “bibliotecas públicas de las provincias” (Laugher, 1973, p. 34).

 

En relación con la Asamblea de Carolina del Sur se sabe que ella destinó dinero público para el apoyo de la biblioteca. Otra evidencia del interés público fue el régimen jurídico que le confirió esa Asamblea Provincial a aquella biblioteca parroquial. El proyecto de ley, con la finalidad de asegurar la Biblioteca Provincial de Charles Town en Carolina, fue presentado en la Asamblea el 16 de noviembre de 1699, convirtiéndose en ley colonial el 16 de noviembre de 1700 (Spain, 1947, p. 30).  De modo que el esmero del reverendo Bray y el afán de los asambleístas hicieron realidad tener bibliotecas provinciales más allá de una simple colección de libros para el impulso del anglicanismo. En ese contexto colonial, comenzaron a constituirse las primeras bibliotecas semipúblicas. Así, la obra de Bray en materia de crear el servicio de  biblioteca en las colonias británicas giró en torno a dos ideas esenciales que intentarían rápidamente producir un cierto equilibrio entre lo privado y lo público, distinguiéndose de esto modo el servicio bibliotecario entre una restringida comunidad religiosa y una amplia comunidad secular. Estas ideas serían entonces: 1] la idea estrecha de crear bibliotecas clericales o teológicas y 2] la idea amplia de crear bibliotecas provinciales (Spain, 1947, p.  29). La metamorfosis en relación con lo público en cuanto al servicio de biblioteca había comenzado su larga y complicada marcha. 

 

Por esto, si bien es cierto que el plan de Bray en torno al plan de crear bibliotecas fue para apoyar las necesidades de los ministros de la Iglesia de Inglaterra, también es verdad que él aspiró a que algunas de las bibliotecas parroquiales establecidas en las colonias británicas estuvieran disponibles a los miembros de otros tipos de comunidades (Frohnsforff, 2003, p. 3). Ese plan, cabe mencionar, no se circunscribió a las colonias que después se convertirían en los Estados Unidos. Bray también procuró fundar bibliotecas en Inglaterra y Wales (McCulloch, 1945, p. 335), así como en las islas de las Antillas  (Frohnsdorff, 2003, pp. 3-4). El poder social de los libros a través del servicio de la biblioteca parroquial es claro en la obra bibliotecaria de Bray. En este sentido, al escribir sobre Thomas Bray y sus bibliotecas se ha reconocido que él es el primer apóstol de la “free circulating library” al ya no limitar la utilidad de sus bibliotecas solamente para el clero (Steiner, 1896, p. 63).

 

Aunque las bibliotecas del reverendo Bray ocupan un lugar especial en las páginas de la historia de las bibliotecas en el mundo occidental  (Harris, 1995, p. 182) y en los orígenes del movimiento de la biblioteca pública en Nueva Inglaterra, el papel de esas bibliotecas no puede ser sobredimensionado, pero tampoco relegado. El punto de vista de Shera en este sentido es elocuente:

 

Es fácil exagerar una hipotética relación entre las bibliotecas de Bray y los orígenes del movimiento de biblioteca pública. Esto es especialmente cierto en Nueva Inglaterra, donde esas colecciones parroquiales no fueron particularmente fuertes. No hubo continuidad real entre estas bibliotecas y el desarrollo de las bibliotecas públicas de los últimos años. Se puede decir que las bibliotecas [parroquiales]  fueron más sintomáticas que influyentes. Además, se preveía un tipo de servicio de biblioteca basado en una unidad política. Porque el establecimiento de las bibliotecas de Bray fue un movimiento de la Iglesia de Inglaterra, en Nueva Inglaterra, donde había pocas iglesias anglicanas, la contribución de estas bibliotecas a la corriente intelectual fue leve, pero un remolino en la corriente principal de la cultura de Nueva Inglaterra, y como tal merecen alguna consideración. (Shera, 1949, p. pp. 28-29).

 

La historia de las bibliotecas parroquiales (parish libraries o parochial libraries) muestra que no todas ellas serían creadas para el uso público de los feligreses, sino especialmente para la consulta del clero. En razón a esto se ha tratado de establecer una distinción entre: 1] bibliotecas parroquiales fijas, es decir, adjuntas en las iglesias para el uso exclusivo de los religiosos, 2] bibliotecas de circulación o préstamo para los feligreses y 3] otros tipos de bibliotecas de este género, pero esta diferenciación algunos autores no la aceptan  por considerarla artificial (Gray y Baggs, 2000, pp. 414-415). Lo cierto es que esas bibliotecas han sido consideradas importantes protagonistas en relación con la primera fase del movimiento de las bibliotecas públicas en Nueva Inglaterra (Shera, 1949, p. 30).

 

Referencias

 

 

Gray, Sarah; Baggs, Chris. (2000). The parish library: a celebration of diversity. Libraries & Culture. 35 (3): 414-433

 

Harris, Michael H. (1999).  History of libraries in the Western World. Lanham, Maryland: The Scarecrow Press.

 

Houlette, William D. (1934). Parish libraries and the work of the Reverend Thomas Bray. The Library Quarterly. 4 (4): 588-609

 

Laugher, Charles T. (1973). Thomas Bray’s grand design: libraries of the Church of England in America, 1695-1785. Chicago: American Library Association. 

 

McCulloch, Samuel Clyde. (1945). Dr. Thomas Bray’s commissary work in London, 1696-1699. The William and Mary Quarterly: A Magazine of Early American History, Institutions, and Culture. Third Series. 2 (4): 333.346

 

Parada, Alejandro E. (2002). De la biblioteca particular a la biblioteca pública. Buenos Aires, Argentina: Instituto de Investigaciones Bibliotecológicas, Facultad de Filosofía y Letras, UBA: Errejotapé.


Shera, Jesse H. (1949). Foundations of the public library: the origins of the public library movement in New England 1629-1855. Chicago: The University of Chicago Press.

 

Spain, Frances Lander. (1947). Libraries of South Carolina: their origins and early history, 1700-1830. The Library Quarterly. 17 (1): 28-42

 

Steiner, Bernard C. (1896) Thomas Bray and his American libraries. The American Historical Review. 2 (1): 59-75

 


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FELIPE MENESES TELLO

Cursó la Licenciatura en Bibliotecología y la Maestría en Bibliotecología en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Doctor en Bibliotecología y Estudios de la Información por la (UNAM). Actualmente es profesor definitivo de asignatura en el Colegio de Bibliotecología de la Facultad de Filosofía y Letras de UNAM. En la licenciatura imparte las cátedras «Fundamentos de Servicios de Información« y «Servicios Bibliotecarios y de Información» con una perspectiva social y política. Asimismo, imparte en el programa de la Maestría en Bibliotecología y Estudios de la Información de esa facultad el seminario «Servicios Bibliotecarios para Comunidades Multiculturales». Es coordinador de la Biblioteca del Instituto de Matemáticas de esa universidad y fundador del Círculo de Estudios sobre Bibliotecología Política y Social (2000-2008) y fue responsable del Correo BiblioPolítico que publicó en varias listas de discusión entre 2000-2010. Creó y administra la página «Ateneo de Bibliotecología Social y Política» en Facebook.