BIBLIOTECAS, SOCIEDAD Y ESTADO


  • Relação entre as bibliotecas, as ações dos profissionais que nelas atuam e o estado.

LAS BIBLIOTECAS COMO ESPACIOS PÚBLICOS DE RESISTENCIA, RESILIENCIA Y FUERZA

La práctica bibliotecaria, en particular la que gravita sobre el plano de las bibliotecas públicas, muestra que algunos bibliotecarios se sienten incómodos con la «biblioteconomía proactiva», pues esta profesión implica, en diversos contextos, un compromiso social, cuyo trasfondo es el desempeño del personal bibliotecario como reformador proactivo. Tendencia que va mucho más allá de las habilidades tradicionales de esta categoría de profesional. La «biblioteconomía radical» promueve, por ejemplo, el papel que pueden estas bibliotecas realizar como refugios seguros en un mundo contaminado por el crimen y las drogas, entre otras lacras sociales.

En una sociedad lastimada por la guerra, el terrorismo, el hambre, la desnutrición, el desempleo y la pobreza, varias de estas bibliotecas se han convertido en espacios públicos de resistencia, resiliencia y fuerza para enfrentar momentos críticos de inestabilidad, incluso en ocasiones de graves conflictos sociales. Así, en varios países (Argentina, Canadá, Colombia, España, Estados Unidos y otros) algunas bibliotecas se han estado convirtiendo en un oasis de tranquilidad y seguridad para la comunidad en general y para las personas sin techo en particular, entre otros grupos vulnerables. Se trata de personal bibliotecario que tiene clara su misión social de mejorar la sociedad, de cambiar el mundo.

Entonces, no nos asombre que ciertas bibliotecas públicas han estado brindando servicios no habituales para personas en grave vulnerabilidad social. Servicios que para la mentalidad individualista de algunos bibliotecarios no los comprende ni acepta porque ponen en riesgo su estatus de confort. Este personal está alejado de entender que las bibliotecas públicas del siglo XXI pueden y deben desempeñar una función social más radical para favorecer la dignidad humana, para ayudar a cambiar el mundo. El libro Bibliotecas mudan o mundo de Daniele Carnerio y Juliano Rocha (Brasil: Magnolia Cartonera, 2016), es un ejemplo de cómo hoy en día es posible que las bibliotecas públicas pueden ser instituciones activas y transformadoras. Estos autores tienen la convicción de que mediante actividades e iniciativas innovadoras, el personal bibliotecario comprometido con la sociedad es capaz de lograr un impacto social positivo en sus comunidades. Se trata de activar bibliotecas incluyentes para favorecer el bienestar de las personas, para valorizar la dignidad humana.

Sin duda, hoy en día necesitamos bibliotecas públicas actuantes y con personal bibliotecario empático y solidario ante momentos problemáticos por los que atraviesa las comunidades de lectores y usuarios. Bibliotecas que se transformen en símbolos de resistencia, resiliencia y fuerza, como ha sucedido en otros momentos históricos en donde se han relacionado con intensidad las bibliotecas con sociedad. La Biblioteca Pública de Nueva York, la Biblioteca Pública de Ferguson, la Biblioteca Pública de San Diego y La Enoch Pratt Free Library de los Estados Unidos son paradigmas en este sentido. Han estado destacando como bibliotecas de puertas abiertas, como refugios en momentos críticos que viven sus comunidades; son bibliotecas modelo de apoyo a personas y grupos en tiempos de inestabilidad. Centros bibliotecarios que llevan a cabo dinámicas de servicios para ocasionar integración social.    

La historia social de la biblioteca pública, en las diversas coordenadas de tiempo y espacio, nos muestra cómo esta institución de servicio ha venido participando en procesos de transformación social de los pueblos. Un hecho contemporáneo es el caso de las bibliotecas públicas en Colombia. El conflicto armado que vivió ese país durante más de 50 años terminó cuando se firmó, el 24 de noviembre de 2016, el acuerdo de paz entre los contendientes. En este entorno, la acción de Bibliotecas Públicas Móviles – Bibliotecas Públicas para la Paz ha estado acogiendo a los excombatientes de las Fuerzas Armadas de Colombia (FARC) para que se reincorporen a la vida civil. En este marco, cabe mencionar el artículo «Bibliotecas públicas en Colombia: territorio de paz», de Orlanda Jaramillo, publicado en la revista española Profesional de la Información (Vol. 15, núm. 5, 2016, pp. 815-821). En esta contextura, según la autora, algunas bibliotecas públicas colombianas han estado contribuyendo para hacer posible momentos de reconciliación, convivencia y paz, mediante varias estrategias de integración social. En esta misma situación histórica de posconflicto, los cuatro escritos que conforman el libro Bibliotecas como escenarios de paz (Bogotá: Ministerio de Cultura: Biblioteca Nacional de Colombia, Red de Bibliotecas Públicas, 2017) evidencian la necesidad de convertir estas instituciones bibliotecarias en espacios que propicien el brote de una «legítima revolución de paz».

Desde otra perspectiva histórico-social, el libro Freedom libraries: the untold story of libraries for African Americans in the South, de Mike Selby (Lanham: Rowman & Littlefield Publishers, 2019), evidencia cómo algunas bibliotecas de estados sureños (Alabama, Arkansas, Mississippi, Philadelphia), con gran cantidad de población negra, pudieron cambiar la sociedad a la que pertenecían en momentos cruciales del gran Movimiento de Derechos Civiles, el cual detonó en los Estados Unidos a mediados de la década de los cincuenta y se intensificara en la década de los sesenta del pasado siglo. Frente a la política racista «bibliotecas no para todos», se pugnó por la política democrática «bibliotecas para todos».

Este sería el mayor legado e impacto de las «Freedom Libraries» en tiempos del aquel Movimiento. La historia social de esas bibliotecas continúa teniendo una profunda y significativa influencia en la biblioteconomía de hoy. Pero este cambio de paradigma fue resultado de una larga lucha no violenta de las comunidades afroamericanas, en un contexto donde el mayor peligro era la ideología racista que enarbolaba ideas de supremacía blanca. Entrar a bibliotecas exclusivas para gente blanca, fue un acto de no violencia en el que fueron instruidos estudiantes universitarios, alumnos de enseñanza media y hasta niños de escuela elemental. Así, Selby afirma que las bibliotecas fueron agentes de cambio social.

Las bibliotecas, formalmente abiertas a todos los grupos de la sociedad, deben ser vistas como instituciones de empoderamiento, esto es, con la finalidad de aumentar las oportunidades de participación de las comunidades, principalmente de aquellas pertenecientes a minorías sociales y que, en su condición de marginalidad, se encuentran en situación de desigualdad. El libro Bibliotecas itinerantes: livros libertos, leitura e empoderamento (Salvador: Editora da Universidade Federal da Bahía, 2018) es una muestra que el término «empoderamiento» puede aplicarse al conjunto de experiencias en materia de servicios bibliotecarios en movimiento (itinerantes, viajeros, ambulantes, circulantes o móviles), dirigidos a diferentes conjuntos de colectivos que carecen de bienestar social. Al respecto R. David Lankes afirma en su libro The new librarianship field guide (Cambridge: The MIT Press, 2016) “los bibliotecarios buscan empoderar a los que no tienen poder y dar voz a la minoría”. Idea que no es generalizable, pues no todos ellos tiene la visión ni la intención de realizar acciones que posibiliten la integración social de las personas que se hallan en un sistema de grupos marginales.

Desde esta perspectiva, podemos concordar con otra percepción de Lankes: “Los bibliotecarios son agentes de un cambio positivo radical que eligen marcar la diferencia”.  Ser un bibliotecario radical significa buscar las raíces de los problemas para encontrar soluciones radicales, es decir, para hallar remedios fundamentales, para resolver asuntos de fondo. El significado del hombre radical, José Martí (1853-1895) lo escribió en 1893: “A la raíz va el hombre verdadero. Radical no es más que eso: el que va a las raíces. No se llame radical quien no vea las cosas en su fondo”.

El personal bibliotecario, adherido al paradigma mental del conservadurismo, comúnmente no desea cambios que lo comprometan con las necesidades sociales que plantea la sociedad del siglo XXI. No le interesa participar ni está de acuerdo con las nuevas sugerencias de servicio que se están llevando a cabo en sistemas bibliotecarios progresistas; tampoco le importa ser parte de proyectos novedosos que lo responsabilicen con actividades y funciones sociales y culturales más amplias y abiertas. Impensable o inaceptable para este personal que las bibliotecas oferten a sus comunidades de lectores y usuarios servicios alternativos para personas de diferentes grupos étnicos, tales como: refugiados, desempleados, analfabetos, adultos mayores, madres solteras, personas recluidas, mujeres y hombres trans, etcétera. Aunque el concepto de «minorías sociales» cada vez se ha estado tomando más en cuenta para llevar a cabo el proceso de planificación del servicio de biblioteca pública, aún hay personal bibliotecario que evade esta responsabilidad social.  

A veces ha habido reticencia en ofrecer el servicio de «bebeteca» en algunas bibliotecas públicas. La discrepancia de cierto personal bibliotecario es por la incomodidad que expresa y el desasosiego que percibe a convertir estos centros bibliotecarios en “guardería”, pues este servicio está destinado a la niñez de 0 a 6 años. Una biblioteca pública, sin sección dedicada a la pequeña infancia, es una institución que está fallándole a la sociedad, pues esta comunidad de niñas y niños tiene también el derecho de ir descubriendo el universo de los libros. No olvidemos que estas instituciones bibliotecarias tiene el cometido social de ofrecer colecciones, servicios y recursos necesarios a todos los grupos de edad. Esta política se adhiere al postulado revolucionario «bibliotecas y libros para todos». Es decir, si en realidad la comunidad bibliotecaria aspira a servir a todos los grupos etarios de la sociedad, entonces es menester ampliar el radio de los servicios bibliotecarios.   

Como pensó también José Martí, héroe nacional de Cuba: “Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes”. Así hemos de pensar y actuar políticamente los bibliotecarios radicales en nuestra región de América Latina. Son tiempos intensos de necesidad social, de superar el panorama de bibliotecarios apáticos e indiferentes.


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FELIPE MENESES TELLO

Cursó la Licenciatura en Bibliotecología y la Maestría en Bibliotecología en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Doctor en Bibliotecología y Estudios de la Información por la (UNAM). Actualmente es profesor definitivo de asignatura en el Colegio de Bibliotecología de la Facultad de Filosofía y Letras de UNAM. En la licenciatura imparte las cátedras «Fundamentos de Servicios de Información« y «Servicios Bibliotecarios y de Información» con una perspectiva social y política. Asimismo, imparte en el programa de la Maestría en Bibliotecología y Estudios de la Información de esa facultad el seminario «Servicios Bibliotecarios para Comunidades Multiculturales». Es coordinador de la Biblioteca del Instituto de Matemáticas de esa universidad y fundador del Círculo de Estudios sobre Bibliotecología Política y Social (2000-2008) y fue responsable del Correo BiblioPolítico que publicó en varias listas de discusión entre 2000-2010. Creó y administra la página «Ateneo de Bibliotecología Social y Política» en Facebook.